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Fidel Castro y Mirta Díaz-Balart en 1948

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Fidel Castro y Mirta Díaz-Balart en 1948

 

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Luego del casamiento, los recién casados Fidel Castro y Mirta Díaz-Balart viajaron de luna de miel hasta Camagüey, desde donde luego tomaron un avión hasta Miami en Estados Unidos de América. Esta fue la segunda vez que Fidel salió de Cuba al exterior y la primera vez en su vida que viajó a Estados Unidos.

Fidel y Mirta llegaron a Miami a mediados de octubre de 1948 y se alojaron en uno de los hoteles más lujosos de Miami Beach, donde las parejas de clase media alta acostumbraban pasar sus lunas de miel por aquel entonces. Allí la pareja disfrutaría de varios placeres, entre ellos platos suculentos como el salmón ahumado.

Luego de pasar aproximadamente 10 días en Miami, tomaron un tren rumbo a la ciudad de Nueva York, donde estaban viviendo temporalmente el hermano de Mirta, Rafael Díaz-Balart y su esposa Hilda Caballero quienes también se habían casado unos meses antes y se habían instalado en Nueva York porque Rafael había ganado una beca de estudio en el Seminario Teológico de Princeton en Nueva Jersey (al otro lado del Río Hudson), mientras predicaba a tiempo parcial como ministro practicante en una iglesia de la zona de Lower East Side de Manhattan en la Ciudad de Nueva York. Sin embargo, Rafael allí se daría cuenta que su verdadera vocación, al igual que la de su entonces amigo y cuñado Fidel, era la política, así que pronto abandonaría la religión para volver a Cuba.

En Nueva York, Fidel y Mirta rentaron un pequeño apartamento en un antiguo edificio de hilera del siglo XIX de estilo Townhouse (un estilo arquitectónico muy común en Nueva York y otras ciudades estadounidenses) ubicado en la 155 West 82nd street (155 de la calle West 82), en Manhattan. En la actualidad, el edificio sigue en pie y en perfecto estado. El apartamento consistía en una modesta habitación amueblada que daba a la calle en un semi subsuelo con ventanas a la altura de la acera. El apartamento lo compartían junto al hermano de Mirta, Rafael y su esposa Hilda. Allí Fidel conocería por primera vez lo que es el verdadero frío y tan solo contaban con un viejísimo aparato de calefacción.
 
En Nueva York, con parte del dinero que le dio su padre como regalo de bodas, también compró un automóvil usado del año 1947 (de apenas un año). Se trataba de un enorme y elegante Lincoln Continental Cupé del año 1947, color blanco, con un poderoso motor V-12 y ventanillas automática. Un vehículo muy lujoso, elegido por las grandes estrellas de Hollywood de la época. A pesar que era demasiado caro, Fidel se enamoró de este automóvil y decidió comprarlo.

Durante los primeros días, Hilda y Rafael les hicieron de guías por la ciudad a Fidel y Mirta. Las dos parejas solían salir juntos de paseo. Pero luego, Fidel se adaptó a la ciudad y comenzó a moverse solo como un neoyorquino más. Visitó lugares emblemáticos de la ciudad como el Museo de Ciencias Naturales, el Empire State Building, teatros, restaurantes, etc. Le gustaba comprar comida en tiendas delicatessen para cocinar en casa. Era como si por un momento se le pasó por la cabeza quedarse a vivir allí. Algo que le asombró de este tipo de tiendas delicatessen es que en el mismo comercio vendían medicamentos y comida, algo que no existía en Cuba donde los medicamentos se vendían en farmacias y la comida en almacenes.

Pero no todos fueron paseos, también aprovechó para mejorar su inglés y seguir estudiando economía de forma autodidacta. Para ello se compró algunos libros de Karl Marx en inglés, entre ellos El Capital. Además, se compró un diccionario en inglés para ayudarse con las palabras que no entendía. De esta manera estudiaba simultáneamente economía e inglés. Otra cosa que hacía era aprender de memoria con el diccionario un gran número de palabras en inglés cada día. Algunos testimonios sostienen que se aprendía hasta 200 palabras por día.

Estudiando a fondo el sistema económico capitalista, Fidel Castro se fue volviendo cada vez más comunista marxista. Igualmente, aún persistía su idea de venir a estudiar Economía Política a Estados Unidos luego de recibirse en Cuba. Estaba tan decidido a hacerlo, que un día se fue hasta la Universidad de Harvard, en la ciudad de Boston -ubicada a algo más de 300 kilómetros de distancia-, para pedir los programas de la carrera de Economía. Viajó conduciendo en el Lincoln Continental que había comprado. Para no perderse, se guiaba por las carreteras con un mapa, aunque más de una vez -especialmente de noche- se ha llegado a extraviar.

Harvard era una de las mejores universidades del mundo en economía. Fidel Castro pensaba que le serviría de mucho, ya que le darían muchos datos técnicos necesarios, entre ellos los conocimientos matemáticos que ansiaba dominar, y por otro lado tendría la oportunidad de estudiar a fondo las distintas teorías económicas, incluyendo la del capitalismo.

En una ocasión, Fidel y Mirta aprovecharon y realizaron un viaje en el Lincoln Continental hasta las Cataratas del Niágara, clásico destino donde las parejas estadounidenses acostumbran ir de luna de miel.

Durante su estadía en Nueva York, también presenció las elecciones presidenciales del 2 de noviembre de 1948, que le dieron el triunfo a Harry Truman, quien ejercería su segundo mandato presidencial.

Luego de varias semanas en Nueva York, Fidel Castro se quedó sin dinero y no podía seguir pagando la renta del apartamento. Según algunas versiones, ambas parejas fueron desalojadas del edificio por no pagar la renta.

De Nueva York viajaron hasta Miami por carretera en el Lincoln Continental que Fidel Castro compró. Una vez en Miami, Fidel dejó a Rafael y a Hilda en el aeropuerto, donde abordaron un avión rumbo Cuba. Fidel y Mirta tomaron un ferry hasta La Habana. Aunque otras versiones sostienen que continuaron su viaje hasta Key West (Cayo Hueso), el punto más meridional de Estados Unidos, para abordar el ferry que los llevó a La Habana. Ya sea desde Miami o Key West, la diferencia sería de algunas horas más o menos de viaje. Pero lo que sí es seguro es que regresaron a La Habana, con muy poco dinero en el bolsillo y casi totalmente arruinados económicamente, por lo que a Fidel no le quedó más remedio que vender el automóvil. Y como él mismo ha llegado a contar en relatos sobre su luna de miel: "la abundancia relativa había durado poco tiempo".

Fuentes de información:

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