Home

      Comment post English
x

Select your language

EnglishEspañol

Fidel Castro tras la protesta frente a la embajada estadounidense en 1949

View in slideshow mode

 

Fidel Castro tras la protesta frente a la embajada estadounidense en 1949

 

Photos in this album: 126

 

Fidel Castro (izquierda) junto a Baudilio "Bilito" Castellanos (en el centro con la espalda descubierta) quien está herido y es atendido en la casa de socorros de la calle San Lázaro entre las calles Gervasio y Escobar, tras haber sido golpeado por policías durante la represión ocurrida el 12 de marzo de 1949 en la manifestación en Plaza de Armas, frente a la Embajada de Estados Unidos, en protesta por la afrenta realizada por marinos estadounidenses al monumento de José Martí en el Parque Central. 

El 10 de marzo de 1949 llegaron al puerto de La Habana los barreminas Rodman, Hobson y Jeffers, un portaaviones y el remolcador Papago, todos ellos pertenecientes a la Marina de Estados Unidos de América. Al día siguiente -11 de marzo- desembarcaron marineros para visitar bares y prostíbulos. Alrededor de las 21:00 del 11 de marzo de 1949, un grupo de marineros del barreminas Rodman caminaban en estado de ebriedad por la avenida Paseo del Prado y al llegar al Parque Central de La Habana treparon el monumento de José Martí (principal prócer cubano y organizador de la Guerra de Independencia Cubana en 1895) compitiendo por alcanzar primeros a la cima de la estatua emplazada allí en 1905. El primero en llegar fue el marinero Richard Choinsgy quien logró apoyarse sobre los hombros de la estatua de José Martí donde hacía saltos simiescos. Sus dos compañeros, el marinero George Jacob Wargner y el sargento Herbert Dave White quedaron más abajo y lo ovacionaron como a un héroe. También habían otros marinos que no treparon el monumento, pero que aclamaban a sus compañeros.

Muchas de las personas allí presentes, indignadas corrieron inmediatamente hasta el monumento para gritarles a los marineros que se bajaran de la estatua. Muchos temían que Choinsgy al tener apoyado uno de sus pies sobre el brazo de la escultura lo rompiera.

En ese momento pasaba por allí Fernando Chaviano, un fotógrafo que se ganaba la vida tomándoles fotos tanto a turistas como locales que paseaban por el Paseo del Prado y otras zonas circundantes. Chaviano fotografió a los marinos y se fue de inmediato a revelar las fotografías a su cuarto oscuro.
 
Los gritos e insultos de la muchedumbre y los destellos del flash de la cámara de Chaviano llamaron la atención de otros transeúntes y de estudiantes del Instituto de La Habana que justo pasaban por allí cerca. Ellos también se unieron al gentío que reprendía a gritos a los marinos trepados al monumento de José Martí.

De repente, lanzaron una botella contra el marino ubicado en la cima, que se hizo añicos en la frente marmórea de la estatua. La gente comenzó a lanzarle a Richard Choinsgy piedras, botellas y otros proyectiles improvisados que tenían a mano, obligándolo de esta manera a bajar de la cima del monumento para unirse a sus compañeros que estaban más abajo intentando huir de la multitud enfurecida. Los ánimos se caldearon rápidamente y los golpes a los marinos no tardaron en llegar.

En eso apareció un grupo de tres o cuatro policías intentando poner orden tocando sus silbatos aunque no lo lograron. Otros policías se sumaron y comenzaron a reprimir a varios de los que protestaban y sometieron a los marinos que se resistían a acompañarlos. Los policías detuvieron a los marineros y se los llevaron. La gente exaltada los escoltó en su trayecto de dos manzanas por la calle Zulueta hasta llegar a la Sección de Turismo de la 3° Estación de Policía, ubicada en la calle Dragones entre Zulueta y Montserrat.
 
Mientras tanto, pasaba por allí cerca el fotógrafo Pedro Beruvides, quien trabajaba en la casa de fotografía Romay, negocio que solía colaborar con los periódicos. Beruvides se enteró del hecho y que un fotógrafo había tomado fotos de la escena. Entonces pidió que le describieran al fotógrafo y por las respuestas recibidas supuso que se trataba de Chaviano, así que fue a verlo a su precario cuarto oscuro armado de manera improvisada con tablas de madera y cartones debajo de la escalera de una casa de vecindad situada en la calle Virtudes entre Consulado y Prado.

Al llegar Beruvides, encontró a Chaviano mirando negativos recién procesados de comensales que había fotografiado un rato antes en el histórico restaurante La Zaragozana, así como las dos fotografías que tomó de los marinos trepados al monumento de José Martí. Al verlas, Beravides consideró que se convertirían en la noticia del momento, ya que podría llevarlas a algún periódico para que sean publicadas como prueba irrefutable del hecho. Entonces le ofreció a Chaviano 10 pesos por las fotos, que era todo el dinero que tenía encima en ese momento. La actitud insistente de Beruvides le hizo dar cuenta a Chaviano que estas fotografías podían valer más de lo que le ofrecía, así que se mostró inflexible, le pidió 20 pesos y le dijo que no aceptaría menos de eso. Beruvides que reconocía el valor de esas fotografías fue inmediatamente a pedir prestados otros 10 pesos.

Paralelamente, pasaba caminando por el Parque Central el reportero gráfico del periódico Alerta, Isaac Astudillo, quien se dirigía hacia la sede del periódico ubicada en aquel entonces en las calle Prado y Teniente Rey para comenzar su turno nocturno que iba de las 22 a las 4 de la madrugada. Mientras atravesaba el parque, Astudillo se dio cuenta que algo raro ocurría, así que averiguó lo sucedido y también se enteró que alguien había tomado fotos del suceso. Al enterarse de la existencia de esas fotografías y de la importancia que tendrían como testimonio de lo que se convertiría en la noticia del momento, emprendió la búsqueda del fotógrafo que las tomó. Preguntando a varias personas, logró ubicar a Chaviano y le ofreció 50 pesos, así como mencionar su nombre en los créditos de las fotos al ser publicadas. Como Beruvides se estaba demorando y la oferta de Astudillo era mucho mejor, Chaviano le vendió las fotos.

Astudillo imprimió las fotos y se las entregó al director del periódico Alerta, Ramón Vasconcelos (quien había adquirido el periódico pocos meses antes) y al jefe de redacción Raúl Quintana. Vasconcelos y Quintana decidieron publicarlas en la primera plana del periódico.

Ante semejante escándalo, dos funcionarios de la Embajada de Estados Unidos salieron en búsqueda de esas fotos para evitar su publicación. Intentaron localizar al fotógrafo para ofrecerle 2000 dólares y que destruyera las evidencias. Pero nadie quiso ayudarlos, no les dijeron nada y no lograron su cometido.
 
Durante la madrugada, el jefe de redacción Raúl Quintana también recibió varias llamadas telefónicas misteriosas en las que le decían que ellos sabían que en la redacción de Alerta tenían las fotografías del suceso y que estaban dispuestos a pagar cualquier monto de dinero con tal de que no las publicaran. Pero Quintana siempre respondía mintiendo y diciendo que ellos no las tenían y también las estaban buscando aunque para publicarlas.

Al rato, las noticias del hecho ocurrido en el Parque Central contra el monumento de Martí llegaron a las redacciones de otros periódicos que enviaron a sus fotógrafos a la 3° Estación de Policía donde estaban los marinos presos. El primero de los reporteros gráficos que llegó allí fue Paco Altuna del periódico Hoy, y le siguió Floro Portuondo del periódico Pueblo. Allí tomaron algunas fotografías que enfurecieron a un sargento de la flota estadounidense quien con la ayuda de otros marinos que lo acompañaban intentaron quitarles las cámaras fotográficas. Altuna logró escabullirse y meterse entre los manifestantes que se encontraban frente a la estación pidiendo un castigo para los marinos. Ni bien la gente que se encontraba allí frente a la estación se enteró de lo que le pasó a los reporteros gráficos, comenzaron a lanzar botellas y piedras contra el edificio de la estación de policía. Los oficiales respondieron con tiros al aire. Dentro del edificio, Floro Portuondo era defendido por otros periodistas y fotógrafos que iban llegando. Al rato se les sumó Altuna que decidió volver a entrar. Cuando la situación se calmó un poco, finalmente les permitieron fotografiar a los marinos detenidos.

La estación de policía estaba llena de periodistas, marinos, funcionarios públicos cubanos y diplomáticos estadounidenses. Al rato apareció el capitán Thomas Francis Cullens, agregado naval estadounidense en Cuba, prometiendo que si los marinos eran liberados serían juzgados. Al final, las autoridades aceptaron liberarlos y cuando salieron, los manifestantes que estaban frente a la estación los despidieron con silbidos, chiflidos e insultos. Los marineros fueron escoltados por oficiales de policía hasta los barcos para protegerlos de la multitud enardecida que se encontraba afuera.

Al amanecer del sábado 12 de marzo de 1949, Quintana ordenó que las dos fotografías ocuparan el ancho de tres columnas en primera plana del periódico Alerta. El trabajo de confección de la nota se hizo en total discreción, dado que si las autoridades del estado se enteraban que ellos poseían las copias de las fotos, corrían el riesgo de que la policía se las decomisara para evitar su publicación y un consecuente conflicto diplomático con Estados Unidos.

Finalmente, la noticia fue publicada con las fotos y una nota editorial escrita por Vasconcelos dirigida al embajador de Estados Unidos, en la que se reflejaba la postura de protesta del periódico y de todos sus trabajadores, al igual que la indignación del pueblo por la ofensa hacia su prócer.

En horas de la mañana, cuando el periódico ya estaba siendo distribuido y la noticia había llegado a todo el país, se presentó en la redacción del periódico el fotógrafo Fernando Chaviano, autor de las fotos que inmortalizaron el incidente. Chaviano protestó ante Quintana diciéndole que por el valor noticioso de las fotografías podría haber ganado algunos pesos más. Quintana fue a hablar con Vasconcelos y le sugirió que le extendiera un vale para la caja del periódico por 100 pesos. De esta forma, Chaviano se fue un poco más conforme.

Ese día, la tirada de ejemplares del periódico Alerta fue ampliamente superior a lo normal. En medio del fervor popular que generó el incidente, a partir de una iniciativa de Gloria Vasconcelos, secretaria de la dirección del periódico, una vez finalizada la tirada del día, todos los trabajadores de Alerta fueron hasta el Parque Central con una gran corona de flores que colocaron junto al monumento de José Martí. A ellos los siguieron durante toda la jornada estudiantes, periodistas, trabajadores, deportistas, que cubrieron la base del monumento con coronas y flores. También llegaron una corona de parte del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba y otra del embajador de Estados Unidos, Robert Butler. Aunque la gente destruyó a estas dos últimas.

Mientras tanto, esa mañana del sábado 12 de marzo de 1949, en la Universidad de La Habana los estudiantes y dirigentes de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) se enteraron del incidente a través del periódico Alerta y decidieron trasladarse a la Plaza de Armas para realizar una protesta frente a la Embajada Estadounidense. La manifestación se dirigió por la calle Obispo y en el trayecto se fueron sumando espontáneamente centenares de personas que se enteraron del propósito de los estudiantes. Entre los principales organizadores de la manifestación se encontraban Alfredo Guevara (estudiante y dirigente estudiantil comunista), Baudilio "Bilito" Castellanos (presidente de los estudiantes de la Escuela de Derecho) y Fidel Castro.

El grupo de manifestantes universitarios, acompañados por muchas personas que se les sumaron, llegó a la Plaza de Armas y se instaló frente al antiguo edificio de la firma J. Z. Horter donde ahora funcionaba la Embajada de Estados Unidos en Cuba. Allí los manifestantes comenzaron a hacer reclamos y exigir que los marinos culpables fueran devueltos para ser juzgados en tribunales cubanos. Después de un rato eso se convirtió en una concentración multitudinaria.

No pasó mucho tiempo hasta que los manifestantes empezaron a gritar, así como lanzar piedras y adoquines contra el edificio de la embajada. Poco después salió el embajador Robert Butler al balcón para intentar dirigirse con un discurso a los manifestantes. Sin embargo, otras versiones sostienen que el embajador Butler bajó hasta la acera acompañado por varios guardaespaldas y miembros del FBI. Sea como fuere, en la acera o el balcón, no logró pronunciar su discurso de disculpas, ya que repentinamente apareció en la Plaza de Armas un grupo de policías dirigidos por el jefe de la Policía Nacional, el teniente coronel José Manuel Caramés. Cada policía empuñaba su pistola en una mano y un látigo en la otra. De esta manera, comenzaron a reprimir repartiendo golpes a los manifestantes. Entre los policías que reprimieron estaba el teniente Rafael Salas Cañizares.

Entre los heridos que fueron atacados por los policías se encontraba Baudilio Castellanos, quien recibió un latigazo en la espalda que le dejó una profunda y dolorosa herida.

En medio de toda la confusión, apareció un hombre joven, fornido y muy bien vestido que empezó a hacer declaraciones ante un grupo de periodistas como si fuera representante de la FEU y diciendo que todo eso era obra de agitadores, que la manifestación no había sido organizada por la FEU y que debían condenarse este tipo de protestas. Pero no tuvo tanta suerte, ya que justo en ese momento Fidel Castro y Alfredo Guevara se encontraban a su lado y desmintieron totalmente los dichos de este hombre ante los periodistas, diciendo que efectivamente la protesta había sido organizada por la FEU, que estaban dispuestos a volverlo a hacer y que se sentían orgullosos de haber apedreado al edificio de la embajada. Fidel se enfrentó a este hombre, pero el individuo se escabulló casi al instante.
 
Al ver Fidel Castro que su compañero Baudilio "Bilito" Castellanos estaba herido, decidió llevarlo a un centro de primeros auxilios (o como le decían en esa época, casa de socorros). Entonces, fueron corriendo por las calles mientras gritaban frases contra el imperialismo, hasta llegar al centro de primeros auxilios ubicado en la calle San Lázaro entre Gervasio y Escobar (a una manzana de la costa). Allí, Bilito fue atendido y un reportero gráfico tomó la fotografía que se ve aquí arriba, que atestigua el momento y que fue publicada en la revista Bohemia.

En ese momento, Fidel Castro propuso ir al Ministerio de Gobernación a hacer una denuncia por los ataques recibidos por parte de la Policía. Así que todo el grupo llevó los certificados de lesionados, entre ellos el de Bilito, hasta el Ministerio de Gobernación. Fidel le dijo al oficial encargado que venían a hacer una denuncia contra el Ministro de Gobernación, Rubén de León, por los atropellos. El oficial, todo pálido y hasta algo asustado, se disculpó, les respondió que allí no podían recibir la denuncia y les sugirió que fueran a la 3° Estación de Policía, ubicada en las calles Dragones y Montserrat. Así que fueron hacia allí, pero les presentaron muchos obstáculos, y aunque lograron levantar un acta no aceptaron registrar nombres. Sin embargo, nunca los llamaron a juicio y el caso quedó en la nada.

Mientras tanto, el embajador Butler partió hacia el Ministerio de Estado, seguido de funcionarios de la Embajada Estadounidense, así como por dirigentes de la FEU, entre ellos Alfredo Guevara quien no acompañó a sus compañeros a la casa de socorros. En el edificio del Ministerio de Estado, el Canciller Carlos Hevia, el viceministro Oscar Ruiz y otros funcionarios públicos se reunieron con el embajador en una oficina. Alfredo Guevara logró infiltrarse en esa oficina entre tantos diplomáticos y funcionarios públicos, aprovechando que el Canciller Hevia era un hombre muy despistado y no lo reconoció. Incluso pidió situar a Guevara a su lado.

El embajador pidió disculpas y le entregó a Hevia unas declaraciones escritas en las que expresaba que lamentaba lo sucedido y le pidió que revisara si había que modificar algo en lo redactado. Los funcionarios cubanos estaban allí con caras serias, mientras que Hevia le sugirió a Butler que hiciera algunas correcciones al texto para que las disculpas resultaran más satisfactorias al pueblo cubano. Mientras tanto, un funcionario del Ministerio de Estado Cubano estaba encargando flores para que el embajador Butler las depositara ante el monumento de José Martí.

A continuación, Butler salió a un salón donde estaban esperándolo periodistas y dirigentes estudiantiles. Allí comenzó a leer la nota de disculpas que luego sería dada a conocer públicamente a la sociedad. Entre las cosas que decía, mencionaba que si bien lo que habían hecho estos marinos no estaba bien, había que recordar el aporte que hicieron otros marines estadounidenses en el pasado para lograr la independencia de Cuba. En ese momento Alfredo Guevara interrumpió a Butler y ante el asombro suyo y de todos los presentes dijo en voz alta que no tenía derecho a decir eso mientras las tropas estadounidenses ocupen la base naval de Guantánamo, y le recordó que Washington a través de la Enmienda Platt vulneró la soberanía cubana.

El ambiente se puso bien tenso, pero al rato apaciguaron tanto a los diplomáticos estadounidenses como a los dirigentes estudiantiles allí presentes y las cosas se calmaron. Luego partieron todos desde el Ministerio hacia el Parque Central, donde el embajador Robert Butler, frente al monumento de José Martí leyó el pedido de disculpas que escribió y que Carlos Hevia corrigió, y a continuación colocó la ofrenda floral al pie del monumento.

Finalmente, el día 13 de marzo de 1949 la flota de guerra estadounidense partió de La Habana y Richard Choinsgy fue sentenciado a 15 días de confinamiento en una celda del barreminas Rodman del cual era tripulante.

Fuentes de información:

Be the first to like it
Share


Follow Youbioit




Comments

Post new comment

The content of this field is kept private and will not be shown publicly.