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Fidel Castro en el velorio de Eduardo Chibás el 16 de agosto de 1951

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Fidel Castro en el velorio de Eduardo Chibás el 16 de agosto de 1951

 

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Fidel Castro (segundo de derecha a izquierda de la fila del frente) en el Aula Magna de la Universidad durante el funeral de Eduardo Chibás el 16 de agosto de 1951. A la derecha del féretro se encuentran en orden de izquierda a derecha: Conchita Fernández (secretaria privada de Chibás), José Pardo Llada (periodista y militante ortodoxo), Roberto Agramonte (miembro del Partido Ortodoxo y sucesor de Chibás en la candidatura presidencial) y Fidel Castro (con traje gris oscuro y corbata).

Eduardo Chibás era el líder del Partido Ortodoxo, un movimiento político que se había desprendido del Partido Auténtico gobernante en 1947, a raíz de los actos de corrupción del gobierno de Ramón Grau San Martín. Las denuncias de Eduardo Chibás continuarían durante el gobierno de Carlos Prío Socarrás, ya que también estaría plagado de actos de corrupción, prebendas, malversación de fondos y represión.

Así como el Partido Auténtico se había convertido durante los últimos años en la gran decepción del pueblo cubano, Eduardo Chibás y su movimiento político surgieron como la gran esperanza para un pueblo harto de vivir en la pobreza y la explotación. El pueblo veía en Chibás a un líder luchador, honrado y que jugaría un papel histórico en Cuba.

Las bases del Partido Ortodoxo eran el antiimperialismo, la lucha contra la corrupción y el rechazo total a la represión. Estaba completamente en contra de Fulgencio Batista aunque también del comunismo. Los lemas del Partido Ortodoxo eran: "Vergüenza contra dinero" y "Prometemos no robar". Su símbolo era una escoba, ya que las escobas simbolizaban la intención del Partido Ortodoxo de barrer la corrupción del Partido Auténtico que estaba en el poder.

En 1948, Eduardo Chibás había sido candidato a Presidente de la República, pero quedó tercero y Carlos Prío Socarrás resultó triunfador. Por esta razón, Chibás no ocupó ningún cargo público entre 1948 y 1950. Durante ese período, a raíz de los numerosos casos de corrupción del Gobierno y su postura de denunciante, la popularidad de Chibás fue en constante ascenso. En 1950, en las elecciones parciales, su gran prestigio le permitió alcanzar un puesto en el Parlamento como senador por La Habana.

Sin embargo, durante la campaña de dichas elecciones de 1950 hubo un hecho que casi le hizo sufrir una derrota y el fin de su carrera política. Su contrincante por el Partido Auténtico era Virgilio Pérez, quien en la década de los años 1930s había participado en el gobierno dictatorial de Gerardo Machado. Chibás tenía una hora radial todos los domingos en la Estación CMQ, desde donde efectuaba muchas de sus denuncias acompañado de documentos que le servían de pruebas fehacientes. Este programa tenía una gran audiencia a nivel nacional, así que lo que dijera ahí siempre generaba gran repercusión en la población. En una ocasión, durante su programa divulgó un hecho que había ocurrido en los años 30s en el que inculpaba a Virgilio Pérez por un escándalo vinculado a dos prostitutas. Chibás utilizó como prueba de sus dichos, recortes de un periódico de esa época en el que se mencionaban los nombres de las dos mujeres. Esto le generó muchos problemas al líder ortodoxo, ya que una de estas mujeres había dejado en el pasado la prostitución y todo el escándalo policial. Ahora ella estaba casada y se había convertido en madre de una familia muy respetada.

Tanto el Gobierno de Carlos Prío Socarrás como muchos medios de prensa aprovecharon la situación y tildaron a Chibás de insensible, cruel y de dañar a una familia constituida al haber vuelto a sacar a la luz un hecho que había quedado enterrado en el pasado lejano y haber mencionado los nombres de dos mujeres que nada tenían que ver con asuntos políticos en su programa radial. Toda la prensa lo criticó duramente, incluso la que siempre fue amistosa con él.

Eduardo Chibás tenía la costumbre de utilizar al aire, en su programa radial, periódicos de la época como fuente de información. Sin embargo, este descuido de Chibás al exponer los nombres de estas mujeres que nada tenían que ver con asuntos políticos de la actualidad y por un caso que había ocurrido en los años 30s, tocó la sensibilidad de la opinión pública y faltando poco para las elecciones, los medios lo acusaban de carente de tacto y consideración.

Chibás estuvo a punto de perder las elecciones de 1950, pero aún así, a pesar de la fuerte campaña en su contra y lo reñida que fue la pugna, logró obtener el apoyo de la mayoría en la ciudad capital del país y ganó las elecciones como senador de La Habana. No obstante, el Gobierno sacó provecho de esta fuerte campaña en contra del líder ortodoxo y obtuvo muchos votos en otros lugares del país e incluso en las zonas rurales de La Habana. Pero finalmente, la población urbana de La Habana le dio su apoyo y ganó las elecciones allí.

Desde entonces, ya con el cargo de senador, continuó con sus denuncias en contra del Gobierno y con la campaña presidencial para las elecciones de 1952.

El pueblo estaba cansado de los altos índices de corrupción que habían en el Gobierno de Carlos Prío Socarrás, los desfalcos perpetrados por sus ministros y las lujuriosas fiestas que daba en el Palacio Presidencial. La paciencia de la gente se había colmado con tantos años de corrupción y represión, por lo que esperaban un posible cambio a través Eduardo Chibás, quien tenía las mayores chances de obtener el triunfo en las elecciones presidenciales de 1952.

En 1951 Eduardo Chibás generó una fuerte polémica a raíz de una denuncia contra el Ministro de Educación, Aureliano Sánchez Arango, a quien acusaba de haber robado gran cantidad de dinero proveniente del presupuesto nacional y utilizarlo para comprarse fincas en Guatemala. El Gobierno dijo que eran calumnias y mentiras, y lo desafió a presentar las pruebas de sus denuncias. Aureliano Sánchez Arango, por su parte, dijo de Chibás en un discurso que era un "maestro de la difamación, dictador, irresponsable, carente de patriotismo, ambicioso, mentiroso, inútil, mediocre, mendaz, feudal, explotador, miserable, hombre sin honor, y falso apóstol de la mentira, la demagogia y la calumnia".

A Eduardo Chibás le prometieron que le pasarían unos documentos que probarían sus denuncias acerca de la malversación de fondos públicos que tenían que ser destinados para el desayuno escolar de los estudiantes. Chibás, a su vez, prometió a la audiencia radial que presentaría dichos documentos al aire, pero nunca se los dieron y esto le generó una gran depresión. Su audiencia era enorme, todos los domingos a las 8 PM, gente de todo el país detenía sus actividades para oír sus discursos en la CMQ. En La Habana, podía escucharse su voz saliendo de los aparatos de radio de montones de casas. En los bares y cafés se detenían las conversaciones ni bien comenzaba a emitir sus primeras palabras este popular líder político. Todos esperaban escuchar sus denuncias y propuestas semanales. Sin embargo, esta vez no contaba con las pruebas suficientes para probar que Sánchez Arango utilizó el dinero para comprar fincas en Guatemala. Hasta entonces era tan solo un rumor.

Este fue un golpe muy duro a la virtud que más enorgullecía a Eduardo Chibás, su honestidad y su culto a la verdad. Por lo tanto, toda esta presión lo llevó a tomar la drástica decisión de dispararse en el vientre durante su programa radial.

El domingo 5 de agosto de 1951 cuando llegó a la estación de radio CMQ ubicada en el centro de La Habana, nadie sospechaba de sus intenciones y mucho menos de que llevaba un arma consigo.

La gente esperaba que presentara las pruebas que comprometían al Ministro de Educación, Aureliano Sánchez Arango. Pero para sorpresa de todos, comenzó a dar al aire un fuerte discurso apasionado, en el que entre otras cosas dijo: "Por su posición geográfica, la riqueza de su tierra y la inteligencia natural de sus habitantes, Cuba tiene reservada para su historia un destino grandioso, pero debe realizarlo". Hacia el final de su discurso radial agregó un fuerte y emocionante clamor: "¡Camaradas de la Ortodoxia, adelante! ¡Hacia la independencia económica, la libertad política y la justicia social! ¡Tomen una escoba y barran a los ladrones del Gobierno! ¡Pueblo de Cuba, levántate y muévete! ¡Pueblo de Cuba, despierta! Este es mi último aldabonazo para despertar la conciencia cívica del pueblo cubano". Luego tomó la pistola que llevaba escondida y se disparó en el vientre. Justamente por estas últimas palabras de su clamor, este discurso pasó a ser conocido como El último aldabonazo (el aldabón es el antiguo llamador que solía haber en las puertas de las casas antes de la proliferación del timbre eléctrico). Por lo tanto, El último aldabonazo era una metáfora del último llamado de Eduardo Chibás al pueblo cubano.

Fidel Castro estaba allí en la estación de radio junto a otros militantes del Partido Ortodoxo escuchando el discurso, pero no alcanzaron a detener a Chibás, ya que sacó el arma muy rápidamente y nadie se esperaba semejante final. Pero no todo salió como Chibás esperaba esa noche, ya que quizás por los nervios del momento olvidó que solamente había pagado por 20 minutos de aire, así que los últimos dos o tres minutos de su discurso no salieron al aire. El controlador de la radio cortó su transmisión y mandó unos avisos publicitarios. Eduardo Chibás no se dio cuenta y siguió hablando hasta pegarse el tiro.

La gente que estaba allí entró en pánico. Eduardo Chibás estaba sangrando ya que el disparo lo hirió gravemente en el abdomen. Entre los presentes estaba el periodista y militante ortodoxo José Pardo Llada quien junto a otros cuatro militantes cargaron a Chibás hasta la calle donde Fidel Castro los esperaba y les dijo que lo introdujeran en un Chevrolet Sedán. Fidel lo condujo velozmente en el automóvil hasta el Centro Médico Quirúrgico de La Habana.

Chibás permaneció once días internado de gravedad luchando por su vida, pero las complicaciones a causa de la herida provocaron su muerte el 16 de agosto de 1951. Durante los once días de agonía, Fidel Castro y otros militantes ortodoxos mantuvieron la vigilia en la clínica junto a Chibás esperando alguna mejoría. Todos los periódicos y radios cubrían minuto a minuto el estado de salud de Chibás. Fidel Castro habló varias veces en distintas estaciones de radio donde pronunció diferentes discursos contra el Gobierno culpándolo de haber arrinconado a Chibás a tomar semejante decisión. Durante ese período fue que Fidel se dio cuenta de la importancia que tenían las radios para difundir sus ideas.

Cuando murió Eduardo Chibás el 16 de agosto de 1951 -apenas un día después de cumplir los 44 años-, los miembros del Partido Ortodoxo debatieron por varias horas acerca de dónde debían velar los restos del líder ortodoxo. Entonces Fidel Castro insistió que debía ser velado en el Aula Magna de la Universidad, ya que además del peso simbólico que tendría esto, la Policía no podría entrar a causa de la Autonomía Universitaria, protegiendo así al cuerpo de Chibás de cualquier jugada sucia de parte de sus enemigos políticos.

Esto le dio a Fidel y otros líderes estudiantiles cierto control del funeral de Eduardo Chibás. Fidel permaneció 24 horas junto al féretro en el Aula Magna como parte de la Guardia de Honor. En las fotos tomadas por los principales periódicos, entre ellas la que se muestra arriba, Fidel Castro aparece en la fila del frente con un traje oscuro y corbata que se destaca de la mayoría de los demás presentes que visten en su mayoría guayaberas claras, además de sobresalir por su gran altura (Fidel Castro medía 1,90).

Fidel Castro ya había entendido el poder de persuasión de los medios de comunicación y ante la presencia de distintas radios en el funeral de Chibás, se anticipó y decidió redactar varios discursos breves de arenga hacia el pueblo, que pronunció ante reporteros que lo entrevistaron. Redactarlos no le llevó mucho tiempo ya que además de contar con una gran capacidad de oratoria también tenía mucha facilidad para la escritura. Aprovechando la indignación y conmoción general del pueblo, sus palabras fueron más bien proclamas de agite, casi de tinte revolucionario, un llamado a la toma de acción inmediata. Una de estas declaraciones ante los medios, de un Fidel Castro de 25 años recién cumplidos días antes, decía:

"El gesto heroico de Chibás, sacrificándose voluntariamente en la cruz, es un inmenso honor entre espinas de infamias e insul­tos de fariseos. Parece un episodio de leyenda mitológica; de sus entrañas limpias brotó su sangre pura para lavar la culpa de los cu­banos, por su indiferencia ante los graves males de la patria. Tanta grandeza compensa la bajeza sin precedente de sus adversarios. Bien dijo Martí, que si hay muchos hombres sin decoro, hay otros que llevan en sí el decoro de muchos hombres. Vivo o muerto, Chibás seguirá siendo nuestro presidente. Vivo o muerto, como líder o como bandera, seguirá orientando a nuestro Partido en su marcha arrolladora hacia el poder, para la consecución de los
grandes destinos y los ideales de Cuba"
.

Al otro día, 17 de agosto de 1951, cuando llegó el momento de llevar el cuerpo de Eduardo Chibás al cementerio, había una enorme multitud de entre 200 mil y 300 mil personas concentradas frente a las escalinatas de la Universidad, así como en la calle 23, esperando para acompañarlo en procesión hasta su última morada. Entonces Fidel llamó a José Pardo Llada para hablar. Lo llevó hasta un rincón del Aula Magna y allí le propuso que había que aprovechar esta gran manifestación de dolor del pueblo y en vez de llevar el cuerpo de Chibás hasta el cementerio, lo bajaran por las escalinatas de la Universidad y lo cargaran hasta el Palacio Presidencial.

Pardo Llada le respondió sorprendido: "¿Al Palacio? ¿Para qué?".

A lo que Fidel le contestó: "Para tomar el Palacio Presidencial junto a las masas y derrocar ya mismo al Gobierno. Le daremos la satisfacción a Chibás, luego de su muerte, de barrer con el Gobierno de Prío. Te aseguro que si lo llevamos hasta el Palacio, Prío abandonará Cuba. El cobarde debe estar terriblemente asustado".

La respuesta de Pardo Llada fue contundente: "Escucha, Fidel, olvida esta locura. Recuerda que junto a la procesión marchará un batallón del Ejército por los honores militares. Son capaces de matar a miles de personas si decidimos asaltar el Palacio Presidencial. No seré responsable de una matanza semejante". Fidel insistente replicó: "Te digo que no harán nada. No son capaces de disparar un solo tiro. Son todos unos cobardes. El Presidente, el Ejército, la Policía, el Gobierno, todos ellos. Llevemos a Chibás al Palacio y sentemos al muerto en el sillón presidencial". Cuando Pardo Llada escuchó esa última frase de sentar al muerto en el sillón presidencial decidió cortar la charla de manera drástica y resuelta diciendo: "No hay nada más que decir Fidel. Llevaremos a Chibás al cementerio".

A todos les pareció una locura la propuesta de Fidel Castro. Sin embargo, el tiempo demostraría que dicha locura sugerida por Fidel, por más descabellada que pareciera, también era una prueba de su gran percepción de los momentos políticos decisivos y del pensamiento de masas. Lo que él proponía era un golpe de estado, pero no a la manera tradicional de los que son perpetrados por militares a la fuerza, sino algo distinto, aprovechar una situación de conmoción y trance masivo del pueblo, algo que no ocurre muy seguido, en la que las emociones de cientos de miles de personas estaban a flor de piel, canalizarlo hacia donde él quería de acuerdo a sus intereses, y dejar que la propia gente realizara un golpe de estado popular. Y para ello proponía utilizar el cuerpo de Chibás para manipular la psicología de las masas.

Años después, Pardo Llada le contó a Carlos Prío Socarrás la idea de Fidel Castro y éste le confesó que previendo una situación así, había dado órdenes estrictas de no disparar ni actuar en caso de un levantamiento civil. Pardo Llada además descubrió que el Capitán Máximo Rabelo que acompañó a las tropas en la procesión al cementerio, tenía órdenes precisas de no intervenir en caso de disturbios para evitar una guerra civil. Asimismo, un piloto de la Aviación Militar llamado Roberto Verdaguer reveló cinco años después de la muerte de Chibás, que esa misma tarde del entierro, el Presidente Prío Socarrás había empacado su equipaje y ordenado que le prepararan un avión para abandonar el país en caso de que la masiva despedida al líder ortodoxo se transformara en una insurrección popular.

Esta no sería la primera vez ni la última vez en que una visión de Fidel acerca de lo tácticamente posible, que para el resto se veía como una locura imposible de lograr, increíblemente podría resultar con éxito. Esto significa que la disparatada idea de Fidel Castro, de acuerdo a la confesión del propio Prío Socarrás años más tarde, podría haberse concretado.

Pero lo que sí ocurrió fue una masiva procesión en la que el pueblo despidió a Eduardo Chibás y lo acompañó hasta su última morada. Una vez llegados al panteón del cementerio, Fidel Castro pronunció las siguientes palabras: "Este es el más extraordinario duelo que se ha producido en toda la historia del país. Es suficiente, por sí solo, para hacer huir despavoridos a los voceros de las infamias del Gobierno criminal y des­piadado que sufre la República".

Fuentes de información:

  • Fidel Castro Ruz GUERRILLERO DEL TIEMPO - Escrito por Katiuska Blanco Castiñeira
  • Guerrilla Prince: The Untold Story of Fidel Castro. Escrito por Georgie Anne Meyer. Publicado por Little Brown and Company - ISBN: 978-0-316-30893-9
  • Dos anécdotas referidas a Eduardo Chibás sobre Fidel Castro
  • Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado Cubano
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