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Solsticio

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Solsticio

 

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Dado que la Tierra se encuentra inclinada aproximadamente 23°26’ con respecto al plano de su órbita, los rayos del Sol caen en distintos ángulos dependiendo de la latitud y del día del año; generando este fenómeno las distintas estaciones del año.

Cuando la mitad norte del planeta (el hemisferio norte) se encuentra inclinado hacia el lado del Sol, la mitad sur (el hemisferio sur) se encuentra inclinado hacia el lado contrario, por ende los rayos solares caerán con mayor perpendicularidad en el hemisferio norte mientras que en el sur lo harán de manera más oblicua; en ese caso decimos que en el hemisferio norte están en verano mientras que en el hemisferio sur se encuentran en invierno.

En un hemisferio cuando los rayos solares caen de manera más perpendicular, o directa, hace más calor y la luz diurna dura más horas ya que el Sol recorre un mayor trayecto en el firmamento de una determinada latitud de aquel hemisferio; mientras que en el hemisferio contrario los rayos solares caen más débilmente y la luz diurna durante una jornada invernal tiene menor duración dado que el Sol recorre un menor trayecto en el cielo de una determinada latitud de aquel hemisferio. En otras palabras, en verano los días duran más que en invierno, o el tiempo transcurrido entre el amanecer y el crepúsculo es mayor en verano que en invierno.

La Tierra tarda 1 año en dar una vuelta alrededor del Sol siguiendo su órbita terrestre; durante el trascurso de medio año, el hemisferio norte del planeta se encuentra más inclinado hacia el Sol y el hemisferio sur hacia el lado contrario; mientras que durante la otra mitad del año, ocurre lo contrario. Sin embargo día a día el tiempo de duración de la luz diurna en el cielo varía acorde a la fecha y la latitud. Por ejemplo en el hemisferio norte los días se van acortando a partir del 20-23 de junio (según el año puede caer en cualquiera de estos días de junio) hasta el 20-23 de diciembre, cuando comienzan a alargarse nuevamente hasta llegar al próximo 20-23 de junio.

Por lo tanto, el 20-23 de junio, en cualquier latitud del hemisferio norte, es el día más largo del año (o sea es de día durante mayor cantidad de tiempo), mientras que el 20-23 de diciembre es el día más corto del año en cualquier latitud del hemisferio norte. A estos días se los denomina solsticios; siendo el del 20-23 de junio el solsticio de verano y el del 20-23 de diciembre el solsticio de invierno. En el hemisferio sur el solsticio de verano ocurre el 20-23 de diciembre y el solsticio de invierno el 20-23 de junio.

A lo largo del año mientras se va acercando la fecha del solsticio de verano, la luz diurna dura cada vez más tiempo en cada jornada puesto que la trayectoria del sol en el firmamento de un determinado sitio es cada día más cercana al punto subsolar (zenit) de la semiesfera imaginaria del firmamento, obteniendo así un mayor recorrido en el cielo entre el amanecer y el crepúsculo como se puedeobservar en la imagen de arriba. Por ejemplo a los 40° de latitud norte; la trayectoria diaria del Sol (que da el efecto de ver moverse al Sol cada día de Este a Oeste) entre el 20-23 de diciembre y el 20-23 de junio se va moviendo cada vez más hacia el norte (hacia el zenit o punto subsolar) haciendo que la luz solar de cada día dure mayor cantidad de tiempo (como se muestra en la semiesfera c de la imagen). Hasta llegar al 20-23 de junio que es el día en que la trayectoria se encuentra más al norte y el Sol pasa mayor cantidad de tiempo por encima del firmamento de un sitio determinado de la latitud 40° norte. Sin embargo como puede verse, en aquella latitud el Sol nunca llega a pasar por el punto subsolar ni siquiera el 20-23 de junio; solamente su trayectoria se acerca, pero nunca llega allí.

Como ya se dijo, en una determinada latitud del hemisferio norte, entre el 20-23 de diciembre y el 20-23 de junio los días cada vez duran más tiempo, y las noches cada vez menos tiempo, o sea que cada día las noches duran menos. Esto sucede hasta el 20-23 de marzo en que tanto el día como la noche duran exactamente lo mismo; se dice que allí el planeta se encuentra en un punto denominado equinoccio. El 20-23 de septiembre ocurre lo mismo solo que durante el período en que el día cada vez se hace más corto y las noches cada vez más largas. Entonces a partir del 20-23 de marzo y hasta el 20-23 de septiembre, las noches duran menos tiempo que el día y entre el 20-23 de septiembre y el 20-23 de marzo el día dura menos que la noche en el hemisferio norte.

El zenit o punto subsolar es aquel en el que cuando uno se encuentra parado en un determinado sitio, al mediodía se percibe que el Sol está exactamente arriba uno, esto significa que los rayos solares caen exactamente de manera perpendicular sobre la persona. Eso solamente puede ocurrir en las latitudes tropicales, o sea aquellas que se encuentran entre los 23°26’ sur y los 23°26’ norte; pasando obviamente por el Ecuador. Esto no es casual, ocurre justamente porque la Tierra está inclinada 23°26’ con respecto al plano de su órbita alrededor del Sol.

En el Ecuador (latitud 0°), el día y la noche duran exactamente lo mismo todo el año, y solamente se mueve hacia el norte la trayectoria del Sol en el firmamento entre 20-23 de diciembre y 20-23 de junio y hacia el sur entre el 20-23 de junio y el 20-23 de diciembre. En el Ecuador, durante esos períodos en que la trayectoria solar se mueve de sur a norte y viceversa, al pasar por los equinoccios (20-23 de marzo y 20-23 de septiembre) es cuando el Sol al mediodía de aquellos dos días toca el punto subsolar.

Cuanto más al norte o más al sur nos movemos las trayectorias van haciéndose cada vez más oblicuas (menos perpendiculares con respecto al suelo). A partir del Círculo Polar Ártico, a aproximadamente 66°34’ norte y hasta el Polo Norte a 90° norte; entre el equinoccio (20-23 de marzo) y el solsticio de verano (20-23 de junio), cuanto más hacia el norte nos movemos se da más el fenómeno de días sin noches. Por ejemplo, exactamente en el Círculo Polar Ártico en el día del solsticio de verano no hay noche (y en el solsticio de invierno no hay día); cuanto más al norte uno se mueve y la trayectoria del Sol se vuelve cada vez más horizontal (como se muestra en la imagen) los días sin noche son cada vez más, hasta llegar al Polo Norte (trayectoria solar en el cielo completamente horizontal) donde entre el equinoccio de marzo y el equinoccio de septiembre, la luz diurna dura 6 meses; ya que dado el efecto de rotación de la Tierra combinado con su inclinación de 23°26’, hacen que el Sol no pueda ponerse en ningún momento de ese período; hasta llegar al equinoccio de septiembre en el que el Sol no amanece, ya que se encuentra debajo del horizonte, durante seis meses hasta el 20-23 de marzo. En el Polo Norte la trayectoria horizontal del Sol sube en la semiesfera del firmamento entre el 20-23 de diciembre y el 20-23 de junio apareciendo en el horizonte o dentro de la semiesfera por encima del suelo recién en el equinoccio de marzo (20-23 de marzo) hasta llegar al punto más alto el día del solsticio de verano el 20-23 de junio, comenzando a partir de ese día nuevamente el proceso de descenso hasta el día del solsticio de invierno el 20-23 de diciembre; y desapareciendo por el horizonte o saliendo de la semiesfera imaginaria del cielo el día del equinoccio de septiembre. Es por eso que en el Polo Norte se tienen 6 meses de día y 6 meses de noche.

Por lo tanto, a la inclinación terreste le debemos las estaciones del año: Primavera (20-23 de marzo al 20-23 de junio en el hemisferio norte y 20-23 de septiembre al 20-23 de diciembre en el hemisferio sur); Verano (20-23 de junio al 20-23 de septiembre en el hemisferio norte y 20-23 de diciembre al 20-23 de marzo en el hemisferio sur); Otoño (20-23 de septiembre al 20-23 de diciembre en el hemisferio norte y 20-23 de marzo al 20-23 de junio en el hemisferio sur); e Invierno (20-23 de diciembre al 20-23 de marzo en el hemisferio norte y 20-23 de junio al 20-23 de septiembre en el hemisferio sur).

Otra cosa que le debemos a la inclinación terrestre son muchas de las tradiciones religiosas de la antigüedad que también fueron asimiladas por varias de las religiones actuales. Muchas religiones antiguas basaron a sus divinidades veneradas en fenómenos de la naturaleza y principalmente a cuerpos celestes como las estrellas, los planetas y principalmente la Luna y el Sol, ya que el cambio de sus posiciones marcaban el comienzo y el final de fenómenos naturales en nuestro planeta como lo son las estaciones del año. El Sol representaba para muchas religiones antiguas al dios mayor mientras que la noche a las tinieblas y todo lo que no fuera considerado como bueno; y esto no es casualidad, ya que las noches duran más en invierno y los días en verano; y es cuando hace más calor y hay más cantidad de horas diurnas cuando se puede cultivar o labrar la Tierra con mayor facilidad y efectividad así como alimentar al ganado. En otras palabras, con la llegada de los días cada vez más largos es más fácil producir alimentos para sobrevivir. Por eso mismo las religiones antiguas estaban muy relacionadas a la climatología y a la astrología, ya que era una manera de prever o adivinar lo que iba a ocurrir con el tiempo y si las cosechas serían fructíferas o no. Obviamente estos fenómenos eran humanizados dando nacimiento a muchos mitos que otorgaban aspectos, figuras y comportamientos humanos a dichos fenómenos; que generaban creencias muy elaboradas en los que el mal clima y por ende una mala cosecha (que podrían causar hambrunas en poblaciones enteras) podían considerarse como una maldición o castigo por parte de los dioses.

Muchas de estas creencias mencionadas luego fueron asimiladas por el cristianismo, ya que se encontraron paralelismos y similitudes que se adaptaban muy bien; un ejemplo son las festividades de yule (en pueblos nórdicos y de Europa Central) o Saturnalia (en el Imperio Romano) en honor al solsticio de invierno, en que los días dejaban de acortarse para comenzar nuevamente su proceso de alargamiento, considerándose como una victoria del Sol o del bien por sobre el mal o las tinieblas; estas festividades hacia el siglo IV de nuestra era fueron asimiladas por el cristianismo convirtiéndose en la Navidad.

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