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Máquina de hilar - Año 1764

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Máquina de hilar - Año 1764

 

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El comienzo de la Revolución Industrial a partir de la segunda mitad del siglo XVIII (años 1700s), que mecanizó y automatizó cada vez más a diversas tareas que antes se hacían manualmente o dependían del uso de animales se debe en gran parte a tres elementos fundamentales:

  1. El primero fue el desarrollo de la máquina de vapor, la cual permitió la automatización de numerosos procesos industriales que antes se hacían a mano, provocando la producción industrial masiva y poniendo fin a la fabricación artesanal de diversos productos, principalmente textiles. También dio lugar a la invención de nuevos medios de transporte propulsados a vapor, como el ferrocarril, el barco a vapor y los primeros automóviles (aunque estos últimos aún no obtuvieron un gran auge hasta finales del siglo XIX, cuando se desarrolló el motor de combustión interna.
  2. El segundo elemento fue la modernización siderúrgica y de los procesos de fabricación masiva de hierro forjado con técnicas como la pudelación en altos hornos.
  3. El tercero fue el gran salto que dio la industria textil a partir de la invención de la máquina de hilar y el telar mecánico en 1784, los cuales propiciaron la producción masiva de productos textiles.

De estos tres elementos que convirtieron a Gran Bretaña en la principal potencia industrial, comercial y económica de los siglos XVIII y XIX analizaremos a continuación el tercero, con la invención de la máquina de hilar.

Hasta el siglo XVIII la producción de hilos se efectuaba manualmente, de manera artesanal, mediante el uso de ruecas que hilaban fibras de algodón, por lo que se trataba de una tarea muy ardua y la producción masiva de hilos era imposible.

Todo comenzó a cambiar en 1733, cuando el británico John Kay, inventó la lanzadera volante, un dispositivo mecánico que permitió acelerar los procesos de tejido en los telares. Hasta entonces los tejedores tenían que trabajar con ambas manos y realizar un gran esfuerzo pasando entre los hilos de la urdimbre (conjunto de hilos que se mantienen tensos en un telar). Con el uso de la lanzadera volante, la labor de tejido se facilitó bastante y permitió la fabricación de tejidos más anchos, en mayor cantidad y con la mitad de trabajadores. Esto aumentó enormemente y de manera inmediata la demanda de hilos, que hasta entonces se producían manualmente, de forma artesanal mediante el uso de ruecas.

Para cubrir la mayor demanda de hilos, en 1736, el inventor británico Lewis Paul inventó una primitiva máquina de hilar que si bien no dio muchos resultados satisfactorios, sentó las bases para futuros diseños de máquinas de hilar en las décadas posteriores.

En 1764 el tejedor, carpintero e inventor británico, James Hargreaves, oriundo de la ciudad inglesa de Oswaldtwistle, famosa por la producción de telas de algodón, desarrolló una máquina que ayudaría a aumentar la producción de hilos y cubrir la demanda de la creciente industria textil. Esta máquina fue bautizada con el nombre de hiladora jenny y contaba con múltiples husos para la producción simultanea de varios carretes de hilo. Se presume que el nombre jenny proviene de una forma coloquial que tenía el inventor de llamar a la palabra engine, que en inglés significa máquina o motor.

Hargreaves mantuvo en secreto su invento por un tiempo y construyó algunas para incrementar su producción de hilos. Esto provocó un aumento en la oferta de hilos, lo cual hizo caer los precios locales de este producto, causando la furia de otros productores competidores, quienes terminaron irrumpiendo en su casa y rompieron sus máquinas. Esto obligó a Hargreaves a abandonar su ciudad e irse a Nottingham (gran centro productor de calcetines así como de tejidos de seda, algodón y cuero) en 1768. Allí comenzó a construir hiladoras jenny y junto a su socio Thomas James abrió una fábrica textil. El 12 de julio de 1770 obtuvo una patente por su invento. En la esquina superior izquierda de la imagen se puede observar una hiladora jenny.

Sin embargo el accionamiento de la hiladora jenny era aún manual y no fue hasta 1769 que apareció la primera máquina hiladora automática impulsada por fuerza hidráulica y que podía trabajar de manera continua. Se trataba de un marco giratorio movido por agua y su nombre en inglés era water frame. Fue inventada por el británico Richard Arkwright y contaba con una serie de bobinas que rotaban a velocidades sucesivamente más rápidas, las cuales estiraban la mecha de fibra de algodón, la retorcían y enrrollaban en carretes, todo en un proceso continuo. El mecanismo contaba con una serie de ruedas y poleas, primero accionadas por el movimiento de caballos y ya en 1770 fue automatizado al construirse una hilandería con un molino de agua junto al Río Derwent en la ciudad de Cromford, Derbyshire, que permitía el movimiento continuo de los rodillos de la máquina. En la esquina superior derecha de la imagen puede verse una de estas máquinas.

En 1779 Samuel Crompton inventó la máquina hiladora mula (se llamaba así porque al igual que una mula es la cruza entre un caballo y una burro hembra, esta máquina era una fusión entre la hiladora jenny de Hargreaves y la hiladora de marco giratorio movido por agua de Arkwright). Esta máquina tenía los husos inclinados sobre un carro móvil y estiraba la mecha de fibra de algodón. Mientras el carro se movía hacia afuera, los husos rotaban y la mecha se iba torciendo hasta detenerse su abastecimiento cuando el carro llegaba a su punto final. Luego, al volver el carro hacia adentro, el hilo se estiraba aún más hasta obtenerse la torsión óptima y se enrollaba en carretes de la misma manera que en la hiladora jenny. En un principio, estaba accionada por animales y a partir de 1792 comenzó a ser impulsada por molinos de agua. La hiladora mula producía hilos más finos y fuertes que las otras máquinas, los cuales servían para cualquier tipo de telas. Primero fue utilizada para hilar fibras de algodón y más adelante comenzó a ser usada con otras fibras. Aunque su inventor fue Crompton, no pudo patentarla, por lo que vendió los derechos a David Dale, quien sí pudo patentarla y obtener grandes ganancias de ella. En el medio de la fotografía a la izquierda, se muestra un ejemplar de la máquina hiladora mula.
 
Una vez que la patente de Arkwright venció en 1783 otros ya podían fabricar hiladoras de marco giratorio movido por agua, por lo que hacia 1788 ya habían unas 210 hilanderías impulsadas por molinos de agua en toda Gran Bretaña. Para finales del siglo XVIII, de las 900 hilanderías que operaban en Gran Bretaña, unas 300 eran grandes fábricas con cientos de operarios, las cuales contaban con máquinas como la de Arkwright.

En 1781 James Watt empezó a comercializar su máquina de vapor rotativa que automatizaba el movimiento circular de molinos, ruedas y otras máquinas sin depender del agua o viento, sino del uso de carbón mineral, por lo que permitió la instalación de fábricas textiles con maquinaria automatizada en lugares que no se encontraban junto a ríos o arroyos. Aún así, en un principio habían algunas dudas sobre la continuidad y ritmo de movimiento provistos por la máquina de vapor y fue recién en 1785 que se abrió la primera hilandería con máquinas de hilar impulsadas mediante máquinas de vapor rotativas, en Papplewick, cerca de la ciudad de Nottingham. La máquina de vapor transformó la economía de la ciudad de Manchester, la cual se convirtió en un polo de la industria textil a partir de los años 1780s y que ya hacia el año 1800 contaba con 42 hilanderías que la ayudaron a superar a todos los otros centros textiles del país y convertirse en el principal centro de la industria hilandera.

En 1784 la máquina de vapor también dio lugar a la invención de los telares mecánicos, causando un salto exponencial en la producción textil británica que superaba varias veces a la demanda local, lo cual promovió la exportación de sus productos textiles a nuevos mercados internacionales, colocando a Gran Bretaña en el lugar de primera potencia industrial del mundo desde finales del siglo XVIII (años 1700s) y durante todo el siglo XIX (años 1800s).

Ya en el siglo XIX, otros países siguieron los pasos de industrialización y automatización de procesos industriales que había realizado Gran Bretaña durante la segunda mitad del siglo XVIII.

En 1834 el ingeniero británico Richard Roberts, pereccionó a la maquina de hilar mula, al solucionar algunos problemas en el enrollado y automatizar todos los procesos de fabricación de hilos, sin requerir ninguna operación manual. Esta máquina se denominó selfactina (nombre proveniente del inglés self-acting que significa automático).

En la parte inferior de la fotografía pueden obsevarse máquinas selfactinas de hilar modernas.

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Comments

 Me conmovió mucho tu

 Me conmovió mucho tu investigación, aún asi, debrerias perfeccionar tus faltas de ortografía papu :v