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Eva Perón


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Alternate Names / Nicknames: 

Cholita (así la apodaron de niña)
Chinita (como la llamaba Juan D. Perón)



Eva Perón



Biography

María Eva Ibarguren Duarte nació en una lluviosa mañana del 7 de mayo de 1919 aproximadamente a las cinco horas del comienzo del día, en el campo llamado La Unión, en el partido bonaerense de General Viamonte. Hija de Juana Ibarguren y Juan Duarte.

Aunque su acta de matrimonio con Juan Domingo Perón, indica que nació un 7 de mayo de 1922 en Junín, provincia de Buenos Aires, siendo hija legítima de doña Juana Ibarguren de Duarte y Juan Duarte; por varias investigaciones pudo aseverarse que su partida de nacimiento había sido falsificada en 1945, poco antes de su casamiento con Perón, para no figurar como hija adulterina o natural, algo que por aquel entonces no era socialmente bien considerado.

Originalmente fue inscripta como María Eva Ibarguren en Registro Civil de Los Toldos, por su madre Juana Ibarguren, como hija natural dada la negativa de su padre Juan Duarte a reconocerla. Años más tarde pudo saberse que la hoja de la partida de nacimiento del Registro Civil de la localidad de Los Toldos fue arrancada y destruida para poder eliminar todo rastro que demostrara que María Eva era hija natural, producto de una relación adúltera entre Juana Ibarguren y Juan Duarte.

Fue en 1945 cuando una de las hermanas de Eva, Elisa, se presentó en el registro civil de Los Toldos, para pedir un testimonio de la partida de nacimiento de María Eva y de la suya, en la que debían figurar con el apellido Duarte. El escribano a cargo de la delegación, Evaristo Rodríguez del Pino le contestó que como eran hijas adúlteras no había ninguna partida en la que figuraran con aquel apellido, sino con el de su madre. Elisa insistió, rogando que le hiciera ese gran favor puesto que "su hermana María Eva se iba a casar con Perón, quien sería presidente de la República". Tras la continua exigencia de Elisa, por días, exigiendo que se le extendiera dicho documento. Sin embargo el tema quedó archivado. Hasta que tiempo más tarde se supo que las partidas finalmente fueron fraguadas por alguien que sería nombrado alto funcionario del Banco de la Provincia de Buenos Aires.

Como se indica en Eva Perón. Su verdadera vida. de Benigno Acossano. El acta adulterada decía:
 

En la ciudad de Junín, provincia de Buenos Aires, a cinco de julio de 1922, ante mí, Jesús Melián, Jefe del Registro Civil, Juana Ibarguren de Duarte, de treita y dos años, casada, argentina, domiciliada en la calle San Martín setenta, hija de Joaquín Ibarguren y de Petrona Núñez, declara: que el día siete de mayo del corriente año, a las cinco horas, en la casa de la exponente dio a luz una criatura del sexo femenino, a quien vi en dicho domicilio que había recibido el nombre de María Eva, hja legítima de la declarante y de su esposo Juan Duarte, de treinta y dos años, casado, argentino, hacendado, domiciliado en la misma casa, hijo de Francisco Duarte y de Juana Echegoyen.

En dicho acta figuran hechos que no son ciertos, como el casamiento de Juana Ibarguren y Juan Duarte y por ende la condición de "legítima" de Eva. También se fraguaron la localidad de nacimiento de Eva así como su año de nacimiento, ya que cuando ella nació, Juan Duarte todavía estaba casado con otra mujer y recién en 1922 pasó a ser viudo, con lo que de esa manera Evita figuraría como hija legítima y no adulterina. Por otro lado también se falsificó la edad de su padre, ya que había nacido en noviembre 1 de 1858, por lo que hacia mayo de 1922 tenía 63 años y no 32 como figura en ese documento.

Evita fue anotada con esos datos en el acta número 728, documento perteneciente a un bebé llamado Juan José Uzqueda quien murió a los dos meses de nacido.

Además se tejen dudas alrededor de su parto, ya que la versión más aceptada cuenta que fue Juana Rawson de Guayaquil, comadrona de la tribu mapuche de Coliqueo que habitaban la zona, ayudó durante el trabajo de parto de Juana Ibarguren. Sin embargo otra versión descrita por una de las hermanas de Eva, Erminda Duarte, en su libro Mi Hermana Evita, cuenta que fue Eugenio Bargas, doctor y amigo de la familia, así como director del Hospital Municipal de Los Toldos quien las trajo a este mundo tanto a ella como a Eva.

El padre de Eva, Juan Duarte Manechena Etchegoyen, oriundo de la ciudad de Chivilcoy, provincia de Buenos Aires; tenía una doble vida; ya que además de estar casado con una prima suya, Adela D'Uhart (la rama familiar de Juan había sufrido una modificación en su apellido, pasando a ser Duarte); mantenía una relación informal con Juana Ibarguren a quien conoció en "La Unión" en 1908.

Juan provenía de una familia acomodada de Chivilcoy, y su llegada a "La Unión", en General Viamonte; era para administrar dicha estancia propiedad de la familia Malcolm, punteros zonales del entonces gobernador de Buenos Aires, Marcelino Ugarte; y de la cual uno de sus miembros era intendente del partido de General Viamonte. Sin embargo las cosas cambiarían en 1917 cuando el presidente Hipólito Yrigoyen decidió intervenir la provincia; como consecuencia Malcolm fue reemplazado por un nuevo intendente, José Vega Muñoz, del partido Radical, y cuya administración complicaría las cosas para los conservadores como Juan Duarte, quien incluso en tiempos pasados había llegado a ser suplente del Juez de Paz.

Con su esposa Adela, tenía hijos legalmente reconocidos, sin embargo de su otra relación informal con Juana Ibarguren, había tenido cinco hijos; Blanca, Elisa, Juan Ramón, Erminda Luján y María Eva; todos ellos no reconocidos y teniendo que cargar aquel despectivo calificativo de hijos naturales o bastardos.

La madre de Eva, Juana Ibarguren, era hija de Petrona Núñez y Joaquín Ibarguren (abuelos de Eva). Su abuela había nacida en 1872 en la ciudad bonaerense de Bragado. Su abuelo Joaquín Ibarguren, era de profesión carrero y se dedicaba a transportar mercaderías desde la zona de Bragado hacia la localidad de General Acha.

María Eva fue bautizada un 21 de noviembre de 1919, en la capellanía vicaria de Nuestra Señora del Pilar de los Toldos, por el cura Carlos Micote.
 
 

La niñez de Evita

A pesar de ser hija de un hombre de familia acomodada, dado que tanto ella como sus hermanos no fueron reconocidos por éste, tuvieron que ser criados únicamente por su madre, soltera, quien no podía llegar a brindarles una vida con las facilidades que otorga una economía bien sustentada.

Tenía otros cuatro hermanos, todos mayores: Blanca (1908-2005), Elisa (1910-1967), Juan Ramón, Juancito (1914-9 de abril de 1953) y Erminda Luján (1916-).

El 8 de enero de 1926, Juan Duarte, su padre, murió a los 67 años tras un accidente automovilístico. La madre de Eva, se enteró del suceso a través de un pariente cercano de Juan, por lo que inmediatamente decidió viajar a Chivilcoy junto a todos sus hijos en un auto alquilado.

La llegada de Juana y sus hijos fruto de una relación infiel, llamó mucho la atención de los presentes a quienes les causó gran indignación su presencia, haciendo que se escuchen reiteradamente frases de disconformidad por el supuesto "atrevimiento" de Ibarguren y sus hijos a aparecerse en dicho funeral.

A pesar de lo que se suele contar acerca del funeral de Juan Duarte, su familia de Chivilcoy no se opuso en ningún momento a la presencia de su otra familia. Los testimonios de los presentes coinciden en que solamente hubo un pequeño inconveniente con una de las hijas, que fue rápidamente superado. Por lo que tanto Evita como sus otros hermanos pudieron besar a su padre, Juan, antes de que se cerrara su féretro; así como también pudieron acompañar el cortejo fúnebre.

Su hermana Erminda contó sobre aquel día:
 

Nuestra madre nos alzó, nos ayudó a besarlo mientras -¿cómo adivinarlo entonces?- sellábamos silenciosamente un pacto de sólida unión en torno a ella, viendo cómo su dolor se transfigura ante la necesidad de sustituirlo a él y asumir desde ese mismo día todas las responsabilidades con un estoicismo que tenía un solo sentido, el de fortalecernos.

Muchos solían atribuir su fuerte carácter a su supuesta dificultad por despedir a su padre, sin embargo su hermana Erminda lo atribuye a otras cosas que le tocaron vivir desde niña:
 

Y ahora descubro cómo muchas de sus cosas de niña anunciaban de alguna manera su destino. La infancia de los seres con grandeza posee siempre cosas preciosas. Desde chica le encantó leer poesías y asimismo tuvo predilección por la lectura de biografías de grandes personajes de la historia, sobre todo las mujeres famosas. Recuerdo que esas páginas le exaltaban. ¡Qué significativo! ¿Podía intuir entonces que llegaría a ser una de ellas, a entrar en la historia definitivamente? Nunca pedía nada, ya que en esa hermosa libertad entre árboles, hierbas y pájaros, lo tenía todo.

 
La difícil situación económica de la familia Ibarguren hizo que si ingreso a la escuela primaria haya sido retrasado. Recién en 1927, pudo ser inscripta Eva en la escuela mixta N° 1 de la calle Mitre 182 de la localidad de Los Toldos.

Su conducta era impecable en la escuela, no así de bien le iría en materias como aritmpetica, escritura, lectura e historia; en las que obtendría notas bajas. Algunos de los motivos pueden estar relacionados a sus deficiencias económicas y desigualdades por las que tenía que pasar la niña Evita por aquellos días.

En segundo grado su conducta seguía siendo excelente, no así su rendimiento en otras materias. Aunque ya por entonces se notaba un interés por su parte en asignaturas como canto, música y gimnasia.

Según un testimonio de una de sus maestras para el libro La vida de Eva Perón, comentaba:

Recuerdo perfectamente a varios de sus compañeros, pero la figura de esta alumna, por momentos, se me desdibujaba, posiblemente, porque no terminó su escuela primaria en el pueblo. Sin embargo, recuerdo nítidamente la expresión de sus ojos: igual a la que exhibió durante todo el resto de su vida. Era más bien callada y no tenía muchos amigos. Me parece recordar que las madres aconsejaban a sus hujos no acercarse mucho a ella y a sus hermanas.

Evita tuvo que vivir una niñez sin lujos ni comodidades, vestir ropa y zapatos rotos que ya no eran utilizados por sus hermanas mayores, incluso soportar humillaciones por parte de damas de la supuesta beneficiencia, cuando le donaban, frente a otros, algún guardapolvo y  ropa usada de sus hijas que ya no utilizaban.

Años después diría:

Desde que yo me acuerdo, cada injusticia me hace doler el alma como si se me clavase algo en ella. De cada edad guardo un recuerdo de alguna injusticia que me sublevó desgarrándome íntimamente. La limosna para mí fue siempre un placer de los ricos; el placer desaimado de excitar el deseo de los pobres sin dejarlo nunca satisfecho. Y para eso, para que la limosna fuera aún más miserable y más cruel, inventaron la beneficiencia y así añadieron al placer perverso de la limosna el placer de divertirse alegremente con el pretexto del hambre de los pobres. La limosna y la beneficiencia son, para mí, ostentación de riqueza y de poder para humillar a los humildes.

A partir de 1929, con la crisis económica desatada en Estados Unidos, la cual repercutió fuertemente en Argentina, afectando principalmente a los sectores populares de la población, y particularmente a los pequeños productores del campo, los cuales tuviero que dejar las zonas rurales en busca de mejores oportunidades en las grandes ciudades, comenzaba así la migración interna de la Argentina, tras la cual, miles de personas pasaron de ser propietarios a proletarios.

A esa migración interna se sumaron los Ibarguren, quienes en búsqueda de una mejor vida se mudaron a principios de 1930 a la ciudad de Junín, provincia de Buenos Aires.

Tras un ruego por parte de Juana Ibarguren para que su hija Elisa, quien era empleada del Correo, fuera trasladada a aquella gran ciudad bonaerense; la familia logró mudarse y comenzar una nueva vida. Se instalaron en una casa de la calle Winter 90.

En Junín las dificultades económicas siguieron para los Ibarguren. Juana se dedicaba a coser para afuera con la ayuda de Blanca, la mayor de las hijas, quien además ejercía como maestra. Elisa continuaba trabajando como empleada del correo, mientras que su hijo Juan trabajaba como mandadero en una farmacia.

Las más pequeñas, Erminda (Chicha) y Evita (Cholita) seguían estudiando. Así Evita pudo concluir tercer grado en la Escuela N° 1 "Catalina Larralta de Estrogamou", de la ciudad de Junín. Ahí también continuaron sus malas calificaciones así como también eran notorias sus inasistencias. Algunas compañeras la llegaron a calificar como callada y tímida.

Una de las maestras, Palmira Repetti, dejaría años después un testimonio acerca de aquella Evita de 12 años de edad:
 

Fue una alumna que se hizo querer tanto...Alta, delgada, pelos negros; era señorita, en ese tiempo todavía era señorita. Muy viva, tan viva y muy inteligente, cómo no. Tendría quince años, dieciséis cuando venía a mi casa para explicarle lo que había estudiado de verso y todas esas cosas. Le gustaba mucho leer. Cuando yo la tuve en sexto grado ya había estado en otros grados y vivía a una cuadra y media, dos cuadras del colegio; por aquel barrio, por el barrio sur. No, no era tan charleta, no, no; era concentrada, concentrada sí.

En Junín también tuvo que soportar desprecios por parte de compañeros, muchas veces inducidos por sus madres, quienes prohibían a sus hijas a juntarse con Eva por su condición de hija natural, o como la llamaban ellas "bastarda".

Uno de los testimonios de una de sus compañeras, Elsa Sabella deja claro lo difícil que era en esos tiempos ser hijo natural, resultado de la doble vida de muchos "caballeros" de familias acomodadas que no reconocían a los hijos de aquellas relaciones dejando plenamente la responsabilidad de la crianza en sus madres así como el reproche de la sociedad:
 

Compañeros de sexto grado la marginaban y eso se puede entender perfectamente en aquellos años. Acá en la provincia, es que ser hija natural era como un baldón, como una maldición. Y tenía más que razones para sentirse herida, resentida; pero jamás lo comentó conmigo a pesar de que pienso que habrá sufrido muchísimo por esa condición.

Sin embargo no todas ean humillaciones y malos momentos, a Evita también le gustaba mucho jugar con sus hermanos, e incluso ya se podían atisbar algunos signos de su vocación artística. Le gustaba pintarse con el maquillaje de su madre, disfrazarse, hacer acrobacias y armar funciones teatrales en su casa para el resto de la familia.

Su hermana Erminda comentaría años después:
 

¡Cómo le gustaba subirse a los árboles! Yo la seguía. Aunque menor que yo, las iniciativas eran siempre suyas. La veo trepar con una asombrosa rapidez, con destreza. Aunque los árboles fueran altos no tenía miedo. Su niñez contuvo toda la inquietud y la fantasía imaginables. Ya no le bastaban la rayuela, las escondidas, y la banderita, la infaltable mancha: aprendió a jugar a la billarda y a hacer girar trompos incansablemente. ¿Y cuando jugábamos a las estatuas? Lo hacíamos entre varias chicas -recuerdo que obligó a todas a incorporar  nuestro grupo a una chica muy pobre con quien casi todas se resistían a jugar. Se trataba de un juego sin duda teatral: una tomaba a otra de la mano y la hacía girar y después la lanzaba y la que se inmobilizaba en la posición más armoniosa, más bella -una estatua viva- era la ganadora. Y casi siempre la elección recaía en Eva, auxiliada invariablemente por la espontaneidad y la gracia. Sin duda, tenía ángel. Resultaba con asombrosa frecuencia "la estatua", y permanecía en la posición en que de improviso había quedado, casi sin moverse, apenas perceptible su respiración.

 

La adolescencia de Evita

Ya desde muy joven Eva estaba encantada por el mundo del cine y teatro; las estrellas famosas y especialmente de las actrices y mujeres influyentes de la época.

Le gustaba coleccionar en un álbum fotos de sus actrices favoritas, su amiga Elsa Sabella contaría años más tarde:
 

Tenía trece años y ya pensaba en ser estrella, puesto que iba a mi casa donde mi hermano mayor compraba una revista de aquel entonces editada por Emilio Kartulovich, llamada "Sintonía", y lo que más buscaba eran los modelos que usaban las estrellas.

Además le gustaba mucho recitar poesía. Tanto que en octubre 20 de 1933 pudo participar en una obra escolar llamada "Arriba Estudiantes", gracias a que su hermana Erminda formaba parte de un grupo de la escuela que organizaba obras teatrales.

Después tuvo la oportunidad de debutar frente a un micrófono, desde la casa de música de Primo Arini, que transmitía por altoparlantes un programa llamado "La Hora Selecta" todas las tardes a las 19 horas. En aquella ocasión recitó un poema titulado"Una nube".

Años después la propia Evita mencionaría:
 

Recuerdo que, siendo una chiquilla, siempre deseaba declamar. Era como si quisiera decir siempre algo a los demás, algo grande, que yo sentía en lo más hondo de mi corazón.

Le encantaba la radio, la cual la transportaba a ese mundo de sueños que ella tenía, como triunfar en teatro en la ciudad de Buenos Aires, también amaba ir a ese cine de Junín, "Crystal Palace", que representaba otra ventana hacia aquel mundo de sueños de éxito.

En 1933 tuvo la posibilidad de hacer una audición en Radio Belgrano, en la ciudad de Buenos Aires. Para eso tuvo que juntar algo de dinero, estudiarse tres poemas y junto a su madre partieron hacia la gran ciudad. Una vez llegada a Buenos Aires, todo la maravillaba; sus luces, sus calles, los autos, la gente. Pero ella estaba concentrada en la audición. La prueba se la tomaría ni más ni menos que don Jaime Yankelevich, dueño de Radio Belgrano, padre de la televisión argentina y con quien años después Evita entablaría una buena amistad. Sin embargo en aquel momento la audición concluyó con un poco original "te vamos a llamar".

De vuelta en Junín, como los sueldos de los hermanos de Evita no eran suficientes, su madre Juana decidió abrir un comedor. Recibiría nuevamente la infaltable ayuda de su hija Blanca, quien coleccionaba recetas de cocina que salían publicadas en revistas. Dos de los habituales comensales llegarían a entablar relaciones con dos de las hermanas de Eva. El mayor Arrieta con Elisa y Justo Álvarez Rodríguez con Blanca, estos últimos contrayendo matrimonio tiempo después. Justo Rodríguez, era abogado y miembro de organizaciones socialistas y anarquistas de Junín.

Una vecina de la casa de la calle Winter 90, comentaría años después:
 

Eva no tenía muchos amigos ni formaba parte tampoco de ninguna de las clásicas barritas del pueblo. Ellos eran tan humildes que tenían que dar de comer para poder subsistir, pero nunca dieron pensión a los comensales: esta casa sólo tiene cuatro habitaciones, que apenas alcanzaban para la madre y los cinco hijos. Los únicos clientes permanentes que comían aquí eran los hermanos Álvarez Rodríguez y el mayor Arrieta. Justo Álvarez Rodríguez se casó más tarde con Blanca, en la época en que su hermano era rector del Colegio Nacional. Justamente Juan Duarte, cuando fue secretario de Perón, hizo construir el nuevo edificio de ese colegio, que ahora lleva el nombre del cuñado de Eva. Mi hermana estuvo comprometida durante cuatro años con Juancito Duarte, pero a Eva no le conocí ningún novio, ni siquiera un muchacho. Eran otras épocas...¡Qué cosa triste! Acá en Junín no había ningún lugar para bailar o divertirse. Sólo la vuelta del perro por la calle Rivadavia. Una chica en el pueblo no podía hacer nada.

En 1934 Evita finalizaría la escuela primaria. Tuvo su primer novio, Ricardo Caturla, oriundo de Córdoba y quien era amigo de Juancito su hermano. Ricardo era conscripto en Junín y algo mayor que ella y según se comenta era muy apuesto. Sin embargo la relación finalizaría cuando fue dado de baja y regresó a Córdoba.

En octubre de aquel mismo año en Radio Cultura de Buenos Aires, como recitadora en una serie de programas dedicados a la ciudad de Bolívar, provincia de Buenos Aires.

Pero sus sueños de triunfar en la vida no tardarían en hacer que decida dejar Junín para mudarse a Buenos Aires. Fue así que a principios de 1935 tomó un tren, sola, rumbo a Buenos Aires.

Una carta que escribió la propia Eva a su madre describe aquel momento en que la joven se enfrentaría por primera vez sola a un mundo lleno de dificultades pero que no tenía idea que en esta niña se ocultaba un gran cambio para la sociedad:

Querida mamá:

Apenas acabo de partir y ya empiezo a sentirme lejos. Lejos de Los Toldos, de Chicha, de Juancito y de vos, Blanquita, Elisa. Sin embargo, me siento feliz. Vos sabés. Te mando un beso y un abrazo fuerte.

Cholita

En Buenos Aires la estaba aguardando su hermano Juancito, quien estaba haciendo el servicio militar. Así llegaba Maria Eva Ibarguren Duarte a Buenos Aires, la gran ciudad; con su pequeña valija, su delgado cuerpo y pelo negro corto; acompañada por sus ilusiones de triunfar y convertirse en una gran actriz.

Los primeros meses en Buenos Aires, vivía en una pensión de la zona de Congreso. Pasaba gran parte del día buscando contactos con ofertas de trabajos actorales en teatro o radio. Algunos de los recursos de búsqueda de oportunidades laborales incluían radios y revistas del espectáculo. También solía frecuentar los lugares donde iba gente del mundo del espectáculo.

Hasta que pudo ingresar a la Compañía Argentina de Comedias, encabezada por Eva Franco y dirigida por Joaquín de Vedia. Fue así que un 28 de marzo de 1935 su sueño de convertirse en actriz se concretó, debutando en el Teatro Comedia ubicado en la calle Carlos Pelegrini 248, en la obra La señora Pérez, haciendo papel de mucama.

Su participación fue comentada, brevemente, en el diario Crítica, por Edmundo "Pucho" Guibourg de la siguiente manera:
 

Muy correcta en su breve intervención Eva Duarte.

Mientras que en la edición del 30 de marzo de 1935, de periódico llamado El Pueblo, de la ciudad de Junín se comentó:

El público llenó la sala y se retiró satisfecho de la actuación de la primera actriz, así como de los que la secundaron: Martha Poli, Amelia Musto, Eva Duarte, y Ángel Reyes que, en intervenciones breves, completan el cuadro de intérpretes. Nosotros, por nuestra parte, contentos de ver los exquisitos valores artísticos que surgen de nuestro ambiente, auguramos a esta señorita el más florido triunfo, y esperamos que su elogiosa labor y sus excelentes dotes personales se vean prontamente coronadas del meritorio éxito al que se hace acreedora.

Luego participó en otras obras como Cada Hogar es un Mundo de Goicochea y Cordone y en Madame Sans-Gêne en el Teatro Cómico, haciendo dos roles menores por los que cobraba tres pesos por función. La puesta en escena era de Pablo Suero. Luego la compañía de Eva Franco realizó una gira por Argentina, de la que Evita no participó. Sin embargo a su regreso la obra fue reestrenada en Buenos Aires y Eva fue convocada nuevamente. En dicho reestreno del 26 de noviembre de 1935, estuvieron presentes además de una gran cantidad de público, figuras destacadas del mundo del espectáculo, entre ella la famosa actriz Lola Membrives.

En aquel tiempo ocurrió un hecho curioso que la misma Eva Franco describió años después en su libro Cien años de teatro en los ojos de una dama:
 

Una noche ocurrió algo muy gracioso que la prensa después exageró. Al teatro llegaron varios canastos que decían "Para Evita, con cariño" "Éxitos Evita" y cosas parecidas. Todos los canastos fueron colocados en el pasillo de abajo, frente a mi camarín, ya que adentro no cabían más. Hicimos la función y después me detuve a ver quiénes me enviaban las flores. A la mayoría no los conocía. En síntesis, eran para Eva Duarte y no para mí, confusión que provocó las bromas de todos los compañeros, que la apabullaron con chanzas de todo tipo. El incidente trascendió a la prensa y se dijo que yo me enojé y que quise despedirla de la compañía. No fue cierto pero debo confesar que no salía de mi asombro al ver cómo una jovencita recién iniciada en el teatro tenía ya tantos admiradores.

Trabajó junto a Eva Franco hasta enero de 1936.

En cuanto a su vida sentimental, fue vinculada sentimentalemente con Pablo Suero, destacado periodista de la época.

Pero Eva Duarte aspiraba a llegar a ser primera actriz, sin embargo aquellos papeles secundarios le permitían ir conociendo y pagar derecho de piso en aquel difícil ambiente del teatro así como también pagar la pensión donde vivía y cubrir sus gastos diarios.

En mayo de 1936, se incorporó a la Compañía de Comedias de Pepita Muñoz, José Franco y Eloy Alfaro para una gira por Argentina. En mayo 22 de 1936 debutaron con la obra de Arnaldo Malfatti y Nicolás de las Llanderas Miente y serás feliz en Rosario. A pedido del público la compañía permaneció en dicha ciudad hasta junio 11.

Durante esa gira uno de los actores se había enfermado teniendo que ser hospitalizado. A pesar de que los directores de la compañía habían prohibido las visitas a su compañero convaleciente para evitar contagios, Evita no les hizo caso y apenada por su situación fue a visitarlo; lo que habría causado que ella también se contagiara.

La gira continuó por Mendoza y Córdoba, finalizando nuevamente en Rosario en septiembre de 1936. A pesar de trabajar mucho y actuar en casi todas las obras, las críticas no solían mencionarla. Por otro lado aunque ensayaba mucho y hacía varias funciones diarias, tenía un sueldo poco remuneratorio y en ocasiones nulo si no había gran recaudación.
 

 


Trivia: 


Personal Quotes: 

El Dolor de los humildes

Aquí también, como en todo el mundo, la injusticia social de muchos años ha dejado en todos los rincones del país dolorosos recuerdos de su pasado.

Cuando Perón tomó la bandera de la justicia social, los argentinos sumergidos eran infinitamente más que los pocos privilegiados que emergían.

Pocos ricos y muchos pobres.

El trigo de nuestra tierra, por ejemplo, servía para saciar el hambre de muchos “privilegiados también” en tierras extrañas; y los “peones” que sembraban y cosechaban aquí ese trigo no tenían pan para sus hijos.

Lo mismo sucedía con todos los demás bienes: la carne, las frutas, la leche.

Nuestra riqueza era una vieja mentira para los hijos de esta tierra.

Cien años así fueron sembrando de pobreza y de miseria los campos y las ciudades argentinas.

Recuerdo haber mencionado en uno de mis primeros capítulos el espectáculo de miseria que rodeaba a nuestra gran capital cuando me fue dado verla por primera vez.

Después de cinco años de lucha interna en el gobierno y con todo el esfuerzo de la ayuda social puesta en marcha intensamente, todavía el cuadro no ha desaparecido del todo, aunque va quedando poco de él, como para triste recuerdo de la Argentina que encontró Perón.

Para cuando incluso ese recuerdo desaparezca, yo quiero describir un poco el paisaje, pero no por fuera como un pintor sino por dentro, tal como yo lo he visto. ¡Tal, como yo lo he sufrido, viéndolo!

Para ver la pobreza y la miseria no basta con asomarse y mirarla. La pobreza y la miseria no se dejan ver así tan fácilmente en toda la magnitud de su dolor porque aun en la más triste situación de necesidad el hombre y más todavía la mujer saben imaginárselas para disimular, un poco al menos, su propio espectáculo.

Por eso cuando los ricos se acercan a esas colmenas de arquitectura baja que son los barrios pobres con que las grandes ciudades se derraman en el campo por lo general, no ven bien…

Un poco es la subconsciencia culpable que no los quiere dejar ver bien y a fondo la realidad total.

Y otro poco es por aquello que dije de la misma pobreza que se esconde.

Los desprevenidos visitantes que pasean por allí verán ranchos de paja y barro, casillas de latón, algunas macetas de flores y algunas plantas, oirán algún canto más o menos alegre, el bullicio de los chicos jugando en los baldíos… y acaso se les ocurrirá pensar que todo eso es poético y tal vez romántico.

Por lo menos frecuentemente he oído decir que se trata de barrios “pintorescos”.

Y esto me ha parecido la expresión más sórdida y perversa del egoísmo de los ricos.

¡Pintoresco es para ellos que hombres y mujeres, ancianos y niños, familias enteras deban habitar unas viviendas peores que los sepulcros de cualquier rico, medianamente rico!

Ellos no ven jamás, por ejemplo, qué ocurre allí cuando llega la noche.

Allí donde cuando hay cama no suele haber colchones, o viceversa; o ¡donde simplemente hay una sola cama para todos…! ¡y todos suelen ser siete u ocho o más personas: padres, hijos, abuelos…!

Los pisos de los ranchos, casillas y conventillos suelen ser de tierra limpia.

¡Por los techos suelen filtrarse la lluvia y el frío…! ¡No solamente la luz de las estrellas, que esto sería lo poético y lo romántico!

Allí nacen los hijos y con ellos se agrega a la familia un problema que empieza a crecer.

Los ricos todavía creen que cada hijo trae, según un viejo proverbio, su pan debajo del brazo; y que donde comen tres bocas hay también para cuatro. ¡Cómo se ve que nunca han visto de cerca de la pobreza!

Y todo eso todavía es felicidad cuando nadie en la familia está enfermo; que cuando esto ocurre entonces el calvario llega a los más amargos extremos.

Entonces la angustia de los padres, si el enfermo es un hijo, por ejemplo, no tiene límites.

Yo los he visto andar por las calles, cargando con el hijo en los brazos, buscando médico, farmacia, hospital, cualquier cosa; porque si los servicios de la asistencia pública se atrevían a meterse en esos laberintos de covachas que son los barrios “pintorescos”.

Yo también los he visto volver a casa con el hijo muerto entre los brazos para dejarlo allí sobre una mesa y salir luego a buscar un ataúd como antes buscaron médico y remedios: desesperadamente.

Los ricos suelen decir:

- No tienen sensibilidad, ¿no ve que ni siquiera lloran cuando se les muere un hijo?

Y no se dan cuenta que tal vez ellos, los ricos, los que todo lo tienen, les han quitado a los pobres hasta el derecho de llorar.

¡No…! Yo no podré evidentemente describir lo que es la vida en cualquiera de esos barrios “pintorescos”.

Y me resigno a desistir de mi intento.

Pero una cosa quiero repetir aquí, antes de seguir adelante.

Es mentira de los ricos eso de que los pobres no tienen sensibilidad.

Yo he oído muchas veces en boca de “gente bien”, como ellos suelen llamarse a sí mismos, cosas como estas:

- No se aflija tanto por sus “descamisados”. Esa “clase de gente” no tiene nuestra sensibilidad. No se dan cuenta de lo que les pasa. ¡Y tal vez no convenga del todo que se den cuenta!

Yo no encuentro ningún argumento razonable para refutar esa mentira injusta.

No puedo hacer otra cosa que decirles:

- Es mentira. Mentiras que inventaron ustedes los ricos para quedarse tranquilos. ¡Pero es mentira!

Si me preguntasen por qué, yo tendría solamente algo que decirles, muy poca cosa.

Sería esto:

¡Yo he visto llorar a los humildes y no de dolor, que de dolor lloran hasta los animales! ¡Y los he visto llorar por agradecimiento!

¡Y por agradecimiento, por agradecimiento sí que no saben llorar los ricos!


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