Home

      Comment post English
x

Select your language

EnglishEspañol

Levantamiento de las 20.000 - noviembre de 1909 a febrero de 1910

View in slideshow mode

 

Levantamiento de las 20.000 - noviembre de 1909 a febrero de 1910

 

Photos in this album: 10

 

Fotografía de la izquierda: Mujeres huelguistas marchan por las calles en el crudo invierno de 1909-1910. Fotografía de la esquina superior derecha: Las activistas feministas Mary Dreier, Ida Rauh, Helen Marot, Rena Borky, Yetta Raff y Mary Effers tomadas de los brazos durante la marcha de diciembre de 1909 a la Alcaldía de la Ciudad de Nueva York para protestar por los abusos de la policía y de matones contratados por los empresarios textiles, que incluían insultos, intimidaciones y ataques físicos contra las manifestantes. Esquina inferior derecha: La Liga Nacional de Sindicatos de Mujeres de América, la Liga de Equidad Política, el Club Liberal de Nueva York y el Comité de Mujeres Socialistas patrocinaron un encuentro por las huelguistas en el teatro de Carnegie Hall, el 2 de enero de 1910, para celebrar el coraje de las manifestantes que fueron arrestadas y con el fin de juntar fondos para las fianzas, multas y otros gastos de la huelga.

En noviembre de 1909, comenzó la primera huelga de mujeres de gran magnitud que dejaría una huella indeleble en la historia, se trata del llamado Levantamiento de las 20 mil. Todo comenzó el 22 de noviembre cuando la obrera de origen ucraniano y 23 años de edad, Clara Lemlich, durante una concentración de obreros textiles de Nueva York dio un apasionado discurso ante hombres y mujeres a quienes propuso realizar una huelga general para denunciar las malas condiciones laborales y la explotación que debían soportar. Al día siguiente, comenzó la huelga y el 24 de noviembre salieron a las calles a protestar aproximadamente 20 mil mujeres y unos pocos varones. Sucede que más del 70% de la mano de obra textil de Nueva York estaba compuesta por mujeres que en su mayoría eran extranjeras. La huelga duró once semanas hasta el 15 de febrero de 1910, cuando se firmó un acuerdo con el 85% de las empresas textiles que aceptaron reducir la jornada laboral a 52 horas semanales, equiparación salarial (las mujeres cobraban entre 3 y 4 dólares, mientras los hombres cobraban entre 7 y 12 dólares), negociaciones salariales, vacaciones pagas y suministro gratuito de herramientas de trabajo.

En 1909, gran parte de la fuerza laboral de la industria textil en Nueva York estaba compuesta por mujeres. Pero las condiciones de trabajo eran pésimas y los salarios muy bajos. En ese contexto, el conflicto comenzó en julio de 1909, con una serie de huelgas espontáneas en distintas fábricas de blusas y otras textiles de la ciudad.

La mano de obra textil estaba compuesta por aproximadamente 30.000 mujeres que trabajaban hacinadas en apartamentos de edificios cuyos dueños cerraban para que las empleadas no pudieran salir durante las horas laborales que se extendían a 11 horas diarias, los 7 días de la semana y por un salario de 3 a 4 dólares ó 6 dólares semanales en el mejor de los casos. No se pagaban horas extras, ni siquiera cuando el trabajo se extendía hasta horarios nocturnos. Los apartamentos donde trabajaban no estaban calefaccionados durante los crudos inviernos, mientras que en verano las temperaturas allí dentro eran sofocantes. A pesar de todo, las organizaciones sindicales no intervenían demasiado y los dueños de estas empresas ejercían una estricta supervisión sobre sus empleadas.

Las huelgas surgieron de un nuevo sector textil, la industria de blusas de Nueva York, ubicada principalmente en edificios del East Village en Manhattan, Ciudad de Nueva York, y cuya mayoría de empleadas eran inmigrantes de Europa del Este e Italia. Durante la temporada alta, cada una de estas plantas textiles ubicadas en apartamentos, podían emplear hasta 200 operarias trabajando hacinadas en la producción de sofisticadas blusas de algodón que luego serían vendidas en el distrito conocido Ladies Mile (La milla de la Damas) ubicado entre las calles 15 y 24, y entre las avenidas Park y Sexta, donde se encontraban la mayoría de las tiendas departamentales más glamorosas de finales del siglo XIX (años 1800s) y principios del XX (años 1900s).

La mayoría de las empleadas costureras eran muy jóvenes. Sus salarios apenas alcanzaban para contribuir con los gastos que sus familias de inmigrantes tenían en edificios de apartamentos hacinados de la zona del Lower East Side. Estas chicas iban diariamente a la zona de Washington Square para trabajar con máquinas de coser y producir así blusas pieza por pieza. Algunas cosían las mangas, otras los cuellos, otras los puños, otras ensamblaban los cuerpos de prendas o cosían los pliegues y pinzas que le daban cierta elegancia a las blusas. El nivel de dificultad de cada operación y el número de piezas que cada trabajadora debía coser determinaba el valor de su salario. Algunas trabajadoras incluso tenían 9 ó 10 años de edad, y trabajaban cortando hilos sobrantes de prendas terminadas. Cada vez que un inspector aparecía para revisar que se cumplieran mínimamente las normas establecidas por el estado, los supervisores de las fábricas enviaban a esconderse a estas niñas dentro de contenedores.

El abuso hacia las empleadas en estas fábricas textiles era constante. Por ejemplo, en el elevador de la fábrica de la Triangle Shirtwaist Company había un cartel que advertía: "Si no vienes a trabajar el domingo, no vengas el lunes". A las trabajadoras que llegaban cinco minutos tarde se les quitaba medio día de salario. La compañía les cobraba a las empleadas por la agujas y la electricidad que necesitaban las máquinas de coser. Para evitar que conversaran entre ellas, los jefes sentaban a las empleadas italianas junto a las que hablaban yidis; a pesar de esto último, muchas jóvenes lograron entablar amistades.

La jóvenes judías que hablaban yidis conformaban el 55% de la fuerza laboral textil, y la mayoría eran oriundas de Rusia, Lituania y Polonia. Las italianas comprendían el 35% de las empleadas textiles, mientras que el resto eran nacidas en Estados Unidos.

La Unión Internacional de Trabajadores de la Confección fue uno de los primeros sindicatos de Estados Unidos en contar con una mayoría de miembros femeninos. La mayoría de las jóvenes que se afiliaron a dicho sindicato eran judías y contaban con el apoyo de sus familias y vecinos, que en muchos casos eran socialistas o sindicalistas. Por el contrario, habían menos afiliadas de origen italiano, dado que habían llegado más recientemente al país y no entendían bien ni el inglés ni el yidis que era hablado por la mayoría de las empleadas que organizaban los paros laborales. Recién cuando las huelgas se fueron dando más seguido, el sindicato comenzó a buscar organizadoras que podían dar discursos tanto en inglés, así como en yidis e italiano.

Las protestas se fueron desarrollando de a oleadas, comenzando en julio de 1909. Un conflicto por los salarios condujo a una huelga de aproximadamente 200 costureras de la Compañía de Blusas de los Hermanos Rosen (Rosen Brothers Shirtwaist Company) que duró cinco semanas. El sindicato y la compañía llegaron a un acuerdo, mientras los empresarios de toda la industria textil comenzaron a estar alertas al respecto.

En septiembre, alrededor de 150 costureras de la compañía Triangle Shirtwaist fueron despedidas por haberse afiliado al sindicato. Salieron a protestar cuando llegaron rompehuelgas a ocupar sus puestos, y las atacaron matones y prostitutas contratados por los dueños.

Luego, unas 100 costureras judías de la Compañía Leiserson fueron despedidas y al protestar fueron golpeadas por matones contratados. Al ver sus compañeras italianas lo que ocurría, se sumaron también a la protesta. En represalia, las compañías cuyas empleadas entraron en huelga transfirieron los pedidos de blusas a la Diamond Waist Company, pero cuando los empleados de esta última se enteraron que sin saberlo estaban cumpliendo tareas de esquiroles (también denominados rompehuelgas, crumiros o carneros), también adhirieron a la huelga.

Las huelguistas eran frecuentemente arrestadas. Las llevaban en furgones policiales a la Corte de Jefferson Market, ubicada en la Sexta Avenida y la calle 10 en Manhattan, Ciudad de Nueva York, donde se las multaba con 3 dólares (gran parte de su salario semanal). Muchas veces, incluso se las encerraba en la comisaría.

A principios de noviembre de 1909, las damas de la Liga Nacional de Sindicatos de Mujeres de América -compuesta en gran parte por prominentes reformistas del movimiento feminista- decidieron intervenir. Se unieron a las filas de manifestantes, y su presidente, Mary Dreier, fue arrestada junto a las trabajadoras inmigrantes en huelga. La estrategia fue excelente, ya que ahora los periódicos comenzaron a cubrir lo que hasta entonces se consideraba un problema sin importancia entre "empresarios respetables" y "jóvenes revoltosas de clase obrera".

La huelga masiva de miles de empleadas textiles fue calificada en un principio como una ruidosa molestia. Pero cuando se fue expandiendo y la producción textil se detuvo, la huelga fue tomada en serio por los medios. La Liga Nacional de Sindicatos de Mujeres de América apoyó a las huelguistas con dinero y a través de contactos en periódicos. Cuando sus asociadas más prominentes fueron arrestadas, los neoyorquinos empezaron a prestar máyor atención al conflicto.

Durante la noche del 22 de noviembre de 1909, se llevó a cabo una asamblea organizada por la Liga Nacional de Sindicatos de Mujeres de América en la Universidad de Cooper Union, para debatir acerca de la situación laboral de las miles de trabajadoras en paro, así como los pros y contras de realizar una huelga masiva de todo el sector textil (mayoritariamente compuesto por mujeres trabajadoras). Entre los presentes, también habían hombres pertenecientes a la Federación Estadounidense del Trabajo (American Federation of Labor) -el mayor sindicato de Estados Unidos hasta mediados del siglo XX-, cuyo presidente, Samuel Gompers, dio un discurso tratando de disuadir a las empleadas textiles de continuar con la idea de una huelga general, mencionando las complicaciones que esto les acarrearía, y les sugirió organizarse mejor para enfrentar a los empresarios y lograr así mejores condiciones laborales.

Cansada de escuchar hablar a los hombres durante el debate, Clara Lemlich, una joven ucraniana de 23 años que trabajaba para la Compañía Textil Leiserson y que había sido brutalmente golpeada esa semana durante las protestas, se levantó y dio un apasionado discurso en yidis ante hombres y mujeres, les propuso salir a las calles y comenzar una huelga general para denunciar las malas condiciones laborales y la explotación que debían soportar. Entre otras cosas dijo: "He escuchado a todos Ios oradores y no tengo más paciencia para charlas...Estoy cansada de escuchar a oradores que generalizan...Hago la moción de salir y comenzar un paro general". La respuesta del público fue estruendosa y esa misma noche marcharon a la plaza Union Square, de Manhattan, Ciudad de Nueva York. Para el 24 de noviembre, más de 20.000 empleadas del rubro textil dejaron sus puestos de trabajo y adhirieron al paro general -aunque otras estimaciones hablan de más de 30.000 trabajadoras-.

Dos semanas más tarde, la Liga Nacional de Sindicatos de Mujeres de América organizó una marcha de alrededor de 10.000 mujeres a la Alcaldía de la ciudad. El primer mes de la huelga fue muy frío y duro para las mujeres que se manifestaban en las calles. De las 723 mujeres arrestadas, 19 fueron sentenciadas a la Prisión de Blackwell Island (una prisión que funcionó durante la mayor parte del siglo XIX y hasta bien entrado el siglo XX, en la isla neoyorquina actualmente rebautizada con el nombre de Roosevelt Island). Clara Lemlich fue detenida 17 veces y también reprimida, lo que le dejó como consecuencia seis costillas rotas.

A lo largo de las once semanas que duró la huelga, la Liga Nacional de Sindicatos de Mujeres de América promovió la causa en los periódicos y recaudó dinero para dar asistencia a las huelguistas, cubrir las fianzas y los honorarios de abogados defensores para liberar a las manifestantes arrestadas. Las organizadoras sindicalistas, Pauline Newman y Rose Schneiderman, viajaron al norte del estado de Nueva York y a los estados de Nueva Inglaterra (región del noreste de Estados Unidos compuesta por los estados de Maine, Nuevo Hampshire, Vermont, Massachusetts, Rhode Island y Connecticut) para difundir las noticias entre los sindicatos locales y juntar fondos de emergencia.

A finales de diciembre, el sindicato y los empleadores propusieron un acuerdo. A pesar que algunos términos eran positivos -entre ellos menos horas laborales por semana, pago de las agujas y la energía por parte de las empresas, negociaciones de salarios de forma individual en cada empresa y reincorporación de las trabajadoras en huelga-, las demandas básicas de seguridad y mejores condiciones en los lugares de trabajo, así como el reconocimiento de los gremios no fueron discutidas. Por lo tanto, las trabajadoras votaron en contra de la propuesta por una amplia mayoría, ya que no aceptaban un contrato laboral sin dichas garantías.

Muchas de las grandes compañías finalmente acordaron de forma individual y las trabajadoras volvieron a sus puestos de trabajo. El 15 de febrero de 1910, tras un acuerdo con 300 compañías que aceptaron las demandas de las obreras, se levantó el paro.

Sin embargo, alrededor de 1.100 trabajadoras continuaron en la calle, ya que sus empleadores no aceptaron el acuerdo. Una de esas empresas que se negó a acordar fue la Triangle Shirtwaist Company que solamente aceptó aumentar los salarios. Algunas de las trabajadoras de esta compañía aceptaron volver, pero tuvieron que resignarse a compartir el espacio laboral con rompehuelgas que reemplazaron a sus antiguas compañeras. Además se vieron obligadas a trabajar más horas diarias que las trabajadoras textiles de otras empresas que aceptaron reducir las horas laborales. Mientras la mayoría de las trabajadoras textiles terminaban de trabajar los sábados al mediodía, las empleadas de la Triangle Shirtwaist Company debían continuar hasta tarde y seguir soportando pésimas condiciones laborales. Las trabajadoras de la compañía demandaban que las puertas de la fábrica se mantuvieran abiertas -los jefes solían encerrar a las obreras de la Triangle Shirtwaist Company durante las horas laborales- y que repararan las escaleras de incendios del enorme edificio donde se alojaba la fábrica (Asch Building, luego rebautizado Brown Building), pero los empleadores no cumplieron con estas demandas y el sábado 25 de marzo de 1911, en horas de la tarde -un horario en que otras empresas permanecían cerradas-, un incendio voraz terminó con las vidas de 146 personas (123 mujeres y 23 hombres) que trabajaban para ellos y que al estar encerradas no pudieron escapar. Entre las 146 personas habían mujeres que habían participado en la gran huelga, rompehuelgas que reemplazaron a las empleadas que no volvieron, supervisores y trabajadoras adolescentes.

<< Volver a Historia del Día de la Mujer y qué se conmemora el 8 de marzo

Fuentes de información:

Be the first to like it
Share


Follow Youbioit




Comments

Post new comment

The content of this field is kept private and will not be shown publicly.