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Romeo y Julieta completa en español - Parte 2


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Romeo y Julieta - Acto III


I - Entran MERCUCIO, BENVOLIO y sus criados.


BENVOLIO- Te lo ruego buen Mercucio, vámonos. Hace calor , los Capuletos han salido y, si los encontramos, tendremos pelea, pues este calor inflama la sangre.

MERCUCIO- Tú eres uno de esos que, cuando entran en la taberna, golpean la mesa con la espada diciendo "Quiera Dios que no te necesite" y, bajo el efecto del segundo vaso, desenvainan contra el tabernero, cuando no hay necesidad

BENVOLIO- ¿Yo soy así?

MERCUCIO- Vamos, vamos. Cuando te da el ramalazo, eres tan vehemente como el que más en Italia: te incitan a ofenderte y te ofendes porque te incitan.

BENVOLIO- ¿Ah, sí?

MERCUCIO- Si hubiera dos así, muy pronto no habría ninguno, pues se matarían. ¿Tú? ¡Pero si tú te peleas con uno porque su barba tiene un pelo más o menos que la tuya! Te peleas con quien parte avellanas porque tienes ojos de avellana. ¿Qué otro ojo sino el tuyo vería en ello motivo? En tu cabeza hay más broncas que sustancia en un huevo, sólo que, con tanta bronca, a tu cabeza le han zurrado más que a un huevo hueco. Te peleaste con uno que tosió en la calle porque despertó a tu perro, que estaba durmiendo al sol. ¿No la armaste con un sastre porque estrenó jubón antes de Pascua? ¿Y con otro porque les puso cordoneras viejas a los zapatos nuevos? ¿Y ahora tú me sermoneas sobre las broncas?

BENVOLIO- Si yo fuese tan peleón como tú, podría vender mi renta vitalicia por simplemente una hora y cuarto.

MERCUCIO- ¿Simplemente? ¡Ah, simple! Entran TEBALDO y otros.

BENVOLIO- Por mi cabeza, ahí vienen los Capuletos.

MERCUCIO- Por mis pies, que me da igual.

TEBALDO- Quedad a mi lado, que voy a hablarles. -Buenas tardes, señores. Sólo dos palabras.

MERCUCIO- ¿Una para cada uno? Ponedle pareja: que sea palabra y golpe.

TEBALDO- Señor, si me dais motivo, no voy a quedarme quieto.

MERCUCIO- ¿No podríais tomar motivo sin que se os dé?

TEBALDO- Mercucio, sois del grupo de Romeo.

MERCUCIO- ¿Grupo? ¿Es que nos tomáis por músicos? Pues si somos músicos, vais a oír discordancias. Aquí está el arco de violín que os va a hacer bailar. ¡Voto a...! ¡Grupo!

BENVOLIO- Estamos hablando en la vía pública. Dirigíos a un lugar privado, tratad con más calma vuestras diferencias o, si no, marchaos. Aquí nos ven muchos ojos.

MERCUCIO- Los ojos se hicieron para ver: que vean. No pienso moverme por gusto de nadie.

Entra ROMEO.

TEBALDO- Quedad en paz, señor. Aquí está mi hombre..

MERCUCIO- Que me cuelguen si sirve en vuestra casa. Os servirá en el campo del honor: en eso vuestra merced sí puede llamarle hombre.

TEBALDO- Romeo, es tanto lo que te estimo que puedo decirte esto: eres un ruin.

ROMEO- Tebaldo, razones para estimarte tengo yo y excusan el furor que corresponde a tu saludo. No soy ningún ruin, así que adiós. Veo que no me conoces.

TEBALDO- Niño, eso no excusa las ofensas que me has hecho, conque vuelve y desenvaina.

ROMEO- Te aseguro que no te he ofendido y que te aprecio más de lo que puedas figurarte mientras no sepas por qué. Así que, buen Capuleto, cuyo nombre estimo en tanto como el mío, queda en paz.

MERCUCIO- ¡Qué rendición tan vil y deshonrosa! Y el Stocatta sale airoso. [Desenvaina.] Tebaldo, cazarratas, ¿luchamos?

TEBALDO- ¿Tú qué quieres de mí?

MERCUCIO- Gran rey de los gatos , tan sólo perderle el respeto a una de tus siete vidas y, según como me trates desde ahora, zurrar a las otras seis. ¿Quieres sacar ya de cuajo tu espada? Deprisa, o la mía te hará echar el cuajo.

TEBALDO [desenvaina] Dispuesto.

ROMEO- Noble Mercucio, envaina esa espada.

MERCUCIO- Venga, a ver tu "passata". [Luchan. ]

ROMEO- Benvolio, desenvaina y abate esas espadas. -¡Señores, por Dios, evitad este oprobio! Tebaldo, Mercucio, el Príncipe ha prohibido expresamente pelear en las calles de Verona. ¡Basta, Tebaldo, Mercucio!

TEBALDO hiere a MERCUCIO bajo el brazo de ROMEO y huye [con los suyos].

MERCUCIO- Estoy herido. ¡Malditas vuestras familias!. Se acabó. ¿Se fue sin llevarse nada?

BENVOLIO- ¿Estás herido?

MERCUCIO- Sí, sí: es un arañazo, un arañazo. Eso basta. ¿Y mi paje? - Vamos, tú, corre por un médico. [Sale el paje.]

ROMEO- Ánimo, hombre. La herida no será nada.

MERCUCIO- No, no es tan honda como un pozo, ni tan ancha como un pórtico, pero es buena, servirá. Pregunta por mí mañana y me verás mortuorio. Te juro que en este mundo ya no soy más que un fiambre. ¡Malditas vuestras familias! ¡Voto a...! ¡Que un perro, una rata, un ratón, un gato me arañe de muerte! ¡Un bravucón, un granuja, un canalla, que lucha según reglas matemáticas! ¿Por qué demonios te metiste en medio? Me hirió bajo tu brazo.

ROMEO- Fue con la mejor intención.

MERCUCIO- Llévame a alguna casa, Benvolio, o me desmayo. ¡Malditas vuestras familias! Me han convertido en pasto de gusanos. Estoy herido, y bien. ¡Malditas! Sale [con BENVOLIO].

ROMEO- Este caballero, pariente del Príncipe, amigo entrañable, está herido de muerte por mi causa; y mi honra, mancillada con la ofensa de Tebaldo. Él, que era primo mío desde hace poco. ¡Querida Julieta, tu belleza me ha vuelto pusilánime y ha ablandado el temple de mi acero! Entra BENVOLIO.

BENVOLIO- ¡Romeo, Romeo, Mercucio ha muerto! Su alma gallarda que, siendo tan joven, desdeñaba la tierra, ha subido al cielo.

ROMEO- Un día tan triste augura otros males: empieza un dolor que ha de prolongarse. Entra TEBALDO.

BENVOLIO- Aquí retorna el furioso Tebaldo.

ROMEO- Vivo, victorioso, y Mercucio, asesinado. ¡Vuélvete al cielo, benigna dulzura, y sea mi guía la cólera ardiente! Tebaldo, te devuelvo lo de "ruin" con que me ofendiste, pues el alma de Mercucio está sobre nuestras cabezas esperando a que la tuya sea su compañera. Tú, yo, o los dos le seguiremos.

TEBALDO- Desgraciado, tú, que andabas con él, serás quien le siga.

ROMEO- Esto lo decidirá. Luchan. Cae TEBALDO.

BENVOLIO- ¡Romeo, huye, corre! La gente está alertada y Tebaldo ha muerto. ¡No te quedes pasmado! Si te apresan, el Príncipe te condenará a muerte. ¡Vete, huye!

ROMEO- ¡Ah, soy juguete del destino!

BENVOLIO- ¡Muévete! Sale ROMEO. Entran CIUDADANOS.

CIUDADANO- ¿Por dónde ha huido el que mató a Mercucio? Tebaldo, ese criminal, ¿por dónde ha huido?

BENVOLIO- Ahí yace Tebaldo.

CIUDADANO- Vamos, arriba, ven conmigo. En nombre del Príncipe, obedece. Entran el PRÍNCIPE, MONTESCO, CAPULETO, sus esposas y todos.

PRÍNCIPE- ¿Dónde están los viles causantes de la riña?

BENVOLIO- Ah, noble Príncipe, yo puedo explicaros lo que provocó el triste altercado. Al hombre que ahí yace Romeo dio muerte; él mató a Mercucio, a vuestro pariente.

SEÑORA CAPULETO- ¡Tebaldo, sobrino! ¡Hijo de mi hermano! ¡Príncipe, marido! Se ha derramado sangre de mi gente. Príncipe, sois recto: esta sangre exige sangre de un Montesco. ¡Ah, Tebaldo, sobrino!

PRÍNCIPE- Benvolio, ¿quién provocó este acto sangriento?

BENVOLIO- Tebaldo, aquí muerto a manos de Romeo. Siempre con respeto, Romeo le hizo ver lo infundado de la lucha y le recordó vuestro disgusto; todo ello, expresado cortésmente, con calma y doblando la rodilla, no logró aplacar la ira indomable de Tebaldo, quien, sordo a la amistad, con su acero arremetió contra el pecho de Mercucio, que, igual de furioso, respondió desenvainando y, con marcial desdén, apartaba la fría muerte con la izquierda, y con la otra devolvía la estocada a Tebaldo, cuyo arte la paraba. Romeo les gritó "¡Alto, amigos, separaos!" , y su ágil brazo, más presto que su lengua, abatió sus armas y entre ambos se interpuso. Por debajo de su brazo, un golpe ruin de Tebaldo acabó con la vida de Mercucio. Huyó Tebaldo, mas pronto volvió por Romeo, que entonces pensó en tomar venganza. Ambos se enzarzaron como el rayo, pues antes de que yo pudiera separarlos, Tebaldo fue muerto; y antes que cayera, Romeo ya huía. Que muera Benvolio si dice mentira.

SEÑORA CAPULETO- Este es un pariente del joven Montesco; no dice verdad, miente por afecto. De ellos lucharon unos veinte o más y sólo una vida pudieron quitar. Que hagáis justicia os debo pedir: quien mató a Tebaldo, no debe vivir.

PRÍNCIPE- Le mató Romeo, él mató a Mercucio. ¿Quién paga su muerte, que llena de luto?

MONTESCO- No sea Romeo, pues era su amigo. Matando a Tebaldo, él tan sólo hizo lo que hace la ley.

PRÍNCIPE- Pues por ese exceso inmediatamente de aquí le destierro. Vuestra gran discordia ahora me atañe: con vuestras refriegas ya corre mi sangre. Mas voy a imponeros sanción tan severa que habrá de pesaros el mal de mi pérdida. Haré oídos sordos a excusas y ruegos, y no va a libraros ni el llanto ni el rezo, así que evitadlos. Que Romeo huya, pues, como le encuentren, su muerte es segura. Llevad este cuerpo y cumplid mi sentencia: si a quien mata absuelve, mata la clemencia. (Salen.)

Texto a alinear

II - Entra JULIETA sola.

JULIETA- Galopad raudos, corceles fogosos, a la morada de Febo; la fusta de Faetonte os llevaría al poniente, trayendo la noche tenebrosa. Corre tu velo tupido, noche de amores; apáguese la luz fugitiva y que Romeo, en silencio y oculto, se arroje en mis brazos. Para el rito amoroso basta a los amantes la luz de su belleza; o, si ciego es el amor, congenia con la noche. Ven, noche discreta, matrona vestida de negro solemne, y enséñame a perder el juego que gano, en el que los dos arriesgamos la virginidad. Con tu negro manto cubre la sangre inexperta que arde en mi cara, hasta que el pudor se torne audacia, y simple pudor un acto de amantes. Ven, noche; ven, Romeo; ven, luz de mi noche, pues yaces en las alas de la noche más blanco que la nieve sobre el cuervo. Ven, noche gentil, noche tierna y sombría, dame a mi Romeo y, cuando yo muera, córtalo en mil estrellas menudas: lucirá tan hermoso el firmamento que el mundo, enamorado de la noche, dejará de adorar al sol hiriente. Ah, compré la morada del amor y aún no la habito; estoy vendida y no me han gozado. El día se me hace eterno, igual que la víspera de fiesta para la niña que quiere estrenar un vestido y no puede. Aquí viene el ama.

Entra el AMA retorciéndose las manos, con la escalera de cuerda en el regazo.

Ah, me trae noticias, y todas las bocas que hablan de Romeo rebosan divina elocuencia. ¿Qué hay de nuevo, ama? ¿Qué llevas ahí? ¿La escalera que Romeo te pidió que trajeses?

AMA- Sí, sí, la escalera. [La deja en el suelo.]

JULIETA- Pero, ¿qué pasa? ¿Por qué te retuerces las manos?

AMA- ¡Ay de mí! ¡Ha muerto, ha muerto! Estamos perdidas, Julieta, perdidas. ¡Ay de mí! ¡Nos ha dejado, está muerto!

JULIETA- ¿Tan malvado es el cielo?

AMA- El cielo, no: Romeo. ¡Ah, Romeo, Romeo! ¿Quién iba a pensarlo? ¡Romeo!

JULIETA- ¿Qué demonio eres tú para así atormentarme? Es una tortura digna del infierno. ¿Se ha matado Romeo? Di que sí, y tu sílaba será más venenosa que la mirada mortal del basilisco. Yo no seré yo si dices que sí, o si están cerrados los ojos que te lo hacen decir..

Si ha muerto di " sí "; si vive, di " no ". Decirlo resuelve mi dicha o dolor.

AMA- Vi la herida, la vi con mis propios ojos (¡Dios me perdone!) en su pecho gallardo. El pobre cadáver, triste y sangriento, demacrado y manchado de sangre, de sangre cuajada. Me desmayé al verlo.

JULIETA- ¡Estalla, corazón, mi pobre arruinado! ¡Ojos, a prisión, no veáis la libertad! ¡Barro vil, retorna a la tierra, perece y únete a Romeo en lecho de muerte!

AMA- ¡Ay, Tebaldo, Tebaldo! ¡Mi mejor amigo! ¡Tebaldo gentil, caballero honrado, vivir para verte muerto!

JULIETA- ¿Puede haber tormenta más hostil? ¿Romeo sin vida y Tebaldo muerto? ¿Mi querido primo, mi amado señor? Anuncia, trompeta, el Día del Juicio, pues, si ellos han muerto, ¿quién queda ya vivo?

AMA- Tebaldo está muerto y Romeo, desterrado. Romeo le mató y fue desterrado.

JULIETA- ¡Dios mío! ¿Romeo derramó sangre de Tebaldo?

AMA- Sí, sí, válgame el cielo, sí.

JULIETA- ¡Qué alma de serpiente en su cara florida! ¿Cuándo un dragón guardó tan bella cueva? ¡Hermoso tirano, angélico demonio! ¡Cuervo con plumas de paloma, cordero lobuno! ¡Ser despreciable de divina presencia! Todo lo contrario de lo que parecías, un santo maldito, un ruin honorable. Ah, naturaleza, ¿qué no harías en el infierno si alojaste un espíritu diabólico en el cielo mortal de tan grato cuerpo? ¿Hubo libro con tal vil contenido y tan bien encuadernado? ¡Ah, que el engaño resida en palacio tan regio!

AMA- En los hombres no hay lealtad, fidelidad, ni honradez. Todos son perjuros, embusteros, perversos y falsos. ¿Dónde está mi criado? Dame un aguardiente: las penas y angustias me envejecen. ¡Caiga el deshonor sobre Romeo!

JULIETA- ¡Que tu lengua se llague por ese deseo! Él no nació para el deshonor. El deshonor se avergüenza de posarse en su frente, que es el trono en que el honor puede reinar como único monarca de la tierra. ¡Ah, qué monstruo he sido al insultarle!.

AMA- ¿Vas a hablar bien del que mató a tu primo?

JULIETA- ¿Quieres que hable mal del que es mi esposo? ¡Mi pobre señor! ¿Quién repara el daño que ha hecho a tu nombre tu reciente esposa? Mas, ¿por qué, infame, mataste a mi primo? Porque el infame de mi primo te habría matado. Atrás, necias lágrimas, volved a la fuente; sed el tributo debido al dolor y no, por error, una ofrenda a la dicha. Mi esposo está vivo y Tebaldo iba a matarle; Tebaldo ha muerto y habría matado a Romeo. Si esto me consuela, ¿por qué estoy llorando? Había otra palabra, peor que esa muerte, que a mí me ha matado. Quisiera olvidarla, mas, ay, la tengo grabada en la memoria como el crimen en el alma del culpable. "Tebaldo está muerto y Romeo, desterrado." Ese "desterrado", esa palabra ha matado a diez mil Tebaldos. Su muerte ya sería un gran dolor si ahí terminase. Mas si este dolor quiere compañía y ha de medirse con otros pesares, ¿por qué, cuando dijo "Tebaldo ha muerto", no añadió "tu padre", "tu madre", o los dos? Mi luto hubiera sido natural. Pero a esa muerte añadir por sorpresa "Romeo, desterrado", pronunciar tal palabra es matar a todos, padre, madre, Tebaldo, Romeo, Julieta, todos. "¡Romeo, desterrado!" No hay fin, ni límite, linde o medida para la muerte que da esa palabra, ni palabras que la expresen. Ama, ¿dónde están mis padres?

AMA- Llorando y penando sobre el cuerpo de Tebaldo. ¿Vas con ellos? Yo te llevo.

JULIETA- Cesará su llanto y seguirán fluyendo mis lágrimas por la ausencia de Romeo. Como yo, las pobres cuerdas se engañaron; recógelas: Romeo está desterrado. Para subir a mi lecho erais la ruta, mas yo, virgen, he de morir virgen viuda. Venid, pues. Ven, ama. Voy al lecho nupcial, llévese la muerte mi virginidad.

AMA- Tú corre a tu cuarto. Te traeré a Romeo para que te consuele. Sé bien dónde está. Óyeme, esta noche tendrás a Romeo: se esconde en la celda de su confesor.

JULIETA- ¡Ah, búscale! Dale este anillo a mi dueño y dile que quiero su último adiós. Salen.

III - Entra FRAY LORENZO.

FRAY LORENZO- Sal, Romeo, sal ya, temeroso. La aflicción se ha prendado de ti y tú te has casado con la desventura. Entra ROMEO.

ROMEO- Padre, ¿qué noticias hay? ¿Qué decidió el Príncipe? ¿Qué nuevo infortunio me aguarda que aún no conozca?

FRAY LORENZO- Hijo, harto bien conoces tales compañeros. Te traigo la sentencia del Príncipe.

ROMEO- La sentencia, ¿dista mucho de la muerte?

FRAY LORENZO- La que ha pronunciado es más benigna: no muerte del cuerpo, sino su destierro.

ROMEO- ¿Cómo, destierro? Sed clemente, decid "muerte", que en la faz del destierro hay más terror, mucho más que en la muerte. ¡No digáis " destierro"!

FRAY LORENZO- Estás desterrado de Verona. Ten paciencia: el mundo es ancho.

ROMEO- No hay mundo tras los muros de Verona, sino purgatorio, tormento, el mismo infierno: destierro es para mí destierro del mundo, y eso es muerte; luego " destierro" es un falso nombre de la muerte. Llamarla "destierro" es decapitarme con un hacha de oro y sonreír ante el hachazo que me mata.

FRAY LORENZO- ¡Ah, pecado mortal, cruel ingratitud! La ley te condena a muerte, mas, en su clemencia, el Príncipe se ha apartado de la norma, cambiando en "destierro" la negra palabra "muerte". Eso es gran clemencia, y tú no lo ves.

ROMEO- Es tormento y no clemencia. El cielo está donde esté Julieta, y el gato, el perro, el ratoncillo y el más mísero animal aquí están en el cielo y pueden verla. Romeo, no. Hay más valor, más distinción y más cortesanía en las moscas carroñeras que en Romeo: ellas pueden posarse en la mano milagrosa de Julieta y robar bendiciones de sus labios, que por pudor virginal siempre están rojos pensando que pecan al juntarse. Romeo, no: le han desterrado. Las moscas pueden, mas yo debo alejarme. Ellas son libres; yo estoy desterrado ¿Y decís que el destierro no es la muerte? ¿No tenéis veneno, ni navaja, ni medio de morir rápido, por vil que sea? ¿Sólo ese "destierro" que me mata? ¿Destierro? Ah, padre, los réprobos dicen la palabra entre alaridos. Y, siendo sacerdote, confesor que perdona los pecados y dice ser mi amigo, ¿tenéis corazón para destrozarme hablando de destierro?

FRAY LORENZO- ¡Ah, pobre loco! Deja que te explique.

ROMEO- Volveréis a hablarme de destierro.

FRAY LORENZO- Te daré una armadura contra él, la filosofía, néctar de la adversidad, que te consolará en tu destierro.

ROMEO- ¿Aún con el "destierro"? ¡Que cuelguen la filosofía! Si no puede crear una Julieta, mover una ciudad o revocar una sentencia, la filosofía es inútil, así que no habléis más.

FRAY LORENZO- Ya veo que los locos están sordos.

ROMEO- No puede ser menos si los sabios están ciegos.

FRAY LORENZO- Deja que te hable de tu situación.

ROMEO- No podéis hablar de lo que no sentís. Si fuerais de mi edad, y Julieta vuestro amor, recién casado, asesino de Tebaldo, enamorado y desterrado como yo, podríais hablar, mesaros los cabellos y tiraros al suelo como yo a tomar la medida de mi tumba. Llama a la puerta el AMA.

FRAY LORENZO- ¡Levántate, llaman! ¡Romeo, escóndete!

ROMEO- No, a no ser que el aliento de mis míseros gemidos me oculte cual la niebla. Llaman.

FRAY LORENZO- ¡Oye cómo llaman!-¿Quién es?-¡Levántate, Romeo, que te llevarán!-¡Un momento!-¡Arriba! [Llaman.] ¡Corre a mi estudio!-¡Ya voy!-Santo Dios, ¿qué estupidez es esta?-¡Ya voy, ya voy! [Llaman.] ¿Quién llama así? ¿De dónde venís? ¿Qué queréis?

AMA [dentro] Dejadme pasar, que traigo un recado. Vengo de parte de Julieta.

FRAY LORENZO- Entonces, bienvenida. Entra el AMA.

AMA- Ah, padre venerable, decidme dónde está el esposo de Julieta. ¿Dónde está Romeo?

FRAY LORENZO- Ahí, en el suelo, embriagado de lágrimas.

AMA- Ah, está en el mismo estado que Julieta, el mismísimo. ¡Ah, concordia en el dolor! ¡Angustioso trance! Así yace ella, llorando y gimiendo, gimiendo y llorando. Levantaos, levantaos y sed hombre; en pie, levantaos, por Julieta. ¿A qué vienen tantos ayes y gemidos?

ROMEO- ¡Ama! [Se pone en pie.]

AMA- ¡Ah, señor! La muerte es el fin de todo.

ROMEO- ¿Hablábas de Julieta? ¿Cómo está? ¿No me cree un frío asesino que ha manchado la niñez de nuestra dicha con una sangre que es casi la suya? ¿Dónde está? ¿Y cómo está? ¿Y qué dice mi secreta esposa de este amor invalidado?

AMA- No dice nada, señor: llora y llora, se arroja a la cama, se levanta, exclama "¡Tebaldo!", reprueba a Romeo y vuelve a caer.

ROMEO- Como si mi nombre, por disparo certero de cañón, la hubiese matado, como ya mató a su primo el infame que lleva ese nombre. Ah, padre, decidme, ¿qué parte vil de esta anatomía alberga mi nombre? Decídmelo, que voy a saquear morada tan odiosa. Se dispone a apuñalarse, y el AMA le arrebata el puñal.

FRAY LORENZO- ¡Detén esa mano imprudente! ¿Eres hombre? Tu aspecto lo proclama, mas tu llanto es mujeril y tus locuras recuerdan la furia de una bestia irracional. Impropia mujer bajo forma de hombre, impropio animal bajo forma de ambos. Me asombras. Por mi santa orden, te creía de temple equilibrado. ¿Mataste a Tebaldo y quieres matarte y matar a tu esposa, cuya vida es la tuya, causándote la eterna perdición? ¿Por qué vituperas tu cuna, el cielo y la tierra si de un golpe podrías perder cuna, cielo y tierra, en ti concertados? Deshonras tu cuerpo, tu amor y tu juicio y, como el usurero, abundas en todo y no haces buen uso de nada que adorne tu cuerpo, tu amor y tu juicio. Tu noble figura es efigie de cera y carece de hombría; el amor que has jurado es pura falacia y mata a la amada que dijiste adorar; tu juicio, adorno de cuerpo y amor, yerra en la conducta que les marcas y, como pólvora en soldado bisoño, se inflama por to propia ignorancia y tu despedaza, cuando debe defenderte. Vamos, ten valor. Tu Julieta vive y por ella ibas a matarte: ahí tienes suerte. Tebaldo te habría matado, mas tú le mataste: ahí tienes suerte. La ley que ordena la muerte se vuelve tu amiga y decide el destierro: ahí tienes suerte. Sobre ti desciende un sinfín de bendiciones, te ronda la dicha con sus mejores galas, y tú, igual que una moza tosca y desabrida, pones mala cara a tu amor y tu suerte. Cuidado, que esa gente muere desdichada. Vete con tu amada, como está acordado. Sube a su aposento y confórtala. Pero antes que monten la guardia, márchate, pues, si no, no podrás salir para Mantua, donde vivirás hasta el momento propicio para proclamar tu enlace, unir a vuestras familias, pedir el indulto del Príncipe y regresar con cien mil veces más alegría que cuando partiste desolado. Adelántate, ama, encomiéndame a Julieta, y que anime a la gente a acostarse temprano; el dolor les habrá predispuesto. Ahora va Romeo.

AMA- ¡Dios bendito! Me quedaría toda la noche oyéndoos hablar. ¡Lo que hace el saber! -Señor, le diré a Julieta que venís.

ROMEO- Díselo, y dile que se apreste a reprenderme. El AMA se dispone a salir, pero vuelve.

AMA- Tomad este anillo que me dio para vos. Vamos, deprisa, que se hace tarde.

ROMEO- Esto reaviva mi dicha. Sale el AMA.

FRAY LORENZO- Vete, buenas noches, y ten presente esto: o te vas antes que monten la guardia o sales disfrazado al amanecer. Permanece en Mantua. Buscaré a tu criado y de cuando en cuando él te informará de las buenas noticias de Verona. Dame la mano, es tarde. Adiós, buenas noches.

ROMEO- Me espera una dicha mayor que la dicha, que, si no, alejarme de vos sentiría. Adiós. Salen.

IV - Entran CAPULETO, la SEÑORA CAPULETO y PARIS.

CAPULETO- Todo ha sucedido tan adversamente que no ha habido tiempo de hablarlo con Julieta. Sabéis cuánto quería a su primo Tebaldo; yo también. En fin, nacimos para morir. Ahora es tarde; ella esta noche ya no bajará. Os aseguro que, si no fuese por vos, me habría acostado hace una hora.

PARIS- Tiempo de dolor no es tiempo de amor. Señora, buenas noches. Encomendadme a Julieta.

SEÑORA CAPULETO- Así lo haré, y por la mañana veré cómo responde. Esta noche se ha enclaustrado en su tristeza. PARIS se dispone a salir, y CAPULETO le llama.

CAPULETO- Conde Paris, me atrevo a aseguraros el amor de mi hija: creo que me hará caso sin reservas; vamos, no lo dudo. Esposa, vete a verla antes de acostarte; cuéntale el amor de nuestro yerno Paris y dile, atiende bien, que este miércoles... Espera, ¿qué día es hoy?

PARIS- Lunes, señor.

CAPULETO- Lunes... ¡Mmmm...! Eso es muy precipitado. Que sea el jueves.-Dile que este jueves se casará con este noble conde. -¿Estaréis preparados? ¿Os complace la presteza? No lo celebraremos: uno o dos amigos, porque, claro, con Tebaldo recién muerto, que era pariente, si lo festejamos dirán que le teníamos poca estima. Así que invitaremos a unos seis amigos y ya está. ¿Qué os parece el jueves?

PARIS- Señor, ojalá que mañana fuese el jueves.

CAPULETO- Muy bien; ahora marchad. Será el jueves.-Tú habla con Julieta antes de acostarte y prepárala para el día de la boda.-Adiós, señor.-¡Eh, alumbrad mi cuarto!-Por Dios, que se ha hecho tan tarde que pronto diremos que es temprano. Buenas noches. Salen.

V - Entran ROMEO y JULIETA arriba, en el balcón.

JULIETA- ¿Te vas ya? Aún no es de día. Ha sido el ruiseñor y no la alondra el que ha traspasado tu oído medroso. Canta por la noche en aquel granado. Créeme, amor mío; ha sido el ruiseñor.

ROMEO- Ha sido la alondra, que anuncia la mañana, y no el ruiseñor. Mira, amor, esas rayas hostiles que apartan las nubes allá, hacia el oriente. Se apagaron las luces de la noche y el alegre día despunta en las cimas brumosas. He de irme y vivir, o quedarme y morir.

JULIETA- Esa luz no es luz del día, lo sé bien; es algún meteoro que el sol ha creado para ser esta noche tu antorcha y alumbrarte el camino de Mantua. Quédate un poco, aún no tienes que irte.

ROMEO- Que me apresen, que me den muerte; lo consentiré si así lo deseas. Diré que aquella luz gris no es el alba, sino el pálido reflejo del rostro de Cintia , y que no es el canto de la alondra lo que llega hasta la bóveda del cielo. En lugar de irme, quedarme quisiera. ¡Que venga la muerte! Lo quiere Julieta. ¿Hablamos, mi alma? Aún no amanece.

JULIETA- ¡Si está amaneciendo! ¡Huye, corre, vete! Es la alondra la que tanto desentona con su canto tan chillón y disonante. Dicen que la alondra liga notas con dulzura: a nosotros, en cambio, nos divide; y que la alondra cambió los ojos con el sapo: ojalá que también se cambiasen las voces, puesto que es su voz lo que nos separa y de aquí te expulsa con esa alborada. Vamos, márchate, que la luz ya se acerca.

ROMEO- Luz en nuestra luz y sombra en nuestras penas. Entra el AMA a toda prisa.

AMA- ¡Julieta!

JULIETA- ¿Ama?

AMA- Tu madre viene a tu cuarto. Ya es de día. Ten cuidado. Ponte en guardia. [Sale.]

JULIETA- Pues que el día entre, y mi vida salga.

ROMEO- Bien, adiós. Un beso, y voy a bajar. [Desciende]

JULIETA- ¿Ya te has ido, amado, esposo, amante? De ti he de saber cada hora del día, pues hay tantos días en cada minuto... Ah, haciendo estas cuentas seré muy mayor cuando vea a Romeo.

ROMEO- [abajo] ¡Adiós! No perderé oportunidad de enviarte mi cariño.

JULIETA- ¿Crees que volveremos a vernos?

ROMEO- Sin duda, y recordaremos todas nuestras penas en gratos coloquios de años venideros.

JULIETA- ¡Dios mío, mi alma presiente desgracias! Estando ahí abajo, me parece verte como un muerto en el fondo de una tumba. Si la vista no me engaña, estás pálido.

ROMEO- A mi vista le dices lo mismo, amor. Las penas nos beben la sangre Adiós. Sale.

JULIETA- Fortuna, Fortuna, te llaman voluble. Si lo eres, ¿por qué te preocupas del que es tan constante? Sé voluble, Fortuna, pues así no tendrás a Romeo mucho tiempo y podrás devolvérmelo..

Entra la SEÑORA CAPULETO.

SEÑORA CAPULETO- ¡Hija! ¿Estás levantada?

JULIETA- ¿Quién me llama? Es mi madre. ¿Aún sin acostarse o es que ha madrugado? ¿Qué extraño motivo la trae aquí ahora? Baja del balcón y entra abajo.

SEÑORA CAPULETO- ¿Qué pasa, Julieta?

JULIETA- No estoy bien, señora.

SEÑORA CAPULETO- ¿Sigues llorando la muerte de tu primo? ¿Quieres sacarle de la tumba con tus lágrimas? Aunque pudieras, no podrías darle vida, así que ya basta. Dolor moderado indica amor; dolor en exceso, pura necedad.

JULIETA- Dejadme llorar mi triste pérdida.

SEÑORA CAPULETO- Así lloras la pérdida, no a la persona.

JULIETA- Lloro tanto la pérdida que no puedo dejar de llorar a la persona.

SEÑORA CAPULETO- Hija, tú no lloras tanto su muerte como el que esté vivo el infame que le mató.

JULIETA- ¿Qué infame, señora?

SEÑORA CAPULETO- El infame de Romeo.

JULIETA- [aparte] Entre él y un infame hay millas de distancia. [A la SEÑORA CAPULETO] Dios le perdone, como yo con toda el alma. Y eso que ninguno me aflige como él.

SEÑORA CAPULETO- Porque el vil asesino aún vive.

JULIETA- Sí, señora, fuera del alcance de mis manos. ¡Ojalá sólo yo pudiera vengar a mi primo!

SEÑORA CAPULETO- Tomaremos venganza, no lo dudes. No llores más. Mandaré a alguien a Mantua, donde vive el desterrado, y le dará un veneno tan insólito que muy pronto estará en compañía de Tebaldo. Supongo que entonces quedarás contenta.

JULIETA- Nunca quedaré contenta con Romeo hasta que le vea... muerto... está mi corazón de llorar a Tebaldo. Señora, si a alguien encontráis para que lleve un veneno, yo lo mezclaré, de modo que Romeo, al recibirlo, pronto duerma en paz. ¡Cuánto me disgusta oír su nombre y no estar cerca de él para hacerle pagar mi amor por Tebaldo en el propio cuerpo que le ha dado muerte!

SEÑORA CAPULETO- Tú busca los medios; yo buscaré al hombre. Pero ahora te traigo alegres noticias.

JULIETA- La alegría viene bien cuando es tan necesaria. ¿Qué nuevas traéis, señora?

SEÑORA CAPULETO- Hija, tienes un padre providente que, para descargarte de tus penas, de pronto ha dispuesto un día de dicha que ni tú te esperabas ni yo imaginaba.

JULIETA- Muy a propósito. ¿Qué día será?

SEÑORA CAPULETO- Hija, este jueves, por la mañana temprano, en la iglesia de San Pedro, un gallardo, joven y noble caballero, el Conde Paris, te hará una esposa feliz.

JULIETA- Pues por la iglesia de San Pedro y por San Pedro, que allí no me hará una esposa feliz. Me asombra la prisa, tener que casarme antes de que el novio me enamore. Señora, os lo ruego: decidle a mi padre y señor que aún no pienso casarme y que, cuando lo haga, será con Romeo, a quien sabes que odio, en vez de con Paris. ¡Pues vaya noticias! Entran CAPULETO y el AMA.

SEÑORA CAPULETO- Aquí está tu padre. Díselo tú misma, a ver cómo lo toma.

CAPULETO- Cuando el sol se pone, la tierra llora rocío , mas en el ocaso del hijo de mi hermano, cae un diluvio. ¡Cómo! ¿Hecha una fuente, hija? ¿Aún llorando? ¿Bañada en lágrimas? Con tu cuerpo menudo imitas al barco, al mar, al viento, pues en tus ojos, que yo llamo el mar, están el flujo y reflujo de tus lágrimas; el barco es tu cuerpo, que surca ese mar; el viento, tus suspiros, que, a porfía con tus lágrimas, hará naufragar ese cuerpo agitado si pronto no amaina.-¿Qué hay, esposa? ¿Le has hecho saber mi decisión?


SEÑORA CAPULETO- Sí, pero ella dice que no, y gracias. ¡Ojalá se casara con su tumba!.

CAPULETO- Un momento, esposa; explícame eso, explícamelo. ¿Cómo que no quiere? ¿No nos lo agradece? ¿No está orgullosa? ¿No se da por contenta de que, indigna como es, hayamos conseguido que tan digno caballero sea su esposo?

JULIETA- Orgullosa, no, mas sí agradecida. No puedo estar orgullosa de lo que odio, pero sí agradezco que se hiciera por amor.

CAPULETO- ¿Así que con sofismas? ¿Qué es esto? ¿"Orgullosa", "lo agradezco", "no lo agradezco" y "orgullosa, no", niña consentida? A mí no me vengas con gracias ni orgullos y prepara esas piernecitas para ir el jueves con Paris a la iglesia de San Pedro o te llevo yo atada y a rastras. ¡Quita, cadavérica! ¡Quita, insolente, cara lívida!

SEÑORA CAPULETO- ¡Calla, calla! ¿Estás loco?

JULIETA- Mi buen padre, te lo pido de rodillas; escúchame con calma un momento.

CAPULETO- ¡Que te cuelguen, descarada, rebelde! Escúchame tú: el jueves vas a la iglesia o en tu vida me mires a la cara. No hables, ni respondas, ni contestes. Me tientas la mano. Esposa, nos creíamos con suerte porque Dios nos dio sólo esta hija, pero veo que la única nos sobra y que haberla tenido es maldición. ¡Fuera con el penco!

AMA- ¡Dios la bendiga! Señor, sois injusto al tratarla de ese modo.

CAPULETO- ¿Y por qué, doña Sabihonda? ¡Cállese doña Cordura, y a charlar con las comadres!

AMA- No he faltado a nadie.

CAPULETO- Ahí está la puerta.

AMA- ¿No se puede hablar?

CAPULETO- ¡A callar, charlatana! Suelta tu sermón a tus comadres, que aquí no hace falta.

SEÑORA CAPULETO- No te excites tanto.

CAPULETO- ¡Cuerpo de Dios, me exaspera! Día y noche, trabajando u ocioso, solo o acompañado, mi solo cuidado ha sido casarla; y ahora que le encuentro un joven caballero de noble linaje, de alcurnia y hacienda, adornado, como dicen, de excelsas virtudes, con tan buena figura como quepa imaginar, me viene esta tonta y mísera llorica, esta muñeca llorona, en la cumbre de su suerte, contestando "No me caso, no le quiero; no tengo edad; perdóname, te lo suplico". Pues no te cases y verás si te perdono: pace donde quieras y lejos de mi casa. Piénsalo bien, no suelo bromear, El jueves se acerca, considéralo, pondera: si eres hija mía, te daré a mi amigo; si no, ahórcate, mendiga, hambrea, muérete en la calle, pues, por mi alma, no pienso reconocerte ni dejarte nada que sea mío. Ten por seguro que lo cumpliré. Sale.

JULIETA- ¿No hay misericordia en las alturas que conciba la hondura de mi pena? ¡Ah, madre querida, no me rechacéis! Aplazad esta boda un mes, una semana o, si no, disponed mi lecho nupcial en el panteón donde yace Tebaldo.

SEÑORA CAPULETO- Conmigo no hables; no diré palabra. Haz lo que quieras. Contigo he terminado. Sale.

JULIETA- ¡Dios mío! Ama, ¿cómo se puede impedir esto? Mi esposo está en la tierra; mi juramento, en el cielo. ¿Cómo puede volver a la tierra si, dejando la tierra, mi esposo no me lo envía desde el cielo? Confórtame, aconséjame. ¡Ah, que el cielo emplee sus mañas contra un ser indefenso como yo! ¿Qué me dices? ¿No puedes alegrarme? Dame consuelo, ama.

AMA- Aquí lo tienes: Romeo está desterrado, y el mundo contra nada a que no se atreve a volver y reclamarte, o que, si lo hace, será a hurtadillas. Así que, tal como ahora está la cosa, creo que más vale que te cases con el conde. ¡Ah, es un caballero tan apuesto! A su lado, Romeo es un pingajo. Ni el águila tiene los ojos tan verdes, tan vivos y hermosos como Paris. Que se pierda mi alma si no vas a ser feliz con tu segundo esposo, pues vale más que el primero; en todo caso, el primero ya está muerto, o como si lo estuviera, viviendo tú aquí y sin gozarlo.

JULIETA- Pero, ¿hablas con el corazón?

AMA- Y con el alma, o que se pierdan los dos.

JULIETA- Amén.

AMA- ¿Qué?

JULIETA- Bueno, me has dado un gran consuelo. Entra y dile a mi madre que, habiendo disgustado a mi padre, me voy a la celda de Fray Lorenzo a confesarme y pedir la absolución.

AMA- En seguida. Eso es muy sensato. [Sale.]

JULIETA- ¡Condenada vieja! ¡Perverso demonio! ¿Qué es más pecado? ¿Tentarme al perjurio o maldecir a mi esposo con la lengua que tantas veces lo ensalzó con desmesura? Vete, consejera. Tú y mis pensamientos viviréis como extraños. Veré qué remedio puede darme el fraile; si todo fracasa, habré de matarme. Sale

 

Romeo y Julieta - Acto IV

 

I- Entran FRAY LORENZO y el Conde PARIS.

FRAY LORENZO ¿El jueves, señor? Eso es muy pronto.

PARIS Así lo quiere mi suegro Capuleto y yo no me inclino a frenar su prisa.

FRAY LORENZO ¿Decís que no sabéis lo que ella piensa? Esto es muy irregular y no me gusta.

PARIS Llora sin cesar la muerte de Tebaldo y por eso de amor he hablado poco. Venus no sonríe en la casa del dolor. Señor, su padre juzga peligroso que su pena llegue a dominarla y, en su prudencia, apresura nuestra boda por contener el torrente de sus lágrimas, a las que ella es tan propensa si está sola y que puede evitar la compañía. Ahora ya sabéis la razón de la premura.

FRAY LORENZO [aparte] Ojalá no supiera por qué hay que frenarla. -Mirad, señor: la dama viene a mi celda. Entra JULIETA.

PARIS Bien hallada, mi dama y esposa.

JULIETA Señor, eso será cuando pueda ser esposa.

PARIS Ese "pueda ser" ha de ser el jueves, mi amor.

JULIETA Lo que ha de ser, será.

FRAY LORENZO Un dicho muy cierto.

PARIS ¿Venís a confesaros con el padre?

JULIETA Si contestase, me confesaría con vos.

PARIS No podéis negarle que me amáis.

JULIETA Voy a confesaros que le amo.

PARIS También confesaréis que me amáis.

JULIETA Si lo hago, valdrá más por ser dicho a vuestras espaldas que a la cara.

PARIS Pobre, no estropeéis vuestra cara con el llanto.

JULIETA La victoria del llanto es bien pequeña: antes de dañarla, mi cara valía poco.

PARIS Decir eso la daña más que vuestro llanto.

JULIETA Señor, lo que es cierto no es calumnia, y lo que he dicho, me lo he dicho a la cara.

PARIS Esa cara es mía y vos la calumniáis.

JULIETA Tal vez, porque mía ya no es.-Padre, ¿estáis desocupado u os veo tras la misa vespertina?

FRAY LORENZO Estoy desocupado, mi apenada hija.-Señor, os rogaré que nos dejéis a solas.

PARIS Dios me guarde de turbar la devoción.-Julieta, os despertaré el jueves bien temprano. Adiós hasta entonces y guardad mi santo beso. Sale.

JULIETA ¡Ah, cerrad la puerta y llorad conmigo! No queda esperanza, ni cura, ni ayuda.

FRAY LORENZO Ah, Julieta, conozco bien tu pena; me tiene dominada la razón. Sé que el jueves tienes que casarte con el conde, y que no se aplazará.

JULIETA Padre, no me digáis que lo sabéis sin decirme también cómo impedirlo. Si, en vuestra prudencia, no me dais auxilio, aprobad mi decisión y yo al instante con este cuchillo pondré remedio a todo esto. Dios unió mi corazón y el de Romeo, vos nuestras manos y, antes que esta mano, sellada con la suya, sea el sello de otro enlace o este corazón se entregue a otro con perfidia, esto acabará con ambos. Así que, desde vuestra edad y experiencia, dadme ya consejo, pues, si no, mirad, este cuchillo será el árbitro que medie entre mi angustia y mi persona con una decisión que ni vuestra autoridad ni vuestro arte han sabido alcanzar honrosamente. Tardáis en hablar, y yo la muerte anhelo si vuestra respuesta no me da un remedio.

FRAY LORENZO ¡Alto, hija! Veo un destello de esperanza, mas requiere una acción tan peligrosa como el caso que se trata de evitar. Si, por no unirte al Conde Paris, tienes fuerza de voluntad para matarte, seguramente podrás acometer algo afín a la muerte y evitar este oprobio, pues por él la muerte has afrontado. Si tú te atreves, yo te daré el remedio.

JULIETA Antes que casarme con Paris, decidme que salte desde las almenas de esa torre, que pasee por sendas de ladrones, o que ande donde viven las serpientes; encadenadme con osos feroces o metedme de noche en un osario, enterrada bajo huesos que crepiten, miembros malolientes, calaveras sin mandíbula; decidme que me esconda en un sepulcro, en la mortaja de un recién enterrado... Todo lo que me ha hecho temblar con sólo oírlo pienso hacerlo sin duda ni temor por seguir siéndole fiel a mi amado.

FRAY LORENZO Entonces vete a casa, ponte alegre y di que te casarás con Paris. Mañana es miércoles: por la noche procura dormir sola; no dejes que el ama duerma en tu aposento. Cuando te hayas acostado, bébete el licor destilado de este frasco. Al punto recorrerá todas tus venas un humor frío y soñoliento; el pulso no podrá detenerlo y cesará; ni aliento ni calor darán fe de que vives; las rosas de tus labios y mejillas serán pálida ceniza; tus párpados caerán cual si la muerte cerrase el día de la vida; tus miembros, privados de todo movimiento, estarán más fríos y yertos que la muerte. Y así quedarás cuarenta y dos horas como efigie pasajera de la muerte, para despertar como de un grato sueño. Cuando por la mañana llegue el novio para levantarte de tu lecho, estarás muerta. Entonces, según los usos del país, con tus mejores galas, en un féretro abierto, serás llevada al viejo panteón donde yacen los difuntos Capuletos. Entre tanto, y mientras no despiertes, por carta haré saber a Romeo nuestro plan para que venga; él y yo asistiremos a tu despertar, y esa misma noche Romeo podrá llevarte a Mantua. Esto te salvará de la deshonra, si no hay veleidad ni miedo femenil que frene tu valor al emprenderlo.

JULIETA ¡Dádmelo, dádmelo! No me habléis de miedo.

FRAY LORENZO Bueno, vete. Sé firme, y suerte en tu propósito. Ahora mismo mando un fraile a Mantua con carta para tu marido.

JULIETA Amor me dé fuerza, y ella me dé auxilio. Adiós, buen padre. Salen.


II- Entran CAPULETO, la SEÑORA CAPULETO, el AMA y dos o tres CRIADOS.

CAPULETO Invita a todas las personas de esta lista.-[Sale un CRIADO.] Tú, contrátame a veinte buenos cocineros.

CRIADO Señor, no os traeré a ninguno malo, pues probaré a ver si se chupan los dedos.

CAPULETO ¿Qué prueba es esa?

CRIADO Señor, no será buen cocinero quien no se chupe los dedos; así que por mí, el que no se los chupe, ahí se queda.

CAPULETO Bueno, andando. Sale el CRIADO. Esta vez no estaremos bien surtidos. Mi hija, ¿se ha ido a ver al padre?

AMA Sí, señor.

CAPULETO Bueno, quizá él le haga algún bien. Es una cría tonta y testaruda. Entra JULIETA.

AMA Pues vuelve de la confesión con buena cara.

CAPULETO ¿Qué dice mi terca? ¿Dónde fuiste de correteo?

JULIETA Donde he aprendido a arrepentirme del pecado de tenaz desobediencia a vos y a vuestras órdenes. Fray Lorenzo ha dispuesto que os pida perdón postrada de rodillas. Perdonadme. Desde ahora siempre os obedeceré.

CAPULETO ¡Llamad al conde! ¡Contádselo! Este enlace lo anudo mañana por la mañana

JULIETA He visto al joven conde en la celda del fraile y le he dado digna muestra de mi amor sin traspasar las lindes del decoro.

CAPULETO ¡Cuánto me alegro! ¡Estupendo! Levántate. Así debe ser. He de ver al conde. Sí, eso es.-Vamos, traedle aquí. -¡Por Dios bendito, cuánto debe la ciudad a este padre santo y venerable!

JULIETA Ama, ¿me acompañas a mi cuarto y me ayudas a escoger las galas que creas que mañana necesito?

SEÑORA CAPULETO No, es el jueves. Hay tiempo de sobra.

CAPULETO Ama, ve con ella. La boda es mañana. Salen el AMA y JULIETA.

SEÑORA CAPULETO No estaremos bien provistos. Ya es casi de noche.

CAPULETO Calla, deja que me mueva y todo irá bien, esposa, te lo garantizo. Tú ve con Julieta, ayúdala a engalanarse. Esta noche no me acuesto. Tú déjame: esta vez yo haré de ama de casa.-¡Eh!-Han salido todos. Bueno, yo mismo iré a ver al Conde Paris y le prepararé para mañana. Me brinca el corazón desde que se ha enmendado la rebelde. Salen.

III - Entran JULIETA y el AMA.

JULIETA Sí, mejor esa ropa. Pero, mi buena ama, ¿quieres dejarme sola esta noche? Necesito rezar mucho y lograr que el cielo se apiade de mi estado, que, como sabes, es adverso y pecaminoso. Entra la SEÑORA CAPULETO.

SEÑORA CAPULETO ¿Estáis ocupadas? ¿Necesitáis mi ayuda?

JULIETA No, señora. Ya hemos elegido lo adecuado para la ceremonia de mañana. Si os complace, desearía quedarme sola; el ama os puede ayudar esta noche, pues seguro que estaréis atareada con toda esta premura.

SEÑORA CAPULETO Buenas noches. Acuéstate y descansa, que lo necesitas. Salen [la SEÑORA CAPULETO y el AMA].

JULIETA ¡Adiós! Sabe Dios cuándo volveremos a vernos. Tiembla en mis venas un frío terror que casi me hiela la vida. Las llamaré para que me conforten. ¡Ama!-¿Y qué puede hacer? En esta negra escena he de actuar sola. Ven, frasco. ¿Y si no surte efecto la mezcla? ¿Habré de casarme mañana temprano? No, no: esto lo impedirá. Quédate ahí. [Deja a su lado un puñal.] ¿Y si fuera un veneno que el fraile preparó con perfidia para darme muerte, no sea que mi boda le deshonre tras haberme casado con Romeo? Temo que sí y, sin embargo, creo que no, pues siempre ha demostrado ser piadoso. ¿Y si, cuando esté en el panteón, despierto antes que Romeo venga a rescatarme? Tiemblo de pensarlo. ¿Podré respirar en un sepulcro en cuya inmunda boca no entra aire sano y morir asfixiada antes que llegue Romeo? O si vivo, ¿no puede ocurrir que la horrenda imagen que me inspiran muerte y noche, junto con el espanto del lugar...? Pues al ser un sepulcro, un viejo mausoleo donde por cientos de años se apilan los restos de todos mis mayores; donde Tebaldo, sangriento y recién enterrado, se pudre en su mortaja; donde dicen que a ciertas horas de la noche acuden espíritus... ¡Ay de mí! ¿No puede ocurrir que, despertando temprano, entre olores repugnantes y gritos como de mandrágora arrancada de cuajo, que enloquece a quien lo oye...? Ah, si despierto, ¿no podría perder el juicio, rodeada de horrores espantosos, y jugar como una loca con los esqueletos, a Tebaldo arrancar de su mortaja y, en este frenesí, empuñando como maza un hueso de algún antepasado, partirme la cabeza enajenada? ¡Ah! Creo ver el espectro de mi primo en busca de Romeo, que le atravesó con su espada. ¡Quieto, Tebaldo! ¡Romeo, Romeo! Aquí está el licor. Bebo por ti. Cae sobre la cama, tras las cortinas


IV - Entran la SEÑORA CAPULETO y el AMA con hierbas.

SEÑORA CAPULETO Espera. Toma estas llaves y trae más especias.

AMA En el horno piden membrillos y dátiles. Entra CAPULETO.

CAPULETO Vamos, daos prisa. El gallo ha cantado dos veces, ha sonado la campana: son las tres. Angélica, ocúpate de las empanadas; no repares en gastos.

AMA Marchaos ya, comieron, acostaos. Ya veréis, mañana estaréis malo por falta de sueño.

CAPULETO ¡Qué va! Por mucho menos velé noches enteras sin ponerme malo.

SEÑORA CAPULETO Sí, en tus tiempos fuiste muy trasnochador, pero ahora velaré por que no veles. Salen la SEÑORA CAPULETO y el AMA.

CAPULETO ¡Será celosa, será celosa! Entran tres o cuatro CRIADOS con asadores, leña y cestas. Oye, tú, ¿qué lleváis ahí?

CRIADO 1 No sé, señor; cosas para el cocinero..

CAPULETO Date prisa, date prisa.-Tú, trae leña más seca. Llama a Pedro: él te dirá dónde hay.

CRIADO 2 Señor, a Pedro no hay que molestarle: para encontrar tarugos tengo yo buena cabeza.

CAPULETO Vive Dios, qué bien dicho. El pillo es chistoso. Te llamaremos "cabeza de tarugo". Salen [los CRIADOS]. ¡Pero si ya es de día! El conde estará aquí pronto con la música. Eso es lo que dijo. Tocan música [dentro]. Ya se acerca. ¡Ama! ¡Esposa! ¡Eh! ¡Ama! Entra el AMA. Despierta a Julieta, corre a arreglarla. Yo voy a hablar con Paris. Date prisa, date prisa, que ha llegado el novio. Vamos, date prisa. [Sale]

V - Entra el AMA.

AMA ¡Señorita! ¡Julieta! ¡Anda, vaya sueño! ¡Eh, paloma! ¡Eh, Julieta! ¡Será dormilona! ¡Eh, cariño! ¡Señorita! ¡Reina! ¡Novia, vamos! ¡Ni palabra! Aprovecha bien ahora, duerme una semana, que, ya verás, esta noche el Conde Paris sueña con quitarte el sueño. ¡Dios me perdone! ¡Amén, Jesús!.. Se le han pegado las sábanas. Tendré que despertarla. ¡Señorita, señorita! Sí, sí, ya verás como el conde te coja en la cama: te va a meter miedo. ¿Es que no despiertas? [Descorre las cortinas.] ¡Cómo, te vistes y vuelves a acostarte! Tendré que despertarte. ¡Señorita, señorita! ¡Ay, ay! ¡Socorro, socorro! ¡Está muerta! ¡Ay, dolor! ¿Para qué habré nacido? ¡Ah, mi aguardiente! ¡Señor! ¡Señora! Entra la SEÑORA CAPULETO.

SEÑORA CAPULETO ¿Qué escándalo es ese?

AMA ¡Ah, día infortunado!

SEÑORA CAPULETO ¿Qué pasa?

AMA ¡Mirad, mirad! ¡Ah, día triste!

SEÑORA CAPULETO ¡Ay de mí, ay de mí! ¡Mi hija, mi vida! ¡Revive, mírame o moriré contigo! ¡Socorro, socorro! ¡Pide socorro! Entra CAPULETO.

CAPULETO Por Dios, traed a Julieta, que ha llegado el novio!

AMA ¡Está muerta, muerta, muerta! ¡Ay, dolor!

SEÑORA CAPULETO ¡Ay, dolor! ¡Está muerta, muerta, muerta!

CAPULETO ¡Cómo! A ver. ¡Ah, está fría! La sangre, parada; los miembros, rígidos. Hace tiempo que la vida salió de sus labios. La Muerte la cubre como escarcha intempestiva sobre la más tierna flor de los campos.

AMA ¡Ah, día infortunado!

SEÑORA CAPULETO ¡Ah, tiempo de dolor!

CAPULETO La Muerte la llevó para hacerme gritar, pero ahora me ata la lengua y el habla. Entran FRAY LORENZO y el Conde PARIS [con los MÚSICOS].

FRAY LORENZO ¿Está lista la novia para ir a la iglesia?

CAPULETO Lista para ir, no para volver.-Ah, hijo, la noche antes de tu boda la Muerte ha dormido con tu amada. La flor que había sido yace ahora desflorada. La Muerte es mi yerno, la Muerte me hereda; con mi hija se ha casado. Moriré dejándole todo: la vida, el vivir, todo es suyo.

PARIS ¡Tanto desear que llegase este día para ver una escena como ésta! Todos a una gritan y se retuercen las manos

SEÑORA CAPULETO ¡Día maldito, funesto, mísero, odioso! ¡La hora más triste que vio el tiempo en su largo y asiduo peregrinar! ¡Una, sólo una, una pobre y tierna hija, que me daba alegría y regocijo, y la cruel Muerte me la arranca de mi lado!

AMA ¡Ah, dolor! ¡Día triste, triste, triste! ¡El más infortunado, el más doloroso de mi vida, de toda mi vida! ¡Ah, qué día, qué día más odioso! ¡Cuándo se ha visto un día tan negro! ¡Ah, día triste, día triste!

PARIS ¡Engañado, separado, injuriado, muerto! ¡Engañado por ti, Muerte execrable, derrotado por ti en tu extrema crueldad! ¡Amor! ¡Vida! ¡Vida, no: amor en la muerte!

CAPULETO ¡Despreciado, vejado, odiado, torturado, muerto! Tiempo de angustia, ¿por qué vienes ahora matando nuestra celebración? ¡Hija, ah, hija! ¡Mi alma, y no mi hija! Yaces muerta. Ah, ha muerto mi hija y con ella se entierra mi gozo.

FRAY LORENZO ¡Por Dios, callad! El trastorno no se cura con trastornos. El cielo y vos teníais parte en la bella muchacha; ahora todo es del cielo, y para ella es lo mejor. Vuestra parte no pudisteis salvarla de la muerte, mas la otra eternamente guarda el cielo. Vuestro anhelo era verla encumbrada; elevarla habría sido vuestra gloria. ¿Y lloráis ahora que se ha elevado más allá de las nubes y ya alcanza la gloria? ¡Ah, con ese amor la amáis tan poco que os perturba su bienaventuranza! No es buen matrimonio el que años conoce: la mejor casada es la que muere joven. Secad vuestras lágrimas y cubrid de romero este hermoso cuerpo, según la costumbre , y llevadla a la iglesia con sus mejores galas. La blanda natura llorar ha mandado, mas nuestra cordura se ríe del llanto.

CAPULETO Lo que dispusimos para nuestra fiesta cambiará su objeto para estas exequias: ahora los músico! tocarán a muerto, el banquete será una comida de luto, los himnos de boda, dolientes endechas, las flores nupciales lucirán sobre el féretro y todo ha de volverse su contrario.

FRAY LORENZO Entrad, señor; señora, entrad con él. Venid, Conde Paris. Que todos se preparen para acompañar a la bella difunta en su entierro. Los cielos os penan por algún pecado; no los enojéis: cumplid su mandato. Salen todos, menos [los Músicos y] el AMA, que echa romero sobre el cadáver y corre las cortinas.

MÚSICO 1 Ya podemos irnos con la música a otra parte.

AMA Marchaos, amigos, marchaos; ya veis que es un caso de dolor. Sale.

MÚSICO 1 Sí, es el caso que te hacen cuando duele. Entra PEDRO

PEDRO ¡Músicos, músicos! "Paz del alma", "Paz del alma". Si queréis que siga vivo, tocad " Paz del alma"

MÚSICO 1 ¿Por qué "Paz del alma"?

PEDRO Ah, músicos, porque en mi alma oigo sonar "Se me parte el alma". Ah, confortadme con una endecha que sea alegre.

MÚSICO 1 Nada de endechas. No es hora de tocar.

PEDRO Entonces ¿no?

MÚSICO 1 No.

PEDRO Pues os la voy a dar sonada.

MÚSICO 1 ¿Qué nos vas a dar?

PEDRO Dinero, no; guerra. Te voy a poner a tono.

MÚSICO 1 Y yo te pondré de esclavo.

PEDRO Entonces este puñal de esclavo te va a rapar la cabeza. A mí no me trines, que te solfeo. Toma nota.

MÚSICO 1 Solfea y darás la nota.

MÚSICO 2 Anda, demuestra lo listo que eres y envaina ese puñal.

PEDRO ¡Pues, en guardia! Envainaré mi puñal y os batiré con mi listeza. Respondedme como hombres: "Cuando domina la aflicción y el alma sufre del pesar, la música, argénteo son..." ¿Por qué "argénteo" ? ¿Por qué " la música, argénteo son"? ¿Qué dices tú, Simón Cuerdas?

MÚSICO 1 Pues porque, igual que la plata, suena dulce.

PEDRO ¡Palabras! ¿Tú qué dices, Hugo Violas?

MÚSICO 2 "Argénteo" porque a los músicos nos pagan en plata.

PEDRO ¡Más palabras! ¿Y tú qué dices, Juan del Coro?

MÚSICO 3 Pues no sé qué decir.

PEDRO ¡Ah, disculpad! Sois el cantor. Yo os lo diré. "La música, argénteo son" porque a los músicos nunca os suena el oro. "... la música, argénteo son, el mal no tarda en reparar". Sale.

MÚSICO 1 ¡Qué pillo más irritante!

MÚSICO 2 ¡Que lo zurzan! Venga, vamos a entrar. Aguardamos a los dolientes y esperamos a comer. Salen.

 

Romeo y Julieta - Acto V

 

I - Entra ROMEO.

ROMEO Si puedo confiar en la verdad de un sueño halagador, se acercan buenas nuevas. El rey de mi pecho está alegre en su trono y hoy un insólito vigor me eleva sobre el suelo con pensamientos de júbilo. Soñé que mi amada vino y me halló muerto (sueño extraño, si en él un muerto piensa) y me insufló tanta vida con sus besos que resucité convertido en un emperador. ¡Ah, qué dulce ha de ser el amor real si sus sombras albergan tanta dicha! Entra BALTASAR, criado de Romeo. ¡Noticias de Verona! ¿Qué hay, Baltasar? ¿No traes cartas del fraile? ¿Cómo está mi amor? ¿Está bien mi padre? ¿Cómo está Julieta? Dos veces lo pregunto, pues nada puede ir mal si ella está bien.

BALTASAR Entonces está bien y nada puede ir mal. Su cuerpo descansa en la cripta de los Capuletos y su alma inmortal vive con los ángeles. Vi cómo la enterraban en el panteón y a toda prisa cabalgué para contároslo. Perdonadme por traeros malas nuevas, pero cumplo el deber que me asignasteis.

ROMEO ¿Es verdad? Entonces yo os desafío, estrellas.-Ya sabes dónde vivo; tráeme papel y tinta y alquila caballos de posta. Salgo esta noche.

BALTASAR Calmaos, señor, os lo ruego. Estáis pálido y excitado, y eso anuncia alguna adversidad.

ROMEO Calla, te equivocas. Déjame y haz lo que te he dicho. ¿No tienes carta para mí de Fray Lorenzo?

BALTASAR No, señor.

ROMEO No importa. Vete. Y alquila esos caballos. Yo voy contigo en seguida. Sale BALTASAR. Bien, Julieta, esta noche yaceré contigo. A ver la manera. ¡Ah, destrucción, qué pronto te insinúas en la mente de un desesperado! Recuerdo un boticario, que vive por aquí. Le vi hace poco, cubierto de andrajos, con cejas muy pobladas, recogiendo hierbas. Estaba macilento; su penuria le había enflaquecido. En su pobre tienda pendía una tortuga, un caimán disecado y varias pieles de peces deformes; y por los estantes, expuestas y apenas separadas, un número exiguo de cajas vacías, cazuelas verdes, vejigas, semillas rancias, hilos bramantes y panes de rosa ya pasados. Viendo esa indigencia, yo me dije: "Si alguien necesita algún veneno, aunque en Mantua venderlo se pena con la muerte, este pobre hombre se lo venderá." Ah, la idea se adelantó a mi menester y ahora este menesteroso ha de vendérmelo. Que yo recuerde, esta es la casa; hoy es fiesta, y la tienda está cerrada. ¡Eh, boticario! Entra el BOTICARIO.

BOTICARIO ¿Quién grita?

ROMEO Vamos, ven aquí. Veo que eres pobre. Toma cuarenta ducados y dame un frasco de veneno, algo que actúe rápido y se extienda por las venas, de tal modo que el cansado de la vida caiga muerto y el aliento salga de su cuerpo con el ímpetu de la pólvora inflamada cuando huye del vientre del cañón.

BOTICARIO De esas drogas tengo, pero las leyes de Mantua castigan con la muerte a quien las venda.

ROMEO ¿Y tú temes la muerte, estando tan escuálido y cargado de penuria? El hambre está en tu cara; en tus ojos hundidos, la hiriente miseria; tu cuerpo lo visten indignos harapos. El mundo no es tu amigo, ni su ley, y el mundo no da ley que te haga rico, conque no seas pobre, viola la ley y toma esto.

BOTICARIO Accede mi pobreza, no mi voluntad.

ROMEO Le pago a tu pobreza, no a tu voluntad.

BOTICARIO Disolved esto en cualquier líquido y bebedlo y, aunque tengáis el vigor de veinte hombres, al instante os matará.

ROMEO Aquí está el oro, peor veneno para el alma; en este mundo asesina mucho más que las tristes mezclas que no puedes vender. Soy yo quien te vende veneno, no tú a mí. Adiós, cómprate comida y echa carnes. [Sale el BOTICARIO.] Cordial y no veneno, ven conmigo a la tumba de Julieta, que es tu sitio.

II - Entra FRAY JUAN.

FRAY JUAN ¡Eh, santo franciscano, hermano! Entra FRAY LORENZO.

FRAY LORENZO Esa parece la voz de Fray Juan. Bien venido de Mantua. ¿Qué dice Romeo? Si escribió su mensaje, dame la carta.

FRAY JUAN Fui en busca de un hermano franciscano que había de acompañarme. Le hallé en la ciudad, visitando a los enfermos. La guardia sanitaria, sospechando que la casa en que vivíamos los dos estaba contagiada por la peste, selló las puertas y nos prohibió salir. Por eso no pude viajar a Mantua.

FRAY LORENZO Entonces, a Romeo, ¿quién le llevó mi carta?

FRAY JUAN Aquí está, no pude mandársela ni conseguir que nadie os la trajese. Tenían mucho miedo de contagios.

FRAY LORENZO ¡Ah, desventura! Por la orden franciscana, no era una carta cualquiera, sino de gran trascendencia. No entregarla podría hacer mucho daño. Vamos, Fray Juan, buscadme una palanca y llevádmela a la celda.

FRAY JUAN Ahora mismo os la llevo, hermano. Sale.

FRAY LORENZO He de ir solo al panteón. De aquí a tres horas despertará Julieta. Se enfadará conmigo cuando sepa que Romeo no ha sido avisado de lo sucedido. Volveré a escribir a Mantua; a ella la tendré aquí, en mi celda, hasta que llegue Romeo. ¡Ah, cadáver vivo en tumba de muertos! Sale.


III - Entran PARIS y su PAJE, con flores, agua perfumada [y una antorcha].

PARIS Muchacho, dame la antorcha y aléjate. No, apágala; no quiero que me vean. Ahora échate al pie de esos tejos y pega el oído a la hueca tierra. Así no habrá pisada que no oigas en este cementerio, con un suelo tan blando de tanto cavar tumbas. Un silbido tuyo será aviso de que alguien se acerca. Dame esas flores. Haz lo que te digo, vamos.

PAJE [aparte] Me asusta quedarme aquí solo en el cementerio, pero lo intentaré. [Sale. ] PARIS cubre la tumba de flores.

PARIS Flores a esta flor en su lecho nupcial. Mas, ay, tu dosel no es más que polvo y piedra. Con agua de rosas lo he de rociar cada noche, o con lágrimas de pena. Las exequias que desde ahora te consagro son mis flores cada noche con mi llanto. Silba el PAJE. Me avisa el muchacho; viene alguien. ¿Qué pie miserable se acerca a estas horas turbando mis ritos de amor y mis honras? Entran ROMEO y BALTASAR con una antorcha, una azada y una barra de hierro. ¡Cómo! ¿Con antorcha? Noche, ocúltame un instante. [Se esconde.]

ROMEO Dame la azada y la barra de hierro. Ten, toma esta carta. Haz por entregarla mañana temprano a mi padre y señor. Dame la antorcha. Te lo ordeno por tu vida: por más que oigas o veas, aléjate y no interrumpas mi labor. Si desciendo a este lecho de muerte es por contemplar el rostro de mi amada, pero, sobre todo, por quitar de su dedo un valioso anillo, un anillo que he de usar en un asunto importante. Así que vete. Si, por recelar, vuelves y me espías para ver qué más cosas me propongo, por Dios, que te haré pedazos y te esparciré por este insaciable cementerio. El momento y mi propósito son fieros, más feroces y mucho más inexorables que un tigre hambriento o el mar embravecido.

BALTASAR Me iré, señor, y no os molestaré.

ROMEO Con eso me demuestras tu amistad. Toma: vive y prospera. Adiós, buen amigo.

BALTASAR [aparte] Sin embargo, me esconderé por aquí. Su gesto no me gusta y sospecho su propósito. [Se esconde.]

ROMEO Estómago odioso, vientre de muerte, saciado del manjar más querido de la tierra, así te obligo a abrir tus mandíbulas podridas y, en venganza, te fuerzo a tragar más alimento. Abre la tumba.

PARIS Este es el altivo Montesco desterrado, el que mató al primo de mi amada, haciendo que ella, según dicen, muriese de la pena. Seguro que ha venido a profanar los cadáveres. Voy a detenerle. [Desenvaina.] ¡Cesa tu impía labor, vil Montesco! ¿Pretendes vengarte más allá de la muerte? ¡Maldito infame, date preso! Obedece y ven conmigo, pues has de morir.

ROMEO Es verdad, y por eso he venido. Querido joven, no provoques a un desesperado; huye y déjame. Piensa en estos muertos y teme por tu vida. Te lo suplico, no añadas a mi cuenta otro pecado moviéndome a la furia. ¡Márchate! Por Dios, más te aprecio que a mí mismo, pues vengo armado contra mí mismo. No te quedes; vete. Vive y después di que el favor de un loco te dejó vivir.

PARIS Rechazo tus súplicas y por malhechor te prendo.

ROMEO ¿Así que me provocas? Pues toma, muchacho. Luchan. [Entra el PAJE de Paris.]

PAJE ¡Dios del cielo, están luchando! Llamaré a la guardia. [Sale.]

PARIS ¡Ah, me has matado! Si tienes compasión, abre la tumba y ponme al lado de Julieta. [Muere.]

ROMEO Te juro que lo haré. A ver su cara. ¡El pariente de Mercucio, el Conde Paris! ¿Qué decía mi criado mientras cabalgábamos que mi alma agitada no escuchaba? Creo que dijo que Paris iba a casarse con Julieta. ¿Lo dijo? ¿O lo he soñado? ¿O me he vuelto loco oyéndole hablar de Julieta y creo que lo dijo? Ah, dame la mano: tú estás conmigo en el libro de la adversidad. Voy a enterrarte en regio sepulcro. ¿Sepulcro? No, salón de luz, joven muerto: aquí yace Julieta, y su belleza convierte el panteón en radiante cámara de audiencias. Muerte, yace ahí, enterrada por un muerto. [Coloca a PARIS en la tumba.] ¡Cuántas veces los hombres son felices al borde de la muerte! Quienes los vigilan lo llaman el último relámpago. ¿Puedo yo llamar a esto relámpago? Ah, mi amor, mi esposa, la Muerte, que robó la dulzura de tu aliento, no ha rendido tu belleza, no te ha conquistado. En tus labios y mejillas sigue roja tu enseña de belleza, y la Muerte aún no ha izado su pálida bandera. Tebaldo, ¿estás ahí, en tu sangrienta mortaja? ¿Qué mejor favor puedo yo hacerte que, con la misma mano que segó tu juventud, matar la del que ha sido tu enemigo? Perdóname, primo. ¡Ah, querida Julieta! ¿Cómo sigues tan hermosa? ¿He de creer que la incorpórea Muerte se ha enamorado y que la bestia horrenda y descarnada te guarda aquí, en las sombras, como amante? Pues lo temo, contigo he de quedarme para ya nunca salir de este palacio de lóbrega noche. Aquí, aquí me quedaré con los gusanos, tus criados. Ah, aquí me entregaré a la eternidad y me sacudiré de esta carne fatigada el yugo de estrellas adversas. ¡Ojos, mirad por última vez! ¡Brazos, dad vuestro último abrazo! Y labios, puertas del aliento, ¡sellad con un beso un trato perpetuo con la ávida Muerte! Ven, amargo conductor; ven, áspero guía. Temerario piloto, ¡lanza tu zarandeado navío contra la roca implacable! Brindo por mi amor. [Bebe.] ¡Ah, leal boticario, tus drogas son rápidas! Con un beso muero. Cae. Entra FRAY LORENZO con linterna, palanca y azada.

FRAY LORENZO ¡San Francisco me asista! ¿En cuántas tumbas habré tropezado esta noche? ¿Quién va?

BALTASAR Un amigo, alguien que os conoce.

FRAY LORENZO Dios te bendiga. Dime, buen amigo, ¿de quién es esa antorcha que en vano da luz a calaveras y gusanos? Parece que arde en el panteón de los Capuletos.

BALTASAR Así es, venerable señor, y allí está mi amo, a quien bien queréis.

FRAY LORENZO ¿Quién es?

BALTASAR Romeo.

FRAY LORENZO ¿Cuánto lleva ahí?

BALTASAR Media hora larga.

FRAY LORENZO Ven al panteón.

BALTASAR Señor, no me atrevo. Mi amo cree que ya me he ido y me amenazó terriblemente con matarme si me quedaba a observar sus intenciones.

FRAY LORENZO Entonces quédate; iré solo. Tengo miedo. Ah, temo que haya ocurrido una desgracia.

BALTASAR Mientras dormía al pie del tejo, soñé que mi amo luchaba con un hombre y que le mataba. [Sale.]

FRAY LORENZO ¡Romeo! Se agacha y mira la sangre y las armas. ¡Ay de mí! ¿De quién es la sangre que mancha las piedras de la entrada del sepulcro? ¿Qué hacen estas armas sangrientas y sin dueño junto a este sitio de paz? ¡Romeo! ¡Qué pálido! ¿Quién más? ¡Cómo! ¿Paris? ¿Y empapado de sangre? ¡Ah, qué hora fatal ha causado esta triste desgracia! [Se despierta JULIETA.] La dama se mueve.

JULIETA Ah, padre consolador, ¿dónde está mi esposo? Recuerdo muy bien dónde debo hallarme, y aquí estoy. ¿Dónde está Romeo?

FRAY LORENZO Oigo ruido, Julieta. Sal de ese nido de muerte, infección y sueño forzado. Un poder superior a nosotros ha impedido nuestro intento. Vamos, sal. Tu esposo yace muerto en tu regazo , y también ha muerto Paris. Ven, te confiaré a una comunidad de religiosas. Ahora no hablemos: viene la guardia. Vamos, Julieta; no me atrevo a seguir aquí. Sale.

JULIETA Marchaos, pues yo no pienso irme. ¿Qué es esto? ¿Un frasco en la mano de mi amado? El veneno ha sido su fin prematuro. ¡Ah, egoísta! ¿Te lo bebes todo sin dejarme una gota que me ayude a seguirte? Te besaré: tal vez quede en tus labios algo de veneno, para que pueda morir con ese tónico. Tus labios están calientes.

GUARDIA [dentro] ¿Por dónde, muchacho? Guíame.

JULIETA ¿Qué? ¿Ruido? Seré rápida. Puñal afortunado, voy a envainarte. Oxídate en mí y deja que muera. Se apuñala y cae. Entra el PAJE [de Paris] y la guardia.

PAJE Este es el lugar, ahí donde arde la antorcha.

GUARDIA 1 Hay sangre en el suelo; buscad por el cementerio. Id algunos; prended a quien halléis. [Salen algunos GUARDIAS.] ¡Ah, cuadro de dolor! Han matado al conde y sangra Julieta, aún caliente y recién muerta, cuando llevaba dos días enterrada. ¡Decídselo al Príncipe, avisad a los Capuletos, despertad a los Montescos! Los demás, ¡buscad! [Salen otros GUARDIAS.] Bien vemos la escena de tales estragos, pero los motivos de esta desventura, si no nos los dicen, no los vislumbramos. Entran GUARDIAS con [BALTASAR] el criado de Romeo.

GUARDIA 2 Esté es el criado de Romeo; estaba en el cementerio.

GUARDIA 1 Vigiladle hasta que venga el Príncipe. Entra un GUARDIA con FRAY LORENZO.

GUARDIA 3 Aquí hay un fraile que tiembla, llora y suspira. Le quitamos esta azada y esta pala cuando salía por este lado del cementerio.

GUARDIA 1 Muy sospechoso. Vigiladle también. Entra el PRINCIPE con otros.

PRÍNCIPE ¿Qué desgracia ha ocurrido tan temprano que turba mi reposo? Entran CAPULETO y la SEÑORA CAPULETO.

CAPULETO ¿Qué ha sucedido que todos andan gritando?

SEÑORA CAPULETO En las calles unos gritan "¡Romeo!"; otros, "¡Julieta!"; otros, "¡Paris!"; y todos vienen corriendo hacia el panteón.

PRÍNCIPE ¿Qué es lo que tanto os espanta?

GUARDIA 1 Alteza, ahí yace asesinado el Conde Paris; Romeo, muerto; y Julieta, antes muerta, acaba de morir otra vez.

PRÍNCIPE ¡Buscad y averiguad cómo ha ocurrido este crimen!

GUARDIA 1 Aquí están un fraile y el criado de Romeo, con instrumentos para abrir las tumbas de estos muertos.

CAPULETO ¡Santo cielo! Esposa, mira cómo se desangra nuestra hija. El puñal se equivocó. Debiera estar en la espalda del Montesco y se ha envainado en el pecho de mi hija.

SEÑORA CAPULETO ¡Ay de mí! Esta escena de muerte es la señal que me avisa del sepulcro. Entra MONTESCO.

PRÍNCIPE Venid, Montesco: pronto os habéis levantado para ver a vuestro hijo tan pronto caído.

MONTESCO Ah, Alteza, mi esposa murió anoche: el destierro de mi hijo la mató de pena. ¿Qué otro dolor amenaza mi vejez?

PRÍNCIPE Mirad y veréis.

MONTESCO ¡Qué desatención! ¿Quién te habrá enseñado a ir a la tumba delante de tu padre?

PRÍNCIPE Cerrad la boca del lamento hasta que podamos aclarar todas las dudas y sepamos su origen, su fuente y su curso. Entonces seré yo el guía de vuestras penas y os acompañaré, si cabe, hasta la muerte. Mientras, dominaos; que la desgracia ceda a la paciencia. Traed a los sospechosos.

FRAY LORENZO Yo soy el que más; el menos capaz y el más sospechoso (pues la hora y el sitio me acusan) de este horrendo crimen. Y aquí estoy para inculparme y exculparme, condenado y absuelto por mí mismo.

PRÍNCIPE Entonces decid ya lo que sabéis.

FRAY LORENZO Seré breve, pues la vida que me queda no es muy larga para la premiosidad. Romeo, ahí muerto, era esposo de Julieta y ella, ahí muerta, fiel esposa de Romeo: yo los casé. El día del secreto matrimonio fue el postrer día de Tebaldo, cuya muerte intempestiva desterró al recién casado. Por él, no por Tebaldo, lloraba Julieta. Vos, por apagar ese acceso de dolor, queríais casarla con el Conde Paris a la fuerza. Entonces vino a verme y, desquiciada, me pidió algún remedio que la librase del segundo matrimonio, pues, si no, se mataría en mi celda. Yo, entonces, instruido por mi ciencia, le entregué un narcótico, que produjo el efecto deseado, pues le dio el aspecto de una muerta. Mientras, a Romeo le pedí por carta que viniera esta noche y me ayudase a sacarla de su tumba temporal, por ser la hora en que el efecto cesaría. Mas Fray Juan, el portador de la carta, se retrasó por accidente y hasta anoche no me la devolvió. Entonces, yo solo, a la hora en que Julieta debía despertar, vine a sacarla de este panteón, pensando en tenerla escondida en mi celda hasta poder dar aviso a Romeo. Pero al llegar, unos minutos antes de que ella despertara, vi que yacían muertos el noble Paris y el fiel Romeo. Cuando despertó, le pedí que saliera y aceptase la divina voluntad, pero entonces un ruido me hizo huir y ella, en su desesperación, no quiso venir y, por lo visto, se dio muerte. Esto es lo que sé; el ama es conocedora de este matrimonio. Si algún daño se ha inferido por mi culpa, que mi vida sea sacrificada, aunque sea poco antes de su hora, con todo el rigor de nuestra ley.

PRÍNCIPE Siempre os he tenido por hombre venerable. ¿Y el criado de Romeo? ¿Qué dice a esto?

BALTASAR A mi amo hice saber la muerte de Julieta, y desde Mantua él vino a toda prisa a este lugar, a este panteón. Me dijo que entregase esta carta a su padre sin demora y, al entrar en la tumba, me amenazó de muerte si no me iba y le dejaba solo.

PRÍNCIPE Dame la carta; la leeré. ¿Dónde está el paje del conde que avisó a la guardia? Dime, ¿qué hacía tu amo en este sitio?

PAJE Quería cubrir de flores la tumba de su amada. Me pidió que me alejase; así lo hice. Al punto llegó alguien con antorcha dispuesto a abrir la tumba. Mi amo le atacó y yo corrí a llamar a la guardia.

PRÍNCIPE La carta confirma las palabras del fraile, el curso de este amor, la noticia de la muerte; y aquí dice que compró a un humilde boticario un veneno con el cual vino a morir y yacer con Julieta. ¿Dónde están los enemigos, Capuleto y Montesco? Ved el castigo a vuestro odio: el cielo halla medios de matar vuestra dicha con el amor, y yo, cerrando los ojos a vuestras discordias, pierdo dos parientes. Todos estamos castigados.

CAPULETO Hermano Montesco, dame la mano: sea tu aportación a este matrimonio, que no puedo pedir más.

MONTESCO Pero yo sí puedo darte más: haré a Julieta una estatua de oro y, mientras Verona lleve su nombre, no habrá efigie que tan gran estima vea como la de la constante y fiel Julieta.

CAPULETO Tan regio yacerá Romeo a su lado. ¡Pobres víctimas de padres enfrentados!

PRÍNCIPE Una paz sombría nos trae la mañana: no muestra su rostro el sol dolorido. Salid y hablaremos de nuestras desgracias. Perdón verán unos; otros, el castigo, pues nunca hubo historia de más desconsuelo que la que vivieron Julieta y Romeo. Salen todos.

 

FIN

 


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