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Por qué el día del trabajador se celebra el 1 de mayo


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Cada primero de mayo en la mayoría de los países del mundo se celebra el día del trabajador en homenaje a los trabajadores mártires que fueron ejecutados en la revuelta de la Plaza Haymarket, en Chicago, Estados Unidos; durante la huelga iniciada el 1 de mayo de 1886 con el principal motivo de exigir el establecimiento de una jornada laboral de 8 horas.

A finales del siglo XIX (años 1800s); la clase trabajadora se encontraba en una lucha incesante por lograr la jornada laboral de 8 horas. Las condiciones de trabajo en aquellos tiempos eran muy severas, y era muy común trabajar entre 10 y 16 horas diarias bajo condiciones muy inseguras para la salud de los empleados. Las muertes y los accidentes eran muy frecuentes en muchos lugares de trabajo; tanto que incluso han inspirado a obras literarias como La Jungla de Upton Sinlcair y el Talón de Hierro de Jack London. Desde los años 1860s, los trabajadores lucharon por acortar la jornada laboral sin recortes salariales, pero no fue hasta los años 1880s en que las fuerzas laborales organizadas lograron juntar la suficiente fuerza para declarar una jornada laboral de 8 horas. Esta proclama se dio sin el consentimiento de los empleadores o clases patronales; ya que era una demanda de las clases trabajadoras.

En esos tiempos, el socialismo era un concepto nuevo y una idea atractiva para los trabajadores, muchos de los cuales adoptaron la ideología de que las clases trabajadoras deberían controlar la producción y distribución de todos los bienes y servicios. Los trabajadores habían vivido desde hacía mucho tiempo en primera persona el hecho de que el extremo capitalismo solamente beneficiaba a sus jefes, los cuales casi comerciaban con las vidas de sus empleados a cambio de más ganancias. Miles de hombres, mujeres, y niños morían cada año innecesariamente en sus lugares de trabajo, y sus expectativas de vida a veces eran de tan solo 20 a 30 años en algunas industrias; para ellos muchos conceptos del socialismo aparecían como una opción alternativa.

Una gran variedad de organizaciones socialistas fueron desarrollándose durante la segunda mitad del siglo XIX, organizaciones que iban desde partidos políticos hasta agrupaciones de coros de música. De hecho cada vez más socialistas fueron elegidos en puestos gubernamentales por sus electores. Sin embargo muchos de estos socialistas eran neutralizados por los procesos políticos que estaban evidentemente controlados por las grandes empresas y la maquinaria política bipartista (en Estados Unidos de América donde ocurrió la huelga del 1 de mayo de 1886). Decenas de miles de socialistas se desvincularon de sus partidos, rechazaron los procesos políticos existentes, los cuales ellos consideraban como nada más que herramientas de protección para los más ricos. Estos socialistas crearon grupos anarquistas a lo largo y ancho del territorio estadounidense. Miles de trabajadores se involucraron con los movimientos anarquistas, buscando poner un fin a las estructuras jerárquicas existentes (incluyendo al mismo gobierno); insistían en que la industria debería ser controlada por los mismos trabajadores, y promovían entrar en acción para terminar con el proceso político burocrático. La mayoría de los sindicatos fueron creados por los anarquistas y socialistas de aquellos tiempos.

Durante la convención nacional realizada en Chicago, en 1884, la Federación de Sindicatos Organizados y Uniones Laborales de Estados Unidos (que luego pasó a llamarse la Federación Americana del Trabajo), proclamaron que "la jornada laboral debería estar constituida por ocho horas a partir del 1 de mayo de 1886". Al siguiente año, la Federación de Sindicatos Organizados y Uniones Laborales reiteró su proclama, declarando que sería apoyada a través de huelgas y manifestaciones. Al principio la muchos radicales y anarquistas consideraron esta demanda como más bien reformista, pero que no atacaba al núcleo del problema. Un año antes de la Masacre de Haymarket, el activista Samuel Fielden mencionó en el periódico anarquista La Alarma, que "si un hombre trabaja ocho horas o diez horas al día, aún así sigue siendo un esclavo".

A pesar de las dudas de muchos anarquistas, aproximadamente unos 250.000 trabajadores del área de Chicago se vieron involucrados en la lucha por implementar la jornada laboral de ocho horas, incluyendo a la Asamblea de Trabajo y Comecio, el Partido Laboral Socialista y la Orden de los Caballeros del Trabajo (una especie de orden aristocrática obrera que hacia 1886 contaba con unos 700.000 miembros). Cuando los anarquistas más radicalizados vieron que más y más trabajadores de la clase obrera se sumaban a las mobilizaciones en contra de las clases patronales, aceptaron sumarse a la lucha por la jornada laboral de 8 horas, ya que se dieron cuenta que la ola de opiniones y la gran determinación de los trabajadores asalariados estaba fijamente orientada en esa dirección. Sin embargo con la vinculación de los anarquistas a la lucha, había una sensación -e incluso miedos en algunos- de que las movilizaciones buscarían más que conseguir una jornada laboral más corta, sino que un cambio drástico de la estructura económica del capitalismo.

En una proclama impresa publicada justo antes del 1 de mayo de 1886, se solicitaba a los trabajadores lo siguiente:

  • ¡Trabajadores a las armas!
  • Guerra al Palacio, Paz a la cabaña, y Muerte a la LUJOSA OCIOSIDAD.
  • El sistema de salarios es la única causa de la miseria del mundo. Está auspiciado por las clases ricas, y para destruirlo se los debe poner a trabajar o deben morir.
  • ¡Una libra de DINAMITA es mejor que un bushel (antigua medida anglosajona) de URNAS!
  • HAZ TU DEMANDA POR LAS OCHO HORAS con armas en tus manos para enfrentar a los sabuesos capitalistas, la policía y la milicia de manera apropiada.

No era de sorprender entonces que toda la ciudad estaba preparada para un derramamiento de sangre, similar al ocurrido durante la huelga ferroviaria ocurrida una década antes cuando la policía y soldados del ejército asesinaron a tiros a cientos de trabajadores en huelga. El 1 de mayo de 1886, más de 300.000 trabajadores de 13.000 empresas de todo Estados Unidos no fueron a trabajar en la primera celebración del Primero de Mayo de la historia.

En Detroit 11.000 trabajadores marcharon por la jornada laboral de ocho horas. En Nueva York unos 25.000 obreros marcharon con antorchas por la Avenida Broadway hasta Union Square; y unos 40.000 adhirieron a la huelga en dicha ciudad. En Cincinnati, Ohio unos 400 obreros con rifles Springfield encabezaron las movilizaciones. En Louisville, Kentucky más de 6000 trabajadores marcharon por el Parque Nacional.

En Chicago, el epicentro de las movilizaciones, por lo menos 40.000 personas marcharon junto a los anarquistas. Con sus fogosos discursos e ideología revolucionaria de acción directa, los anarquistas y el anarquismo se volvieron muy populares entre los trabajadores y despreciados por los capitalistas de la época.

Los nombres de muchos activistas como Albert Parsons, Johann Most, August Spies y Louis Lingg, se volvieron de uso cotidiano en Chicago y el resto del país. Las bandas de decenas de miles de manifestantes en las calles demuestran la fuerza y unidad que tenían los trabajadores, aunque hasta entonces las movilizaciones no se habían vuelto violentas como predecían los periódicos y autoridades.

Más y más trabajadores continuaron sin ir a sus trabajos hasta que los números sobrepasaron las 100.000 personas; a pesar de eso, la paz seguía prevaleciendo. No fue hasta dos días más tarde, el 3 de mayo de 1886, que la violencia explotó delante de la fábrica de maquinaria agrícola McCormick, entre la policía y los huelguistas.

La empresa de maquinaria agrícola McCormick contrató a esquiroles que no adhirieron a la huelga; y muchos trabajadores fueron despedidos. El día 2 de mayo se realizó un encuentro de los obreros despedidos de Mc Cormick, para protestar por los más de mil despidos. El día 3 de mayo, mientras el activista August Spies daba un discurso a entre 6000 y 7000 trabajadores presentes, sonó la sirena del fin de turno de la fábrica; por lo que unos cuantos centenares fueron a recriminar su actitud a los esquiroles que no se habían sumado a la huelga y que en ese momento salían de la planta; lanzándose sobre los mismos. Al principio los choques contra los garrotes de la policía fueron suviendo su intensidad hasta llegar al lanzamiento de piedras por parte de los manifestantes, las cuales fueron respondidas con disparos policiales. Por lo menos seis huelguistas fueron asesinados y unas cuantas decenas de personas heridas.

Manifestacion delante de la fabrica McCormick
Disturbios delante de la fábrica McCormick

Indignado, August Spies corrió a las oficinas del Arbeiter Zeitung (un periódico anarquista que se publicaba en Chicago y estaba escrito en Alemán) y publicó allí un manifiesto que distribuyó en todas las reuniones de obreros y el cual decía:

Trabajadores: la guerra de clases ha comenzado. Ayer, frente a la fábrica McCormick, se fusiló a los obreros. ¡Su sangre pide venganza!

¿Quién podrá dudar ya que los chacales que nos gobiernan están ávidos de sangre trabajadora? Pero los trabajadores no son un rebaño de carneros. ¡Al terror blanco respondamos con el terror rojo! Es preferible la muerte que la miseria.

Si se fusila a los trabajadores, respondamos de tal manera que los amos lo recuerden por mucho tiempo.

Es la necesidad lo que nos hace gritar: ¡A las armas!.

Ayer, las mujeres y los hijos de los pobres lloraban a sus maridos y a sus padres fusilados, en tanto que en los palacios de los ricos se llenaban vasos de vino costosos y se bebía a la salud de los bandidos del orden...

¡Secad vuestras lágrimas, los que sufrís!

¡Tened coraje, esclavos! ¡Levantaos!.

El activista Adolph Fischer, quien era además redactor del periódico Arbeiter Zeitung, imprimió 25.000 panfletos con dicha proclama; hecho que sería utilizado tiempo más tarde como principal prueba acusatoria en un juicio que lo condenaría a muerte.

Llenos de ira, algunos anarquistas organizaron un encuentro público para el día siguiente (4 de mayo) en la Plaza Haymarket de la ciudad de Chicago a las 7:30 de la tarde para discutir acerca de la brutalidad policial.

Convocatoria al encuentro en Haymarket
Convocatoria al encuentro público en la Plaza Haymarket de Chicago para el 4 de mayo de 1886

Ante la posibilidad de una emboscada, los organizadores escogieron un lugar abierto y grande con muchas vías de escape ante un posible ataque de las fuerzas policiales. Al principio la idea era organizar un encuentro armado, pero tras largas discusiones se llegó al acuerdo de realizar una manifestación pública con la mayor cantidad de personas posible. El 4 de mayo toda Chicago debía estar en huelga.

Dadas las malas condiciones climáticas y el poco tiempo de aviso, solamente unas 3000 personas se presentaron.

Mientras el discurso se desenvolvía, dos detectives se dirigieron con prisa hasta el cuerpo principal de la policía, reportándoles que uno de los oradores estaba hablando en un tono muy provocativo, e incitanto a la policía para que vayan a detenerlos.

Los discursos continuaron, uno tras otro, desde la parte de atrás de un vagón; sin embargo al comenzar a llover, la reunión se disolvió. Cuando solamente quedaban unos 200 maniestantes; aproximadamente 180 policías se presentaron y un oficial ordenó el fin del encuentro pacífico. Cuando el capitán de la policía se dio vuelta para dar órdenes a sus hombres, una bomba fue lanzada contra las filas policiales. Nadie sabe a ciencia cierta quién fue, pero las especulaciones varían desde hipótesis que dicen que pudo haber sido uno de los anarquistas presentes, hasta algunas que inculpan a algún posible agente de la policía que lo hizo para provocar el conflicto. Una teoría habla de un tal Rudolf Schnaubelt como el actor material, e inculpa Louis Lingg como posible fabricante de la misma ya que era un ferviente defensor del uso de la dinamita. Pero lo que no se sabe es quién era realmente Rudolf Schnaubelt.

Masacre de Haymarket
Plaza Haymarket momentos antes de la explosión

Enfurecida, la policía comenzó a disparar contra la muchedumbre. El número exacto de víctimas o heridos nunca fue exactamente determinado, pero se estiman entre siete u ocho civiles muertos y hasta unos cuarenta heridos. En el barrio reinaba el terror y las farmacias estaban llenas de heridos. Un oficial murió inmediatamente y otros siete murieron durante las siguientes semanas. Algunas evidencias indicaron más tarde que solamente una de las muertes policiales fue a causa de la bomba y que el resto de los decesos policiales fueron o pudieron haber sido a causa de su propia balacera indiscriminada.

Tras la explosion en Haymarket
Balacera en Plaza Haymarket tras la explosión de una bomba - 4 de mayor de 1886

El 5 de mayo, en la ciudad de Milwaukee a unos 140 kilómetros al norte de Chicago, las fuerzas militares respondieron violentamente ante un encuentro de trabajadores, acribillando a ocho obreros polacos y un alemán por haber violado la ley marcial.

Pronto las cárceles se llenaron de miles de revolucionarios y huelguistas. Todo el equipo del periódico anarquista Arbeiter Zeitung fue arrestado. Ocho anarquistas, Albert Parsons, August Spies, Samuel Fielden, Oscar Neebe, Michael Schwab, George Engel, Adolph Fischer y Louis Lingg; fueron arrestados y condenados a muerte; a pesar que solamente tres de ellos estaban presentes en la Plaza de Haymarket, y que incluso ninguno de los tres lanzó la bomba ya que estaban a la vista del público en el momento del lanzamiento de la misma. El jurado presente durante su juicio estaba compuesto por líderes empresariales e incluso un pariente de uno de los policías muertos, por lo que el juicio estaba totalmente manipulado.

El fiscal Grinnel declaró: "La ley está en juicio. La anarquía está en juicio. El gran jurado ha escogido y acusado a estos hombres porque fueron los líderes. No son más culpables que los miles que los siguieron. Señores del jurado, condenen a estos hombres, denles un castigo ejemplar, ahórquenlos y salven nuestras instituciones, nuestra sociedad".

Juicio a losmartires de Chicago
Juicio a los mártires de Chicago en el momento de declaración de Parsons

Los condenados fueron llamados para declarar antes de ser sentenciados, pero ninguno mostró arrepentimiento.

August Spies, periodista nacido en Alemania en 1855 y con 31 años declaró:

"Hemos explicado al pueblo sus condiciones y relaciones sociales. Hemos dicho que el sistema del salario, como forma específica del desenvolvimiento social, habría de dejar paso, por necesidad lógica, a formas más elevadas de civilización. Al dirigirme a este tribunal lo hago como representante de una clase enfrente de los de otra clase enemiga. Podéis sentenciarme, pero al menos que se sepa que en Illinois ocho hombres fueron sentenciados a muerte por creer en un bienestar futuro, por no perder la fe en el último triunfo de la Libertad y la Justicia». Y concluyó con estas palabras: «¡Mi defensa es vuestra acusación! Las causas de mis supuestos crímenes: ¡vuestra historia! (...) Ya he expuesto mis ideas. Constituyen parte de mi mismo y si pensáis que habréis de aniquilar estas ideas, que día a día ganan más y más terreno, (...) si una vez más ustedes imponen la pena de muerte por atreverse a decir la verdad y los reto a mostrarnos cuándo hemos mentido digo, si la muerte es la pena por declarar la verdad, pues pagaré con orgullo y desafío el alto precio! ¡Llamen al verdugo!"

Albert Parsons, periodista estadounidense nacido en 1848 declaró:

"Yo como trabajador he expuesto lo que creía justos clamores de la clase obrera, he defendido su derecho a la libertad y a disponer del trabajo y de los frutos del trabajo. Yo creo que los representantes de los millonarios de Chicago organizados os reclama nuestra inmediata extinción por medio de una muerte ignominiosa. ¿Y qué justicia es la vuestra? Este proceso se ha iniciado y se ha seguido contra nosotros, inspirado por los capitalistas, por los que creen que el pueblo no tiene más que un derecho y un deber, el de la obediencia. El capital es el sobrante acumulado del trabajo, es el producto del trabajo. La función del capital se reduce actualmente a apropiarse y confiscar para su uso exclusivo y su beneficio el sobrante del trabajo de los que crean toda la riqueza. El sistema capitalista está amparado por la ley, y de hecho la ley y el capital son una misma cosa. ¿Creéis que la guerra social se acabará estrangulándonos bárbaramente? ¡Ah no! Sobre vuestro veredicto quedará el del pueblo americano y el del mundo entero. Quedará el veredicto popular para decir que la guerra social no ha terminado por tan poca cosa."

George Engel, tipógrafo alemán nacido en 1836 declaró:


"¿Por qué razón se me acusa de asesino? Por la misma que tuve que abandonar Alemania, por la pobreza, por la miseria de la clase trabajadora. Sólo por la fuerza podrán emanciparse los trabajadores, de acuerdo con lo que la historia enseña. ¿En que consiste mi crimen? En que he trabajado por el establecimiento de un sistema social donde sea imposible que mientras unos amontonan millones otros caen en la degradación y la miseria. Así como el agua y el aire son libres para todos, así la tierra y las invenciones de los hombres de ciencia deben ser utilizados en beneficio de todos. Vuestras leyes están en oposición con las de la naturaleza, y mediante ellas robáis a las masas el derecho a la vida, la libertad, el bienestar. Yo no combato individualmente a los capitalistas; combato el sistema que da privilegio. Mi más ardiente deseo es que los trabajadores sepan quienes son sus enemigos y sus amigos."

Adolf Fischer, periodista alemán nacido en 1857 declaró:

"En todas las épocas, cuando la situación del pueblo ha llegado a un punto tal que una gran parte se queja de las injusticias existentes, la clase poseedora responde que las censuras son infundadas, y atribuye el descontento a la influencia de ambiciosos agitadores. La historia se repite. En todo tiempo los poderosos han creído que las ideas de pro se abandonarían con la supresión de algunos agitadores; hoy la burguesía cree detener el movimiento de las reivindicaciones proletarias por el sacrificio de algunos de sus defensores. Pero aunque los obstáculos que se opongan al progreso parezcan insuperables, siempre han sido vencidos, y esta vez no constituirán una excepción a la regla. Este veredicto es un golpe de muerte a la libertad de prensa, a la libertad de pensamiento, a la libertad de la palabra en este país. El pueblo tomará nota de ello. Si yo he de ser ahorcado por profesar las ideas anarquistas, por mi amor a la libertad, a la igualdad y a la fraternidad, entonces no tengo nada que objetar. Si la muerte es la pena correlativa a nuestra ardiente pasión por la libertad de la especie humana, entonces, yo les digo muy alto, disponed de mi vida."

 

Louis Lingg, carpintero alemán de 22 años nacido en 1864 declaró:

"Para nosotros la tendencia del progreso es la del anarquismo, esto es la sociedad libre sin clases ni gobernantes, una sociedad de soberanos, en la que la libertad y la igualdad económica de todos producirían un equilibrio estable con bases y condición del orden natural». (...) «Me concedéis, después de condenarme a muerte, la libertad de pronunciar mi último discurso. Me acusáis de despreciar la ley y el orden. ¿Y qué significan la ley y el orden? Yo repito que soy enemigo del orden actual y repito también que lo combatiré con todas mis fuerzas mientras tenga aliento para respirar... Os desprecio; desprecio vuestro orden, vuestras leyes, vuestra fuerza, vuestra autoridad. ¡AHORCADME!"


Los ocho activistas fueron condenados a muerte.

En muchos países del mundo, incluyendo Estados Unidos, surgieron movilizaciones en su defensa. En Alemania, fue tal la reacción de los trabajadores que el propio Canciller (jefe de estado alemán) Otto Von Bismarck prohibió todo tipo de encuentros públicos.

Unos días antes de ejecución, cambiaron la sentencia de Samuel Fielden y Michael Schwab a cadena perpetua. Luego de varias apelaciones fallidas, Parsons, Spies, Engel y Fisher fueron colgados hasta morir. Louis Lingg, se quitó la vida la noche anterior con un dispositivo explosivo en la boca.

Los martires de Chicago
Los mártires de Chicago


El 11 de noviembre de 1887 al mediodía los carceleros vinieron a buscar a los condenados para llevarlos a la horca. Spies, Engel, Parsons y Fischer emprendieron el camino entonando La Marsellesa Anarquista.

El relato de la ejecución por parte del corresponsal en Chicago, José Martí, para el periódico argentino La Nación, dice:

Salen de sus celdas. Se dan la mano, sonríen. Les leen la sentencia, les sujetan las manos por la espalda con esposas, les ciñen los brazos al cuerpo con una faja de cuero y les ponen una mortaja blanca como la túnica de los catecúmenos cristianos. Abajo está la concurrencia, sentada en hilera de sillas delante del cadalso como en un teatro... Firmeza en el rostro de Fischer, plegaria en el de Spies, orgullo en el del Parsons, Engel hace un chiste a propósito de su capucha, Spies grita: "la voz que vais a sofocar será más poderosa en el futuro que cuantas palabras pudiera yo decir ahora". Les bajan las capuchas, luego una seña, un ruido, la trampa cede, los cuatro cuerpos caen y se balancean en una danza espantable.

 

Más de 500.000 personas asistieron al cortejo fúnebre.

Los restantes activistas; Fielden, Neebe y Schwab fueron perdonados seis años más tarde por el gobernador del estado de Illinois (donde se encuentra la ciudad de Chicago) John Peter Altgeld, quien publicamente criticó al juez y lo calificó de caricatura de la justicia. Inmediatamente luego de la Masacre de Haymarket, los grandes empresarios y el gobierno comenzaron a sembrar por primera el miedo entre la población estadounidense del peligro que acarreaban los movimientos izquierdistas; una especie de germen del denominado temor rojo que dominaría la política estadounidense durante la mayor parte del siglo XX (años 1900s).

Pronto con la ayuda de campañas difamatorias por parte de los medios de prensa, el anarquismo se volvió sinónimo de lanzamiento de bombas y el socialismo como un movimiento antiamericano. Gracias a los medios de comunicación, en el imaginario de la población, la imagen más común de un anarquista se volvió la de un inmigrante barbudo de Europa del Este con una bomba en una mano y un puñal en la otra. Se clausuraron los periódicos anarquistas, se allanaron los locales obreros, y los encuentros sindicales fueron prohibidos en todo el país.

Gracias a su lucha, muchos sectores patronales aceptaron otorgar la jornada laboral de 8 horas a varios cientos de miles de empleados.

La Federación de Sindicatos Organizados y Uniones Laborales expresó oficialmente con mucha satisfacción:

"Jamás en la historia de este país ha habido un levantamiento tan general entre las masas industriales. El deseo de una disminución de la jornada de trabajo ha impulsado a millones de trabajadores a afiliarse a las organizaciones existentes, cuando hasta ahora habían permanecido indiferentes a la agitación sindical"

Pero recién en 1938 se impuso oficialmente la jornada laboral en todo el país.

En 1889, la Conferencia Internacional de Trabajadores, se reunió en París, Francia; donde se acordó establecer al primero de mayo de cada año como el día de los trabajadores, como jornada homenaje a la lucha y recuerdo de los compañeros, caídos en Chicago.

En la actualidad en la mayoría de los países del mundo se conmemora el Primero de Mayo como día del inicio del Movimiento Obrero. Sin embargo en la mayoría de los países angloparlantes el día del trabajador se celebra en otras fechas. Veamos el caso de algunos países.

Estados Unidos y Canadá

Irónicamente en Estados Unidos que es donde ocurrieron los hechos que dieron origen a esta conmemoración, la celebración es conocida como Labor Day y se conmemora el primer lunes de septiembre; Canadá también lo hace en la misma fecha que Estados Unidos. El presidente Grover Cleveland, fomentó la celebración en el mes de septiembre en lugar de mayo por miedo a reforzar a los movimientos socialistas en el país. Canadá se sumaría en 1894.

A pesar de varios intentos por cambiar la fecha del Día del Trabajador de septiembre al 1 de mayo, nunca se logró. En 1921, luego de la Revolución Rusa de 1917, la organización de Veteranos de Guerras en el Exterior así como otros grupos anticomunistas propusieron declarar al 1 de mayo como Día de la Americanización; convirtiéndose en un evento anual; y que en 1949 fue rebautizado como Día de la Lealtad. En 1958, el Congreso de Estados Unidos de América declaró oficialmente al 1 de mayo como Día de la Lealtad. Ese mismo año, el Presidente Dwight Eisenhower declaró también al 1 de mayo como Día de la Ley.


Gran Bretaña

En Gran Bretaña, desde 1978 el Día del Trabajador se festeja el primer lunes del mes de mayo.

Australia

En Australia cada estado del país decide la fecha de conmemoración del Día del Trabajador. En el Territorio de la Capital, en Nueva Gales del Sur, y en Australia Meridional es el primer lunes de octubre; en Victoria es el segundo lunes de marzo; en Australia Occidental es el primer lunes de marzo; y en Queensland y el Territorio del Norte es el 1 de mayo.

España


En España el 1 de mayo como día de celebración del trabajo fue establecido luego de la muerte de Franco en 1975. Fue celebrado durante el período de la Segunda República (1931-1939), pero fue abolido por el régimen franquista. La primera vez que fue celebrado fue en 1977 cuando el Partido Comunista de España fue legalizado.


México

El Primero de Mayo es una celebración del Día del Trabajo a nivel nacional. También se conmemora la Huelga de 1906 en la Mina Cananea del estado de Sonora.

Venezuela

El Primero de Mayo se celebra en Venezuela desde 1936 como Día del Trabajador, pero entre 1938 y 1945, se realizaba el 24 de julio, por orden del entonces Presidente Eleazar López Contreras. Aunque su sucesor Isaías Medina Angarita lo devolvió al 1 de mayo.

Chile

El Presidente Carlos Ibáñez del Campo decretó al 1 de mayo como fiesta nacional en 1931, en honor a la dignidad de los trabajadores.

Argentina

En Argentina, el Día del Trabajador es feriado nacional. El primer Día del Trabajador conmemorado en Argentina fue en 1890 cuando los sindicatos obreros, controlados por aquel entonces por socialistas y anarquistas, organizaron celebraciones conjuntas en Buenos Aires y otras grandes ciudades del país; simultáneamente con el movimiento obrero internacional que homenajeaba a los caídos en Chicago por primera vez.

En 1930, fue establecido como feriado nacional por el entonces presidente del Partido Radical, Hipólito Yrigoyen.


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