Home

      Comment post English
x

Select your language

EnglishEspañol

La Vuelta de Martín Fierro - Capítulos XXI y XXII


Be the first to like it


<< Volver a capítulos XIX y XX

 
PICARDÍA

XXI

 
856
-Voy a contarles mi historia
(perdónenme tanta charla),
y les diré al principiarla,
aunque es triste hacerlo ansí:
a mi madre la perdí
antes de saber llorarla.

857
Me quedé en el desamparo,
y al hombre que me dió el ser
no lo pude conocer;
ansí, pues, dende chiquito,
volé como el pajarito
en busca de qué comer.

858
O por causa del servicio,
que tanta gente destierra,
o por causa de la guerra,
que es causa bastante seria,
los hijos de la miseria
son muchos en esta tierra.

859
Ansí, por ella empujado,
no sé las cosas que haría,
y aunque con verguenza mía,
debo hacer esta alvertencia:
siendo mi madre Inocencia,
me llamaban Picardía.

860
Me llevó a su lado un hombre
para cuidar las ovejas,
pero todo el día eran quejas
y guascazos a lo loco,
y no me daba tampoco
siquiera unas jergas viejas.

861
Dende la alba hasta la noche,
en el campo me tenía;
cordero que se moría
-mil veces me sucedió-
los caranchos lo comían,
pero lo pagaba yo.

862
De trato tan rigoroso
muy pronto me acobardé;
el bonete me apreté
buscando los mejores fines,
y con unos volantines
me fuí para Santa Fé.

863
El pruebista principal
a enseñarme me tomó,
y ya iba aprendiendo yo
a bailar en la maroma,
mas me hicieron una broma
y aquello me indijustó.

864
Una vez que iba bailando,
porque estaba el calzón roto,
armaron tanto alboroto
que me hicieron perder pie;
de la cuerda me largué
y casi me descogotó.

865
Ansí me encontre de nuevo
sin saber dónde meterme,
y ya pensaba volverme
cuando, por fortuna mía,
me salieron unas tías
que quisieron recogerme.

866
Con aquella parentela,
para mí desconocida,
me acomodé ya en seguida,
y eran muy buenas señoras;
pero las más rezadoras
que he visto en toda mi vida.

867
Con el toque de oración
ya principiaba el rosario;
noche a noche un calendario
tenían ellas que decir,
y a rezar solían venir
muchas de aquel vecindario.

868
Lo que allí me aconteció
siempre lo he de recordar,
pues me empiezo a equivocar
y a cada paso refalo,
como si me entrara el Malo
cuanto me hincaba a rezar.

869
Era como tentación
lo que yo esperimenté,
y jamas olvidaré
cuanto tuve que sufrir,
porque no podia decir
"Artículos de la fe".

870
Tenía al lao una mulata
que era nativa de allí;
se hincaba cerca de mí
como el ángel de la guarda;
¡pícara!, Y era la parda
la que me tentaba ansí.

871
"Rezá", me dijo mi tía,
"Artículos de la fe".
Quise hablar y me atoré;
la dificultá me aflige;
miré a la parda, y ya dije:
"Artículos de Santa fé".

872
Me acomodó el coscorrón
que estaba viendo venir,
yo me quise corregir,
a la mulata miré
y otra vez volví a decir:
"Artículos de Santa fé".

873
Sin dificultá ninguna
rezaba todito el día,
y a la noche no podía
ni con un trabajo inmenso;
es por eso que yo pienso
que alguno me tentaría.

874
Una noche de tormenta
vi a la parda y me entró chucho;
los ojos -me asusté mucho-
eran como refocilo:
al nombrar a San Camilo,
le dije San Camilucho.

875
Esta me da con el pie,
aquella otra con el codo:
¡ah, viejas, por ese modo,
aunque de corazón tierno,
yo las mandaba al infierno
con oraciones y todo!

876
Otra vez, que como siempre
la parda me perseguía,
cuando yo acordé, mis tías
me habían sacao un mechón
al pedir la estirpación
de todas las herejías.

877
Aquella parda maldita
me tenía medio afligido,
y ansí; me había sucedido
que, al decir "Estirpación",
le acomodé "Entripación"
y me cayeron sin ruido.

878
El recuerdo y el dolor
me duraron muchos días;
soñe con las herejías
que andaban por estirpar
y pedía siempre al rezar
la estirpación de mis tías.

879
Y dale siempre rosarios,
noche a noche sin cesar;
dale siempre barajar
salves, trisagios y credos;
me aburrí de esos enriedos
y al fin me mandé mudar.
 
 

XXII

 
880
Anduve como pelota,
y más pobre que una rata:
cuando empecé a ganar plata
se armó no sé que barullo:
yo dije: a tu tierra, grullo,
aunque sea con una pata.

881
Eran duros y bastantes
los años que allá pasaron;
con lo que ellos me enseñaron
formaba mi capital;
cuanto vine, me enrolaron
en la Guardia Nacional.

882
Me habia ejercitao al naipe,
el juego era mi carrera;
hice alianza verdadera
y arreglé una trapisonda
con el dueño de una fonda
que entraba en la peladera.

883
Me ocupaba con esmero
en floriar una baraja;
el la guardaba en la caja
en paquetes, como nueva;
y la media arroba lleva
quien conoce la ventaja.

884
Comete un error inmenso
quien de la suerte presuma;
otro mas hábil lo fuma,
en un dos por tres lo pela,
y lo larga que no vuela,
porque le falta una pluma.

885
Con un socio que lo entiende
se arman partidas muy güenas;
queda allí la plata ajena,
quedan prendas y botones:
siempre cain a esas riuniones
zonzos con las manos llenas.

886
Hay muchas trampas legales,
recursos del jugador;
no cualquiera es sabedor
a lo que un naipe se presta:
con una cincha bien puesta
se la pega uno al mejor.

887
Deja a veces ver la boca,
haciendo el que se descuida;
juega el otro hasta la vida
y es siguro que se ensarta,
porque uno muestra una carta
y tiene otra prevenida.

888
Al monte, las precauciones
no han de olvidarse jamás;
debe afirmarse además
los dedos para el trabajo,
y buscar asiento bajo
que le dé la luz de atrás.

889
Pa tallar, tome la luz;
dé la sombra al alversario;
acomódese al contrario
en todo juego cartiao:
tener ojo ejercitao
es siempre muy necesario.

890
El contrario abre los suyos,
pero nada ve el que es ciego:
dandole soga, muy luego
se deja pescar el tonto;
todo chapetón cre pronto
que sabe mucho en el juego.

891
Hay hombres muy inocentes
y que a las carpetas van;
cuando azariados están
-les pasa infinitas veces-
pierden en puertas y en treses,
y dándoles mamarán.

892
El que no sabe no gana
aunque ruegue a Santa Rita;
en la carpeta a un mulita
se le conoce al sentarse,
y conmigo era matarse:
no podían ni a la manchita.

893
En el nueve y otros juegos
llevo ventaja y no poca,
y siempre que dar me toca
el mal no tiene remedio,
porque sé sacar del medio
y sentar la de la boca.

894
En el truco, al más pintao
solía ponerlo en apuro;
cuando aventajar procuro,
sé tener, como fajadas,
tiro a tiro el as de espadas,
o flor, o envite siguro.

895
Yo sé defender mi plata
y lo hago como el primero:
el que ha de jugar dinero
preciso es que no se atonte;
si se armaba una de monte,
tomaba parte el fondero.

896
Un pastel, como un paquete,
se llevarlo con limpieza;
dende quc a salir empiezan
no hay carta que no recuerde;
sé cuál se gana o se pierde
en cuanto cain en la mesa.

897
También por estas jugadas
suele uno verse en aprietos;
mas yo no me comprometo
porque sé hacerlo con arte,
y aunque les corra el descarte
no se descubre el secreto.

898
Si me llamaban al dao,
nunca me solía faltar
un cargado que largar,
un cruzao para el mas vivo,
y hasta atracarles un chivo
sin dejarlos maliciar.

899
Cargaba bien una taba,
porque la sé manejar;
no era manco en el billar,
y por fin de lo que esplico,
digo que hasta con pichicos
era capaz de jugar.

900
Es un vicio de mal fin
el de jugar, no lo niego;
todo el que vive del juego
anda a la pesca de un bobo,
y es sabido que es un robo
ponerse a jugarle a un ciego.

901
Y esto digo claramente
porque he dejao de jugar;
y le puedo asigurar,
como que fuí del oficio:
más cuesta aprender un vicio
que aprender a trabajar.
 
Continúa en capítulos XXIII y XXIV >>


Be the first to like it

Share
Related Articles

Suggested posts
Follow Youbioit