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Bebidas gaseosas - Año 1767

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Bebidas gaseosas - Año 1767

 

Fotos en el album: 58

 

A través de toda la historia, ya se conocía la existencia de aguas carbonatadas naturales provenientes de fuentes volcánicas, las cuales eran muy apreciadas por sus propiedades terapéuticas únicas. Su carácter efervescente o burbujeante, hacía que además de atractivas fueran consideradas como tónicos naturales. Gracias a sus efectos relajantes para el estómago, se la solía prescribir como tratamiento contra la indigestión o dispepsia, ya que además, no presentaba efectos secundarios como otros medicamentos. El único problema era que su extracción y transporte desde los manantiales de origen eran muy costosos.

Ya en el siglo XVII (años 1600s), se comercializaban bebidas refrescantes no carbonatadas, que principalmente se trataban de mezclas de aguas con jugos cítricos como el limón y que eran endulzadas con miel. En 1676 la Compañía de Limonadas de París obtuvo una licencia que le permitió monopolizar el mercado de bebidas refrescantes a base de limón. Los vendedores solían cargar tanques con esta limonada en sus espaldas y repartirla por las calles de París a transeúntes sedientos.

Pero aún no existían las bebidas refrescantes carbonatadas y fue recién en 1767 que el británico Joseph Priestley descubrió un método para infusionar agua con dióxido de carbono (CO2), cuando colocó un recipiente con agua destilada por encima de otro con cerveza en fermentación en una cervecería de la ciudad de Leeds. El dióxido de carbono desprendido de la levadura, se disolvía en el agua destilada que se encontraba por encima. El resultado obtenido era un agua levemente carbonatada, pero aún así fue suficiente como para saber que era posible carbonatar agua. En la esquina superior izquierda de la imagen se muestra un ejemplo del experimento realizado por Priestley. Su invento del agua carbonatada, es el principal componente distintivo de las bebidas refrescantes gaseosas. En 1772 publicó un libro titulado Impregnando agua con aire fijo,

El británico John Mervin Nooth perfeccionó la técnica de Priestley, al desarrollar un aparato que gasificaba al agua, el cual fue vendido a farmacias para usos comerciales. En la misma década de los años 1770s, el farmacéutico oriundo de la ciudad de Manchester, Thomas Henry, fue el primero en vender esta agua carbonatada con fines medicinales.

En 1783, el alemán Johann Jacob Schweppe, desarolló un proceso similar al de Prestley para fabricar agua artificialmente carbonatada y fundó la Compañía Schweppes en Ginebra, Suiza. En 1792 se mudó a Londres pero su bebida no tuvo demasiada aceptación y terminó vendiendo su empresa en 1799, aunque mantuvo su nombre, con el que esta bebida carbonatada es aún conocida hoy. Luego, a partir de principios del siglo XIX (años 1800s), la bebida Schweppes fue adquiriendo gradualmente una gran popularidad y hacia 1843 comercializaba agua mineral proveniente del manantial de Malvern Hills (Sierras de Malvern ubicadas en la región británica de los Midlands) y se convirtió en el proveedor oficial de agua mineral de la Familia Real Británica.
 
Pronto, hacia principios del siglo XIX (años 1800s), comenzaron a saborizarse las aguas carbonatadas al ser mezcladas con jugos naturales y especias. La primera referencia sobre cerveza de jengibre carbonatada es del año 1809.

En 1813, el británico Charles Plinth inventó una especie de envase sifón que permitía servir al agua carbonatada o soda como también se la conocía, de una manera más fácil. En 1829 dos joyeros parisinos, llamados Deleuze y Dutillet inventaron un sifón algo más avanzado, el cual pemitía salir al líquido mediante la presión interna del envase que era superior a la del entorno exterior. El sifón moderno utilizado para aguas carbonatadas, como lo conocemos en la actualidad, recién fue desarrollado en el año 1837 por el francés Antoine Perpigna.

En 1832 el inventor británico, John Mathews, creó un aparato que permitía carbonatar artificialmente grandes cantidades de agua, suficiente como para poder ser vendida masivamente en farmacias u otros comercios. Se trataba de la fuente de sodas y consistía en una cámara con plomo, ácido sulfúrico y mármol pulverizado (carbonato de calcio) que al estar mezclados producían dióxido de carbono (CO2) gaseoso. El gas era enviado a un tanque de agua fría donde se lo agitaba por unos treinta minutos para disolver el gas. El líquido viajaba a través de un tubo y salía por un grifo. Esta máquina de fuentes de soda catapultó las ventas de bebidas carbonatadas o gaseosas. Hacia el año 1836, solamente en la ciudad de Nueva York habían una 680 fuentes de soda.

Hacia mediados del siglo XIX, los oficiales británicos establecidos en las colonias del sur de Asia, para prevenir el contagio de malaria, consumían quinina, un polvo alcalino muy amargo y difícil de tragar. Para hacer más fácil su consumo, comenzaron a mezclarlo con soda (agua carbonatada) y azúcar, creando así, sin quererlo, agua tónica. En 1858 se empezó a producir agua tónica en forma comercial.

En 1875 ya habían fuentes de soda expendedoras de gaseosas saborizadas en casi todas las ciudades estadounidenses y hacia los años 1890s ya se estaban popularizando en vario spaíses. Las primeras ciudades europeas en adoptar el consumo de sodas saborizadas fueron Londres y París y al poco tiempo ya tenían un gran éxito.

Rápidamente se fue generando una gran competencia, no solo entre farmacéuticos que vendían estas bebidas gaseosas, sino que entre dueños de bares que buscaban crear la bebida gaseosa más deliciosa y al mejor precio.
 
Pero en 1886 ocurriría algo que marcaría un antes y después en la historia, no solo de las bebidas gaseosas sino que también de las bebidas en general, así como de los hábitos de consumo de las personas a nivel mundial. Ese año, en la ciudad de Atlanta, Georgia, ubicada en la región sudeste de Estados Unidos, un farmacéutico llamado John Pemberton logró crear un líquido de color caramelo y sabor dulce que luego llevó hasta la farmacia Jacobs’, la cual se encontraba a unos metros de su casa, donde se la combinó con agua carbonatada y se la dieron a probar a varios clientes, quienes en gran parte encontraron algo distinto en esta nueva bebida gaseosa. Desde entonces, esta bebida gaseosa comenzó a ser vendida en la ya mencionada farmacia Jacobs’ a un precio de cinco centavos por vaso. El contador de Pemberton, Frank Robinson, le sugirió bautizar a la bebida con el nombre de Coca Cola. Durante el primer año se vendían en promedio nueve vasos de Coca Cola por día.

Entre 1888 y 1891 el empresario local, Asa Griggs Candler, obtuvo los derechos de comercialización de Coca Cola por un valor de 2.300 dólares; fue él el encargado de popularizar esta gaseosa mediante el uso de campañas publicitarias agresivas. Hacia 1895, Candler tenía plantas de producción en Chicago, Dallas y Los Angeles.

En 1894, un comerciante de Mississippi, llamado Joseph A. Biedenharn, empezó a ofrecer la bebida en botellas y viendo la gran aceptación que tuvo entre el público, le envió 12 muestras a Candler, pero éste prefirió continuar con la metodología de venderla en vasos en fuentes de soda. Fue recién en 1899 que comenzó a comercializarse masivamente en botellas rectas, similares a las de tónicos medicinales que se vendían en farmacias. Recién en 1916 su botella obtuvo la forma de silueta con la que identificamos hoy a Coca Cola.

Durante los primeros años del siglo XX (años 1900s), se fue popularizando su consumo en distintas partes del mundo, hacia 1900 habían dos embotelladoras de Coca Cola. En 1906 Canadá, Cuba y Panamá se convirtieron en los primeros países fuera de Estados Unidos en embotellar esta bebida. Para 1930 ya habían embotelladoras en 27 países del mundo y hacia 1959 se consumía en más de 100 países (cabe aclarar que tras la Revolución Cubana, Coca Cola quedó prohibida en la isla).

Hoy la gaseosa de Coca Cola se puede conseguir en casi todos los países del mundo y se consumen más de 500 millones de litros diarios, la empresa tiene un valor cercano a los 90.000 millones de dólares y ganancias anuales de más de 46.000 millones de dólares, siendo una de las empresas más grandes del planeta.

Es impresionante ver cómo un invento que comenzó tímidamente en 1767 se convirtió, con el paso de los años, de la mano de distintas empresas productoras de diversas gaseosas, en uno de los negocios más rentables de la historia.

Sin embargo, no todo fue tan bueno y provechoso, ya que las bebidas gaseosas también han contribuido en el incremento de la obesidad entre la población mundial, por su alto contenido en azúcares. A causa de esto último, gracias a campañas de concientización, por primera vez en su historia, durante los últimos años se han registrado caídas importantes en ventas de bebidas gaseosas.

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