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Fidel Castro en 1938

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Fidel Castro en 1938

 

Fotos en el album: 127

 

Foto carné del Colegio Dolores de Santiago de Cuba donde Fidel Castro ingresó en enero de 1938. En la fotografía tiene 11 años de edad.

Cuando Fidel convenció a sus padres de que lo enviaran de vuelta a estudiar, finalmente viajó junto a su padre a Santiago de Cuba, ya que debía visitar a su amigo Fidel Pino Santos, quien por aquel tiempo estaba en plena campaña para ser representante por el partido del gobierno. Además, el 19 de diciembre de 1937 había muerto su esposa, Exuperancia Martínez Gandol, por lo que Ángel aprovechó para darle sus condolencias.

A Fidel lo inscribieron en el Colegio Dolores de Santiago de Cuba (de orden jesuita), pero en lugar de hacerlo como interno, lo matricularon como alumno externo, o sea que no dormiría en la escuela. Fue así que lo enviaron a vivir a la casa de Martín Mazorra, un comerciante español dueño de una tienda de ropa en Santiago de Cuba llamada La Muñeca. Se trataba de un amigo con quien Ángel tenía relaciones comerciales y además le compraban ropa.

Ángela fue junto a Fidel a vivir a la casa de los Mazorra, dado que ella cursaba ya el bachillerato en la ciudad de Santiago de Cuba. Ramón se quedó en Birán y a Raúl lo enviaron a una escuela cívico-militar de aquellas que fueron creadas por Fulgencio Batista, que por aquel tiempo era Coronel-Jefe del Ejército de Cuba.

El Colegio Dolores tenía una mayor jerarquía social que el La Salle (en lo que respecta al poder adquisitivo de las familias de sus alumnos) y existía discriminación racial, algo que en el La Salle no había. Por otro lado, era un colegio académicamente más exigente y riguroso, por lo que Fidel se tuvo que adaptar a esta nueva escuela, especialmente desde el punto de vista de los estudios.
 
A diferencia de la casa de los Feliú, en la casa de los Mazorra a donde fueron a vivir Ángela y Fidel en 1938, no había un interés por lucrar con ellos, si bien Ángel pagaba por su manutención allí, lo hacían más bien como un favor por la amistad que los unía con los Castro.

En la casa había tres hijos, uno de ellos del primer matrimonio de Martín Mazorra. Martín era un hombre bajo, menudo y trabajador. Su mujer era mulata oriunda de Santiago de Cuba, bonita y más alta que él. Uno de sus hijos estudiaba para piloto civil en Estados Unidos. También estaba la hija de los Mazorra, Rizet, por quien Fidel sentía en secreto un amor platónico. Ella era de tez trigueña y muy bonita, cursaba el tercer año del bachillerato y claramente era mayor que Fidel.

Allí no la pasaron mal, de hecho no pasaron hambre ya que comían lo mismo que comía el resto de la familia, además dormían bien y no los trataban mal. A pesar de estar en una muy buena posición económica, se trataba de gente con un origen humilde y que había progresado a través del trabajo.

En la casa de los Mazorra, Fidel vivió aproximadamente un año. A pesar que lo trataban muy bien allí, él pensaba que hubiera sido mejor entrar como alumno interno, aunque esto era mejor que nada y mucho mejor que lo experimentado entre mayo de 1933 y enero de 1936. El Colegio Dolores no estaba muy lejos de la casa.

Si bien sus calificaciones no eran malas en el Colegio Dolores, tampoco eran óptimas. La familia Mazorra quería ingresar en los círculos de gente aristocrática y como la economía del país estaba mejorando, planeaban construir una casa en Vista Alegre, el barrio de los ricos en Santiago de Cuba. Entonces, el hecho de que Fidel estuviera estudiando en el Colegio Dolores era una oportunidad para ellos de relacionarse con familias que enviaban a sus hijos allí. Por lo tanto, le exigían que sacara las mejores calificaciones, ya que su pupilo debía destacarse entre los demás alumnos del colegio.

El trato era así: Si Fidel sacaba buenas notas le daban 20 centavos para sus gastos (10 para el cine, 5 para un sándwich o un helado y 5 para comprar El Gorrión, una revista infantil de origen argentino). Si no obtenía las mejores notas, no le daban sus 20 centavos.

Esta situación obligó a Fidel a hacerle trampa a la Sra. de Mazorra. Todas las semanas en la escuela le entregaban una libreta con las calificaciones que debía devolver firmada por sus padres o tutores legales, en este caso los Mazorra. Un día dijo en la escuela que había perdido la libreta y le dieron una nueva que firmaba él, mientras que en la vieja libreta Fidel ponía notas tan altas como falsas y se las daba para que la firmaran.

Al final del año, la Sra. de Mazorra, por esas notas excelentes creía que tenía a un genio viviendo en su casa y de que recibiría todos los honores al finalizar el curso. Sin embargo, a pesar de que las notas de Fidel no eran malas, tampoco eran las mejores, y no había podido inventar una historia para el día del acto final de la escuela, momento en que premiarían a los mejores alumnos del colegio.

Llegado el día del acto de fin de curso, los aproximadamente 200 alumnos de la institución estaban con uniformes y sus familias debían ir de gala. Un vestido negro y largo fue lo que se puso la Sra. Mazorra para la ocasión, después de todo su pupilo iba a recibir todos los honores -o al menos eso es lo que ella pensaba- y debía exhibirse ante todas esas familias aristocráticas.

La solemne clausura consistió en un rico programa cultural, música, espectáculos y la entrega de premios a los mejores alumnos, entre los que no se encontraba, claro está, Fidel Castro. Comenzaron a llamar grado por grado a los mejores alumnos, y cuando tocó el turno del quinto grado llamaron a Enrique Peralta, uno de sus compañeros. Los Mazorra veían la situación asombrados. ¿Cómo es que su brillante huésped no había sido premiado? Fidel incluso realizó una gran actuación en la que se mostraba sorprendido. Ni siquiera obtuvo premios secundarios especiales por asignaturas particulares, ¡nada! Apenas algunas menciones menores, pero nada importante.

Fue ante la mirada de asombro de los Mazorra que veían que su pequeño genio no había sido premiado en nada, cuando a Fidel se le ocurrió decir: "¡Ahora me explico todo! Es que como llegué en el segundo  trimestre, en promedio me faltan los puntos del primer trimestre. A pesar de haber tenido unas notas excelentes, me falta un trimestre completo y por eso yo no tengo premios". A pesar de que lo que Fidel decía no tenía ninguna lógica matemática como para influir en su promedio de calificaciones, ellos no se detuvieron a pensarlo e inmediatamente creyeron su explicación y salieron conformes de allí, y Fidel bastante aliviado.

Un dato interesante para agregar es que antes de matricularse en el Colegio Dolores, el mismo 11 de enero de 1938, al salir de Birán hacia Santiago de Cuba, pasaron por el Registro Civil del municipio de Cueto, en cuya jurisdicción estaba Birán, para anotar a Fidel legalmente con el nombre de Fidel Casiano Ruz González, en el Folio N° 258, Tomo N° 10.

Algunos datos a destacar: El hecho de que esté anotado bajo los apellidos maternos Ruz González y no su apellido paterno Castro, es porque sus padres no se habían casado aún y recién contraerían matrimonio el 26 de abril de 1943, dado que el divorcio de Ángel Castro con María Luisa Argota tardó unos años en conseguirse y hasta que no estuvieran legalmente casados se dificultaba su inscripción bajo el apellido Castro.

Otro dato interesante es que su segundo nombre no figura ni como Hipólito -que era el segundo nombre que le pusieron en su bautismo de apuro, el 19 de enero de 1935- ni como Alejandro -que es el segundo nombre con que se lo conoce legalmente desde mayo de 1941-. Es muy probable que Lina le haya puesto de segundo nombre Casiano por el día de nacimiento de Fidel, el 13 de agosto, fecha que coincide con el día de celebración de San Casiano. Sin embargo, es necesario aclarar que el día de San Hipólito también se celebra en esa misma fecha, razón por la cual, muy probablemente Emerenciana Feliú y Luis Hibbert hayan elegido Hipólito como segundo nombre del niño al momento de bautizarlo.

Llegado el verano de 1938, Ángela estaba estudiando con una maestra particular que la preparaba para ingresar a un bachillerato. Fidel recién había terminado quinto grado y como no tenía muchas otras cosas para hacer en aquellos días que aún estaba en Santiago, en la casa de los Mazorra, él también asistía a las clases que le daban a su hermana. La profesora, Emiliana Danger, se había encariñado con Fidel, y lo hacía participar, le hacía las mismas preguntas que a Ángela y él ya las respondía bien. Entonces la maestra se entusiasmó y le propuso prepararlo para el examen de ingreso al primer año del bachillerato en 1939 (con 13 años de edad), en lugar de 1940 cuando ya iba a tener 14 (recordemos que había perdido dos años a causa de su estadía en la casa de los Feliú, pero que había recuperado un año al saltearse el cuarto grado en 1937). De esta manera, podría llegar a saltearse en 1939 el séptimo grado y así ingresar directamente a primer año del bachillerato y así cursar el año escolar correspondiente a su edad.

Sin embargo, el plan de la maestra no se cumplió porque en septiembre de 1938, Fidel comenzó a sentir unas leves molestias, y como por aquellos tiempos todo el mundo le tenía miedo a los ataques de apendicitis, se le diagnosticó inmediatamente que preventivamente había que intervenirlo quirúrgicamente, quizás sin necesidad, pero en aquellos tiempos la medicina no estaba tan avanzada como ahora. De esta manera, fue internado en la Colonia Española, una clínica mutualista en Santiago de Cuba. Allí lo operaron y luego tuvo que guardar reposo por una semana. Al séptimo día lo levantaron, aunque por caminar y moverse a los pocos días se le comenzó a irritar la zona de la operación y a continuación se le infectó y abrió completamente. Si bien, la infección era peligrosa, afortunadamente no llegó al interior, pero aún así se vio obligado a permanecer internado en el hospital por tres meses hasta que se curara por completo la infección bajo supervisión médica.

Fue así que durante esos tres meses perdió nuevamente un tiempo valioso de sus estudios, razón por la cual el plan de la profesora Emiliana Danger de ayudarlo a saltearse el séptimo grado al año siguiente se imposibilitaría.

Durante esos tres meses que permaneció en el hospital, Fidel pasaba su tiempo leyendo libros e historietas, investigando y experimentando (por ejemplo, a raíz de su operación se le dio por comenzar a jugar al cirujano y "operar" lagartijas, abrirlas y al morirse observaba cómo las hormigas se percataban de su cadáver y entre cientos de ellas cargaban y se llevaban sus cuerpos). Además se dedicó a hacer sociales con los internos, por lo que, excepto a los que estaban en la sala de infecciosos, visitaba diariamente a todos los que estaban allí, mujeres, hombres, niños, jóvenes, viejos. Serían más de 100 personas a las que visitaba siempre y con las que hablaba un buen rato, la gente de allí se había encariñado mucho con el niño de ya 12 años que había hecho amistad con todos, por su parte la monjas del hospital lo dejaban pasear por las salas (salvo la de infecciosos lógicamente) porque era como una especie de mascota del hospital. Así pasaron todos sus días en aquella clínica donde tuvo que permanecer, por una mala decisión quirúrgica, durante tres meses.

No lo visitaban tanto al hospital porque su madre hacía poco había dado a luz a Agustina, el 28 de agosto de 1938, y sus padres no se podían ir lejos de Birán por unos meses. Por lo tanto iba de vez en cuando a cuidarlo su hermano Ramón, pero igualmente él también debía asistir a clases, así que Fidel pasó la mayor parte del tiempo solo y socializando con los internos del hospital.

Fuentes de información:

  • Fidel Castro Ruz GUERRILLERO DEL TIEMPO - Escrito por Katiuska Blanco Castiñeira
  • La Cuba de Castro y después. Entre la historia y la biografía - Marcos Antonio Ramos
  • Diario para Uchiram: (Cuba, 1962-1969) - Por Julia Miranda. Publicado en 2008. Editorial Verbum
  • Cronologías de Fidel Castro
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