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Fidel Castro arrestado tras una protesta en Cienfuegos el 12 de noviembre de 1950

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Fidel Castro arrestado tras una protesta en Cienfuegos el 12 de noviembre de 1950

 

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El 12 de noviembre de 1950, Fidel Castro y el dirigente estudiantil de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), Enrique Benavides Santos (delegado de la Escuela de Derecho), fueron invitados por los alumnos del Instituto de Segunda Enseñanza de la ciudad de Cienfuegos a participar y hablar en un acto de protesta realizado en contra del Ministro de Educación Aureliano Sánchez Arango para apoyar a los estudiantes y dirigentes del Instituto de Segunda Enseñanza de Cienfuegos que habían sido expulsados.

Los estudiantes de Cienfuegos habían convocados a una manifestación frente al Instituto, y para ello solicitaron y obtuvieron un permiso de la Alcaldía Municipal. Sin embargo, en horas de la tarde, la Policía les informó que no podrían realizar la protesta. Fidel Castro y otros dirigentes de la FEU que habían llegado a Cienfuegos, fueron a hablar con el jefe de la Policía, capitán Manuel Pérez Borroto Marrero, para decirle que tenían el permiso de realizar la protesta, pero él les mostró un telegrama que había sido enviado por el Ministro de Gobernación con la orden de no permitir la protesta.

A pesar de todo, Fidel Castro decidió desautorizar a la Policía y al Gobierno, así que junto a Enrique Benavides Santos fueron hasta el Ayuntamiento local, instalaron sillas y altoparlantes, y comenzaron a convocar a la gente con dichos altoparlantes para sumarse a la protesta frente al Ayuntamiento. En la manifestación hablaron varios dirigentes estudiantiles.

Ya por la noche, la tensión fue en constante aumento dada la presencia de la Guardia Rural y la Policía Nacional fuera del Ayuntamiento. Poco después, Fidel y Benavides fueron llamados por los jefes de la Policía supuestamente para dialogar acerca de la protesta. Allí los arrestaron de inmediato bajo la acusación de incitar el desorden público a pesar de la disposición del Ministro de Gobernación que había prohibido la realización del mitin y de instar a los estudiantes a que continúen con la lucha en contra de las ordenanzas del Ministro de Educación, Aureliano Sánchez Arango. Fidel y Benavides fueron trasladados a la dependencia de la Calle Santa Elena en Cienfuegos, donde un juez de apellido Grave de Peralta los derivó al Tribunal de la ciudad de Santa Clara. Paralelamente la Policía disolvió el mitin.

Por la madrugada del 13 de noviembre de 1950, llegaron cuatro hombres de la Guardia Rural a la celda donde estaban encerrados Fidel y Benavides con órdenes de trasladarlos. Los jóvenes se resistieron, pero a fuerza de golpes y culatazos lograron sacarlos de la celda, los esposaron y los introdujeron dentro de un automóvil. Supuestamente, la idea era trasladarlos desde Cienfuegos hasta Santa Clara para que sean juzgados en un Tribunal de Urgencia. El viaje era de muchos kilómetros por un camino oscuro y poco transitado, especialmente a esa hora, lo que despertó sospechas en Fidel quien pensaba que los policías habían recibido órdenes de parte de alguien para matarlos.

Luego de aproximadamente veinte minutos de viaje, los policías detuvieron el automóvil en un lugar rodeado de montes en plena oscuridad. Allí intentaron obligarlos a bajar del vehículo. Fidel y Benavides se resistieron a codazos y puntapiés. En medio del forcejeo apareció otro automóvil que hizo señas con las luces y luego se detuvo al lado del vehículo policial donde trasladaban a Fidel y Benavides. Del automóvil descendió el presidente del Ayuntamiento de Cienfuegos que los había seguido a escondidas porque desconfiaba de los policías y temía que les hicieran algo malo a Fidel y Benavides. Al bajar preguntó: "¿Qué sucede con estos muchachos?". Ante la presencia del presidente del Ayuntamiento, los policías se calmaron y prosiguieron el viaje hacia Santa Clara, donde arribaron alrededor de las 4 de la madrugada. Ni bien llegaron, fueron encarcelados en una celda.

Unas horas más tarde, una multitud de estudiantes y gente del pueblo se congregó para realizar una protesta y pedir la inmediata liberación de Fidel y Benavides. Eduardo Chibás también denunció que se trataba de un atropello por parte del Gobierno y exigió la liberación de los dos jóvenes. Ante tanta presión del pueblo, al Gobierno de Carlos Prío Socarrás no le quedó otra que otorgarles la libertad provisional. Aunque se estableció un juicio oral en contra de ambos para el 14 de diciembre de ese mismo año en el Tribunal de Urgencia de Santa Clara.

Al llegar a La Habana, Fidel Castro y Enrique Benavides redoblaron la apuesta y convocaron a una protesta estudiantil nacional para el 27 de noviembre de 1950. Asimismo, el 21 de noviembre de ese mismo año, Fidel escribió una carta abierta que fue publicada en el periódico La Correspondencia de Cienfuegos donde expresaba: "Como quiera que a nuestro entender el pueblo merece una explicación de nuestra parte, deseamos hacerla, en la seguridad de ser complacidos por medio de este respetable órgano de prensa, cuyo imparcial espíritu periodístico todos reconocen, así como la ancha y valiosa puerta con que valientemente da entrada a las más diversas opiniones (...) Los universitarios que acudimos a Cienfuegos, lo hicimos invitados por los compañeros del Instituto para hacer uso de la palabra en un acto que, como nadie ignora, había sido convocado con todos los requisitos legales y cuyo único fin era la justísima protesta contra la actitud despótica con que el Ministro de Educación se ensañara contra los estudiantes". En dicha carta abierta también se dirigió al Jefe de la Policía, capitán Manuel Pérez Borroto para denunciar el maltrato que recibió de su parte al estar detenido: "Quiero decirle por este medio que no nos amedrentó su actitud arbitraria. No hay mérito sino ignominia en ser verdugo del pueblo. Rectifique a tiempo el señor capitán y no siga sembrando el odio entre todos los que sufren su presencia. ¡Nos veremos otra vez ante el Tribunal de Urgencia!".

El 10 de diciembre de 1950, cuatro días antes del juicio, en la revista Carteles publicaron un mensaje escrito por Fidel Castro como respuesta a las acusaciones que hacía en su contra Rolando Masferrer. Fue titulado Una carta de Fidel Castro y decía entre otras cosas: "...acabo de concluir mis estudios en la Universidad, donde he obtenido los títulos de Doctor en Derecho, Licenciado en Derecho Diplomático y Licenciado en Derecho Administrativo en cinco años académicos, sin haber perdido un solo curso, sin haber obtenido jamás un suspenso; con un expediente de estudio que puedo exhibir orgulloso en defensa del concepto a que soy acreedor. Pueden dar sobre ello cabal testimonio ilustres profesores, en los cuales no cabe sospecha de veleidad y de quienes he recibido más de una vez sincera felicitación por mis exámenes. (...) No me arrepentiré jamás de los nobles empeños de mi lucha universitaria sin recibir más pago que lágrimas para mis familiares, peligros para mi vida y heridas para mi honra. Si la deshonra es el castigo de los que claudican, sea, pues, la honra el precio merecido de los que han sabido ser honrados".

El 14 de diciembre de 1950, Fidel Castro y Enrique Benavides viajaron en ferrocarril a Santa Clara para acudir al juicio oral. Llegaron casi al amanercer y de la estación se dirigieron a la casa de Benito Besada, abogado y ex compañero de la Universidad de La Habana, que se encargaría de la defensa.

En la casa de Besada desayunaron y conversaron sobre el caso. Más tarde, Besada fue a la audiencia para averiguar el desarrollo del proceso y diagramar así la estrategia de defensa. Fidel había traído un libro titulado Yo acuso, de Emilio Zola. Cuando Benito Besada regresó de la audiencia en el Tribunal, Fidel se había quedado dormido con dicho libro sobre su pecho. Besada lo despertó y le comentó que si bien había obtenido una impresión algo favorable de parte del fiscal, no era muy optimista ya que se consideraba a los dos jóvenes como unos revoltosos y sería un caso difícil. Fue entonces cuando Fidel decidió asumir él mismo su propia defensa. Fue la primera vez que se defendió solo en una sala tribunal. La próxima vez que se defendería sería tras el Asalto al Cuartel Moncada, el 26 de julio de 1953. Por lo tanto, Besada defendería únicamente a Enrique Benavides.

A las 12:45 llegaron a la audiencia Fidel Castro, Enrique Benavides y Benito Besada. También vinieron estudiantes cienfuegueros para apoyar a los acusados y a lo largo del juicio, la sala se fue llenando de gente que venía a brindar su apoyo. Eran tres los jueces asignados para la Causa 543, Armando Rodríguez Valdés, Isidro Vilches González y Mario Vázquez Martínez.

Primero declaró el jefe de la Policía de Cienfuegos, Manuel Pérez Borroto Marrero, acusando a Fidel y Benavidez de agitadores entre otras cosas. A continuación pasaron todos los testigos hasta que el Presidente del Tribunal, Rodríguez Valdés, dijo que ahora podrían declarar los acusados. Preguntó si tenían abogados, a lo que Benavides respondió que su abogado defensor era Besada. Por su parte, Fidel respondió que él asumiría su propia defensa. 

Fidel Castro vistió una toga durante el juicio. Al pasar al estrado, Fidel como abogado de su propia defensa, solicitó que el capitán Manuel Pérez Borroto pasara para ser interrogado. Luego de un inquisitivo interrogatorio, el acusado y a la vez defensor expresó en un tono pausado aunque también firme: "Muy mal usted representa al pueblo, cuando reprime y asfixia sus derechos legítimos". A pesar de que Pérez Borroto se puso mal, el Tribunal no retiró la palabra a Fidel, quien por un momento olvidó su autodefensa y continuó apasionadamente con una gran descarga de críticas y denuncias en contra del Gobierno de Carlos Prío Socarrás. En su discurso, que en la historia pasaría a ser conocido como el Yo acuso de Fidel Castro, habló acerca de los numerosos actos de corrupción que acumulaba el Gobierno, la violencia ejercida por los grupos gangsteriles, la malversación de fondos y la falta de garantías constitucionales para la ciudadanía.

El público quedó impactado ante la alocución y capacidad de oratoria de Fidel Castro, quien dejó de lado su autodefensa y se enfocó de lleno en acusar al Gobierno. Incluso el Tribunal quedó asombrado ante semejante acontecimiento, ya que nunca nadie allí se había pronunciado de tal forma. Todos escuchaban atentos al joven abogado de Birán. Cuando terminó de declarar para que los jueces deliberaran el veredicto, Fidel se acercó a Benito Besada y le dijo: "No importa la suerte que corramos, Benny, estas verdades había que decirlas".

Dos de los jueces votaron a favor de la absolución de los dos acusados, mientras que uno votó en contra. Por su parte, el fiscal se abstuvo. De esta manera, los magistrados resolvieron absolver a los acusados quienes quedaron libres de cargos.

Al desalojar la sala, todos los presentes festejaron y se acercaron a Fidel y lo felicitaron por su genial autodefensa y su discurso elocuente.

Fuentes de información:

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