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Sueño de una noche de verano obra completa - Parte 2

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Acto III

 

Escena I

Entran los cómicos [FONDÓN, MEMBRILLO, MORROS, HAMBRóN, AJUSTE y FLAUTA].

FONDÓN

¿Estamos todos?

MEMBRILLO

Y a la hora. Este sitio es formidable para ensayar. El césped será la escena; esta mata de espino, el

vestuario, y actuaremos igual que después ante el duque.

FONDÓN

¡Membrillo!

MEMBRILLO

¿Qué quiere mi gran Fondón?

FONDÓN

En esta comedia de Píramo y Tisbe hay cosas que no gustarán. Primera, Píramo desenvaina y se mata: las

damas no pueden soportarlo. ¿Qué me dices?

MORROS

Diantre, es para temerlo.

HAMBRóN

Al final tendremos que quitar las muertes.

FONDÓN

Nada de eso: con mi idea quedará bien. Escribid un prólogo en el que se diga que no haremos daño con

las espadas y que Píramo no muere de verdad; y, para más seguridad, decidles que yo, Píramo, no soy

Píramo, que soy Fondón el tejedor. Esto los tranquilizará.

MEMBRILLO

Bien, escribiremos el prólogo, y en versos de ocho y seis sílabas.

FONDÓN

No, añádeles dos: en versos de ocho y ocho.

MORROS

¿Y el león no asustará a las damas?

HAMBRÓN

Me lo temo, os lo aseguro.

FONDÓN

Señores, tenéis que pensarlo bien. Meter un león entre damas (¡Dios nos libre!) es cosa de espanto, pues

no hay pájaro salvaje más terrible que el león. Habría que llevar cuidado.

MORROS

Pues, nada: otro prólogo diciendo que no es un león.

FONDÓN

Sí, y dando el nombre del actor, y que se le vea media cara por el cuello del león, y que hable él mismo,

diciendo esto o algo de su parecencia: «Damas...», o «Bellas damas, desearía...», o «Yo os rogaría...», o

«Yo os suplicaría que no temáis, que no tembléis: mi vida por la vuestra. Si creéis que vengo aquí como

león, no merezco vivir. No, no soy tal cosa: soy un hombre como otro cualquiera.» Y entonces que diga

su nombre, y les diga claramente que es Ajuste el ebanista.

MEMBRILLO

Muy bien, se hará. Quedan dos dificultades: una es meter la luz de la luna en el salón. Ya sabéis que

Píramo y Tisbe se encuentran a la luz de la luna.

MORROS

¿Habrá luna la noche de la función?

FONDÓN

¡Un calendario, un calendario! Míralo en el almanaque. Mira cuándo hay luna, cuándo hay luna.

MEMBRILLO

Sí, esa noche hay luna.

FoNDóN

Entonces se puede dejar abierta una hoja de la ventana del salón donde actuaremos, y la luz de la luna

podrá entrar por la ventana.

MEMBRILLO

Eso o, si no, que entre alguno con un manojo de espinos y una lámpara diciendo que viene a empersonar

o representar la luz de la luna. La otra cosa que necesitamos es un muro en el salón, pues, según la

historia, Píramo y Tisbe se hablaron por la grieta de un muro.

MORROS

Un muro no se puede meter. ¿Tú qué dices, Fondón?

FONDÓN

Pues que alguien tendrá que hacer de muro. Que venga con yeso, argamasa o revoque para indicar que es

un muro. O que ponga los dedos así y por este hueco pueden musitar Píramo y Tisbe .

MEMBRILLO

Si puede hacerse, todo irá bien. Vamos, todo hijo de vecino a sentarse y ensayar su papel. Píramo, tú

empiezas. Al acabar tu recitado, te metes en ese matorral. Y así los demás, según os toque.

Entra ROBÍN [invisible].

ROBÍN

¿Qué están voceando estos rústicos de estopa aquí, junto a la cuna de nuestra Hada Reina? ¡Cómo!

¿Alguna comedia? Seré espectador; y tal vez actor, si se presenta el caso.

MEMBRILLO

Habla, Píramo. Tisbe, acércate.

FONDÓN

«Tisbe, encierran las flores sabor ojeroso.»

MEMBRILLO

¡Oloroso!

FONDÓN

sabor oloroso.

Igual es tu aliento, mi Tisbe querida.

Mas, oye. ¡Una voz! Aguarda un instante,

que Píramo vuelve contigo en seguida.»

Sale.

ROBÍN

Píramo más raro jamás se vería.

[Sale.]

FLAUTA

¿Me toca a mí ahora?

MEMBRILLO,

Sí, sí, claro. Date cuenta que él ha salido a ver qué era ese ruido, y tiene que volver.

FLAUTA

«Ah, Píramo radiante, del color de los lirios,

de tez cual rosas rojas en triunfante rosal,

juvenil, rozagante, el más bello judío,

caballo fiel que nunca se podría fatigar.

Píramo, nos veremos en la tumba del niño.»

MEMBRILLO

¡Tumba «de Nino», tú! Pero eso no lo digas todavía: es tu respuesta a Píramo. Tú recitas tu papel de un

tirón, con réplicas y todo. ¡Píramo, entra! Se te ha pasado el pie, que es: «se podría fatigar».

FLAUTA

¡Ah! - «Caballo fiel que nunca se podría fatigar.»

Entran [ROBÍN y] FONDÓN con cabeza de asno.

FONDÓN

«Si fuera hermoso, hermosa Tisbe, tuyo sería.»

MEMBRILLO

¡Portentoso! ¡Pasmoso! ¡Nos han embrujado! ¡Amigos, huid, amigos! ¡Socorro!

Salen todos los cómicos.

ROBÍN

Voy a seguiros. Os haré dar rodeos

por ciénaga, mata, espino y chaparro.

Caballo unas veces, otras seré perro,

oso sin cabeza, cerdo y fuego fatuo

que relinche, ladre, ruja, gruña y arda

cual caballo, perro, oso, cerdo y llama.

Sale.

[Entra FONDÓN.]

FONDÓN

¿Por qué huyen? Esto es una maña para meterme miedo.

Entra MORROS.

MORROS

¡Fondón, te han cambiado! ¿Qué veo sobre tus hombros?

FONDÓN

¿Que qué ves? Pues tu cara de burro, ¿a que sí?

[Sale MORROS.]

Entra MEMBRILLO.

MEMBRILLO

¡Dios te valga, Fondón! ¡Te han transformado!

Sale.

FONDÓN

Ahora veo la maña. Me quieren volver un burro, asustarme, si es que pueden. Yo de aquí no me muevo, por

más que lo intenten. Pasearé de acá para allá, y cantaré para que vean que no tengo miedo:

[Canta] El mirlo de negro color

y azafranado pico,

el tordo con su justo son,

del reyezuelo el trino.

TITANIA [despertándose]

¿Qué ángel me despierta de mi lecho de flores?

FONDÓN [canta]

Jilguero, alondra y pardal,

la llana voz del cuco,

que todos suelen escuchar,

mas responder, nin guno.

¡Claro! ¿Para qué medir tu seso con un pájaro tan tonto? ¿Quién va a desmentir a un pájaro, por más que

grite «cu-cú»?

TITANIA

Te lo ruego, buen mortal, canta otra vez;

tu canto enamora mis oídos.

A mis ojos los ha cautivado tu figura,

el poder de t u excelencia me ha inflamado

y te juro que con verte ya te amo.

FONDÓN

Señora, creo que os falta alguna razón para decir eso. Bueno, la verdad es que en estos tiempos amor y

razón no hacen buenas migas. ¡Lástima que algunas buenas gentes no quieran hermanarlos! Vaya, si se

tercia tengo gracia.

TITANIA

Tú eres tan listo como hermoso.

FONDÓN

Bueno, eso no; aunque si fuese tan listo como para salir de este bosque, ya me bastaría.

TITANIA

Fuera de este bosque no quieras salir;

te guste o disguste, seguirás aquí.

Espíritu soy de alta condición,

el grato verano es mi servidor

y a ti yo te amo, conque ven conmigo:

voy a darte hadas para tu servicio

que del hondo mar han de traerte joyas

y arrullarte mientras duermes sobre rosas.

De materia corpórea voy a liberarte,

y andarás como un espíritu del aire.

¡Flordeguisante, Telaraña, Polilla, Mostaza!

Entran cuatro hadas.

[FLORDEGUISANTE]

Presente.

[TELARAÑA]

Y yo.

[POLILLA]

Y yo.

[MOSTAZA]

Y yo.

TODAS

¿Adónde vamos?

TITANIA

Sed corteses y amables con el caballero.

Brincad a su paso, ante él dad vueltas,

y que coma albaricoques y frambruesas,

purpúreas uvas, higos verdes, moras.

Sacad de abejorros la miel de su bolsa;

cortando sus céreas patas haced velas

que encenderéis con los ojos de luciérnagas

y, cuando duerma mi amor, le harán de antorchas.

Y arrancad las alas a las mariposas

por aventar de sus párpados cerrados

los rayos de luna. Hadas, inclinaos.

FLORDEGUISANTE

¡Salud, mortal!

TELARAÑA

¡Salud!

POLILLA

¡Salud!

MOSTAZA

¡Salud!

FONDÓN

Pido mil perdones a vuestras mercedes. Vos, ¿cómo os llamáis?

TELARAÑA

Telaraña.

FONDÓN

Señora Telaraña, espero que seamos amigos. Si me corto el dedo, me permitiré utilizaros. - ¿Cómo se

llama vuestra merced?

FLORDEGUISANTE

Flordeguisante.

FONDÓN

Os lo ruego, saludad de mi parte a la Señora Vaina, vuestra madre, y al Señor Guisante, vuestro padre.

Mi buena señora, espero que seamos amigos. - ¿Queréis decirme vuestro nombre?

MOSTAZA

Mostaza.

FONDÓN

Señora Mostaza, conozco bien vuestro sufrimiento. Ese cobarde gigantón de buey ha devorado a muchas

parientes vuestras. Os aseguro que vuestra familia me ha hecho llorar muchas veces. Señora Mostaza,

espero que seamos amigos.

TITANIA

Vamos, servidle. Llevadle a mi floresta.

La luna nos mira con ojos de llanto

y lloran las flores cuando llora ella,

como lamentando algún pudor forzado.

Atadle la lengua. Llevadle callado.

Salen.

 

Escena II

 

Entra [OBERÓN,] rey de las hadas.

OBERÓN

¿Se habrá despertado Titania?

¿Qué habrá sido lo primero que encontró su vista

de lo cual debe prendarse ciegamente?

Entra ROBÍN.

Aquí está mi mensajero. ¿Qué hay, espíritu loco?

¿Qué desorden anda suelto en la floresta?

ROBÍN

Que de un monstruo se ha prendado nuestra reina.

Muy cerca de su oculta y sacra enramada,

mientras sumida en el sueño reposaba,

una tropa de palurdos artesanos,

que en puestos de Atenas hacen su trabajo,

se ha reunido para ensayar una obra

que al duque Teseo brindan en sus bodas.

El peor zopenco de esta gente necia,

el que hace de Píramo en esa comedia,

salió de la escena y se metió en las matas,

conque aproveché esa circunstancia

y le encasqueté una cabeza de burro.

En cuanto su Tisbe concluyó su turno,

mi cómico entró. No más lo avistaron,

cual de un cazador que vieran los patos

o como bandada de parduzcas chovas

que chillan y vuelan al oír la pólvora,

como locas dispersándose en el cielo,

sus buenos amigos al verle así huyeron,

y ante mis pisadas uno rodó en tierra,

gritó «¡A mí! » y pidió socorro a Atenas.

El pánico es tanto que el juicio les falla

y aun lo inanimado creen que les ataca,

pues zarzas y espinos arrebatan gorros,

mangas, ropas (fácil presa es el miedoso).

En su loco horror los sigo ahuyentando

y allí al dulce Píramo dejo transformado.

En ese momento Titania despierta

e inmediatamente del burro se prenda.

OBERÓN

Esto desbarata mi plan y propósito.

¿Y le has apresado al de Atenas los ojos

con el jugo de amor, como te mandé?

ROBÍN

También hice eso. Durmiendo le hallé;

la moza ateniense a su lado estaba:

la vería por fuerza cuando despertara.

Entran DEMETRIO y HERMIA.

OBERÓN

Escóndete aquí, que éste es el joven.

ROBÍN

Ésta es la mujer, pero él no es el hombre.

DEMETRIO

¿Cómo es que rechazas al que así te quiere?

Vitupera así a quien más detestes.

HERMIA

Debería o diarte la que ahora te riñe:

me has dado motivo para maldecirte.

Si, mientras dormía, a Lisandro has muerto,

ya metido en sangre, báñate de lleno

y mátame también.

Jamás con el día fue tan fiel el sol

como él conmigo. ¿Que se escabulló

durante mi sueño? No: más fácil fuera

perforar el eje mismo de la Tierra

y que la luna asomara en las antípodas,

disgustando allí al sol de mediodía.

Con ese rostro criminal e inhumano

es claro y seguro que tú le has matado.

DEMETRIO

Es el rostro del que ha muerto, como yo:

tu crueldad me ha traspasado el corazón.

Mas tú, la asesina, estás tan radiante

como Venus en su esfera rutilante.

HERMIA

Y eso, ¿qué tiene que ver con mi Lisandro?

¿Dónde está? Ah, buen Demetrio, ¿quieres dármelo?

DEMETRIO

Antes diera su carnaza a mis podencos.

HERMIA

¡Calla, perro cruel! Tientas en exceso

mi mansa paciencia. ¡Conque le mataste!

Entre los humanos deja de contarte.

¡Dime la verdad, de una vez por siempre!

Estando él despierto, ¿le habrías hecho frente?

¿Y le matas durmiendo? ¡Vaya osadía!

Bien lo hiciera una serpiente o una víbora.

Fue una víbora, pues no muerde ninguna,

¡reptil!, con lengua más doble que la tuya.

DEMETRIO

Malgastas pasión en un tono errado.

Yo no he vertido la sangre de Lisandro.

Además, no ha muerto, por lo que yo sé.

HERMIA

Entonces, Demetrio, dime que está bien.

DEMETRIO

Y si es que pudiera, ¿tú qué me darías?

HERMIA

El privilegio de no verme en la vida.

De tu vil presencia ahora me alejo.

No vuelvas a verme, esté él vivo o muerto.

Sale.

DEMETRIO

¿Para qué seguirla con tal arrebato?

Más vale que aquí me tome un descanso.

La pena es un peso que crece y se agrava

si el sueño su deuda con ella no paga;

ahora una parte podrá devolverla,

y yo aceptaré lo que el sueño ofrezca.

Se acuesta [y duerme].

OBERÓN

Pero, ¿qué has hecho? Te has equivocado

poniendo el jugo a un leal enamorado.

Su fiel amor se ha torcido con tu yerro

sin que al falso lo hayas puesto del derecho.

ROBÍN

Mandará el destino, pues, por un leal,

millones perjuran y perjurarán.

OBERÓN

Más raudo que el viento corre en la floresta

y haz por encontrar a la ateniense Helena.

Con su mal de amores, pálido el semblante,

los suspiros la vacían de su sangre.

Procura atraerla con alguna astucia;

a éste habré hechizado cuando ella acuda.

ROBÍN

Me voy, me voy. Mira cómo salgo:

más deprisa que las flechas de los tártaros.

Sale.

OBERÓN [aplicando el jugo a los ojos de Demetrio]

Flor de púrpura teñida,

sé cual Cupido y atina

penetrando en su pupila.

Cuando él vea a su amiga,

que ella luzca tan divina

como la Venus que brilla. –

Al despertar, si la miras,

ella sea tu medicina.

Entra ROBÍN.

ROBÍN

Capitán de nuestras hadas,

Helena ya está cercana

y el joven que fue mi error

suplica paga de amor.

¿Vemos a estos comediantes?

¡Qué tontos son los mortales!

OBERÓN

¡A un lado! El ruido de ésos

va a despertar a Demetrio.

ROBÍN

La cortejarán los dos.

¡Qué incomparable función!

Pues no hay nada que me agrade

como un bufo disparate.

[Se apartan OBERÓN y ROBÍN.] Entran LISANDRO y HELENA.

LISANDRO

¿Por qué piensas que cortejo con desprecio?

Ni desdén ni burla se expresan con llanto.

Siempre que juro amor, lloro: juramentos

que han nacido así son firmes y honrados.

¿Cómo crees que lo que hago es despreciar

si lleva el sello de la autenticidad?

HELENA

Cada vez se muestran más tus artimañas.

Si verdad mata a verdad, ¡vil santidad!

Juraste amor a Hermia. ¿Vas a dejarla?

Sopesa juramentos: peso no habrá.

La balanza está igualada con tu voto

a Hermia y a mí: los dos pesan poco.

LISÁNDRO

Actué sin juicio al jurarle mi amor.

HELENA

Como ahora, al dejarla, obras sin razón.

LISANDRO

Demetrio la ama, y no te ama a ti.

DEMETRIO [despertándose]

¡Oh, mi diosa Helena, ninfa sin igual!

¿Con qué podría tus ojos comparar?

El cristal es turbio. ¡Ah, qué tentadoras

lucen las maduras guindas de tu boca!

Esa pura y cuajada nieve del Tauro

que orea el viento del Este, es un grajo

cuando tú alzas la mano. ¡Deja que bese

este regio blancor, aval de mi suerte!

HELENA

¡Qué aflicción! ¡Qué infierno! Os habéis propuesto

arremeter contra mí por pasatiempo.

Si fuerais corteses, de buenas maneras,

no me agraviaríais con tamaña ofensa.

Ya que así me odiáis, ¿odiarme no os basta,

que os burláis de mí en áspera alianza?

Si fuerais los hombres que parecéis ser

nunca insultaríais así a una mujer.

Prometéis, juráis, agrandáis mis méritos,

cuando sé que me odiáis en alma y cuerpo.

Ambos sois rivales y amáis a Hermia,

y rivalizáis burlándoos de Helena.

¡Valiente proeza, varonil hazaña

arrancar el llanto de infeliz muchacha

con toda esta mofa! Ningún noble ánimo

ofendería así a una virgen, torturando

su pobre paciencia por pasar el rato.

LISANDRO

Ya basta, Demetrio: no seas tan cruel,

pues amas a Hermia (sabes que lo sé).

Yo aquí de buen grado, con el corazón,

de Hermia te entrego mi parte de amor.

Cédeme tú a mí tu parte de Helena,

a la que amaré hasta que me muera.

HELENA

Nunca dos burlones más tiempo perdieran.

DEMETRIO

Para ti toda tu Hermia, buen Lisandro:

si una vez la amé, es amor pasado.

Mi amor fue con ella cual fugaz viajero,

y ahora ya por siempre con Helena ha vuelto

para ahí quedarse.

LISANDRO

¡Helena, él miente!

DEMETRIO

No denigres la lealtad que tú no entiendes:

es un riesgo que podría costarte caro.

Mírala, ahí viene: tu amor ha llegado.

Entra HERMIA.

HERMIA

La noche, que al ojo su función le impide,

hace que el oído sea más sensible;

así, aunque las sombras nieguen la visión,

premian al oído con doble audición.

No es mi ojo, Lisandro, el que dio contigo,

sino que a t u voz me trajo el oído.

Mas, ¿por qué tan rudamente me dejaste?

LISANDRO

Si amor me alejaba, ¿por qué iba a quedarme?

HERMIA

¿Qué amor podría alejarte de mi lado?

LISANDRO

El amor que ahora empuja a Lisandro:

la bella Helena, que a la noche engalana

más que todas las brillantes luminarias.

¿Por qué me has seguido? ¿No te hace ver esto

que te dejé por el odio que te tengo?

HERMIA

No es posible. Tú no dices lo que piensas.

HELENA

¡Conque en esta alianza también está ella!

Ahora ya entiendo el juego que llevan:

unidos los tres, mejor me atormentan.

¡Injuriosa Hermia, mujer más que ingrata!

¿Con ellos conspiras, con ellos maquinas

para acosarme con tan zafia burla?

Todos los secretos que hemos compartido,

promesas de hermanas, horas que pasábamos

reprendiendo al tiempo presuroso

porque nos separaba... ¿Todo eso se ha olvidado?

¿La amistad en la escuela, nuestro candor de niñas?

Hermia, nosotras, como dos dioses artífices,

con nuestras agujas creamos una flor

sobre una misma muestra, sobre un mismo cojín

sentadas, cantando las dos en armonía,

cual si manos, costados, voces y almas

fueran de un solo cuerpo. Así crecimos juntas

como una doble guinda que parece separada,

pero que guarda unidad en su división:

dos hermosas frutas moldeadas sobre un tallo;

a la vista dos cuerpos, mas un solo corazón;

dos mitades iguales de un blasón,

mas de un solo título y una sola cimera.

¿Vas a partir en dos nuestro viejo cariño

uniéndote a hombres e hiriendo a tu amiga?

Eso no es de amiga, ni es de doncella.

Nuestro sexo, igual que yo, te lo reprobará,

aunque sólo sea yo la que esté herida.

HERMIA

Me asombra la pasión de tus palabras. Yo de ti no me burlo; más bien tú de mí.

HELENA

¿No has mandado a Lisandro que me siga

en son de burla y que alabe mis ojos y mi cara?

¿Y no has hecho que Demetrio, tu otro amor,

que hace poco me trataba a puntapiés,

me llame diosa, ninfa, única, divina,

joya celestial? ¿Por qué le dice eso

a la que odia? ¿Y por qué Lisandro

reniega de tu amor, que le llenaba el alma,

y a mí, ¡válgame!, me ofrece el suyo,

si no es porque tú lo induces y consientes?

Y eso que no me veo favorecida,

colmada de amor o afortunada como tú,

sino mísera, amante mas no amada.

Lo que yo merezco es lástima, no desprecio.

HERMIA

No entiendo qué quieres decir.

HELENA

¡Eso! Tú persiste: finge seriedad;

haz muecas a mi espalda, guiñaos

el ojo y, ¡adelante con el juego!

Esta broma, bien llevada, pasará a las crónicas.

Si tuviérais compasión, lástima o respeto,

no haríais de mí el blanco de este ataque.

Así que adiós. En parte es culpa mía,

que pronto purgará mi ausencia o muerte.

LISANDRO

Espera, dulce Helena. Deja que te explique,

¡amor mío, alma y vida, bella Helena!

HELENA

¡Admirable!

HERMIA [a LISANDRO]

Mi amor, no te burles de ella.

DEMETRIO

Si no le convence, yo le obligaré.

LISANDRO

Ni tú vas a obligarme, ni ella a convencerme.

Más que sus ruegos no podrán tus amenazas. –

Te quiero, Helena; por mi vida que te quiero.

Te juro por la vida que por ti perdería

que daré el mentís a quien diga lo contrario.

DEMETRIO [a HELENA]

Yo digo que te quiero más que él.

LISANDRO

Entonces ven conmigo a demostrarlo.

DEMETRIO

Vamos, pronto.

HERMIA

Lisandro, ¿adónde lleva todo esto?

LISANDRO

¡Suéltame, gitana!

DEMETRIO

Sí, claro. Parece que se suelta.

Hace ademán de seguirme, pero no viene. –

¡Si serás miedoso!

LISANDRO

¡Quita, gata, lapa! ¡Suéltame, engendro,

o te sacudiré de mí como a una víbora!

HERMIA

¿Por qué te pones tan grosero?

¿Por qué este cambio, amor mío?

LISANDRO

¿Amor tuyo? ¡Aparta, negra zíngara!

¡Quita, medicina vil, repugnante pócima!

HERMIA

¿Estás bromeando?

HELENA

Sí, claro, y tú también.

LISANDRO

Demetrio, mantengo mi palabra.

DEMETRIO

Quisiera atarte a ella, al ver tu débil

atadura. No me fío de tu palabra.

LISANDRO

¡Cómo! ¿Quieres que le pegue, la hiera, la mate?

Por más que la odie, no pienso hacerle daño.

HERMIA

¿Y qué daño podría ser mayor que el odio?

¿Tú odiarme? ¿Por qué? ¡Ay de mí! ¿Qué ocurre, amor?

¿No soy Hermia? ¿Tú no eres Lisandro?

Tan bella soy como era antes. Anoche

me querías, y esta noche me has dejado.

Entonces (¡los dioses me valgan!), ¿he de entender

que me has dejado de verdad?

LISANDRO

Sí, por mi vida, y no quería volver a verte.

Abandona la esperanza, las palabras,

toda duda. Ten por cierto y verdadero

que te odio (no hablo en broma) y que amo a Helena.

HERMIA

¡Ah, tramposa, oruga roedora, ladrona

de amores! ¿Le has robado a mi Lisandro

el corazón al amparo de la noche?

HELENA

¡Eso está bien! ¿No hay en ti recato,

pudor de doncella, ni pizca de sonrojo?

¿Quieres que mi dulce lengua te responda

con rabia? ¡Quita, comediante, títere!

HERMIA

¿Cómo «títere»? ¡Ah, ése es tu juego!

Ya entiendo: lo que hace es comparar

nuestra estatura. Presume de alta,

y con su figura, su larga figura,

su talla, ¡sí, señor!, se lo ha conquistado.

¿Te tiene en tan alta estima

porque yo soy tan baja y menuda?

¿Cómo soy de baja, cucaña pintada, eh?

¿Cómo soy de baja? Pues no tanto

que las uñas no me lleguen a tus ojos.

HELENA

Amigos, os lo ruego, aun que os burléis de mí,

no dejéis que me haga daño. Nunca tuve

mala lengua, ni soy una arpía.

Como buena mujer soy muy cobarde.

Que no me pegue. Acaso penséis

que, porque ella es algo más baja,

yo puedo con ella.

HERMIA

¿Más baja? ¡Otra vez!

HELENA

Mi buena Hermia, no estés tan airada conmigo.

Siempre te he querido, Hermia; siempre

guardé tus secretos, nunca te agravié,

salvo cuando, por amor a Demetrio,

le dije que huirías a este bosque.

Él te siguió y por amor yo le seguí,

pero él me echaba de su lado, amenazándome

con pegarme, darme de patadas y aun matarme.

Ahora, si me dejáis marchar en paz,

volveré a Atenas llevando mi locura

y ya no os seguiré. Dejadme ir.

Ya veis lo simple y lo boba que soy.

HERMIA

¡Pues vete! ¿Quién te lo impide?

HELENA

Mi torpe corazón, que aquí se queda.

HERMIA

¡Cómo! ¿Con Lisandro?

HELENA

Con Demetrio.

LISANDRO

No temas, Helena; ella no te hará daño.

DEMETRIO

Ningún daño, aunque tú estés de su parte.

HELENA

Ah, cuando se irrita tiene la lengua afilada.

Cuando iba a la escuela era una víbora

y, aunque sea menuda, es una fiera.

MIA

¿Otra vez «menuda»? ¿Sólo baja y pequeña?

¿Vais a tolerar que así me insulte?

Dejádmela a mí.

LISANDRO

¡Aparta, enana!

¡Minúscula, cuerpo atrofiado,

bellota, comino!

DEMETRIO

¡Qué obsequioso eres

en favor de quien desprecia tus servicios!

Déjala en paz; no hables de Helena, ni te pongas

de su parte, pues, al más leve gesto

de amor por ella, lo pagarás.

LISANDRO

Ahora ya no me sujeta,

conque, si te atreves, sígueme y veremos

quién tiene más derecho al amor de Helena.

DEMETRIO

¿Seguirte? A ti iré pegado.

Salen LISANDRO y DEMETRIO.

HERMIA

Señora, todo este alboroto es por ti.

No, no; no te vayas.

HELENA

De ti no me fío,

ni voy por más tiempo a quedarme contigo.

Para pelear, tienes manos más prestas,

mas, para escapar, son más largas mis piernas.

[Sale.]

HERMIA

No sé qué decir, y salgo perpleja.

Sale.

Se adelantan OBERÓN y ROBÍN.

OBERÓN

Ya ves tu descuido. ¿Siempre te equivocas

o haces tus trastadas a propósito?

ROBÍN

Créeme, Rey de las Sombras: fue un error.

¿No me dijiste que podía conocerle

porque iba vestido con ropa ateniense?

Entonces no hay culpa: en esta encomienda

sí que unté los ojosa uno de Atenas.

Y me alegra mucho que saliera así,

pues ver sus trifulcas me ha hecho reír.

OBERÓN

Esos dos han ido a luchar en el bosque;

corre tú, Robín, y nubla la noche:

el cielo estrellado recubre al momento

de niebla tan negra como el propio infierno

y extravía a esos rivales de tal modo

que no pueda el uno encontrarse al otro.

A veces adopta la voz de Lisandro

y acusa a Demetrio con injustos cargos;

reniega otras veces igual que Demetrio

y distancia a ambos hasta que entre el sueño,

remedo de muerte, con piernas de plomo

y alas de murciélago, y cierre sus ojos:

sobr e los de Lisandro exprime esta hierba,

cuyo jugo la virtud mágica encierra

de liberarlos de cualquier ilusión

y darles de nuevo la vista anterior.

En cuanto despierten, todas estas burlas

serán como un sueño o ilusión absurda.

Volverán a Atenas todos los amantes

y ya de por vida en unión constante.

Mientras de este asunto tú ahora te encargas,

el niño robado yo pido a Titania:

del ojo hechizado que la ata al monstruo

voy a liberarla, y paz será todo.

ROBÍN

Señor de las Hadas, hay que hacerlo presto:

el dragón de la noche ya parte el cielo

y veo que despunta el heraldo de Aurora,

cuando en legión los espíritus retornan

a los cementerios. Almas condenadas

que yacen en ríos y en encrucijadas

han salido hacia su lecho de gusanos:

por miedo a que el día mire sus pecados

ellos mismos de la luz siempre se exilian

y buscan asilo en la noche sombría.

OBERÓN

Espíritus somos de distinto orden:

yo a la diosa del día le he hecho la corte

y, cual guardabosque, voy por la floresta

hasta que el portal del Oriente despierta

rojo en el océano y, con luz radiante,

en oro convierte los verdosos mares.

Pero tú no te retrases, date prisa,

que podemos hacer esto antes del día.

[Sale.]

ROBÍN

Para acá, y para allá,

los llevaré allá y acá:

yo asusto en campo y ciudad;

llévalos, duende, acá y allá.

Aquí viene uno.

Entra LISANDRO.

LISANDRO

¿Dónde estás, bravo Demetrio? ¡Habla ya!

ROBÍN

Aquí, infame, con mi espada. ¿Dónde estás?

LISANDRO

Me desquitaré.

ROBÍN

Ven conmigo entonces a un terreno llano.

[Sale LISANDRO]

Entra DEMETRIO.

DEMETRIO

¡Lisandro, responde!

¡Fugitivo, cobarde! ¿Te has escapado?

¡Habla! ¿En dónde te ocultas? ¿Tras un árbol?

ROBÍN

¡Cobarde! ¿Te ufanas ante las estrellas?

¿Le dices al bosque que quieres pelea

pero huyes de mí? ¡Ven, gallina, niño!

Te daré de azotes. Su honra ha perdido

quien te saque la espada.

DEMETRIO

¿Estás ahí?

ROBÍN

Tú sigue mi voz. No luchemos aquí.

Salen.

[Entra LISANDRO.]

LISANDRO

Se me adelanta y me sigue retando.

Cuando llego al sitio, él ya se ha marchado.

El ruin tiene el pie más veloz que el mío:

le sigo de prisa, pero él ya ha huido

dejándome en senda áspera y sombría.

Voy a descansar. - Ven ya, gentil día,

pues, en cuanto asome tu luz cenicienta,

hallaré a Demetrio y vengaré su ofensa.

Se acuesta y [duerme.]

Entran ROBÍN y DEMETRIO.

ROBÍN

¡Jo, jo, jo! ¡Cobarde! ¿Es que no me ves?

DEMETRIO

Si te atreves, hazme frente, pues sé bien

que huyes de mí, y de sitio cambias,

cedes y no osas mirarme a la cara.

¿Dónde estás ahora?

ROBÍN

Aquí estoy, ven ya.

DEMETRIO

Así que te burlas. Lo vas a pagar

si te veo la cara cuando venga el día.

Ahora déjame: el cansancio me obliga

a tender mi cuerpo en la fría tierra.

A la luz del sol haz que no te pierda.

[Se acuesta y duerme.]

Entra HELENA.

HELENA

¡Ah, noche sin fin, noche de fatigas!

Acórtate, y luzca el gozo de Oriente,

que yo vuelva a Atenas sin la compañía

de quienes mi humilde persona aborrecen.

Y el sueño, que a veces duerme nuestras penas,

de mí misma un rato liberarme quiera.

[Se acuesta y] duerme.

ROBÍN

¿Sólo tres? ¡Que alguien más venga!

Cuatro hacen dos parejas.

Viene otra y con enfado:

es Cupido mal muchacho

si las irrita en tal grado.

Entra HERMIA.

HERMIA

Nunca me he cansado, ni he sufrido así;

de rocío cubierta, la ropa arañada.

No puedo arrastrarme, no puedo seguir.

Mis piernas no hacen lo que se les manda.

Voy a descansar hasta que amanezca.

¡El cielo asista a Lisandro en la pelea!

[Se acuesta y duerme.]

ROBÍN

Sobre el suelo

duerme quieto.

A tus ojos

proporciono,

dulce amante, curación.

[Aplica el jugo a los ojos de LISANDRO.]

Gozarás

al despertar

cuando veas

que está cerca

la que siempre fue tu amor.

Y el conocido proverbio

«Da lo suyo a cada dueño»

lo comprobarás despierto:

Cada Juana con su Juan,

y nada irá mal.

Volverá la yegua al amo, y todos en paz.

[Sale.] Los amantes quedan en escena, dormidos.

 

Acto IV

 

Escena I

 

Entra [TITANIA], reina de las hadas, con FONDÓN y las hadas, y OBERÓN por detrás.

TITANIA

Ven, sobre este lecho de flores reposa,

mientras te acaricio las tiernas mejillas,

te cubro la lisa cabeza de rosas

y beso tus grandes orejas, tan lindas.

FONDÓN

¿Dónde está Flordeguisante?

FLORDEGUISANTE

Presente.

FONDÓN

Rascadme la cabeza, Flordeguisante. ¿Dónde está Madame Telaraña?

TELARAÑA

Presente.

FONDÓN

Madame Telaraña, mi buena madame, empuñad las armas y matadme un abejorro de patas rojas sobre lo

alto de un cardo. ¡Ah, madame! Y traedme su bolsa de miel. No os molestéis demasiado al hacerlo;

aunque, mi buena madame, cuidad de que la bolsa no reviente. No me agradaría veros toda empapada de

miel, madame. ¿Dónde está Madame Mostaza?

MOSTAZA

Presente.

FONDÓN

Venga esa mano, Madame Mostaza. Sin reverencias, madame, os lo ruego.

MOSTAZA

¿Qué deseáis?

FONDÓN

Nada, mi buena madame: que ayudéis a Doña Flordeguisante a rascarme. Tendré que ir al barbero,

madame; creo que tengo la cara muy peluda. Soy un burro tan delicado que si me hace cosquillas el pelo,

tengo que rascarme.

TITANIA

Mi dulce amor, ¿quieres oír música?

FONDÓN

Para la música tengo bastante buen oído. ¡Que traigan el cencerro y la carraca!

TITANIA

O di, mi amor, qué manjar deseas comer.

FONDÓN

Pues una buen montón de forraje. Podría masticar avena seca. La verdad es que me apetece un buen haz

de alfalfa. Buena alfalfa, rica alfalfa; no tiene igual.

TITANIA

Tengo un hada muy audaz que va a traerte de las nueces frescas que guarda la ardilla.

FONDÓN

Prefiero uno o dos puñados de guisantes secos. Pero, os lo ruego, que ninguna de vosotras me moleste.

Me ha entrado un deseo insociable de dormir.

TITANIA

Pues duerme, y con mis brazos voy a rodearte.

Hadas, partid, y marchad por todos lados.

[Salen las hadas.]

Así es como la dulce madreselva se abraza

suave a la enredadera; así la hiedra

se enrosca en los ásperos dedos de los olmos.

¡Ah, cuánto te amo! ¡Cómo te idolatro!

[Se duermen.]

Entra ROBÍN.

OBERÓN [adelantándose]

Bienvenido, Robín. ¿Ves el espectáculo?

Su enamoramiento empieza a darme lástima.

Cuando hace poco la vi tras la arboleda

buscando flores para este horrible idiota,

la reprendí y reñimos, pues le había

coronado esas sienes tan peludas

de guirnalda fresca y olorosa,

y el rocío que destella en los renuevos

como perlas redondas y radiantes

se alojaba en los lindos ojos de las flores

cual lágrimas que lloran su vergüenza.

Cuando la hube regañado a mi placer

y ella mansamente me rogó indulgencia,

le pedí el niño robado; me lo dio

al instante y mandó que su hada lo llevase

a mi floresta, en el País de las Hadas.

Ahora que por fin tengo al niño, voy

a deshacer el maleficio de sus ojos.

Y, buen Robín, al rústico ateniense

quítale la cabeza que le has puesto,

de modo que, cuando despierte con los otros,

puedan todos regresar a Atenas

creyendo que los incidentes de esta noche

sólo fueron turbaciones de un mal sueño.

Pero antes voy a liberar al Hada Reina.

[Aplica una hierba a los ojos de TITANIA.]

La que has sido vuelve a ser;

como has visto vuelve a ver.

La flor de Diana es fuerte

y a la de Cupido vence.

¡Y ahora despierta, Titania, mi reina!

TITANIA

¡Ah, mi Oberón, he vivido una quimera!

Soñé que estaba enamorada de un asno.

OBERÓN

Ahí está tu amor.

TITANIA

¡Ah! ¿Qué habrá pasado?

Ahora me horroriza su semblante.

OBERÓN

Silencio. Robín, quita esa cabeza.

Titania, suene una música que envuelva

a estos cinco en el sueño más profundo.

TITANIA

¡Música, una música que hechice el sueño!

ROBÍN

Al despertar, mira con tus ojos necios.

OBERÓN

¡Música ya! - Mi reina, tu mano, y mece

este suelo en que reposan los durmientes.

Con nuestro amor ya renovado, mañana

tú y yo bailaremos en solemne danza

en las bodas de Teseo, a medianoche,

por llenarlas de perpetuas bendiciones.

Y estas dos parejas, junto con Teseo,

se desposarán con grande festejo.

ROBÍN

Rey Oberón, presta oídos:

es la alondra con sus trinos.

OBERÓN

Sigamos, pues, de las sombras

la salida silenciosa.

Antes que la luna pueda,

circundaremos la Tierra.

TITANIA

Ven, esposo, y en el aire

dime por qué entre mortales

fui encontrada durmiendo

esta noche sobre el suelo.

 

Salen [TITANIA, OBERÓN y ROBÍN]. Suenan trompas. Entran TESEO y su séquito,

HIPÓLITA y EGEO.

TESEO

¡Que vaya uno a buscar al guardabosque!

Tras haber cumplido con las fiestas

y, como el día ha iniciado ya su avance,

mi amor ha de oír la música de mis perros.

¡Soltadlos en el valle del oeste! ¡Desatadlos!

¡Daos prisa, y buscad al guardabosque!

[Sale un sirviente.]

Mi bella reina, subiremos a lo alto del monte

a escuchar la agitada melodía

de los perros y su eco entremezclados.

HIPÓLITA

Estuve una vez con Hércules y Cadmo,

que cazaban osos con perros de Esparta

en un bosque de Creta. Jamás había oído

ladridos tan bravos, pues, con la arboleda,

el cielo, las fuentes y todo el lugar

parecían una jauría. No había oído nunca

tan grata disonancia, estruendo tan dulce.

TESEO

Mis perros son todos de raza espartana:

leonados, de labio carnoso y orejas colgantes

que barren el rocío; patizambos

y papudos como toros de Tesalia;

en la caza lentos, mas armónicos ladrando,

cual campanas. Jauría tan melodiosa

no fue nunca jaleada, ni recibida con trompas

en Creta, Esparta o Tesalia. Tú misma

podrás juzgarlo. Pero, alto. ¿Qué ninfas son éstas?

EGEO

Señor, la que aquí duerme es mi hija,

y éste es Lisandro; éste, Demetrio;

ésta, Helena, la hija de Nédar.

Me asombra verlos aquí a todos juntos.

TESEO

Seguramente madrugaron por cumplir

con las fiestas de mayo y, sabiendo mi intención,

acudieron para honrar la ceremonia.

Pero dime, Egeo. ¿No es hoy el día

en que Herrnia ha de decir a quién prefiere?

EGEO

Sí, mi señor.

TESEO

¡Mandad que los despierten con las trompas!

[Sale un sirviente.]

Una voz dentro. Suenan las trompas. Se sobresaltan todos [los amantes].

Buenos días, amigos. San Valentín ya pasó.

¿Se emparejan ahora estas aves del bosque ?.

 

[Los amantes se arrodillan.]

LISANDRO

Perdónanos, mi señor.

TESEO

Levantaos todos, os lo ruego.

Sé que vosotros dos sois enemigos.

¿De dónde viene al mundo esta concordia,

que el odio queda libre de recelos

y duerme con el odio sin temer hostilidad?

LISANDRO

Señor, responderé aturdido,

medio en sueños, medio en vela, mas te juro

que no sé de verdad cómo estoy aquí.

Me parece (no quiero faltar a la verdad)

que, tal como recuerdo... Sí, eso es:

yo vine aquí con Hermia. Pensábamos

salir de Atenas, ir donde pudiéramos,

fuera del alcance de las leyes...

EGEO

¡Basta, basta! - Señor, habéis oído bastante.

¡Exijo la ley, la ley sobre su cabeza!

Se habrían escapado. Sí, Demetrio:

te habrían engañado a ti y a mí;

a ti, burlándote la esposa; a mí el permiso,

mi consentimiento para que sea tu esposa.

DEMETRIO

Mi señor, Helena me habló de su fuga,

de su intención de venir a este bosque,

y yo, en mi furia, los seguí hasta aquí,

y a mí por amor me siguió la hermosa Helena.

Mas, señor, ignoro por qué poder

(pues algún poder ha sido) mi amor a Hermia,

derretido como nieve, me parece ahora

el recuerdo de algún vano juguete

que me hubiera fascinado en la niñez.

Toda la devoción y la fuerza de mi pecho,

el centro y la dicha de mis ojos

es sólo Helena. A ella, mi señor,

yo estaba prometido antes de ver a Hermia,

pero, como un enfermo, aborrecí este manjar.

Ya repuesto, el gusto he recobrado

y ahora la deseo, la ansío, la amo

y voy a serle fiel eternamente.

TESEO

Queridos amantes, el encuentro es afortunado.

Después continuaréis con vuestra historia.

Egeo, tengo que impedir tu voluntad,

pues muy pronto, en el templo, ambas parejas

se unirán conjuntamente con nosotros.

Como ya la mañana está avanzada,

nuestra caza debe suspenderse.

Volvamos a Atenas. Tres parejas son;

gozaremos de una gran celebración.

Vamos, Hipólita.

Salen TESEO, [HIPÓLITA, EGEO] y acompañamiento.

DEMETRIO

Todo parece menudo y borroso,

cual lejanas montañas que semejan nubes.

HERMIA

Y yo todo lo veo desenfocado,

cuando todo nos parece doble.

HELENA

Yo también. Y Demetrio es como una joya

que he encontrado: es mío y no lo es.

DEMETRIO

¿Estáis seguros de que estamos despiertos?

Para mí es como si estuviéramos durmiendo,

y soñando. ¿Creéis que el duque ha estado aquí

y nos ha mandado seguirle?

HERMIA

Sí, y también mi padre.

HELENA

Y también Hipólita.

LISANDRO

Nos ha dicho que le sigamos al templo.

DEMETRIO

Entonces estamos despiertos. Sigámosle

y de camino contémosle la historia.

Salen los amantes.

FONDÓN se despierta.

FONDÓN

Cuando me toque, avisadme, que declamaré. Lo que sigue es «Bellísimo Píramo». [Bostezando] ¡Aaah! -

¿Y Membrillo? ¿Y Flauta el remiendafuelles? ¿Y Morros el calderero? ¿Y Hambrón? ¡Dios me asista!

¡Se escabullen dejándome aquí! - He tenido una visión asombrosa. He tenido un sueño, y no hay ingenio

humano que diga qué sueño. Quedará como un burro quien pretenda explicarlo. Soñé que era... No hay

quien lo cuente. Soñé que era... que tenía... Quedará como un payaso quien se proponga decir lo que

soñé. No hay ojo que oyera, ni oído que viera, ni mano que palpe, ni lengua que entienda, ni alma que

relate el sueño que he tenido. De este sueño haré que Membrillo escriba una balada. Se llamará «El sueño

de Fondón», porque no tiene fondo. Y yo la cantaré ante el duque, al foral de la obra. O tal vez, para que

quede más bonita, la cantaré cuando muera Tisbe.

Sale.

 

Escena II

 

Entran MEMBRILLO, FLAUTA, MORROS y HAMBRÓN.

MEMBRILLO

¿Habéis preguntado en casa de Fondón? ¿Ha vuelto ya?

HAMBRÓN

No hay rastro de él. Está transportado.

FLAUTA

Si no aparece, adiós comedia. No se podrá hacer, ¿verdad?

MEMBRILLO

Será imposible. Si no es él, no hay otro en Atenas que sepa hacer de Píramo.

FLAUTA

No: él es el más listo de todos los artesanos de Atenas.

MEMBRILLO

Sí, y el que tiene más presencia. Y para voz dulce, no tiene parragón.

FLAUTA

Se dice «parangón». El parragón (¡Dios te valga!) es el chisme del platero.

Entra AJUSTE, el ebanista.

AJUSTE

Amigos, el duque ha salido del templo, y se han casado otros dos o tres caballeros y damas. Si se hubiera

celebrado la función, nos poníamos las botas.

FLAUTA

¡Ah, mi gran Fondón! Pierde un retiro de seis centavos diarios de por vida: seguro que salía a seis centavos

diarios. El duque le habría asignado los seis centavos por hacer de Píramo o, si no, que me zurzan. Los

habría merecido: seis centavos al día por hacer de Píramo, o nada.

Entra FONDÓN.

FONDÓN

¿Dónde están los mozos? ¿Dónde estáis, compadres?

MEMBRILLO

¡Fondón! ¡Ah, mayúsculo día! ¡Feliz momento!

FONDÓN

Amigos, hablaré de maravillas. Pero no me preguntéis cuáles, que, si os las cuento, dejo de ser ateniense.

Os lo contaré todo tal como ocurrió.

MEMBRILLO

Vamos, habla, buen Fondón.

FONDÓN

Yo, ni palabra. Lo único que os diré es que el duque ya ha comido. Preparad los vestidos, buen cordón

para las barbas, cintas nuevas para el calzado, reuníos en el palacio y que cada cual repase su papel,

porque, en dos palabras, nuestra obra está aceptada. Por lo que pueda pasar, que Tisbe lleve la ropa

limpia y el que haga de león no se corte las uñas, pues tienen que asomar bien para ser garras. Y, mis

queridos actores, no comáis cebollas ni ajos, pues tenemos que echar buen aliento, y así dirán que es una

buena comedia. No más palabras. ¡Vamos, en marcha!

Salen.

 

Acto V

 

Escena I

 

Entran TESEO, HIPóLITA, FILóSTRATO, nobles [y acompañamiento].

HIPÓLITA

La historia de estos amantes, Teseo, es asombrosa.

TESEO

Más asombrosa que cierta. Yo nunca he creído

en historias de hadas ni en cuentos quiméricos.

Amantes y locos tienen mente tan febril

y fantasía tan creadora que conciben

mucho más de lo que entiende la razón.

El lunático, el amante y el poeta

están hechos por entero de imaginación.

El loco ve más diablos de los que llenan

el infierno. El amante, igual de alienado,

ve la belleza de Helena en la cara de una zíngara.

El ojo del poeta, en divino frenesí,

mira del cielo a la tierra, de la tierra al cielo

y, mientras su imaginación va dando cuerpo

a objetos desconocidos, su pluma

los convierte en formas y da a la nada impalpable

un nombre y un espacio de existencia.

La viva imaginación actúa de tal suerte

que, si llega a concebir alguna dicha,

cree en un inspirador para esa dicha;

o, de noche, si imagina algo espantoso,

es fácil que tome arbusto por oso.

HIPÓLITA

Mas los sucesos de la noche así contados

y sus almas a la vez transfiguradas

atestiguan algo más que fantasías

y componen un todo consistente,

por extraño y asombroso que parezca.

Entran los amantes: LISANDRO, DEMETRIO, HERMIA y HELENA.

TESEO

Aquí vienen los amantes, llenos de júbilo.

¡Que la dicha, amigos míos, y el amor perdurable

estén siempre en vuestro corazón!

LISANDRO

¡Y a ti te aguarde más dicha

en tus augustos paseos, mesa y lecho!

TESEO

Y ahora, ¿qué mascaradas o danzas

distraerán las tres horas eternas

que separan el cenar del acostarse?

¿Dónde está nuestro maestro de festejos?

¿Qué fiestas se han preparado? ¿No hay comedia

que alivie la agonía de una hora interminable?

Llamad a Filóstrato.

FILÓSTRATO

Aquí estoy, gran Teseo.

TESEO

¿Qué pasatiempo le reservas a la noche?

¿Qué mascarada, qué música? ¿Qué entretenimiento

burlará las lentas horas?

FILÓSTRATO

Aquí está el repertorio de espectáculos.

Elige, mi señor, el que prefieras.

TESEO

«La batalla con los centauros, cantada

al arpa por un eunuco de Atenas.»

No, esto no. Ya se lo conté a mi amada

para honrar a mi pariente Hércules. –

«La orgía de las bacantes, que, en su rapto

y ebriedad, desgarraron al cantor de Tracia.»

Esta pieza es vieja: se representó

a mi triunfante regreso de Tebas. –

«Las nueve musas llorando la muerte

del Saber, que acaba de morir en la pobreza.»

Ésta es una sátira mordaz y acusadora,

impropia para una ceremonia nupcial. -

«La pesada y breve obra del joven Píramo

y su amada Tisbe; comedia muy trágica.»

¿Comedia trágica? ¿Pesada y breve?

Es como hielo caliente o nieve cálida.

¿Cómo puede concordar esta discordia?

FILÓSTRATO

Señor, la obra tiene unas diez palabras,

lo más breve que yo he visto en una obra.

Pero esas diez palabras, mi señor, están de más,

y por eso es pesada, pues en toda esta obra

no hay palabra a derechas ni actor capaz.

Trágica sí que lo es, mi señor,

porque en ella Píramo se mata.

Confieso que durante un ensayo

me hicieron llorar; un llanto tan cómico

como nunca arrancaron las risas.

TESEO

¿Quiénes son los actores?

FILÓSTRATO

Laborantes atenienses de manos callosas

que nunca han trabajado con la mente,

mas que ahora fatigan su inexperta memoria

y ofrecen en tus nupcias esta pieza.

TESEO

Y yo quiero oírla.

FILÓSTRATO

No, mi señor, eso no es para ti.

Yo la he oído entera y no tiene

ningún interés, te digo que ninguno,

a no ser que te diviertan sus desvelos

por servirte: sus esfuerzos de memoria,

ímprobos y crueles.

TESEO

Quiero oír la obra,

pues no hay nada que sea incorrecto

si lo ofrecen la lealtad y la buena fe.

Hacedlos pasar. Señoras, tomad asiento.

[Sale FILÓSTRATO.]

HIPÓLITA

No quiero ver agobiada a la humildad,

ni que sufra la lealtad por dar servicio.

TESEO

No verás nada de eso, amada mía.

HIPÓLITA

Ha dicho que no valen para hacerlo.

TESEO

Más bondad mostraremos dando las gracias por nada.

Nos distraerá tomar a bien lo que hacen mal

y, si fracasa la humilde lealtad, lo generoso

es valorar el esfuerzo, no el efecto.

Dondequiera que he ido, grandes sabios

me acogían con discursos preparados:

los he visto temblar, palidecer,

detenerse en medio de sus frases,

ahogar de miedo sus palabras ensayadas,

para, al final, quedar sin habla

y no darme la bienvenida. Créeme, mi amor:

escuché su bienvenida en su silencio

y su muestra temblorosa de lealtad

me decía tanto como la fluida palabra

de la elocuencia impertinente y atrevida.

El amor y la callada sencillez

si hablan menos dicen más, a mi entender.

[Entra FILÓSTRATO.]

FILÓSTRATO

Con la venia, el faraute ya está a punto.

TESEO

Hazle pasar.

[Toque de clarines.]

Entra [MEMBRILLO caracterizado de] FARAUTE.

MEMBRILLO/FARAUTE

«Si ofendemos, es nuestra finalidad.

Que creáis que no queremos agraviaros

sino por bien. Mostrar nuestra habilidad:

ése es el único fin de nuestro ánimo.

Por tanto, venimos, pero no venimos.

Porque queremos adrede vuestra ofensa

vamos a actuar. Por dar regocijo

no estamos aquí. Para daros pena

ya están los actores, y con su papel

muy pronto sabréis lo que hay que saber.»

TESEO

Éste pierde muchos puntos.

LISÁNDRO

Cabalga en su prólogo como si fuera un potro salvaje: no sabe pararse. Mi señor, la moraleja es que no

basta con hablar: hay que hablar a derechas.

HIPÓLITA

Cierto. Ha tocado su prólogo como un niño su flauta: aunque la hace sonar, no la domina.

TESEO

Sus palabras parecían una cadena enredada: toda entera, pero en desorden. ¿Quién sigue ahora?

Entran [FONDÓN caracterizado de] PÍRAMO, [FLAUTA de] TISBE, [MORROS de]

MURO, [HAMBRÓN de]LUZ DE LUNA y [AJUSTE de] LEEN.

MEMBRILLO/FARAUTE

«Señores, si os preguntáis qué va a ocurrir,

a la luz ha de sacarlo la verdad.

Píramo es el hombre que tenéis aquí

y esta bella dama su Tisbe será.

Y aquí, el de la argamasa, hará de Muro,

de cruel Muro que separa a los amantes,

pues los pobres han de hablarse con apuros

por un agujero; que a nadie le extrañe.

Y aquí, el de la lámpara, perro y espino,

será Luz de Luna, pues Píramo y Tisbe

bajo luz de luna, en la tumba de Nino,

penando de amores deciden reunirse.

Y aquí este León, bestia aterradora,

cuando la fiel Tisbe se acerca a la tumba,

la asusta de muerte, y la pone en fuga,

tanto que en la huida se le cae el manto,

que mancha el León con fauces sangrientas.

Pronto llega Píramo, el joven galano,

y el manto de Tisbe desgarrado encuentra.

Entonces su puño empuña el puñal

y, pronto de espíritu, espeta su pecho;

y Tisbe, que espera tras un matorral,

le quita el acero y se mata. El resto,

León, Luz de Luna, Muro y los amantes

van a presentarlo sin que nada falte.»

Salen todos menos MORROS [y FONDÓN].

TESEO

¿Hablará el león?

DEMETRIO

No sería raro, señor: si habla tanto asno, bien puede hablar él.

MORROS/MURO

«Aquí, en esta obra, acontecerá

que yo, Morros, un muro voy a encarnar.

Imaginad que este muro que os sugiero

tiene una abertura, una grieta, un hueco

por el cual nuest ros amantes Tisbe y Píramo

a veces musitan con grande sigilo.

Revoque, argamasa y piedra confirman

que yo soy el muro; eso está a la vista.

Y aquí veis el hueco, derecha e izquierda;

por él los medrosos amantes conversan.»

TESEO

¿Puede hablar mejor la argamasa?

DEMETRIO

Señor, es el tabique más lúcido que he oído.

TESEO

Píramo se acerca al muro. ¡Silencio!

FONDÓN/PÍRAMO

« ¡Oh, noche enlutada! ¡Oh, noche severa!

¡Noche que eres siempre cuando no es de día!

¡Qué noche, qué noche de dolor y pena!

¡Temo que mi Tisbe su promesa olvida!

Y tú, ¡oh, mi muro! ¡Oh, muro querido!

¡Separas mi tierra de la de mi Tisbe!

Tú, muro, ¡mi muro! ¡Oh, muro querido!

¡Muéstrame la grieta por la que yo mire!

[MORROS hace una uve con los dedos.]

Gracias, gentil muro. ¡Júpiter te guarde!

Mas, ¿qué es lo que veo? A Tisbe no hallo.

¡Oh, malvado muro! Feliz no me haces.

¡Malditas tus piedras, pues me han engañado!»

TESEO

El muro, como es sensible, debería replicar.

FONDÓN

La verdad es que no, señor. «Me han engañado» es el pie para Tisbe. Ella entra ahora y yo tengo que

verla por el agujero. Veréis que sucede tal como os lo he contado. Aquí viene.

Entra [FLAUTA/]TISBE.

FLAUTA/TISBE

«¡Oh, tú, muro! Bien has oído mis quejas,

pues a mi Píramo de mí has separado.

Mis labios de guinda han besado tus piedras,

piedras que se mezclan con pelo y con barro.»

FONDÓN/PIRAMO

«Veo una voz. Ahora voy al agujero

para oírle, si puedo, a Tisbe la cara. ¡Tisbe! »

FLAUTA/TISBE

« ¡Mi amor! Pues eres mi amor. ¿No es cierto?»

FONDóN/PÍRAMO

«Piensa lo que quieras: soy tu amor del alma

y, como Limandro, fiel te seré siempre.»

FLAUTA/TISBE

«Y yo, como Helena, fiel hasta la muerte.»

FONDÓN/PíRAMO

«Céfalo a su Procris nunca fue tan fiel.»

FLAUTA/TISBE

«Cual Céfalo a Procris, yo fiel te seré.»

FONDÓN/PÍRAMO

«¡ Por el hueco del vil muro dame un beso! »

FLAUTA/TISBE

«No beso tus labios, sino sólo el hueco.»

FONDÓN/PÍRAMO

«¿Puedes verme pronto en la tumba de Nino?»

FLAUTA/TISBE

«Esté viva o muerta, voy allá ahora mismo.»

[Salen FONDÓN y FLAUTA.]

MORROS/MURO

«Así es como Muro su papel termina

y, ya terminado, Muro se retira.»

Sale.

TESEO

Cayó el muro que separaba a los vecinos.

DEMETRIO

Tenía que suceder, señor: las paredes se empeñan en oír sin dar aviso.

HIPÓLITA

Esto es lo más tonto que he oído en mi vida.

TESEO

Los mejores actores no son más que sombras, y los peores no son tan malos si se ayudan de la imaginación.

HIPÓLITA

Será tu imaginación, y no la suya.

TESEO

Si no los imaginamos peor que ellos a sí mismos, pasarán por excelentes. Aquí vienen dos nobles bestias:

un hombre y un león.

Entran [AJUSTE/]LEÓN y [HAMBRÓN/]LUZ DE LUNA.

AJUSTE/LEÓN

«Gentiles damas, si vuestro pecho teme

al menudo ratoncito que se arrastra,

quizá aquí y ahora se estremezca y tiemble

cuando oigáis rugir a León en su rabia.

Pues sabed que yo, Ajuste el ebanista, s

oy un cruel león, y no una leoncita,

y si yo entro ahora feroz y violento

en este lugar, vivir no merezco.»

TESEO

Una bestia plácida y de buena conciencia.

DEMETRIO

Señor, el más bestia que he visto en mi vida.

LISANDRO

Este león tiene el valor de un zorro.

TESEO

Cierto, y la prudencia de un ganso.

DEMETRIO

No,mi señor, pues su valor no le gana a su prudencia, y el zorro sí le gana al ganso.

TESEO

Su prudencia no le gana a su valor, de eso estoy seguro, pues el ganso no le gana al zorro. Ya basta. Que

decida su prudencia, y oigamos a la luna.

HAMBRÓN/LUZ DE LUNA

«Esta lámpara es la luna con sus cuernos.»

DEMETRIO

Debería llevar los cuernos en la cabeza.

TESEO

No está muy creciente, y los cuernos no se ven en el círculo.

HAMBRÓN/LUZ DE LUNA

«Esta lámpara es la luna con sus cuernos,

y el que esto recita encarna a la luna.»

TESEO

Ése es el mayor error de todos: él debía estar metido en la lámpara. Si no, ¿cómo puede ser la lun a?

DEMETRIO

No se atreve a meterse por el fuego: está que arde.

HIPÓLITA

Estoy cansada de esta luna. ¡Ojalá cambiara!

TESEO

A juzgar por sus pocas luces, parece que está en menguante. Mientras, por cortesía y buen juicio

debemos esperar.

LISANDRO

Continúa, Luna.

HAMBRÓN/LUZ DE LUNA

Yo sólo os digo que quiero deciros que esta lámpara es la luz de la luna, que yo soy la luna, que este

espino es mi espino, y este perro, mi perro.

DEMETRIO

Pues todos debían estar dentro de la lámpara, que en la luna están todos. Mas silencio; aquí viene Tisbe.

Entra [FLAUTA/]TISBE.

FLAUTA/TISBE

«Ésta es la tumba de Nino. ¿Y mi amado?»

Ruge [AJUSTE/]LEÓN.

AJUSTE/LEÓN

«¡Grrf »

Huye [FLAUTA/]TISBE [y se le cae el manto].

DEMETRIO

¡Así se ruge, León!

TESEO

¡Así se corre, Tisbe!

HIPÓLITA

¡Así se brilla, Luna! En verdad, la luna brilla con garbo.

[LEÓN ataca el manto.]

TESEO

¡Buen zamarreo, León!

Entra [FONDÓN/]PÍRAMO.

DEMETRIO

En esto llega Píramo.

[Sale LEÓN.]

LISANDRO

Y al fin se va el león.

FONDÓN/PÍRAMO

«Gracias, mi luna, por tus rayos de sol;

gracias, gentil luna, por tanto brillar,

pues con tu perfecto y febeo fulgor

a mi fiel amada confío en divisar.

¡Aguarda! ¡Ah, tormento!

Pobre caballero,

¡mira qué terrible escena!

Ojos, ¿lo veis bien?

¿Cómo puede ser?

¡Ah, mi paloma, mi prenda!

Tu óptimo manto,

¿de sangre manchado?

¡Venid a mí, Furias crueles!

¡Venid, venid, Parcas!

¡Cortad hilo y trama!

¡Venced, aplastad, dad muerte!

TESEO

Este lamento y la muerte de un amigo querido son como para ponerle a uno triste.

HIPÓLITA

Pues por mi alma, que a mí me da pena.

FONDÓN/PÍRAMO

«¿Por qué creaste al león, naturaleza,

a este vil león que desfloró a mi amada,

que es -no, no, que fue- la flor más bella

que amó, vivió, gozó y rió alborozada?

¡Ven, llanto, devasta!

Y tú ven, espada,

a herir el pecho de Píramo:

la tetilla izquierda,

donde el alma alienta.

Así muero, así expiro.

Muerto estoy ahora;

mi ser me abandona:

mi alma ha subido al cielo.

Lengua, pierde vista;

Luna, haz tu huida.

[Sale HAMBRÓN.]

La muerte me he dado y muero.»

DEMIETRIO

Con ese «dado» éste ha salido un as.

LISANDRO

Un as, no, hombre, que muerto no es nada.

TESEO

Con la ayuda del médico podría mejorar y ser un asno.

HIPÓLITA

¿Cómo es que se ha ido Luz de Luna antes que vuelva Tisbe para hallar a su amado?

TESEO

Le hallará con la luz de las estrellas.

Entra [FLAUTA/]TISBE.

Aquí viene, y con su lamento acaba la obra.

HIPÓLITA

No creo que deba hacerlo muy largo con un Píramo así. Espero que sea breve.

DEMETRIO

Una mota inclinará la balanza sobre si es mejor Píramo o Tisbe: él de hombre (¡Dios nos valga!) o ella de

mujer (¡Dios nos bendiga!).

LISANDRO

Ya le ha encontrado con sus dulces ojos.

DEMETRIO

Y se lamenta como sigue...

FLAUTA/TISBE

«¿Durmiendo, mi amor?

¡Ah! ¿Muerto, mi sol?

¡Oh, ponte en pie, dulce Píramo!

¡Habla, habla! ¿Mudo?

¿Muerto? Un sepulcro

cubrirá tus ojos lindos.

Tu boca de nardo,

tu nariz de guinda

y tu faz de crisantemo

te han dejado ya.

Amantes, llorad

sus ojos de verde puerro.

Que las Tres Hermanas

vengan preparadas

con manos de blanca leche.

Bañadlas en sangre,

puesto que cortasteis

su hilo de seda tenue.

No hables, mi lengua.

La espada me hiera

y me empape el corazón.

Adiós, mis amigos,

que Tisbe ha caído.

Adiós, pues, adiós, adiós.»

TESEO

Los vivos, Luz de Luna y León, enterrarán a los muertos.

DEMETRIO

Sí, y Muro también.

[Se levantan FONDÓN y FLAUTA.]

FONDÓN

La verdad es que no, pues cayó el muro que separaba a los padres. ¿Queréis ver el epílogo u oír bailar

una bergamasca a dos de los nuestros?

TESEO

No haya epílogo, os lo ruego, pues la obra no requiere excusa. No os excuséis, que, si mueren los actores,

no hay por qué acusarlos. Vaya, si el que la escribió hubiera hecho de Píramo y se hubiera ahorcado con

la liga de Tisbe, habría sido una hermosa tragedia. Y a decir verdad, lo es, y muy bien representada. En

fin, venga vuestra bergamasca y dejad en paz el epilogo.

[Bailan y salen los cómicos. ]

Medianoche ha sonado con lengua de hierro.

Acostaos, amantes: es la hora de las hadas.

Por la mañana, lo sospecho, dormiremos

todo lo que hemos velado en esta noche.

Esta tosca función ha burlado

el paso lento de la noche. Acostémonos, amigos.

Celebraremos las bodas quince días

con fiestas nocturnas y nueva alegría.

Salen.

 

Escena II

Entra ROBÍN.

ROBÍN

Ya ruge hambriento el león

y a la luna aúlla el lobo,

mientras ronca el labrador

tras su quehacer fatigoso.

Ya sólo arden las brasas,

mientras chilla la lechuza,

recordando la mortaja

al que yace con angustia.

De la noche ya es la hora

en que todos los espectros

han salido de la fosa

y rondan los cementerios.

Y a los elfos, que rehuimos,

junto a Hécate y su escolta,

la luz del sol y seguimos

igual que un sueño a las sombras,

nos da gozo. Ni un ratón

profanará esta mansión.

Con esta escoba me han dicho

que barra el suelo bien limpio.

Entran [OBERÓN y TITANIA], rey y reina de las hadas, con todo su séquito.

OBERÓN

Vuestras tenues luces ardan

junto al fuego mortecino.

Todo elfo y toda hada

brinque como pajarillo.

Ahora conmigo cantad

y con grácil pie bailad.

TITANIA

Ensayad vuestra tonada:

un trino en cada palabra.

De la mano, pues, cantad

y bendecid el lugar.

Canción [y danza ].

OBERÓN

Hasta el día, cada hada

bulla por toda la casa.

Iremos al mejor tálamo

y, así que lo bendigamos,

los hijos que allí se engendren

serán felices por siempre.

Las tres parejas darán

a su amor fidelidad,

y sin tacha o impureza

nacerá su descendencia.

Ni mancha, labio partido,

ni marca o lunar maligno

que en las criaturas ofenden

afearán a su progenie.

Con el rocío consagradas,

marchen ya todas las hadas

y den a cada aposento

la bendición y el sosiego,

y así el dueño del palacio,

bendecido, estará a salvo.

No tardéis, id, corred

y vedme al amanecer.

Salen [todos menos ROBÍN].

ROBÍN

Si esta ilusión ha ofendido,

pensad, para corregirlo,

que dormíais mientras salían

todas estas fantasías.

Y a este pobre y vano empeño,

que no ha dado más que un sueño,

no le pongáis objeción,

que así lo haremos mejor.

Os da palabra este duende:

si el silbido de serpiente

conseguimos evitar,

prometemos mejorar;

si no, soy un mentiroso.

Buenas noches digo a todos.

Si amigos sois, aplaudid

y os lo premiará Robín.

[Sale.]

 


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