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Qué son los linfocitos y cómo funcionan


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Por dream


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Cuando ninguno de los mecanismos de defensa del sistema inmunitario innato descritos en el capítulo anterior, es decir de la segunda línea de defensa del cuerpo, son suficientes para combatir a los antígenos, se requiere que entre en acción la tercera línea de defensa del sistema inmunitario, el sistema inmunitario adquirido, las tropas de elite del cuerpo. Los principales soldados del sistema inmunitario adquirido (también conocido con el nombre de sistema inmunitario adaptativo) son los linfocitos.

Los linfocitos son células complejas que dirigen al sistema inmunitario del cuerpo humano. Son un tipo de glóbulo blanco (es decir un tipo de leucocito) y se dividen en linfocitos B y linfocitos T. Los linfocitos T nacen en la médula ósea a partir de células madre hematopoyéticas y luego viajan hasta el timo (un órgano situado en el pecho detrás del esternón) donde maduran. En cambio, los linfocitos B nacen y maduran en la médula ósea.

Los linfocitos T son los responsables de la inmunidad celular, es decir la respuesta inmune llevada a cabo por células (o sea glóbulos blancos) ante la invasión de bacterias y virus. En cambio, los linfocitos B son los responsables de la inmunidad humoral. La inmunidad humoral se refiere a la respuesta inmune llevada a cabo por moléculas como los anticuerpos (también llamados inmunoglobulinas o de forma abreviada Ig) y moléculas del sistema del complemento (un sistema adicional que ayuda al sistema inmunitario a combatir a antígenos en mecanismos como la inflamación y la fagocitosis).

Todo elemento ajeno al organismo de una persona se denomina antígeno. Se llama así porque sus genes son distintos a los genes de la persona. Ejemplos de antígenos incluyen a bacterias invasoras o virus. Es por eso que cada vez que un elemento que el organismo no reconoce genéticamente como propio, ingresa al cuerpo, el sistema inmunitario se activa inmediatamente para expulsarlo.
  
Si hacemos una analogía con el mundo del ejército, podemos considerar a los glóbulos blancos como todos los efectivos que forman parte de un ejército (o sea, tanto los soldados de todos los rangos, así como los líderes del ejército). Mientras que los neutrófilos vienen a ser soldados de batalla, los linfocitos pueden considerarse como los jefes de batallones de elite que dirigen cada una de las operaciones. A su vez, los anticuerpos y moléculas del sistema del complemento pueden considerarse como armamentos sofisticados que asisten a los glóbulos blancos y les hacen más fácil el combate contra los antígenos.
  
Aproximadamente, el 75% de los linfocitos son del tipo linfocitos T. Los linfocitos se diferencian de los demás glóbulos blancos en que recuerdan y pueden reconocer a tipos de bacterias y virus a través del tiempo. Por ejemplo, si alguna vez un tipo de bacteria invadió al cuerpo y fue destruida, y luego de varios años este mismo tipo de bacteria vuelve a invadir al cuerpo, los linfocitos T pueden reconocerla y aplicar los mismos mecanismos de defensa que aplicaron durante la primera invasión. Es por este motivo que si por ejemplo una persona alguna vez sufrió sarampión, los linfocitos recordarán para siempre al virus del sarampión y no volverá a padecer esa enfermedad, ya que el sistema inmunitario adquirido ya sabe cómo vencer a dicho virus.

Los linfocitos pasan continuamente de un lado al otro entre la sangre, el tejido linfático y la linfa (el líquido que circula por los vasos linfáticos). Cuando los linfocitos se encuentran en el torrente sanguíneo pueden permanecer allí por varias horas. Cada linfocito puede vivir semanas, meses o incluso años.

Recién se mencionaron el tejido linfático y los vasos linfáticos. Si bien este no es un artículo dedicado al sistema linfático, en forma resumida se puede decir que el sistema linfático consiste en una red de vasos linfáticostejidos linfáticos y órganos linfáticos. El sistema linfático es el encargado de devolver a la sangre al fluido que se pierde cuando el plasma sanguíneo atraviesa las paredes de los capilares sanguíneos para viajar entre las células en el intersticio celular y llevarles oxígeno, glucosa, aminoácidos y otros nutrientes a las células que forman a los tejidos de los órganos del cuerpo. Este plasma sanguíneo cuando atraviesa las paredes de los capilares, pierde gran cantidad de su concentración de proteínas y pasa a llamarse líquido intersticial. A pesar que gran parte de este líquido vuelve rápidamente al torrente sanguíneo, una parte de él se queda en los tejidos y debe ser recolectado por el sistema linfático que lo transporta por los vasos linfáticos y lo devuelve al torrente sanguíneo, evitando así un desbalance de líquidos en el cuerpo que podría causar la muerte.

Cuando el líquido que se devuelve al torrente sanguíneo circula por los vasos linfáticos se lo denomina linfa. Cada tanto, los vasos linfáticos son interrumpidos por pequeños nodos de tejido linfático llamados nódulos linfáticos, donde la linfa es filtrada y liberada de materiales extraños y de microorganismos que pueden generar infecciones. Así, cuando el líquido vuelve al torrente sanguíneo está totalmente limpio y libre de antígenos.

Relacion entre el sistema circulatorio y el sistema linfatico
Relación entre el sistema circulatorio y el sistema linfático - Cliquear para ampliar imagen

Además de servir como red de drenaje para devolver el líquido perdido al torrente sanguíneo, el sistema linfático también es el encargado de producir linfocitos en sus órganos, más precisamente en la médula ósea que se considera como parte del sistema linfático. Los linfocitos T luego maduran en otro órgano que también se considera parte del sistema linfático, el timo (situado en el pecho justo detrás del esternón). Es justamente en la corteza del timo donde los linfocitos T se desarrollan y diferencian en sus distintos tipos. En cambio, como ya se mencionó, los linfocitos B nacen y maduran en la médula ósea.

Existen distintos tipos de linfocitos T. Cada uno de estos tipos de linfocitos T realiza funciones específicas:

  • Linfocitos T colaboradores: Son los encargados de dirigir al resto del sistema inmune, es decir al resto de las células del sistema inmune, mediante la liberación de moléculas de una sustancia llamada citocina (recordemos que las citocinas son proteínas utilizadas como medio de comunicación entre las distintas células del sistema inmunitario). Además, los linfocitos T colaboradores tienen en su membrana celular unas proteínas llamadas CD4. Las citocinas que liberan los linfocitos T colaboradores estimulan a los linfocitos B a que produzcan células plasmáticas, a partir de las cuales se forman anticuerpos. Las citocinas producidas por los linfocitos T colaboradores también estimulan la producción de linfocitos T citotóxicos y de linfocitos T reguladores. Asimismo, las citocinas producidas por los linfocitos T colaboradores activan a los macrófagos. Precisamente, el SIDA (Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida) es la enfermedad a través de la cual el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) ataca y destruye a los linfocitos T colaboradores, algo que puede tener resultados muy perjudiciales para el cuerpo, ya que se trata de las células encargadas de dirigir al sistema inmunitario.
      
  • Linfocitos T citotóxicos: Liberan sustancias químicas capaces de destruir a células invadidas por antígenos, es decir a células del cuerpo infectadas por antígenos invasores.
      
  • Linfocitos T de memoria: Durante la exposición a antígenos invasores en una infección, se activan linfocitos T que pueden atacar a antígenos específicos de dicha infección. Una vez que los antígenos son vencidos, la mayoría de estos linfocitos T se mueren porque ya no son necesario. Sin embargo, algunos sobreviven en la forma de linfocitos T de memoria, para poder recordar y reconocer a este tipo específico de antígeno en caso de una nueva exposición a él en el futuro. La existencia de linfocitos T de memoria que pueden recordar a un determinado tipo de antígeno, permite la rápida respuesta ante un caso de nueva exposición a dicho antígeno. Justamente, son los linfocitos T de memorialos responsables de hacer que la vacunación sea un método tan efectivo para combatir a enfermedades, ya que la vacunación consiste en exponer al cuerpo a determinados antígenos de una enfermedad que la persona aún no ha tenido, para la generación de linfocitos T de memoria (aunque estos antígenos se encuentran muertos o debilitados para no enfermar a la persona). Luego, si la persona alguna vez es infectada por este mismo antígeno, ya cuenta con los linfocitos T de memoria específicos que pueden reconocerlo rápidamente y combatirlo efectivamente. Por ejemplo, la vacuna de una enfermedad determinada consiste en inyectar al virus debilitado de dicha enfermedad en una persona, luego el sistema inmunitario reacciona como si se tratase de la verdadera enfermedad, destruyendo al virus debilitado (se podría decir que es como un ejercicio de entrenamiento del sistema inmunitario), esto deja como resultado la producción de linfocitos T de memoria que recordarán y reconocerán a ese virus específico en caso de darse en el futuro una infección real por parte de ese tipo de virus.
      
  • Linfocitos T reguladores: Se encargan de suprimir la respuesta inmune una vez que ya no es necesaria, para evitar que se salga de control y destruya a células saludables del cuerpo.

  
Siguiendo con la analogía del ejército, podríamos comparar a los linfocitos T colaboradores con los generales del ejército del sistema inmunitario que dirigen todo. Los linfocitos T de memoria vienen a ser los jefes de inteligencia, ya que tienen la información necesaria para reconocer a viejos enemigos (antígenos) que ya atacaron al cuerpo. Los linfocitos T citotóxicos forman tropas que cumplen un rol bastante sucio, ya que se encargan de destruir a células del propio cuerpo que están invadidas por antígenos, para evitar así su dispersión. Los linfocitos T reguladores son como los capitanes de batallón que dan la orden de retirada cuando el enemigo ha sido derrotado, es decir, suprime la activación de linfocitos T, para evitar que ataquen a células sanas del cuerpo y la situación se salga de control.

Los linfocitos B dan origen a las células plasmáticas cuando se exponen a organismos invasores o cuando son activados por los linfocitos T colaboradores a través de la citocina que liberan estos últimos (eso ya se explicó arriba). Las células plasmáticas luego producen anticuerpos. A través de las células plasmáticas, los linfocitos B producen una gran cantidad de anticuerpos (también conocidos con el nombre de Inmunoglobulinasy de forma abreviada Ig). Existen cinco tipos de inmunoglobulinas o anticuerpos: IgG, IgM, IgE, IgA, e IgD. Los anticuerpos son moléculas con forma de letra Y con un segmento o pata variable, que según cambia, sirve para unirse a un antígeno diferente. En función de ese segmento variable, cada anticuerpo puede unirse a un antígeno específico. Al unirse a un antígeno, el anticuerpo puede dañar, neutralizar o romper al antígeno. Los anticuerpos, también activan al sistema del complemento (un sistema adicional que ayuda al sistema inmunitario a combatir a antígenos invasores).

El sistema del complemento consiste en una serie de enzimas que ayudan o complementan a los anticuerpos y a otros componentes del sistema inmunitario en la destrucción del antígeno invasor, atrayendo y activando a neutrófilos y macrófagos, neutralizando a virus, y causando el rompimiento de organismos invasores. 

También existen las células B de memoria que pueden recordar a antígenos específicos, y en caso de una nueva infección llevada a cabo por ese mismo tipo de antígenos, puede iniciar una respuesta rápida y la inmediata producción de anticuerpos específicos para combatir a ese tipo específico de antígeno.
  

Ejemplo de los linfocitos en acción durante la respuesta inmune humoral del sistema inmunitario adquirido

Cuando el sistema inmunitario innato no es suficiente para hacer frente a una fuerte invasión por parte de antígenos (como bacterias, virus, hongos), y dicha invasión se sale de control, el sistema inmunitario adquirido entra en acción. La piel y las capas de mucosa en vías interiores del cuerpo (como la tráquea y el esófago) son la primera línea de defensa del cuerpo contra gérmenes que constantemente intentan ingresar para alimentarse de las células del cuerpo (en el caso de bacterias) o para utilizar a las células del cuerpo para reproducirse y multiplicarse (en el caso de los virus). Los glóbulos blancos (como los macrófagos y neutrófilos) son la segunda línea de defensa del cuerpo y corresponden al sistema inmunitario innato. Podría decirse que los glóbulos blancos del sistema inmunitario innato son soldados que atacan a cualquier tipo de antígeno que ingresa al cuerpo sin distinción de clase, tipo o especie.

Sin embargo, a veces esto no es suficiente y se requiere que las tropas de elite del sistema inmunitario del cuerpo tomen la posta. Estos son los linfocitos, principales actores del sistema inmunitario adquirido. Los linfocitos son glóbulos blancos sofisticados que se clasifican en dos categorías principales: los linfocitos T y los linfocitos B.

Existen miles de tipos de bacterias y virus, cada uno de estos tipos de antígenos con sus características y formas de actuar específicas. Por lo tanto, a veces es necesario que un tipo de linfocito especializado en el combate de un tipo específico de antígeno se encargue de la situación. Esto significa que existen linfocitos entrenados para reconocer y atacar a un tipo de antígeno en particular. Tanto los linfocitos T como los linfocitos B cuentan con subcategorías de linfocitos T de memoria y linfocitos B de memoria, capaces de recordar para siempre a un tipo específico de antígeno y la manera de eliminarlo, por lo que si en algún momento de la vida, el cuerpo es nuevamente invadido por este tipo de antígeno, estos linfocitos de memoria lo reconocerán inmediatamente y recordarán la manera de eliminarlo rápidamente, impidiendo así que la persona se enferme.

Pero es necesario aclarar que estos mecanismos de defensa especializados para cada tipo de antígeno no son innatos, es decir no están presentes desde que se nace, sino que se van adquiriendo a lo largo de la vida cuando la persona va siendo invadida por diferentes tipos de gérmenes (por eso se llama sistema inmunitario adquirido). A partir de entonces, si la persona es nuevamente invadida por este mismo tipo de gérmenes ya no se volverá a enfermar, porque los linfocitos de memoria recuerdan la manera de vencerlos y el cuerpo cuenta con los linfocitos necesarios que estarán siempre en alerta esperando a dichos gérmenes. Es por eso que si, por ejemplo, una persona ha tenido alguna vez una enfermedad como el sarampión, no volverá a enfermarse de ella, ya que su sistema inmunitario adquirido reconocerá inmediatamente al virus que la causa en caso de una segunda invasión y podrá eliminarlo rápidamente sin causar problemas a la persona.

El sistema inmunitario adquirido tiene dos mecanismos de respuesta ante invasiones de mayor magnitud:

  • La respuesta inmune humoral llevada a cabo por los linfocitos B y encargada de eliminar a antígenos complicados o difíciles de vencer. El principal armamento con que cuentan los linfocitos B son los anticuerpos que producen.
      
  • La respuesta inmune celular llevada a cabo por los linfocitos T y encargada de eliminar a antígenos que lograron penetrar y dominar a células del cuerpo. Este es el nivel más sofisticado del sistema inmunitario, ya que debe realizar ataques intracelulares a células del propio cuerpo que han sido secuestradas por antígenos como los virus, y a la vez distinguirlas de las células sanas, para no atacar a estas últimas erróneamente.

Respuesta inmune humoral
Ejemplo de la respuesta inmune humoral y de los linfocitos trabajando - Cliquear para ampliar la imagen y poder leer detalladamente cada punto

 

A continuación, analizaremos un ejemplo de cómo funciona la respuesta inmune humoral del sistema inmunitario adquirido, siguiendo cada cuadro de la imagen de arriba. Cada uno de los siguientes números de etapas describen a los cuadros con números correspondientes de la imagen de arriba.
  
  
1- La fase de activación de la respuesta humoral del sistema inmunitario adquirido se inicia cuando los neutrófilos y macrófagos no pueden enfrentar solos a los antígenos invasores. En este caso, los macrófagos fagocitan (ingieren y destruyen) a las bacterias y luego exponen los restos de las bacterias destruidas en la superficie de su propia membrana. A las células que tienen la capacidad de exponer a los restos de los antígenos que destruyen para que los linfocitos puedan enterarse sobre qué tipo de invasores se trata, se las denomina células presentadoras de antígenos (CPA). Los macrófagos son células presentadoras de antígenos, ya que cuentan con esta capacidad. Hay varios tipos de células del cuerpo que son presentadoras de antígenos, es decir que tienen la capacidad de exponer en su membrana exterior a los restos de antígenos destruidos para que los linfocitos los reconozcan.

La bacteria fagocitada es encerrada y aislada dentro de una vesícula o cápsula llamada fagosoma, a donde se dirigen unos orgánulos (órganos funcionales de las células) llamados lisosomas. Los lisosomas contienen unas sustancias químicas especiales (enzimas digestivas) que destruyen a la bacteria ingerida. El macrófago contiene unas moléculas llamadas Complejo mayor de histocompatibilidad (CMH) Clase II, que justamente son las encargadas de tomar los restos de la bacteria destruida para exponerlos en el exterior del macrófago y así notificar a los linfocitos sobre qué tipo de antígenos están invadiendo al cuerpo.
 
 
2- Una vez encerrada la bacteria dentro del fagosoma, los lisosomas se unen al fagosoma y secretan las enzimas especiales para destruir a la bacteria y romperla en pedazos. Para entender mejor este proceso leer: Cómo funciona la fagocitosis.
 
 
3- Unas moléculas que posee el macrófago llamadas Complejo mayor de histocompatibilidad (CMH) Clase II toman los restos de la bacteria destruida y los exponen en el exterior del macrófago. Por ejemplo, en la imagen se observa que una molécula CMH Clase II toma un trozo de la bacteria destruida, para llevarlo hasta el exterior del macrófago, exponerlo en su membrana y para que así los linfocitos T colaboradores puedan reconocer el tipo de antígeno que está invadiendo al cuerpo. De esta forma, los linfocitos T colaboradores (una de las cuatro subcategorías de linfocitos T) sabrán reaccionar de manera acorde al tipo específico de antígeno.
 
 
4- Las moléculas de Complejo mayor de histocompatibilidad Clase II se instalan en la membrana que recubre al macrófago y exhiben a los restos del antígeno destruido (en este caso una bacteria). Cuando un linfocito T colaborador con receptores especiales para reconocer únicamente a ese tipo de antígeno en particular, pasa por allí, al detectar al macrófago que exhibe a los restos de la bacteria destruida, se dirige inmediatamente hacia el macrófago para adherirse a dichos restos expuestos de la bacteria y así analizar de qué tipo de antígeno se trata exactamente.
 
Cabe aclarar que el término histocompatibilidad proviene de la conjunción de las palabras histós que en griego significa tejido y compatibilidad, lo que en conjunto viene a significar: análisis de compatibilidad de un elemento (virus, bacteria, hongo o incluso células del propio cuerpo) con la genética de los tejidos del cuerpo (recordemos que los tejidos son conjuntos de células que funcionan de manera coordinada). Si lo que las moléculas de Complejo mayor de histocompatibilidad exponen, son los restos de un elemento con genética distinta a la del propio cuerpo, los linfocitos T inmediatamente entrarán en alerta -ya que lo considerarán un elemento invasor (antígeno)-, e iniciarán una respuesta inmune acorde para atacarlos.
  
  
5- Cuando en algún momento pasa por allí un linfocito T colaborador con receptores especiales en su membrana para reconocer únicamente a ese tipo de bacteria destruida, se adhiere a los restos del antígeno destruido (en este caso una bacteria) expuestos por las moléculas del Complejo mayor de histocompatibilidad Clase II en la membrana del macrófago. Los linfocitos T colaboradores tienen en su membrana receptores que solamente pueden reconocer y adherirse a un tipo de antígeno. Como existen miles de especies de bacterias y virus, también hay miles de subtipos de linfocitos T colaboradores, cada uno con receptores en su membrana que pueden reconocer únicamente a una especie de antígeno en particular.
  
Lo bueno de esto es que los linfocitos T colaboradores que reconozcan al tipo de antígeno que hay que atacar podrán iniciar una respuesta inmune determinada únicamente para vencer a ese tipo de antígeno. Podríamos decir que para cada tipo de antígeno existe una estrategia distinta y los linfocitos T colaboradores pueden conocer todos sus secretos particulares. Si hacemos una analogía, sería como contar en el ejército con oficiales de elite, cada uno con información detallada de uno de sus enemigos en particular para poder vencerlos exitosamente. Lo malo de esto es que la primera vez que aparece un antígeno determinado, todo este proceso requiere mucho tiempo, o sea varias horas hasta que los linfocitos T colaboradores específicos para ese tipo de antígeno aparezcan y organicen un contraataque efectivo. Sin embargo, hay un segundo aspecto positivo de este mecanismo de defensa que es necesario destacar: a partir del momento en que los linfocitos T colaboradores reconozcan al tipo de antígeno que hay que atacar, dejarán para siempre desparramadas por el cuerpo, tropas enteras de linfocitos de memoria listas para la acción ante una posible nueva invasión de esa misma clase de antígeno. Estas tropas de linfocitos de memoria podrán reaccionar inmediatamente ni bien ingresen al cuerpo los invasores, evitando así que la persona se vuelva a enfermar de lo que provoca ese antígeno en particular.

Ni bien se adhiere el linfocito T colaborador a los restos expuestos, reconoce al tipo de antígeno, y mientras tanto el macrófago secreta (libera) moléculas de una sustancia química llamada citocina. Las citocinas son proteínas que utilizan las células del sistema inmunitario para comunicarse entre sí y dar determinadas órdenes o estímulos. Existen diversos tipos de citocinas, cada una con su nombre particular y una serie de funciones o estímulos específicos. Por ejemplo, el tipo de citocina que libera el macrófago cuando se le adhiere un linfocito T colaborador se llama interleucina-1 (de forma abreviada IL-1). La función de la citocina llamada interleucina-1 o IL-1 es activar al linfocito-T colaborador para que este último inicie una respuesta inmune apropiada para destruir a este tipo de bacterias invasoras que acaba de reconocer.
  
  
6- El linfocito T colaborador se ha activado e inicia la respuesta inmune necesaria para combatir a esta especie de bacterias en particular que han invadido al cuerpo. Su primera acción es liberar moléculas de un tipo de citocina llamada interleucina-2 (de forma abreviada IL-2). La función de la interleucina-2 es ordenar la proliferación de linfocitos T colaboradores que puedan reconocer a este tipo de antígeno que recién se ha identificado. Para ello, comienzan a aparecer en la zona, linfocitos T colaboradores especializados en el reconocimiento de este tipo de antígeno en particular. La interleucina-2 también estimula la reproducción y multiplicación de este tipo de linfocitos T colaboradores. Es decir, que el linfocito T colaborador original que reconoció a la bacteria comienza a producir copias de sí mismo. Asimismo, la interleucina-2 da la alarma a linfocitos B con receptores específicos para este tipo de antígeno. 
 
Los linfocitos B son las tropas especiales de la respuesta inmune humoral, capaces de generar millones de anticuerpos específicos para bloquear las acciones de este tipo de antígeno.
 
Los linfocitos T colaboradores que se han proliferado, son exactamente iguales al primer linfocito T colaborador y ya están activados. Así, como se verá en los siguientes puntos o etapas de la respuesta humoral, se han formado tropas listas para interactuar con los linfocitos B especializados en la producción de anticuerpos específicos para bloquear las acciones de este tipo de antígeno.

Así finaliza la fase de activación de la respuesta inmune humoral y comienza la fase efectora, o sea, la toma de acciones concretas en contra de las bacterias que han invadido al cuerpo. Haciendo una analogía con el ejército, se podría decir que la fase efectora corresponde a la batalla propiamente dicha.
  
  
7- En respuesta a las moléculas de citocina de tipo IL-2 (interleucina-2) secretadas por el linfocito T colaborador que reconoció al tipo de antígeno que hay que atacar, aparecen linfocitos B con receptores en sus membranas que pueden reconocer y adherirse únicamente al tipo de antígeno que fue fagocitado por el macrófago y reconocido por el linfocito T colaborador. O sea, que los receptores de membrana de estos linfocitos B solamente son compatibles con esta especie de bacteria y solamente pueden adherirse a dicha especie de bacteria.
 
Cuando el linfocito B atrapa con sus receptores de membrana a una de las bacterias de la misma especie que fagocitó el macrófago y reconoció el linfocito T colaborador, comienza lo que se conoce como fase efectora de la respuesta humoral del sistema inmunitario adquirido.
  
  
8- El linfocito B fagocita -es decir ingiere- a la bacteria, y al igual que hizo el macrófago al principio, la aisla dentro de un fagosoma para que sus lisosomas vayan y la destruyan con sustancias químicas especiales denominadas enzimas digestivas. Para entender mejor el proceso de fagocitosis leer: Cómo funciona la fagocitosis.
  
  
9- Al igual que los macrófagos, los linfocitos B son células presentadoras de antígenos (CPA). El linfocito B también tiene en su interior moléculas de Complejo mayor de histocompatibilidad Clase II, que toman trozos de los restos de la bacteria fagocitada y destruida por el linfocito B. Estas moléculas de CMH Clase II llevarán los restos de la bacteria destruida hasta el exterior del linfocito B y los exhibirán en la membrana de dicho linfocito B para que puedan ser vistos por las tropas de linfocitos T colaboradores activados que se han proliferado durante la fase de activación y que están a la espera.
  
  
10- Una vez instaladas en la superficie de la membrana del linfocito B, las moléculas de CMH Clase II con los restos de la bacteria destruida que exhiben, atraen a los linfocitos T colaboradores activados que son exactamente iguales al primer linfocito T colaborador que reconoció la especie de bacteria que está invadiendo al cuerpo. Por ende, estos linfocitos T colaboradores son totalmente compatibles a este tipo de antígeno y pueden adherirse inmediatamente a sus restos.
  
  
11- Cuando el linfocito T colaborador se adhiere a los restos de la bacteria expuestos por las moléculas de CMH Clase II, comienza a secretar moléculas de la citocina de tipo IL-2 (interleucina-2) que estimulan al linfocito B a reproducirse y multiplicarse.
  
  
12- Los linfocitos B, estimulados por las citocinas de tipo interleucina-2, comienzan a reproducirse y multiplicarse. Cuando se reproducen se convierten en dos subtipos de linfocitos B: células plasmáticas y linfocitos B de memoria. La mayoría se convierten en células plasmáticas y una menor proporción de ellos en linfocitos B de memoria.
  
  
13- Las células plasmáticas son un tipo de linfocito B capáz de producir anticuerpos a un sorprendente ritmo de aproximadamente 2000 anticuerpos por segundo durante cuatro o cinco días hasta acabar con todos los antígenos invasores. Los anticuerpos (también conocidos con el nombre de inmunoglobulinas o Ig de forma abreviada) son moléculas con forma de letra Y que son producidas por las células plasmáticas para bloquear la actividad de los antígenos. Cada tipo de anticuerpo puede adherirse únicamente a un tipo específico de antígeno. Los anticuerpos que producen las células plasmáticas de este ejemplo son exactamente iguales a los receptores que tiene el linfocito B original del cual surgieron estas células plasmáticas, ya que estos anticuerpos tienen que poder adherirse a las bacterias invasoras de la misma especie que se pudieron adherir los receptores del linfocito B original.
    
Los linfocitos B de memoria no realizan ninguna acción directa sobre los antígenos ni producen anticuerpos. Su misión es preservar a futuro el código genético exacto del tipo de anticuerpo que es totalmente compatible a esta especie de antígeno en particular. Esto garantiza que si alguna vez este mismo tipo de antígeno llegara a volver a invadir al cuerpo, los linfocitos B de memoria estarán listos esperándolo allí e inmediatamente comenzarán a producir células plasmáticas que a su vez generarán anticuerpos compatibles a esta misma especie de antígeno. De esta manera, la respuesta será más rápida y fuerte que la primera vez. La primera vez que el cuerpo se expone a un tipo de antígeno, la respuesta inmune es lenta y puede tardar varios días en desarrollarse, es por eso que la persona se enferma. Pero si en el futuro, la persona vuelve a exponerse a ese mismo tipo de antígeno, gracias a los linfocitos B de memoria -que estarán siempre alertas esperando el regreso de esa especie de antígeno en particular-, la respuesta será inmediata, no deberá pasar por todas las etapas descritas hasta aquí, y la persona no se enfermará, ya que los linfocitos B de memoria reconocerán de inmediato al antígeno y comenzarán a producir células plasmáticas que generarán a los anticuerpos específicos para bloquear a ese tipo de antígeno en particular.

Es gracias a esta capacidad que tienen los linfocitos B de memoria, que la vacunación es un método efectivo para evitar enfermedades. La vacunación consiste en introducir a bacterias o virus que generan una determinada enfermedad, pero en un estado debilitado o incluso muertos. Esto activa al sistema inmunitario adquirido, que combate a estos antígenos debilitados o muertos, y que estimula la producción de linfocitos B de memoria que desde ese momento estarán preparados ante un posible regreso de este mismo tipo de antígeno. Con la vacunación podría decirse que se infecta a la persona con el antígeno debilitado o muerto que provoca una determinada enfermedad, para que el sistema inmunitario adquirido genere a los linfocitos B de memoria que lo recordarán en caso de una infección real. 
  
   
14- Los anticuerpos producidos por las células plasmáticas no destruyen directamente a los antígenos sino que bloquean su actividad mediante una serie de mecanismos. Uno de esos mecanismos es la opsonización, en el que los anticuerpos se adhieren a la superficie de la bacteria rodeándola totalmente para que los macrófagos que no pueden adherise a este tipo de bacteria sí lo puedan hacer usando a los anticuerpos como puente mediador, y de esta forma la terminen fagocitando. Otro mecanismo es la neutralización, mediante el cual, los anticuerpos se adhieren al antígeno rodeándolo totalmente y así bloqueando sus puntos de adhesión a células del cuerpo, impidiendo así su alimentación o reproducción, lo que a la larga, si no es fagocitado por un macrófago, termina en su muerte. En síntesis, los neutraliza para que no puedan adherirse e invadir a células sanas del cuerpo. Un tercer mecanismo utilizado por los anticuerpos para bloquear las actividades de los antígenos es la aglutinación, a través del cual los anticuerpos se adhieren a más de un antígeno a la vez, juntándo a varios y amontonándolos, de manera que se les dificulte moverse y actuar a todos juntos. Esto hace que sea más fácil para los macrófagos atraparlos y fagocitarlos hasta destruirlos.
  
Entonces, como se puede observar, los anticuerpos no son más que armas de defensa sofisticadas que utilizan los linfocitos B, no para matar directamente a los antígenos, sino para bloquear sus actividades y facilitar así su destrucción por parte de otras células del sistema inmunitario como los macrófagos.
  
  
15- Los antígenos rodeados por anticuerpos quedan bloqueados y no pueden atacar a células del cuerpo. De esta manera, algunos antígenos neutralizados son fagocitados por macrófagos. Los anticuerpos que rodean y bloquean a los antígenos, también atraen y activan a moléculas del sistema del complemento, un sistema adicional que ayuda al sistema inmunitario a combatir a los antígenos, vendría a ser como un arsenal de armas sofisticadas que utiliza el sistema inmunitario para combatir con mayor efectividad y eficiencia a los antígenos invasores. Estas moléculas atraídas y activadas por los anticuerpos que bloquean a los antígenos, perforan y destruyen a estos gérmenes bloqueados y neutralizados por los anticuerpos. Por ejemplo, en la imagen de arriba se observa a las moléculas del sistema del complemento, perforando y destruyendo a las bacterias invasoras.
  
     
Así finaliza la respuesta inmune humoral del sistema inmunitario adquirido. Sin embargo, si algunos gérmenes logran escabullirse y llegar a su objetivo final, es decir invadir el interior de células del cuerpo, no queda otra que acudir al último y más sofisticado nivel del sistema inmunitario adquirido, la respuesta inmune celular, cuyos principales actores son los linfocitos T. A diferencia de la respuesta inmune humoral que ataca a gérmenes sueltos en el líquido intersticial (el fluido que rodea a las células) que no ingresaron aún a las células del cuerpo, la respuesta inmune celular puede realizar ataques intracelulares, o sea en células del cuerpo invadidas por antígenos.
  

Ejemplo de los linfocitos en acción durante la respuesta celular del sistema inmunitario adquirido

Cuando todos los demás recursos del sistema inmunitario en sus distintos niveles han fallado y un antígeno (por ejemplo un virus) ha logrado penetrar en las células del cuerpo, se requiere que el más sofisticado mecanismo de defensa del cuerpo entre en acción: la respuesta celular del sistema inmunitario adquirido.

Si la primera línea de defensa del cuerpo -es decir, la piel que sirve de muro de defensa contra antígenos (bacterias, virus y hongos) y las capas de mucosa en las paredes de vías interiores (como las vías respiratorias y digestivas, entre otras) que atrapan a dichos antígenos- ha fallado, entra en acción la segunda línea de defensa, o sea el sistema inmunitario innato. El sistema inmunitario innato consiste en glóbulos blancos como los neutrófilos y los macrófagos que combaten directamente a los antígenos sin distinción de tipo o especie, utilizando herramientas como la fagocitosis, la inflamación y la fiebre. Pero si la segunda línea de defensa, es decir el sistema inmunitario innato, tampoco logra frenar a los antígenos (por ejemplo bacterias fuertes), se requiere que entre en acción la respuesta humoral del sistema inmunitario adquirido. La respuesta humoral es un mecanismo de defensa más sofisticado que los anteriormente mencionados, consistente en linfocitos B que utilizan como armas a los anticuerpos para bloquear a las bacterias que han logrado dominar los espacios intersticiales de un tejido de órgano (los espacios que separan a las células unas de otras y que contienen un fluido denominado líquido intersticial). La respuesta humoral cuenta con linfocitos B y anticuerpos específicos para cada especie de antígeno.

Sin embargo, si ninguno de los mecanismos de defensa mencionados fueron suficientes para frenar una invasión llevada a cabo por antígenos -por ejemplo virus- y dichos virus han logrado penetrar al interior de las células del cuerpo invadido, es decir en la mínima unidad estructural de vida que componen al cuerpo (recordemos que los cuerpos están compuestos por órganos que a su vez están compuestos por tejidos de órganos, que a su vez están compuestos por células), es necesario recurrir al mecanismo de defensa más sofisticado con que cuenta el cuerpo: la respuesta celular del sistema inmunitario adquirido.

Si los virus han logrado penetrar al interior de las células -donde ningún anticuerpo de la respuesta humoral del sistema inmunitario adquirido puede entrar-, estas células comienzan a funcionar de manera anormal y se inician los problemas, en otras palabras, la persona se enferma. Recordemos que los virus no son seres vivos propiamente dichos, su única manera de reproducirse es tomando o secuestrando una célula y utilizando la maquinaria de vida de dicha célula (orgánulos, enzimas, citoplasma, membrana celular, etc) para que la célula haga lo que el virus disponga. En casos así, se requiere que algo reconozca a las células infectadas por virus (o sea invadidas por virus) y las destruya. Además, es necesario que ese algo pueda distinguirlas de las células sanas (o sea las no infectadas) para no destruir erróneamente a estas últimas. Ese algo son los linfocitos T, principales actores de la respuesta celular del sistema inmunitario adquirido.

Los linfocitos T se dividen en cuatro tipos, cada uno con distintas funciones:

  1. Linfocitos T colaboradores: Organizan y dirigen la respuesta inmune. No atacan ni destruyen a las células invadidas por virus.
  2. Linfocitos T citotóxicos: Son los encargados de destruir a las células del cuerpo invadidas por virus.
  3. Linfocitos T reguladores: Son los encargados de desactivar a los linfocitos T citotóxicos y colaboradores una vez que los virus fueron destruidos.
  4. Linfocitos T de memoria: Son los que permanecen en el cuerpo alertas por si en algún momento en el futuro vuelve a aparecer el mismo tipo de antígeno.

Haciendo una analogía del sistema inmunitario con el ejército, podríamos comparar a los linfocitos T colaboradores con los generales del ejército (es decir del sistema inmunitario) y dirigen todo. Los linfocitos T de memoria vienen a ser los jefes de inteligencia, ya que tienen la información necesaria para reconocer a viejos enemigos (antígenos) que atacaron al cuerpo en el pasado. Los linfocitos T citotóxicos componen tropas que cumplen un rol bastante sucio, dado que se encargan de destruir a células del propio cuerpo que están invadidas por antígenos, para evitar así su dispersión por el cuerpo. Los linfocitosT reguladores son como los capitanes de batallón que dan la orden de retirada cuando el enemigo ha sido derrotado, es decir, desactiva a los linfocitos T citotóxicos para evitar que ataquen a células sanas del cuerpo y la situación se salga de control.

Respuesta celular del sistema inmune adquirido
Ejemplo de la respuesta celular del sistema inmunitario adquirido y de los linfocitos T trabajando - Cliquear para ampliar la imagen y para leer detalladamente cada punto

  
A continuación, analizaremos un ejemplo de cómo funciona la respuesta celular del sistema inmunitario adquirido, siguiendo cada cuadro de la imagen de arriba. Cada uno de los siguientes números de etapas describen a los cuadros con números correspondientes de la imagen de arriba:
  
  
1- La FASE DE ACTIVACIÓN de la respuesta celular del sistema inmunitario adquirido se inicia cuando durante una infección viral, los macrófagos que se encuentran en el tejido invadido por los virus, fagocitan (ingieren y destruyen) a los virus y luego exponen a los restos de dichos virus destruidos en la superficie de su propia membrana. A las células que tienen la capacidad de exponer a los restos de los antígenos que destruyen para que los linfocitos puedan enterarse sobre qué tipo de invasores se trata, se las denomina células presentadoras de antígenos (CPA). Los macrófagos son células presentadoras de antígenos, ya que cuentan con esta capacidad. Hay muchos tipos de células del cuerpo que son presentadoras de antígenos, es decir que tienen la capacidad de exponer en su membrana exterior a los restos de antígenos destruidos para que los linfocitos los reconozcan.

La bacteria fagocitada es encerrada y aislada dentro de una vesícula o cápsula llamada fagosoma, a donde se dirigen unos orgánulos (órganos funcionales de las células) llamados lisosomas. Los lisosomas contienen unas sustancias químicas especiales (enzimas digestivas) que destruyen a la bacteria ingerida. El macrófago contiene además unas moléculas llamadas Complejo mayor de histocompatibilidad (CMH) Clase II, que justamente son las encargadas de tomar a los restos de la bacteria destruida para exponerlos en el exterior del macrófago y así notificar a los linfocitos sobre qué tipo de antígenos están invadiendo al cuerpo.

Esta capacidad de exponer a los restos de un antígeno fagocitado (en este caso un virus) sirve para alertar a los linfocitos T colaboradores (los principales responsables de dirigir al sistema inmunitario) acerca de la presencia de este tipo específico de intruso, tras lo cual estos linfocitos T colaboradores podrán organizar una contraofensiva acorde a este tipo de virus en particular.
  
  
2- Una vez encerrado el virus dentro del fagosoma, los lisosomas se unen al fagosoma y secretan las enzimas especiales para destruir al virus y romperlo en pedazos. Para entender mejor este proceso leer: Cómo funciona la fagocitosis

Las moléculas de Complejo Mayor de Histocompatibilidad (CMH) Clase II se preparan para tomar los restos del virus destruido y llevarlos a la membrana exterior que recubre al macrófago donde serán exhibidos hasta ser reconocidos por algún linfocito T colaborador que pase por allí. Existen dos clases de CMH: los Clase I y los Clase II. Los CMH de Clase II solamente se encuentran en unos pocos tipos de células como los macrófagos, los linfocitos B y los linfocitos T citotóxicos. Los de Clase I se encuentran en todas las células nucleadas del cuerpo (es decir, todas las células con núcleo en su interior. Entre las células que no tienen núcleo, se encuentran los glóbulos rojos). Los CMH sirven para que los linfocitos T puedan enterarse de la presencia de un intruso con material genético distinto al del cuerpo. Como todas las células del cuerpo tienen el mismo ADN, un elemento con ADN distinto es inmediatamente considerado como un antígeno que se debe destruir.

Los CMH Clase II solamente pueden ser reconocidos por los linfocitos T colaboradores. Recordemos que los linfocitos T colaboradores son los que inician y dirigen la campaña de contraataque a los antígenos invasores. Por lo tanto, solamente las células con CMH Clase II pueden alertar a los linfocitos T colaboradores para dar inicio a la respuesta celular del sistema inmunitario adquirido. A estas células con CMH Clase II (como los macrófagos y linfocitos B) se las denomina Células Presentadoras de Antígenos Profesionales, porque al exhibir en sus membranas a los restos de un antígeno, pueden provocar el inicio de la respuesta inmunitaria adquirida, tanto de tipo humoral o celular
  
  
3- Las moléculas de CMH Clase II que posee el macrófago, toman los restos del virus destruido para llevarlos y exponerlos en el exterior del macrófago. En la imagen de este ejemplo se muestra a una molécula de CMH Clase II que toma un trozo del virus destruido, para llevarlo hasta el exterior del macrófago, exponerlo en la membrana que recubre al macrófago y para que así algún linfocito T colaborador que pase por allí y sea compatible con este tipo de virus en particular lo reconozca e inicie la contraofensiva lo antes posible. Como existen miles de especies de antígenos, también hay miles de subtipos de linfocitos T colaboradores, cada uno con receptores específicos en su membrana que pueden reconocer únicamente a una especie de antígeno en particular.
  
  
4- Las moléculas de Complejo mayor de histocompatibilidad Clase II se instalan en la membrana que recubre al macrófago y exhiben a los restos del antígeno destruido (en este caso un virus). Cuando un linfocito T colaborador con receptores especiales para reconocer únicamente a ese tipo de antígeno en particular, pasa por allí, al detectar al macrófago que exhibe a los restos del virus destruido, se dirige inmediatamente hacia el macrófago para adherirse a dichos restos expuestos del virus y así analizar de qué tipo de antígeno se trata exactamente.

Mientras tanto, otro virus de la misma especie se acerca a una célula del cuerpo para invadirla, inyectar su ADN viral en el ADN de la célula y de esa forma utilizar sus orgánulos (órganos funcionales de la célula) para que haga lo que el virus disponga, que en este caso es producir sus propias proteínas víricas, reproducirse y multiplicarse indefinidamente para invadir otras células (los virus no pueden reproducirse por sí solos, ya que no cuentan con los orgánulos necesarios y tienen que secuestrar una célula y utilizar los orgánulos de esta última para lograrlo).
  
  
5- El virus invadió una célula del cuerpo y comenzó a utilizar los orgánulos de dicha célula para generar sus propias proteínas víricas (la célula está secuestrada y hace lo que el virus dispone).

En el cuerpo, todas las células con núcleo tienen moléculas de Complejo mayor de histocompatibilidad (CMH), aunque a diferencia de lo que sucede en los macrófagoslinfocitos B y linfocitos T citotóxicos, en la mayoría de las células del cuerpo son de Clase I. Cuando todo está funcionando bien, los CMH de Clase I exponen en el exterior de la célula, fragmentos de proteínas sintetizadas dentro de dicha célula para su normal funcionamiento. De esta forma, cuando los linfocitos T citotóxicos que rondan por la zona notan que los fragmentos de estas proteínas son sintetizados de acuerdo a lo que indica el ADN de la persona, siguen de largo y no atacan a la célula. Sin embargo, cuando un virus invade a una célula y utiliza a sus orgánulos para sintetizar proteínas víricas, los fragmentos de estas proteínas víricas son presentados por las moléculas de CMH Clase I en la membrana de la célula para que los linfocitos T citotóxicos se enteren que la célula ha sido invadida por un virus y la destruya. Para decirlo en palabras simples, a través de este mecanismo, la célula le pide a los linfocitos T citotóxicos que la maten, sacrificándose y dando su propia vida para evitar el mal mayor que significaría para la persona que los virus se sigan multiplicando e invadieran a otras células del cuerpo. 

Los CMH Clase I solamente pueden ser reconocidos por linfocitos T citotóxicos, por lo tanto, no pueden hacer que se active la respuesta celular del sistema inmunitario adquirido, ya que son los linfocitos T colaboradores los encargados de ordenar el inicio de la contraofensiva y dirigirla. Pero los linfocitos T colaboradores solamente pueden reconocer a los CMH de Clase II que tienen células del sistema inmunitario como los macrófagos y los linfocitos B. Los CMH Clase I generan la atención de los linfocitos T citotóxicos una vez que fueron activados por los linfocitos T colaboradores. Entonces, primero son los linfocitos T colaboradores los que tienen que reconocer a los restos del virus presentados por algún macrófago que lo fagocitó, para iniciar la respuesta celular del sistema inmune adquirido, que a su vez activará a los linfocitos T citotóxicos que podrán reconocer a las proteínas víricas presentadas por los CMH Clase I de alguna célula infectada.
  
  
6- El virus que invadió a la célula utiliza a los orgánulos de esta célula para producir proteínas víricas que le son útiles. Estas proteínas víricas no son compatibles con las proteínas que genera normalmente la célula sana, ya que son distintas a lo que indica el ADN de la persona. El ADN o Ácido DesoxirriboNucleico no es otra cosa más que un manual o guía que indica a las células del cuerpo cómo producir a sus propias sustancias químicas que le sirven para seguir funcionando. El ADN está compuesto por genes y cada gen vendría a ser como la receta para la producción de una sustancia química en particular. Todas las células del cuerpo comparten el mismo ADN, y conocen a cada uno de los genes que lo componen, por lo que si un linfocito T citotóxico advierte que el fragmento de la proteína presentada por un CMH Clase I en el exterior de la célula no corresponde a ninguna de las proteínas indicadas en los genes del ADN, inmediatamente se da cuenta que algo no está bien en la célula y debe ser destruida lo antes posible.
  
  
7- Las moléculas de Complejo mayor de histocompatibilidad Clase I de la célula infectada toman fragmentos de proteínas generadas por el virus, para llevarlos hasta el exterior de la célula y exponerlos en la superficie de la membrana celular.
  
  
8- Las moléculas de CMH Clase I exponen los fragmentos de proteínas generadas por el virus invasor. Luego, cuando se active la respuesta celular del sistema inmunitario adquirido, los linfocitos T citotóxicos podrán reconocer cuáles son las células infectadas por esta especie de virus en particular y destruirlas para evitar que el virus siga multiplicándose.
  
  
9- Las moléculas de CMH Clase II del macrófago exponen en su exterior a los restos del virus fagocitado por el macrófago. Mientras tanto, un linfocito T colaborador con receptores especiales que pueden reconocer únicamente a este tipo específico de antígeno que las moléculas de CMH Clase II exponen, pasa por donde está el macrófago. El linfocito T colaborador aún está desactivado, pero sus receptores son compatibles a los restos del antígeno presentado (en este caso un virus), por lo tanto los reconoce y se acerca a ellos, o sea que se acerca al macrófago que los exhibe en su exterior.
  
  
10- El linfocito T colaborador con receptores que pueden unirse únicamente a este tipo de antígeno, se adhiere a las moléculas de CMH Clase II que exhiben a los restos del virus fagocitado y destruido por el macrófago. Ni bien se adhiere a las moléculas de CMH Clase II del macrófago, el linfocito T colaborador se activa. Al activarse, el linfocito T colaborador secreta (libera) moléculas de una sustancia química llamada citocina. Las citocinas son proteínas que utilizan las células del sistema inmunitario para comunicarse entre sí y dar determinadas órdenes o estímulos. Existen diversos tipos de citocinas, cada una con su nombre particular y una serie de funciones o estímulos específicos. Por ejemplo, el tipo de citocina que libera el linfocito T colaborador se llama Interleucina-2 (IL-2 de forma abreviada). 

Las funciones de la interleucina-2 incluyen: la estimulación de la proliferación de linfocitos T colaboradores del mismo tipo que puedan reconocer a esta misma especie de virus invasor. Para ello, comienzan a aparecer en la zona linfocitos T colaboradores especializados en el reconocimiento de este tipo de antígeno en particular. La interleucina-2 también estimula la reproducción y multiplicación de este tipo de linfocitos T colaboradores. O sea, el linfocito T colaborador original que reconoció al virus, comienza a producir copias de sí mismo.
   
  
11- Comienza la proliferación de linfocitos T con el mismo tipo de receptores que pueden adherirse únicamente a este tipo específico de antígeno (en este caso un virus). La citocina de tipo Interleucina-2 estimula la reproducción del linfocito T en sus cuatro categorías: linfocitos T colaboradoreslinfocitos T citotóxicoslinfocitos T de memoria y linfocitos T reguladores, cada uno con sus funciones particulares. 

Los linfocitos T colaboradores no atacan ni destruyen a las células infectadas, sino que dirigen la campaña contra los antígenos. Haciendo una analogía, vendrían a ser los generales del sistema inmunitario. Al multiplicarse los linfocitos T colaboradores en copias de la misma clase, el proceso se acelera exponencialmente, ya que estos también secretan Interleucina-2 que estimula la producción de más linfocitos T citotóxicos

Los linfocitos T citotóxicos son los soldados de elite del sistema inmunitario adquirido, encargados de destruir a las células infectadas del cuerpo. 

Los linfocitos T reguladores son los encargados de desactivar a los linfocitos T citotóxicos una vez que todos los virus han sido destruidos, para evitar que la situación se descontrole y pasen a destruir también a células sanas del cuerpo.

Los linfocitos T de memoria no realizan ninguna acción directa sobre los antígenos. Su misión es estar preparados por si en el futuro vuelve a haber una invasión de esta misma especie de antígeno en particular. Esto garantiza que si alguna vez este mismo tipo de virus llegara a volver a invadir al cuerpo, los linfocitos T de memoria estarán listos esperándolo allí e inmediatamente comenzarán a reproducirse en linfocitos T colaboradorescitotóxicos y reguladores compatibles a esta misma especie de antígeno. De esta manera, la respuesta será más rápida y fuerte que la primera vez. La primera vez que el cuerpo se expone a un tipo de antígeno, la respuesta inmune es lenta y puede tardar varias horas o incluso días en desarrollarse, es por eso que la persona se enferma. Pero si en el futuro, la persona vuelve a exponerse a ese mismo tipo de antígeno, gracias a los los linfocitos T de memoria -que estarán siempre alertas esperando el regreso de esa especie de antígeno en particular-, la respuesta será inmediata, no deberá pasar por todas las etapas descritas hasta aquí, y la persona no se enfermará, ya que los linfocitos T de memoria reconocerán de inmediato al antígeno y comenzarán la respuesta inmune celular específica para vencer a ese tipo de antígeno en particular.

Es gracias a esta capacidad que tienen los linfocitos T de memoria, que la vacunación es un método efectivo para evitar enfermedades. La vacunación consiste en introducir a bacterias o virus que generan una determinada enfermedad, pero en un estado debilitado o incluso muertos. Esto activa al sistema inmunitario adquirido, que combate a estos antígenos debilitados o muertos, y que estimula la producción de linfocitos T de memoria que desde ese momento estarán preparados ante un posible regreso de esta misma especie de antígeno. Con la vacunación podría decirse que se infecta a la persona con el antígeno debilitado o muerto que provoca una determinada enfermedad, para que el sistema inmunitario adquirido genere a los linfocitos T de memoria que lo recordarán en caso de una infección real.
  
  
12- La FASE EFECTORA de la respuesta celular del sistema inmunitario adquirido se inicia cuando los linfocitos T citotóxicos reconocen a las células infectadas gracias a que los fragmentos de proteínas víricas están expuestas en el exterior de estas células a través de las moléculas de CMH Clase I. Una vez adheridos los linfocitos T citotóxicos a los CMH Clase I de las células infectadas, comienzan a liberar moléculas de una sustancia química llamada perforina. Las perforinasperforan (de allí su nombre) a la membrana celular y permiten así la ruptura de la célula invadida por los virus.
  
  
13- Las moléculas de perforina perforan a la membrana de la célula infectada propiciando así su lisis (ruptura de la célula y salida de sus orgánulos y de todo el material intracelular).
  
  
14- Cuando los linfocitos T citotóxicos matan a todas las células infectadas, los virus no pueden seguir reproduciéndose porque al estar muertas las células que invadieron, no pueden utilizar sus orgánulos. Finalmente, los virus quedan destruidos y la invasión controlada. Una vez que la persona está curada, para evitar que los linfocitos T citotóxicos continúen sus ataques y vayan a destruir a células sanas y la situación se descontrole, los linfocitos T reguladores desactivan a los linfocitos T citotóxicos, así como a los linfocitos T colaboradores.
  
  
15- Una vez eliminados los virus invasores, quedarán linfocitos T de memoria con la capacidad de reconocer únicamente a este tipo de virus en particular, para que si en el futuro vuelve a ocurrir una invasión de este mismo tipo de virus, estos linfocitos T de memoria los reconocerán inmediatamente y comenzarán rápidamente la respuesta inmune.
  
  
Cabe aclarar que en algunos casos, cuando una célula se vuelve cancerosa, comienza a funcionar mal y a producir proteínas distintas a lo que indican los genes del ADN de la persona. En tales casos, las moléculas de CMH Clase I exponen fragmentos de estas proteínas. Cuando los linfocitos T citotóxicos detectan a estas proteínas distintas a cualquier proteína que indican los genes del ADN de la persona, interpretan que la célula está tomada por un antígeno y la destruyen inmediatamente.
  
Por último, el SIDA (Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida) es causado por el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) que infecta y destruye a los linfocitos T colaboradores, que como ya se ha observado, son de vital importancia en las respuestas humoral y celular del sistema inmunitario adquirido, ya que son los que dirigen los procesos de dichas respuestas. Al disminuir considerablemente el número de linfocitos T colaboradores, la persona queda vulnerable ante infecciones bacteriales y virales que provocan graves enfermedades, dado que no se pueden desarrollar las mencionadas respuestas inmunes que dependen de la dirección por parte de los linfocitos T colaboradores.
  
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