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Cómo funciona la sangre

 

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El cuerpo humano contiene en promedio entre 4,5 y 6 litros de sangre que normalmente corresponden al 7% u 8% del peso del cuerpo. Aproximadamente entre 2,47 y 3,3 litros de la sangre es plasma (aproximadamente el 55% de la sangre) y el resto está compuesto por células sanguíneas especializadas.

El plasma es la porción líquida de la sangre y está compuesto aproximadamente en un 90% de agua. Las células sanguíneas (por ejemplo los glóbulos rojos) flotan en el plasma. El plasma también tiene disueltos electrolitos (los electrolitos son minerales como el calcio, cloro, magnesio, fósforo, potasio, sodio cuyas funciones se explicarán más adelante). Otras sustancias disueltas en la sangre incluyen a los nutrientes, hormonas, vitaminas (absorbidas por los intestinos o producidas por el cuerpo), factores de coagulación (que son las proteínas encargadas de formar los coágulos sanguíneos) y proteínas como las inmunoglobulinas producidas por el sistema inmunológico para comportarse como anticuerpos que combaten a antígenos (bacterias, virus y alergenos dañinos para el organismo).

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La separación de los componentes de una muestra de sangre es llevada a cabo colocando la muestra extraída en un tubo de ensayo. Esta muestra es centrifugada durante unos minutos en una máquina que gira a aproximadamente 1500 revoluciones por minuto (RPM). El centrifugado logra separar a los glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas del plasma donde flotan.

Así, en una persona sana el 55% del volumen de la sangre tiene que estar compuesto por suero, un líquido de color amarillento traslúcido, más denso que el agua y formado en un 90% de agua.

El 45% del volumen de sangre está compuesto por glóbulos rojos.

Menos del 1% del volumen de la sangre está compuesto por glóbulos blancos y plaquetas. Tras el centrifugado de la muestra de sangre, los glóbulos blancos y las plaquetas forman una fina capa que se posiciona en el tubo de ensayo entre los glóbulos rojos de abajo (más denso) y el plasma de arriba (menos denso). Esta fina capa se denomina capa leuco-plaquetaria (leuco en griego significa blanco y es por los glóbulos blancos).
 

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Todas las células sanguíneas son producidas en la médula ósea (la médula ósea es un tejido esponjoso que se encuentra en el interior de varios huesos del cuerpo). De niños, la mayoría de los huesos producen sangre, pero con el paso de los años termina siendo producida solamente por sectores de la parte superior de los huesos de los brazos y piernas, vértebras, esternón, costillas, huesos del cráneo y huesos de la cadera. La médula ósea que sigue produciendo células sanguíneas se denomina médula ósea roja y la que no produce más células sanguíneas se denomina médula ósea amarilla.

El proceso por el que el cuerpo produce sangre se llama hematopoyesis (del griego hema que significa sangre y poyesis que significa creación). Todas las células sanguíneas (góbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas) provienen del mismo tipo de células llamadas células madre hematopoyéticas pluripotenciales, que tienen la capacidad de producir cualquiera de los tipos de células sanguíneas, así como reproducirse a sí mismas.
 

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Algunas de las características de los eritrocitos incluyen:

- Su forma de disco bicóncavo, como si se tratara de un tazón de dos lados con poca profundidad.

- Normalmente, los glóbulos rojos tienen un diámetro de entre 7 y 8 micrómetros (millonésimas de metro o milésimas de milímetro) y un grosor de 2,5 micrómetros.

- A diferencia de otras células del cuerpo humano, no tiene núcleo. El núcleo abandona la célula durante su proceso de maduración al formarse el reticulocito (el reticulocito es la fase celular anterior de formación de un eritrocito y ya se describirá más abajo).

- Tienen la capacidad de cambiar de forma extremadamente sin romperse, ya que pueden estrujarse para poder pasar por los capilares sanguíneos (los capilares son las partes más finas de los vasos sanguíneos por donde se intercambian nutrientes, oxígeno, dióxido de carbono y productos desechos entre células y el sistema circulatorio, así como entre los pulmones y el sistema circulatorio).

- Los eritrocitos contienen hemoglobina, una molécula especialmente diseñada para poder capturar oxígeno tomado de los pulmones y transportarlo a las células que lo necesitan para seguir funcionando (o sea seguir viviendo). Cada glóbulo rojo contiene aproximadamente 270 millones de moléculas de hemoglobina.
 

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La función principal de los eritrocitos (glóbulos rojos) es transportar oxígeno de los pulmones a las células del cuerpo. En realidad, la parte de los glóbulos rojos que transporta o sostiene a las moléculas de oxígeno (O2) es una proteína llamada hemoglobina que se mencionó en la lista anterior. Como ya se dijo, cada eritrocito contiene 270 millones de moléculas de hemoglobina.

En los capilares sanguíneos, los glóbulos rojos sueltan el oxígeno (O2) para que penetre a las células que lo utilizan para producir la energía que les permite seguir funcionando y a cambio toman el dióxido de carbono (CO2), producto de la combustión realizada a moléculas de glucosa en presencia de oxígeno en las mitocondrias de las células donde se genera la energía (las mitocondrias son los orgánulos donde la célula produce energía para seguir funcionando a través de una combustión de moléculas de glucosa realizada en presencia de oxígeno). Aproximadamente, el 97% del oxígeno (O2) transportado por la sangre desde los pulmones a todas las células del cuerpo, es llevado por la hemoglobina de los glóbulos rojos. El otro 3% del oxígeno (O2) está disuelto en el plasma. La hemoglobina permite transportar a la sangre entre 30 y 100 veces más oxígeno de lo que puede llevar disuelto en el plasma. Por eso es muy importante mantener la cantidad de glóbulos rojos en valores saludables.

Se denomina intercambio gaseoso al proceso en el que el oxígeno pasa de los alvéolos pulmonares a los glóbulos rojos y el dióxido de carbono de los glóbulos rojos a los alvéolos pulmonares (este proceso también se denomina respiración externa). Asimismo, se llama intercambio gaseoso al proceso en el que el oxígeno pasa de los glóbulos rojos a las células y el dióxido de carbono de las células a los glóbulos rojos (este proceso también se denomina respiración interna).
 

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Al pasar los glóbulos rojos de la sangre por los capilares que rodean a los alvéolos pulmonares (lugar donde el oxígeno pasa de los pulmones a la sangre), las moléculas de hemoglobina se combinan con las moléculas de oxígeno (O2) que abundan en los pulmones y luego las sueltan en los capilares sanguíneos que pasan por células del cuerpo donde los niveles de oxígeno son bajos. Cada molécula de hemoglobina contiene cuatro átomos de hierro y cada uno de estos átomos de hierro pueden llevar una molécula de oxígeno (cada molécula de oxígeno tomada del aire contiene dos átomos de oxígeno, por eso se la simboliza O2). Por lo tanto, cada molécula de hemoglobina puede transportar cuatro moléculas de oxígeno (4 moléculas de O2 ó en otras palabras 8 átomos de oxígeno). Lo que le da a la sangre su característico color rojo es la hemoglobina y si hurgamos un poco más profundo, lo que en realidad le da ese color rojo a la sangre es el hierro de las moléculas de hemoglobina.

Entre el 33% y 35% del peso de un eritrocito corresponde a la molécula de hemoglobina. La concentración normal de hemoglobina en sangre es de 15,5 gramos por decilitro de sangre en los hombres y de 14 gramos de hemoglobina por decilitro de sangre en las mujeres (un decilitro es la décima parte de un litro o 100 mililitros).

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El dióxido de carbono (CO2) producido en las mitocondrias de las células, luego de la combustión pasa de las células a la sangre a través de la pared de los vasos capilares (la pared de los vasos capilares se denomina endotelio) donde es capturado por los glóbulos rojos que lo transportan a los pulmones, desde donde se lo exhala finalmente al exterior del cuerpo.

El 70% del dióxido de carbono (CO2) producido en las células entra a los glóbulos rojos donde se combina con agua (H2O) y se forman moléculas de ácido carbónico (H2CO3), a través de la reacción CO2 +H2O ==> H2CO3 (el ácido carbónico está compuesto por dos átomos de hidrógeno provenientes del agua, un átomo de carbono proveniente del dióxido de carbono y tres átomos de oxígeno, dos de los cuales provienen del dióxido de carbono y uno del agua). Dentro de los glóbulos rojos existe una enzima llamada anhidrasa carbónica (las enzimas son proteínas producidas por las células para acelerar o favorecer reacciones químicas), que favorece la formación de ácido carbónico y al inmediato rompimiento del ácido carbónico recientemente formado en dos iones (un ión es un átomo o un grupo de átomos con una carga eléctrica neta positiva o negativa), quedando un ión de hidrógeno H+ (con carga positiva) y un ión bicarbonato HCO3- (con carga negativa). El ión de hidrógeno H+ se une a una de las moléculas de hemoglobina del glóbulo rojo, mientras que el ión bicarbonato HCO3- sale del glóbulo rojo y se disuelve en el plasma por donde va a viajar hasta los pulmones. Es bueno aclarar que para abreviar, en bioquímica (ciencia que estudia la composición química de los seres vivos), la hemoglobina se suele simbolizar como Hb.
 
Luego, al circular por los capilares sanguíneos que rodean a los alvéolos pulmonares, los iones bicarbonato HCO3- disueltos en el plasma vuelven a penetrar en los glóbulos rojos, donde las moléculas de hemoglobina sueltan a los iones hidrógeno H+ para tomar en su lugar moléculas de oxígeno capturadas de los alvéolos pulmonares. De esta manera, los iones de cargas eléctricas opuestas, hidrógeno H+ y bicarbonato HCO3- se atraen entre sí y forman nuevamente ácido carbónico (H2CO3) dentro del glóbulo rojo. No obstante, inmediatamente con la ayuda de la anhidrasa carbónica que contienen los glóbulos rojos, se revierte el proceso y el ácido carbónico (H2CO3) se separa en moléculas de dióxido de carbono (CO2) y agua (H2O). A continuación, las moléculas de dióxido de carbono (CO2) salen de los glóbulos rojos y traspasan las paredes de los capilares sanguíneos (endotelio) para penetrar a los alvéolos pulmonares y finalmente desde allí ser exhalados fuera del cuerpo al medio ambiente.

Ya dijimos que el 70% del dióxido de carbono (CO2) producido por las células es desechado del cuerpo mediante este proceso descrito en los dos párrafos anteriores. El 23% del dióxido de carbono (CO2) se combina directamente con moléculas de hemoglobina (Hb) de los glóbulos rojos que lo transportan hasta los pulmones y el 7% restante de dióxido de carbono (CO2)es transportado hasta los pulmones disuelto directamente en el plasma. Sin embargo, como se puede ver, la mayor parte es expulsado mediante el proceso de conversión a ácido carbónico (H2CO3) y bicarbonato HCO3-.
 

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La hemoglobina es una heteroproteína (las heteroproteínas están compuestas por una parte proteica y otra no proteica, de ahí el prefijo hetero que denota su heterogeneidad) formada por cuatro proteínas llamadas globinas, cada una de las cuales tiene unido un grupo no proteico llamado grupo hemo. A su vez, cada uno de estos cuatro grupos hemo cuenta con un átomo de hierro (Fe) que puede unirse a una molécula de oxígeno (O2). Por lo tanto, cada molécula de hemoglobina posee cuatro átomos de hierro (Fe), así que cada hemoglobina puede transportar hasta cuatro moléculas de oxígeno (O2) desde los pulmones a las células. Asimismo, los cuatro átomos de hierro (Fe) de la hemoglobina pueden unirse a moléculas de dióxido de carbono (CO2), por lo que cada hemoglobina también puede transportar hasta cuatro moléculas de dióxido de carbono (CO2) desde las células a los pulmones.

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Las moléculas de monóxido de carbono (simbolizado CO por estar formado por 1 átomo de carbono y 1 átomo de oxígeno), producto de combustiones incompletas ocurridas en lugares mal ventilados donde escasea el oxígeno, tienen mucha más afinidad con los átomos de hierro de la hemoglobina que las moléculas de oxígeno (O2) y dióxido de carbono (CO2). Las moléculas de monóxido de carbono (CO) tienen una afinidad aproximadamente 200 veces más fuerte con el hierro (Fe) de la hemoglobina que las moléculas de oxígeno (O2) y dióxido de carbono (CO2). Esto significa que si una persona se encuentra en un lugar con poca ventilación donde está ocurriendo algún tipo de combustión (por ejemplo una estufa encendida o la llama de una hornilla de cocina), al respirar dicha persona, las moléculas de monóxido de carbono (CO) del ambiente ingresarán a los pulmones y al pasar de los alvéolos al torrente sanguíneo, por tener mayor afinidad con el hierro de la hemoglobina que el oxígeno y el dióxido de carbono, tomarán ventaja y se unirán a las moléculas de hemoglobina de los glóbulos rojos, de esta manera no permitirán que el oxígeno (O2) se una a los glóbulos rojos y por ende no podrá ser transportado hasta las células del cuerpo.

Las reacciones químicas de las moléculas de hemoglobina (Hb) con moléculas de oxígeno (O2) y dióxido de carbono (CO2) se denominan reacciones reversibles, ya que no son tan fuertes y pueden romperse fácilmente los vínculos (revertirse) y así el dióxido de carbono (CO2) puede soltarse de la hemoglobina en los pulmones para ser reemplazado por oxígeno, así como el oxígeno (O2) puede soltarse de la hemoglobina al llegar a las células para ser reemplazado por dióxido de carbono (CO2).

Por el contrario, las reacciones químicas del monóxido de carbono (CO) con la hemoglobina se denominan reacciones irreversibles, ya que es muy difícil romper su vínculo y una vez que las moléculas de monóxido de carbono (CO) se unen a los cuatro átomos de hierro (Fe) de cada molécula de hemoglobina, ni el oxígeno (O2) ni el dióxido de carbono (CO2) pueden quitarles el lugar, por lo que las moléculas de oxígeno (O2) no pueden ser transportadas por los glóbulos rojos hasta las células y la persona padecerá una hipoxia (del griego hipó que significa debajo o bajo y oxys que representa al oxígeno), es decir falta de oxígeno en la sangre y células del cuerpo.
 
Por lo tanto, si una persona se encuentra en un espacio mal ventilado donde ocurre una combustión (por ejemplo de una estufa), las moléculas de monóxido de carbono (CO) se unirán a las moléculas de hemoglobina de los glóbulos rojos y evitarán que se unan al oxígeno (O2), así comenzará el proceso de asfixia, dado que la sangre no podrá transportar hasta las células al oxígeno (O2) que requieren para seguir funcionando (es decir viviendo). Es por esto que el monóxido de carbono (CO) se considera un gas altamente tóxico.
 
Con apenas una concentración de 0,02% de monóxido de carbono (CO) en el aire, la persona que respira dicho aire puede padecer dolores de cabeza y sentir náuseas como señal de alerta que produce el cuerpo en respuesta a la presencia de aire envenando. Si la concentración de monóxido de carbono en el aire aumenta a 0,1% la persona puede perder el conocimiento.

Una vez respirado, si la concentración de monóxido de carbono (CO) ocupa el 10% de las moléculas de hemoglobina de los glóbulos rojos, la persona padecerá síntomas de carencia de oxígeno (confusión, debilidad, dolor de cabeza, dolor de pecho, mareos, náuseas, vómitos). Si la concentración de moléculas de monóxido de carbono (CO) unidas a las moléculas de hemoglobina del cuerpo alcanza el 30%, afecta al funcionamiento neurológico del cuerpo. Si la concentración de monóxido de carbono (CO) alcanza al 50% de las moléculas de hemoglobina, puede causar la muerte. El monóxido de carbono (CO) es un gas inodoro e incoloro, por lo que es difícil de detectar y los síntomas que genera son similares a los de otras enfermedades.

Es por ello que es fundamental tener siempre los ambientes bien ventilados y oxigenados, especialmente cuando ocurre algún tipo de combustión como la de una hornilla encendida, que va consumiento al oxígeno del ambiente y pasado determinado tiempo a causa de la escacez de oxígeno, la combustión comenzará a ser incompleta y en lugar de dar como resultado moléculas de dióxido de carbono (CO2) que tienen dos átomos de oxígeno, generará moléculas de monóxido de carbono (CO) que tienen un solo átomo de oxígeno. Por esta misma razón, también se recomienda no dormir con estufas encendidas ya que las personas intoxicadas pueden morir sin percatarse de los síntomas alertantes. Normalmente, el aire contiene una concentración de aproximadamente 20,9% de oxígeno. Si el nivel de oxígeno es inferior a 19,5% se considera que el ambiente tiene un aire pobre en oxígeno. Si la concentración de oxígeno en el aire es inferior a 16%, el ambiente no es seguro para los seres humanos.

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El tinte rojo de la sangre es debido a los cuatro átomos de hierro que tienen cada una de las aproximadamente 270 millones de moléculas de hemoglobina contenidas en cada glóbulo rojo. Un ejemplo es el planeta Marte, cuyo color es rojo precisamente por una fina capa de polvo compuesta por diferentes tipos de óxidos de hierro en partículas que cubren al planeta.

Al estar combinadas las moléculas de hemoglobina de los glóbulos rojos con oxígeno, la sangre se torna a un color rojo brillante. Es por eso que la sangre que circula por las arterias tiene un color rojo brillante. Por su parte, la sangre que circula por las venas, al estar desoxigenada (sin moléculas de oxígeno), tiene un color rojo más oscuro.

Cuando la hemoglobina de los glóbulos rojos se une a las venenosas moléculas de monóxido de carbono (CO), adopta un color rojo cereza.

En la imagen de arriba, la gota de la izquierda corresponde a sangre con oxígeno (que circula de los pulmones hacia el corazón y de allí a todas las células del cuerpo), mientras que la gota de la derecha corresponde a sangre sin oxígeno (con dióxido de carbono y que circula de las células del cuerpo hacia el corazón y de allí a los pulmones).
 

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El proceso de creación de los glóbulos rojos se denomina eritropoyesis (del griego eritró que significa rojo y poyesis que significa creación). Los glóbulos se crean en la médula ósea (la médula ósea es un tejido esponjoso que se encuentra en el interior de varios huesos del cuerpo). De niños, la mayoría de los huesos producen sangre, pero con el paso de los años termina siendo producida solamente por sectores de la parte superior de los huesos de los brazos y piernas, vértebras, esternón, costillas, huesos del cráneo y huesos de la cadera. La médula ósea que sigue produciendo células sanguíneas se denomina médula ósea roja y la que no produce más células sanguíneas se denomina médula ósea amarilla.

En la médula ósea, la célula madre precursora que origina a los glóbulos rojos, así como a las demás células sanguíneas (glóbulos blancos, plaquetas), se denomina hemocitoblasto. El hemocitoblasto se convierte en un proeritroblasto, una célula de forma ovoide y un núcleo que tiene un diámetro de entre 14 y 19 μm (μm es el símbolo de micrómetro, lo que equivale a una millonésima de metro o una milésima de milímetro), o sea el doble del diámetro de un glóbulo rojo normal. El proeritroblasto capta el hierro que circula por el plasma sanguíneo y lo almacena para fabricar la hemoglobina que utilizará más adelante el eritrocito maduro.

Luego de 20 horas, el proeritroblasto se transforma en eritroblasto basófilo, una célula más pequeña que el proeritroblasto, con un diámetro de aproximadamente 12 μm (micrómetros). Los eritroblastos basófilos tienen una gran cantidad de ribosomas encargadas de fabricar hemoglobina (los ribosomas son los orgánulos donde la célula fabrica las proteínas o enzimas). Después de 20 horas, cuando la célula tiene un contenido alto de hemoglobina, pasa a denominarse eritroblasto policromatófilo. Pasadas otras 25 horas, la célula comienza a reducir la cantidad de ribosomas presentes ya que no necesita acumular mucha más hemoglobina, en esta etapa se la denomina eritroblasto ortocromatófilo (también se lo conoce como normoblasto). Luego de 30 horas, el normoblasto expulsa su núcleo y pasa a denominarse reticulocito. La etapa en la que la célula es un reticulocito dura aproximadamente 3 días (dos días en la médula ósea y un día circulando en sangre).

Antes de convertirse la célula en un eritrocito (o sea un glóbulo rojo maduro), durante su etapa de formación, al abandonar la médula ósea, se denomina reticulocito. El reticulocito es una célula roja a la que le falta madurar, que perdió su núcleo y aún conserva orgánulos (estructuras funcionales contenidas en el citoplasma de las células) como mitocondrias y ribosomas (recordemos que las mitocondrias son los orgánulos donde la célula produce energía para seguir funcionando a través de una combustión de moléculas de glucosa en presencia de oxígeno y que los ribosomas son los orgánulos donde la célula fabrica las proteínas o enzimas). Una vez que el reticulocito entró en el sistema circulatorio, sus orgánulos (ribosomas y mitocondrias) permanecen funcionando aproximadamente 24 horas más hasta abandonar la célula que termina madurando y convirtiéndose en un eritrocito.

Los reticulocitos permanecen en el sistema circulatorio durante aproximadamente 24 horas hasta convertirse finalmente en un eritrocito (glóbulo rojo) maduro y funcional. Los reticulocitos se distinguen por tener un mayor tamaño que los eritrocitos (aproximadamente 8% más grandes), ya que mientras los reticulocitos tienen un diámetro de entre 8-10 μm (micrómetros), los eritrocitos tienen un diámetro de entre 7-8 μm. Otra característica que distingue visualmente a los reticulocitos es que a diferencia de los eritrocitos, tienen una red interna muy fina de filamentos.

Luego de aproximadamente un día de estar circulando, los reticulocitos expulsan los orgánulos y maduran convirtiéndose en eritrocitos. Los glóbulos rojos son células que tienen un promedio de vida de 120 días en la sangre. Luego de ese tiempo, envejecen y son removidos en el hígado y el bazo por células del sistema inmunológico llamadas macrófagos.

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La inflamación es un proceso fundamental que ocurre durante la batalla entre el sistema inmonológico del cuerpo y bacterias invasoras que ingresaron al cuerpo de alguna manera, como por ejemplo cuando una persona se clava una astilla en el dedo. Precisamente, ese será el ejemplo que analizaremos a continuación, donde veremos detalladamente cómo reaccionan los glóbulos blancos y otros elementos del sistema inmunológico durante una infección en una zona del tejido de la piel en un dedo. Recordemos que los tejidos son conjuntos de células que se comportan de una manera organizada y coordinada. A su vez, los órganos del cuerpo están compuestos por tejidos.

Por otro lado, también es necesario recordar que una infección significa la invasión y multiplicación de bacterias patógenas el alguna zona del cuerpo.

  
1- Tejido de piel sano: En el tejido de piel sano de un dedo hay macrófagos que custodian a las células que forman a dicho tejido de piel ante posibles ataques de bacterias. Los macrófagos son monocitos (un tipo de glóbulo blanco) que al haber salido del torrente sanguíneo y haberse instalado en algún tejido para protegerlo, se convirtieron en macrófagos. Los macrófagos son capaces de fagocitar (ingerir y destruir) alrededor de 100 bacterias invasoras durante toda su vida. También pueden destruir células viejas, células dañadas y células muertas del cuerpo. Pueden vivir durante meses o incluso años.

Por los capilares sanguíneos que pasan a los costados de los tejidos (conjunto de células que funcionan de forma coordinada) de piel del dedo, circulan glóbulos blancos, entre ellos neutrófilos. Los neutrófilos son uno de los principales defensores que tiene el cuerpo en contra de las bacterias invasoras. Para vencerlas, utilizan un proceso llamado fagocitosis, que consiste en ingerir a las bacterias y una vez dentro de los neutrófilos, las destruyen con enzimas digestivas especiales.

Por las dudas, cabe recordar que los capilares sanguíneos son las ramificaciones finales de las arterias y venas que se subdividen en millones de capilares finitos que nutren de oxígeno y nutrientes a cada una de las células del cuerpo. Los capilares sanguíneos también sirven para recoger el dióxido de carbono generado en cada célula, así como para permitir que los glóbulos blancos (como los neutrófilos) salgan del torrente sanguíneo y se dirijan hacia células dañadas por bacterias invasoras.
  
  
2- Tejido contaminado: Una pequeña astilla de madera contaminada con bacterias se clava en la piel del dedo. El proceso inflamatorio se inicia cuando las bacterias patógenas ingresan al cuerpo y comienzan a reproducirse y a generar componentes que dañan a las células que forman al tejido de piel invadido. El ingreso de las bacterias patógenas y su reproducción dentro del tejido invadido es lo que conocemos como infección.
  
  
3- Comienzan a reaccionar los macrófagos: Los macrófagos que residen en el tejido de la piel del dedo se dirigen hacia la zona infectada por bacterias invasoras y empiezan a fagocitar a dichas bacterias patógenas. El proceso de fagocitosis funciona de la siguiente manera: La membrana celular que recubre al macrófago empieza a extenderse alrededor de la bacteria objetivo, hasta terminar de introducirla completamente dentro de su cuerpo celular. A continuación, el macrófago envuelve con una membrana a la bacteria, aislándola del resto de las organelas que forman parte del macrófago (las organelas son las estructuras funcionales u órganos que contienen las células en su citoplasma). Este envoltorio o vesícula que se forma dentro del macrófago, se llama fagosoma y contiene a la bacteria ingerida (fagocitada). Dentro del fagosoma, la bacteria ingerida comienza a ser degradada y destruida con enzimas que libera el macrófago.
 
 
4- Los macrófagos secretan moléculas de citocina que son proteínas estimulantes: Como los macrófagos no pueden hacer frente al problema solos, en respuesta a la infección comienzan a liberar moléculas de una sustancia química llamada citocina. Las citocinas son proteínas que regulan algunas funciones del proceso de inflamación de un tejido dañado, también sirven como sistema de comunicación entre células del sistema inmunitario que interactúan entre sí.
  
  
5- Las citocinas se dirigen a la pared del capilar sanguíneo: Las citocinas se dispersan por la pared del capilar sanguíneo. La pared del capilar sanguíneo es muy fina y está compuesta por las llamadas células endoteliales que están unidas entre sí, una al lado de la otra, y dan forma a esta pared del capilar. 
  
  
6- Las citocinas estimulan a las células endoteliales para que expongan a receptores llamados selectinas, en el capilar sanguíneo: En la imagen se muestra un acercamiento del capilar sanguíneo por donde circula la sangre y sus componentes, entre ellos los neutrófilos (un tipo de glóbulo blanco). Las moléculas de citocina, al alcanzar a la pared del capilar sanguíneo, estimulan a las células endoteliales (que forman a la pared del capilar sanguíneo) a desplegar unos receptores especiales denominados selectinas. Las selectinas son moléculas de adhesión que sirven para atrapar a neutrófilos que circulan por el torrente sanguíneo. Las selectinas se amarran a moléculas de carbohidratos que poseen los neutrófilos en su superficie y provocan la disminución de velocidad de circulación de estos neutrófilos.
  
  
7- Las selectinas atrapan al neutrófilo enganchando a carbohidratos de su superficie: De esta manera, el neutrófilo reduce su velocidad y empieza a rodar a lo largo de la pared del capilar sanguíneo. Mientras rueda por la pared del capilar sanguíneo se va enganchando y soltando de las selectinas que exponen las células endoteliales que componen a la pared del capilar sanguíneo. Las selectinas se amarran a carbohidratos que tienen los neutrófilos.
  
  
8- El neutrófilo comienza a rodar por la pared del capilar enganchándose a selectinas: Mientras el neutrófilo rueda lentamente por la pared del capilar sanguíneo (gracias a que las selectinas de las células endoteliales enganchan a los carbohidratos del neutrófilo), señales inflamatorias además provocan que el neutrófilo despliegue en su superficie unas moléculas llamadas integrinas. Las integrinas son moléculas de adhesión que tienen la capacidad de amarrarse a las células endoteliales y detener el movimiento del neutrófilo por completo.
  
  
9- Las integrinas del neutrófilo se enganchan a moléculas ICAM de las células endoteliales: El neutrófilo detiene totalmente su marcha al engancharse sus moléculas de integrina a unas moléculas de adhesión intercelular que poseen las células endoteliales (en inglés Intercellular Adhesion Molecules o por sus siglas ICAM).
  
  
10- El neutrófilo enganchado a las células endoteliales se estira a lo largo de la superficie de éstas: Una vez que el neutrófilo está totalmente amarrado a las células endoteliales que componen a la pared del capilar sanguíneo, se estira a lo largo de dos células endoteliales. El neutrófilo está enganchado a las células endoteliales a través de uniones entre las integrinas del neutrófilo y moléculas ICAM (moléculas de adhesión intercelular) de las células endoteliales.
  
  
11- Las células del tejido dañado en la zona infectada envían moléculas de bradiquinina: Paralelamente a todo lo descrito en los puntos anteriores, las células del tejido dañado liberan una sustancia llamada bradiquinina. La bradiquinina provoca que las células endoteliales que forman a la pared del capilar sanguíneo se contraigan y por consiguiente las uniones entre dichas células endoteliales se relajen. Esto da por resultado la apertura de espacios angostos entre las células endoteliales, por donde ahora el neutrófilo puede pasar. Esto se entiende como aumento de la permeabilidad del capilar sanguíneo, ya que los neutrófilos ahora pueden atravesar la pared de este capilar sanguíneo y dirigirse hasta la zona de la infección. Pero este aumento de la permeabilidad no es otra cosa más que la apertura de estos espacios o ventanitas entre las células endoteliales.
  
  
12- El neutrófilo logra salir del capilar sanguíneo a través de las aberturas que se forman: El neutrófilo se estruja (ya que es una célula flexible que cuenta con esa capacidad) y pasa a través del espacio que se formó entre las células endoteliales contraídas. Este proceso en el que el neutrófilo atraviesa la pared del capilar sanguíneo se denomina diapédesis (un término que proviene del griego diapédesis que significa "salto a través de", aunque en griego antiguo también significaba rezumar, exudar o gotear). 
  
  
13- El neutrófilo se dirige hacia la zona del tejido dañado: El neutrófilo se mueve entre las células del tejido de la piel como si fuese una ameba hasta llegar a la zona de la infección, es decir, la zona de las células del tejido de piel dañadas por bacterias invasoras. Se dice que se mueve como ameba porque lo hace por pasadizos que se forman entre las células que componen al tejido de piel. Estos pasadizos o espacios entre las células por donde se mueve el neutrófilo se denomina intersticio celular. El intersticio celular o espacios entre las células de un tejido está lleno de un líquido llamado líquido intersticial. El líquido intersticial que rodea a las células del cuerpo equivale a aproximadamente el 28% del agua corporal y su composición es similar a la del plasma sanguíneo, salvo que el líquido intersticial tiene una menor concentración de proteínas que el plasma, debido a que por su elevado peso molecular no pueden atravesar las paredes de los capilares sanguíneos con tanta facilidad.
  
El neutrófilo encuentra la zona infectada gracias a sustancias químicas que liberan los macrófagos y las células dañadas por las bacterias invasoras. El neutrófilo se mueve hacia la zona donde hay mayor concentración de estas sustancias químicas. Este proceso por el cual un glóbulo blanco como el neutrófilo se mueve hacia una determinada zona por el nivel de concentración de ciertos químicos se denomina quimiotaxis. Las sustancias químicas que liberan los macrófagos para atraer la atención de los neutrófilos y que puedan encontrar así la zona invadida por bacterias patógenas (foco infeccioso) son citocinas (ya descritas anteriormente).
  
Una vez que el neutrófilo llega a la zona de la infección (o sea, la zona de la piel invadida por bacterias patógenas), comienza a ayudar a los macrófagos fagocitando (es decir ingiriendo y luego destruyendo) a las bacterias invasoras.
  
  
14- Moléculas de bradiquinina también se unen a mastocitos: En diversos tejidos de todo el cuerpo pueden encontrarse unas células especializadas pertenecientes al sistema inmunitario llamadas mastocitos. En condiciones normales, los mastocitos no circulan por la sangre sino que habitan en tejidos del cuerpo. Algunas de las moléculas de bradiquinina que son liberadas por células dañadas en la zona de la infección (esto se explicó arriba en el punto 11), se unen a los mastocitos del área infectada. Cuando las moléculas de bradiquinina se unen a los mastocitos, estos últimos liberan una sustancia llamada histamina. La histamina, a su vez se dirige hacia las células endoteliales que componen a la pared del capilar sanguíneo y provoca que se contraigan aún más, por lo que las aberturas o espacios entre ellas se ensanchan todavía más.
  
De esta forma, la histamina induce a que más líquido salga del capilar sanguíneo hacia la zona infectada. Este líquido no es otra cosa más que plasma, pero con menor concentración de proteínas, dado que dichas proteínas que contiene el plasma, por su elevado peso molecular no pueden atravesar con tanta facilidad a estos espacios o aberturas que se forman entre las células endoteliales. Este fluido llena aún más al intersticio celular y provoca el aumento de volumen o hinchazón de la zona infectada.
  
  
15- El fluido llena la zona del tejido infectado y causa hinchazón: Paralelamente al aumento del volumen de la zona infectada debido a que el intersticio celular se llena con más fluido proveniente del capilar sanguíneo, la bradiquinina también induce a que las células endoteliales de la pared del capilar sanguíneo liberen una sustancia llamada prostaglandina. La prostaglandina estimula a las terminaciones nerviosas de la zona a que causen dolor.
  

Todo este proceso de inflamación descrito en los quince puntos anteriores, genera atención en la persona a través de cuatro señales conocidas con el nombre de: los cuatro signos cardinales de la inflamación. Estos son rubor, calor, hinchazón y dolor. Los dos primeros son a causa del aumento de cantidad de sangre en la zona por vasodilatación (la vasodilatación ocurre cuando las células endoteliales del capilar sanguíneo se contraen). El hinchazón se debe al incremento de líquido intersticial en el intersticio celular (zonas que rodean a las células), como se explicó en el punto 14. El dolor es debido a la estimulación de las terminaciones nerviosas de la zona infectada y se explicó en el punto 15.

Hasta bien pasado el período medieval, la inflamación se consideró una enfermedad y recién en el siglo XVIII (años 1700s) se entendió que se trataba de una reacción defensiva del organismo ante diversas causas.
  
   
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Fuentes de información:

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La fagocitosis es un proceso a través del cual una célula puede ingerir o absorber a una partícula o bacteria envolviéndola con su membrana celular y luego haciéndola ingresar a su cuerpo celular o citoplasma. El término fagocitosis es una conjunción de las palabras griegas fagein que significa comer, kytos que significa célula, celda o contenedor, y la terminación sis que se utiliza para denotar procesos. Por lo tanto, etimológicamente fagocitosis significa el proceso de comer células.
  
Las células que tienen la capacidad de fagocitar a partículas, moléculas o bacterias (las bacterias también son células individuales) se denominan fagocitos. Los fagocitos son seres vivos unicelulares, es decir células individuales. Ejemplos de fagocitos incluyen a las amebas o a algunas de las células del cuerpo humano como los glóbulos blancos. En seres vivos unicelulares como las amebas, la fagocitosis puede ser un medio de alimentación, mientras que en seres vivos superiores -como los seres humanos-, la fagocitosis es un mecanismo que utilizan las células del sistema inmunitario para defender al cuerpo de cualquier sustancia u organismo ajeno al cuerpo (antígenos). Algunos tipos de glóbulos blancos (los glóbulos blancos son células que forman parte del sistema inmunitario), como el neutrófilo y el macrófago, pueden envolver a bacterias invasoras durante una infección, las ingieren y una vez que se encuentran en su interior las destruyen con enzimas digestivas. Recordemos que las enzimas son sustancias químicas que llevan a cabo las distintas funciones de las células. Luego de destruirlas, expulsan los restos de las bacterias al medio extracelular, o sea fuera de su cuerpo celular.
 
Los glóbulos blancos suelen fagocitar a bacterias, células de tejido muertas o dañadas, partículas de polvo, y otros cuerpos diminutos ajenos al organismo de la persona. Todo elemento ajeno al organismo de una persona se denomina antígeno. Se llama así, debido a que sus genes son distintos a los genes de la persona. Es por eso que siempre que un elemento que el organismo no reconoce genéticamente como propio, ingresa al cuerpo, el sistema inmunitario se activa inmediatamente para expulsarlo.

A continuación, se analizará detalladamente cada etapa del proceso de fagocitosis y se utilizará como ejemplo el caso de un neutrófilo (un tipo de glóbulo blanco) atacando a una bacteria invasora.
         
                              
1- El neutrófilo se acerca a la bacteria invasora: El neutrófilo es una célula perteneciente al sistema inmunitario del cuerpo, que durante una infección (invasión de bacterias en una parte del cuerpo) ataca a las bacterias invasoras y las destruye mediante el proceso de fagocitosis. Primero, el neutrófilo tiene que reconocer al elemento invasor y determinar que debe ser destruido.
  
Para encontrar a la bacteria, el neutrófilo debe reconocer a moléculas de sustancias que libera la bacteria invasora, como si fuesen pistas o rastros que deja la bacteria. El neutrófilo detecta a estas sustancias liberadas por la bacteria o por las células dañadas del tejido invadido y se dirige hacia donde la concentración de dichas sustancias es mayor, ya que allí es donde seguramente se encuentra la bacteria.

El neutrófilo se mueve entre las células que forman al tejido invadido (los tejidos son conjuntos de células que trabajan de forma coordinada y que forman parte de un órgano). Nada por el líquido intersticial (el líquido que rodea a las células del cuerpo) y llega hasta la zona donde la concentración de moléculas de la sustancia que secreta la bacteria invasora o la célula dañada es mayor. Es decir, que nada por el líquido intersticial hasta el lugar donde se encuentra la bacteria invasora, siguiendo a las pistas que vendrían a ser las moléculas que secreta la bacteria o la célula dañada por la bacteria. Este mecanismo de búsqueda que determina la dirección de movimiento de una célula en base a la concentración de una determinada sustancia se llama quimiotaxis. Para una mejor descripción del proceso de búsqueda de la bacteria por parte del neutrófilo leer: Ejemplo de proceso inflamatorio en un tejido infectado.
  
  
2- El neutrófilo se adhiere a la bacteria invasora: Para que el neutrófilo se adhiera a la bacteria, una parte de la membrana que recubre al neutrófilo se sujeta de la membrana que recubre a la bacteria (la bacteria también es una célula y por ello también tiene una membrana celular que la recubre). Para que la membrana del neutrófilo se pueda adherir a la membrana de la bacteria, el neutrófilo utiliza unas moléculas receptoras especiales que tiene en su superficie. Estos receptores están en la membrana del neutrófilo y tienen la capacidad de detectar y unirse a determinadas moléculas que se encuentran en la membrana de la bacteria. Las moléculas que se encuentran en la membrana de la bacteria se denominan opsoninas y no pertenecen a la bacteria, sino que se adhieren a ella cuando la bacteria invade al tejido. Ni bien ingresa la bacteria al cuerpo, las opsoninas se dirigen hacia ella y la recubren para que el neutrófilo pueda adherirse fácilmente a la membrana de la bacteria, ya que estas opsoninas son compatibles a los receptores que tiene el neutrófilo.

Sin las opsoninas, sería difícil para el neutrófilo la tarea de adherir su membrana a la membrana de la bacteria. Los receptores del neutrófilo reconocen a las opsoninas. Las opsoninas, en realidad no son más que anticuerpos (también conocidos con el nombre de inmunoglobulinas o de forma abreviada Ig) y moléculas del sistema del complemento (un sistema adicional que ayuda al sistema inmunitario a combatir a antígenos en mecanismos como la inflamación y la fagocitosis). Estas moléculas del sistema del complemento y los anticuerpos se llaman conjuntamente opsoninas y ayudan a los fagocitos a atrapar a los antígenos recubriéndolos primero para que la membrana del fagocito (como el neutrófilo) pueda adherirse a la membrana del antígeno (como en el caso de la bacteria de este ejemplo). Este proceso por el cual los anticuerpos y las moléculas del sistema del complemento se unen a un antígeno se denomina opsonización.
  
                                                    
3- La membrana del neutrófilo comienza a rodear a la bacteria invasora: Una vez atrapada la bacteria y adherida parte de su membrana a la membrana del neutrófilo, éste último comienza a expandir su citoplasma alrededor de la bacteria como si la estuviese abrazando, formando a su alrededor una especie de prolongaciones o patas que justamente se denominan pesudópodos (del griego pseudo que significa falso y podós que significa pie).
  
  
4- Ampliación de la zona donde el neutrófilo se adhiere a la bacteria: Aquí se ve una ampliación o imagen agrandada de la zona donde una parte de la membrana del neutrófilo se adhiere a una parte de la membrana de la bacteria. Se observa el proceso de opsonización mediante el cual los anticuerpos y moléculas del sistema del complemento (o sea las opsoninas) recubren a la bacteria para que los receptores del neutrófilo se puedan adherir a la bacteria a través de estas opsoninas a las que sí pueden unirse. Sin las opsoninas, sería muy difícil que la membrana del neutrófilo se pudiera unir a la membrana de la bacteria.

En ausencia de determinados anticuerpos (también llamados inmunoglobulinas) que pueden reconocer a tipos específicos de bacterias, la opsonización no es posible, el neutrófilo no puede adherirse a la bacteria, y por consiguiente no la puede fagocitar, así la bacteria continúa dañando al organismo.
   
                     
5- Ampliación de la zona donde el neutrófilo rodea a la bacteria: Aquí se ve una ampliación o imagen agrandada de la zona donde el neutrófilo comienza a rodear o abrazar a la bacteria expandiendo su citoplasma y formando pseudópodos (que son como dos protuberancias que se forman en el neutrófilo mientras abraza o rodea a la bacteria). Como se puede observar, el neutrófilo comienza a rodear o abrazar a la bacteria recubierta por opsoninas a través de la unión de los receptores de la membrana de neutrófilo con las opsoninas (anticuerpos y moléculas del sistema del complemento) que recubren a la bacteria.
   
  
6- La bacteria es ingerida por el neutrófilo: Una vez que la bacteria invasora está totalmente rodeada por la membrana del neutrófilo, la bacteria es absorbida y jalada al interior del neutrófilo.
  
      
7- La bacteria es envuelta dentro de una vesícula llamada fagosoma: La bacteria está totalmente dentro del citoplasma del neutrófilo (el citoplasma es la parte líquida de las células que se encuentra entre la membrana celular y el núcleo celular, y que contiene a todos los orgánulos de una célula). Una vez allí dentro, la bacteria es recubierta y aislada completamente del resto de los orgánulos de la célula, dentro de una bolsa o vesícula llamada fagosoma (término formado por la conjunción de las palabras griegas: fagein que significa comer, soma que significa cuerpo y conjuntamente fagosoma vendría a significar el cuerpo a ser comido). Recordemos que los orgánulos (también conocidos con el nombre de organelas) son los órganos funcionales de una célula.
    
                 
8- Orgánulos llamados lisosomas se acercan al fagosoma: Una vez que la bacteria está bien aprisionada dentro del fagosoma, unos orgánulos del neutrófilo llamados lisosomas se acercan al fagosoma. Los lisosomas contienen decenas de enzimas digestivas (alrededor de 50) que son capaces de degradar y destruir a bacterias invasoras, desechos de células, o incluso a células viejas del cuerpo que deben ser eliminadas y desechadas. Los lisosomas pueden considerarse como el sistema digestivo de la célula. Las enzimas digestivas de los lisosomas pueden romper proteínas, acidos nucleicos (ARN y ADN), carbohidratos y lípidos de bacterias invasoras fagocitadas, así como de células viejas del cuerpo fagocitadas que hay que eliminar. Las enzimas digestivas que contienen los lisosomas se llaman hidrolasas ácidas, ya que funcionan mejor en un entorno ácido, como el que hay en el interior de los lisosomas (a diferencia del resto del citoplasma de la célula que es más bien neutro, es decir ni ácido ni alcalino). Como ya se mencionó antes, las enzimas son las sustancias químicas responsables de realizar todas las funciones de las distintas células del cuerpo. Los nombres de las enzimas siempre tienen la terminación -asa.

El nombre lisosoma proviene de la conjunción de las palabras griegas lýsis que significa romper o partir en partes y soma que significa cuerpo.
  
          
9- Los lisosomas se adhieren al fagosoma y liberan enzimas digestivas: Los lisosomas se fusionan con el fagosoma y esta unión de los lisosomas con el fagosoma da como resultado a un fagolisosoma. Una vez formado el fagolisosoma a partir de la unión de lisosomas con el fagosoma, los lisosomas comienzan a secretar a enzimas especializadas que destruyen a la bacteria. En conjunto, las enzimas que contienen los lisosomas se denominan hidrolasas ácidas. Hasta el momento se conocen cerca de 50 tipos de hidrolasas ácidas. No todas ellas están presentes en todos los lisosomas. Se denominan hidrolasas ácidas porque funcionan únicamente en un ambiente ácido como el que hay en el interior de los lisosomas, contrariamente al ambiente casi neutro que abunda en el citoplasma de la célula (el citoplasma es la parte líquida de las células que se encuentra entre la membrana celular y el núcleo celular, y que contiene a todos los orgánulos de una célula).

Dentro de cada lisosoma hay varios tipos de hidrolasas ácidas, cada una capaz de degradar o destruir una parte específica del antígeno atrapado dentro del fagolisosoma. Recordemos que las células -y por ende las bacterias, ya que son células-, están compuestas por proteínas, carbohidratos, lípidos, ácidos ribonucleicos (como el ARN y el ADN) y otros compuestos químicos. Por ejemplo, las membranas que recubren a las células están compuestas por dos capas de lípidos (bicapas lipídicas), es por ello que hay enzimas dentro de los lisosomas, especializadas en la destrucción de lípidos, en otras palabras, enzimas que pueden romper a las membranas de las bacterias invasoras. Otras enzimas del lisosoma están encargadas de desintegrar a las proteínas que forman parte de la bacteria, otras a partes del núcleo de la bacteria, y la lista sigue. Cada tipo de hidrolasa ácida se encarga de destruir una determinada parte de la bacteria.
  
     
10- Las enzimas digestivas degradan y destruyen a la bacteria: Las enzimas digestivas (hidrolasas ácidas) comienzan a romper a distintas partes constitutivas de la bacteria hasta destruirla totalmente. El tamaño del fagolisosoma varía de acuerdo al tamaño del antígeno que contiene. El contenido fagocitado que se encuentra dentro del fagolisosoma puede ser una bacteria invasora, restos de una célula muerta del propio cuerpo o incluso células viejas del propio cuerpo que ya no están funcionando tan bien.
   
       
11- El fagolisosoma es dirigido hacia la membrana que recubre al neutrófilo: Una vez destruida la bacteria invasora, el fagolisosoma se dirige hacia la membrana del neutrófilo para expulsar a los restos de la bacteria.
 
           
12- Los restos de la bacteria destruida son expulsados (exocitosis): Los restos de la bacteria destruida son desechados al exterior del neutrófilo. Este proceso de expulsión de contenido al exterior de una célula se denomina exocitosis. La palabra exocitosis proviene de la conjunción de las palabras griegas exo que significa fuera, kytos que significa celda, célula o contenedor, y la terminación sis que se utiliza para denotar procesos. Esto significa que etimológicamente el término exocitosis se refiere al proceso de sacar fuera a células.
                          

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Fuentes de información:

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Glóbulos blancos y glóbulos rojos circulando en la sangre por los vasos sanguíneos.

Para saber qué son y cómo funcionan los glóbulos rojos (eritrocitos) cliquear aquí.

Para saber qué son y cómo funcionan los glóbulos blancos (leucocitos) cliquear aquí.

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Los glóbulos blancos (también llamados leucocitos) son en promedio más grandes que los glóbulos rojos (también conocidos con el nombre de eritrocitos). Los glóbulos rojos son células que tienen en promedio un diámetro de entre 7 y 8 micrómetros (un micrómetro equivale a una millonésima de metro o una milésima de milímetro) y un grosor de 2,5 micrómetros. Los glóbulos rojos tienen forma de disco bicóncavo (como si se tratara de un tazón de dos lados con poca profundidad) y carecen de núcleo.

Los glóbulos blancos son células más esféricas y grandes que los glóbulos rojos. Además, a diferencia de los eritrocitos, los glóbulos blancos tienen núcleo celular. Existen varios tipos de glóbulos blancos que se dividen en dos clases: granulocitos y agranulocitos.

  • Los granulocitos incluyen a tres tipos de glóbulos blancos: neutrófilos, eosinófilos y basófilos
  • Los agranulocitos incluyen a dos tipos de glóbulos blancos: monocitos y linfocitos

Esta clasificación entre granulocitos y agranulocitos se debe a que en el microscopio se destacan gránulos (pequeñas partículas) en los neutrófilos, eosinófilos y basófilos; mientras que en los monocitos y linfocitos no. Estos gránulos poseen enzimas digestivas especiales que utilizan este tipo de glóbulos blancos para destruir a los antígenos (bacterias, virus, hongos) que fagocitan (ingieren) durante una infección.
  
Todos los glóbulos blancos tienen la capacidad de moverse como amebas, contraerse, deformarse y poder salir de los vasos sanguíneos (atravesando las paredes de los capilares sanguíneos) para entrar a los distintos tejidos del cuerpo y combatir a antígenos invasores.

  • Neutrófilos: Es el tipo de glóbulo blanco más común. Aproximadamente el 60% de los glóbulos blancos en la sangre son neutrófilos. En promedio, los neutrófilos tienen un diámetro de entre 12 y 14 micrómetros. Como se puede observar en la imagen de arriba, los neutrófilos tienen un núcleo alargado que está dividido en varios lóbulos que le dan la apariencia de tener numerosos núcleos unidos entre sí, aunque en realidad se trata de un solo núcleo. El núcleo del neutrófilo puede poseer entre 2 y 5 lóbulos. A este tipo de núcleos segmentados en lóbulos se los denomina polimorfonucleares (una conjunción de las palabras griegas polý que significa mucho, morfí que significa forma, y nucleares; lo que todo junto significa núcleo con forma o apariencia de muchos núcleos). Por lo tanto, a los neutrófilos se los considera leucocitos polimorfonucleares (por ser glóbulos blancos con este tipo de núcleo).
      
  • Eosinófilos: Es un tipo de glóbulo blanco menos abundante. Aproximadamente entre 1% y 6% de los glóbulos blancos en la sangre son eosinófilos. Tienen un tamaño promedio de entre 12 y 17 micrómetros (más grandes que los neutrófilos). El núcleo de los eosinófilos está segmentado en dos lóbulos. Los eosinófilos matan a parásitos y participan en las reacciones alérgicas.
      
  • Basófilos: Es el tipo más raro o menos abundante de glóbulo blanco. Aproximadamente entre 1% y 2% de los glóbulos blancos en la sangre son basófilos. Los basófilos contienen muchos gránulos de color púrpura o azul profundo. Sus gránulos contienen sustancias como heparina, histamina y serotonina. Los basófilos participan en la respuesta inmune en contra de parásitos. Tienen un diámetro promedio de entre 14 y 16 micrómetros.
      
  • Linfocitos: Es el segundo tipo de glóbulo blanco más abundante. Aproximadamente entre 20% y 40% de los glóbulos blancos en la sangre son linfocitos. Existen dos tipos de linfocitos, los linfocitos T y los linfocitos B. Los linfocitos T atacan a virus, células cancerosas y a órganos trasplantados. Los linfocitos B nacen en la médula ósea, luego se transforman en células plasmáticas que se encargan de producir anticuerpos (inmunoglobulinas). Los linfocitos T tienen un diámetro promedio de entre 6 y 9 micrómetros (apenas un poco más grandes que los glóbulos rojos), mientras que los linfocitos B tienen un diámetro promedio de entre 10 y 14 micrómetros.
      
  • Monocitos: Es el tercer tipo de glóbulo blanco más abundante. Aproximadamente entre el 2% y el 10% de los glóbulos blancos en la sangre son moocitos. Los monocitos son el tipo de glóbulo blanco más grande, con diámetros que pueden alcanzar los 21 micrómetros. Poseen un núcleo celular grande con forma de frijol. Circulan en la sangre entre 1 y 3 días y luego migran a los tejidos del cuerpo (recordemos que los tejidos son conjuntos de células que funcionan de forma coordinada y organizada). Una vez que se encuentran en los tejidos del cuerpo, los monocitos se transforman en macrófagos, que son aún más grandes en tamaño y se encargan de fagocitar (ingerir) a bacterias invasoras y a células muertas del propio cuerpo durante una infección.

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