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Reporte de la Convención de Seneca Falls de 1848

 

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Este reporte fue impreso al poco tiempo de haberse llevado a cabo la Convención de Seneca Falls en la ciudad homónima del estado de Nueva York, entre el 19 y 20 de julio de 1848. Se trata de la primera convención por los derechos de la mujer realizada en Estados Unidos, al menos la primera de gran importancia y trascendencia histórica. La conferencia fue organizada por las activistas y pioneras del movimiento feminista Elizabeth Cady Stanton y Lucretia Mott. Ambas mujeres participaban desde hacía tiempo en el movimiento abolicionista de la esclavitud en su país.

La Convención de Seneca Falls fue en parte resultado del desaire recibido por Lucretia Mott en la Convención Mundial contra la Esclavitud realizada en Londres en 1840. A pesar de haber sido enviada como delegada oficial por una organización antiesclavista estadounidense, tanto a ella como a otras mujeres -incluyendo a Elizabeth Stanton- se les negó tener un asiento, dar discursos y votar en la conferencia debido a su género. Este acto de discriminación -irónicamente en un evento abolicionista- motivó a Mott y otras activistas a organizar una conferencia por la lucha de los derechos de las mujeres, que terminó realizándose en Seneca Falls en 1848.

Este reporte incluye los nombres de las asistentes que firmaron la Declaración de Sentimientos (también conocida como Declaración de Seneca Falls), su preámbulo y lista de reclamos. En el documento se declara que: "todos los hombres y mujeres han sido creados iguales".

Al mencionar las injusticias a las que los hombres sometieron a las mujeres, la declaración sostiene: "Él nunca le ha permitido ejercer a ella su derecho inalienable al voto". El derecho al voto se convirtió en el principal argumento del movimiento por los derechos de la mujer durante el siglo XIX (años 1800s) y principios del siglo XX (años 1900s). Sesenta y ocho mujeres y treinta y dos hombres firmaron la Declaración de Sentimientos, entre esas personas estaban Elizabeth Stanton, Lucretia Mott y su marido, así como el famoso abolicionista afroamericano Frederick Douglass.

Este panfleto es parte del conjunto de recortes de Elizabeth Miller y Anne Fitzhugh Miller, hoy perteneciente a la Colección de la Asociación Nacional Americana pro Sufragio de la Mujer en la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos. Entre 1897 y 1911, Elizabeth Smith Miller y su hija Anne Fitzhugh Miller completaron siete grandes álbumes de recortes con temas relacionados a su trabajo en la lucha por el sufragio femenino.

Una nota manuscrita en la tapa del reporte dice: 

Creo que este pequeño libro es valioso, ya que da una descripción de la primera Convención de este tipo que se haya realizado.
Rhoda J. Palmer.

Rhoda Palmer, quien acompañó a su padre a la Convención de Seneca Falls en 1848, sobrevivió a ambas Miller. Este raro ejemplar del reporte impreso tras la Convención -que se muestra en la imagen de arriba-, incluye el desarrollo de actividades, las resoluciones tomadas y la Declaración de Sentimientos en Seneca Falls entre el 19 y 20 de julio de 1848, así como la lista de firmantes. Cabe aclarar que los treinta y dos hombres mencionados en la lista no figuran como firmantes de la declaración sino como: "a favor del movimiento".

Este reporte fue impreso por John Dick en la Oficina North Star de Rochester, estado de Nueva York, en 1848.

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2

El Reporte de la Convención de Seneca Falls de 1848 comienza en la página 3, ya que la anterior es una página en blanco. El texto del reporte dice:

Las Mujeres del Condado de Seneca, NY han llamado a una Convención para discutir la condición social, civil y religiosa de la mujer; que fue llevada ha cabo en la Capilla Wesleyan del pueblo Seneca Falls durante los días 19 y 20 de julio de 1848. 

La cuestión fue discutida durante dos días enteros: el primer día exclusivamente por mujeres, mientras que durante la segunda jornada también participaron hombres en las deliberaciones. Lucretia Mott fue la principal promotora de la ocasión.

En la mañana del 19, la Convención se reunió a la hora 11. El encuentro fue organizado por la Secretaria Mary M`Clintock. Elizabeth Cady Stanton expresó el motivo de la reunión y a continuación Lucretia Mott instó a las mujeres presentes a que dejaran a un lado las ataduras de los códigos de educación y modales, y a no permitir que su nueva posición les impida participar en los debates del encuentro. La Declaración de Sentimientos ofrecida para ser aprobada por la Convención fue entonces leída por Elizabeth Cady Stanton. Luego propusieron releerla párrafo por párrafo y tras mucho análisis fueron sugeridos y adoptados algunos cambios para la misma.
 

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3

El texto de la página de arriba dice (ajustado, tras su traducción, a las reglas gramaticales del idioma español) :

Se discutió de una manera acalorada acerca de si era apropiado que los hombres presentes en la Convención también firmen la Declaración: se dio un voto a favor, pero se concluyó que la decisión final sería dada al otro día, por lo que el tema se pospuso.

La reunión entró en receso hasta las dos y media.

A la tarde, la reunión fue retomada de acuerdo al horario establecido. Fue abierta con la lectura de las minutas de la sesión matutina. Elizabeth Stanton se dirigió a las presentes con unas palabras y le siguió Lucretia Mott. Se llamó a la lectura de la Declaración, que ahora incluía los cambios insertados durante la sesión de la mañana. A continuación, se llevó a cabo una votación para aprobar las enmiendas realizadas al texto, por lo que comenzaron a circular papeles para obtener las firmas de las presentes.

Después se leyeron las siguientes resoluciones:

Mientras los principios básicos de la naturaleza establecen que: "el hombre debe perseguir su auténtica y sustancial felicidad", el jurista británico del siglo XVIII, William Blackstone, en su obra titulada Comentarios sobre las leyes remarca que al ser estas leyes de la naturaleza, contemporáneas a la humanidad y dictadas por el propio Dios, su obligatoriedad es claramente superior a cualquier otra ley. Son vinculantes para todo el planeta, para todos los países y a todo momento. Ninguna ley humana tiene validez alguna si es contraria a estas leyes superiores de la naturaleza, tanto que las leyes humanas son válidas, derivan toda su fuerza, vigencia y autoridad, mediata e inmediatamente de estas leyes originales. Por lo tanto:

Se resolvió que si tales leyes entran en conflicto, de cualquier forma, con la auténtica y sustancial felicidad de la mujer, son contrarias a los principios básicos de la naturaleza y no tendrán validez alguna, dado que "la obligatoriedad de estas leyes de la naturaleza es superior a cualquier otra".

Se resolvió que todas las leyes que evitan que la mujer ocupe su lugar en la sociedad, como lo dicta su conciencia, o que la colocan en una posición inferior a la del hombre, son contrarias a los principios básicos de la naturaleza y carentes de toda fuerza y autoridad.
 

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4

El texto de la página de arriba dice (ajustado, tras su traducción, a las reglas gramaticales del idioma español) :

Se resolvió que la mujer es igual al hombre, esa fue la intención del Creador, y por el mayor bien de la raza se demanda su reconocimiento como tal.

Se resolvió que las mujeres de este país deben estar al tanto de las leyes bajo las cuales viven, que no deben hacer pública su degradación como género, al declararse satisfechas con su actual posición ni tampoco ignorarla -a la degradación como género- al afirmar que cuentan con todos los derechos que quieren.

Se resolvió, en vista de que el hombre sostiene la idea de contar con una superioridad intelectual y le otorga a la mujer una superioridad moral, que es su deber estimular a la mujer a hablar (participar) y enseñar, mientras tenga la oportunidad, en todas las asambleas religiosas.

Se resolvió requerir al hombre el mismo nivel de virtud, delicadeza y refinamiento en su comportamiento que se requiere socialmente a la mujer, y que las mismas transgresiones deben ser analizadas con la misma severidad tanto en hombres como mujeres.

Se resolvió que la objeción presentada a menudo en contra de la falta de decoro e inadecuación de la mujer cuando se dirige a un público, va en contra de la voluntad de aquellos que alientan, a través de su asistencia al espectáculo, la aparición de la mujer en el escenario, en el concierto o en las hazañas circenses.

Se resolvió que la mujer ha permanecido mucho tiempo conforme dentro de los límites circunscritos por costumbres corruptas y una aplicación pervertida de las Sagradas Escrituras, y que es tiempo de moverse a la esfera mayor que su Gran Creador ha asignado para ella.

Se resolvió que es deber de las mujeres de este país asegurarse su derecho sagrado al sufragio.

Se resolvió que la igualdad de derechos humanos proviene necesariamente del carácter de igualdad de la raza en lo concerniente a capacidades y responsablidades.
 

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5

El texto de la página de arriba dice (ajustado, tras su traducción, a las reglas gramaticales del idioma español) :

Se resolvió, por lo tanto, que al haber sido provistas por el Creador con las mismas capacidades y consciencia de responsabilidad de acciones, es claramente un derecho y deber de la mujer, igualmente al hombre, promover cada causa honrada mediante medios honestos, especialmente en lo concerniente a los grandes temas de moral y religión. Es evidentemente un derecho de la mujer participar junto a su hermano (el hombre) en la enseñanza de estos temas, tanto en privado como en público, de manera escrita u oral, a través de cualquier medio adecuado para su utilización y en cualquier tipo de asamblea apropiada. Al tratarse de una verdad evidente, surgida de los principios de la naturaleza humana implantados de forma divina, cualquier costumbre o autoridad, ya sea moderna o si carga con el peso de la antigüedad, si es contraria a dicha verdad, debe ser considerada deshonesta y en conflicto con los intereses de la humanidad.

Seguidamente, Lucretia Mott leyó un artículo humorístico de periódico, escrito por Martha C. Wright. Luego de un discurso de E.W. Clintock, el encuentro entró en receso hasta la hora 10 de la mañana siguiente.

A la noche, Lucretia Mott habló con su usual elocuencia y fuerza ante una audiencia grande e instruida acerca de las Reformas que se deben hacer en general.
 

JUEVES A LA MAÑANA

La Convención se juntó a la hora pautada, con James Mott, oriundo de Filadelfia en la Presidencia. Tras leerse las minutas del día previo, Elizabeth Stanton leyó nuevamente la Declaración de Sentimientos que fue ampliamente discutida por Lucretia Mott, Ansel Bascom, S.E. Woodworth, Thomas y Mary Ann M`Clintock, Frederick Douglass, Amy Post, Catharine Stebbins y Elizabeth Cady Stanton, siendo aprobada por unanimidad de la siguiente manera: (sique en la página siguiente)
 

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6

El texto de la página de arriba dice (ajustado, tras su traducción, a las reglas gramaticales del idioma español) :

DECLARACIÓN DE SENTIMIENTOS

Cuando en el desarrollo de los eventos históricos, se vuelve necesario para una parte de la humanidad asumir una posición diferente a la que había ocupado hasta el momento, pero justificada por las leyes de la naturaleza y del entorno que Dios le ha concedido, el respeto merecido por las opiniones humanas requiere que se declaren las causas que impulsan hacia tal empresa.

Sostenemos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres y mujeres han sido creados iguales; que han sido dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables, entre los que se encuentran la vida, la libertad y la búsqueda de felicidad; que para asegurar estos derechos, se instauran gobiernos cuyos justos poderes derivan del consentimiento de los gobernados.

Cada vez que cualquier forma de gobierno se vuelva perjudicial para estos fines, es derecho de aquellos que sufren por esto, negarle su lealtad e insistir con la formación de un nuevo gobierno cuyos cimientos se encuentren asentados en estos principios y cuyos poderes estén organizados de la forma que les parezca más conveniente para hacer efectiva su seguridad y felicidad.

Ciertamente, la prudencia ordenará que los gobiernos largamente establecidos no deberían ser reemplazados por causas menores y pasajeras, y por lo tanto la experiencia ha demostrado que el ser humano está más dispuesto a sufrir cuando los males son soportables que a corregirlos aboliendo los gobiernos a los que está acostumbrado. Pero cuando una larga fila de abusos y usurpaciones, que persiguen invariablemente un mismo objetivo, deja al descubierto un plan para someter a las personas a un despotismo absoluto, es deber de esta gente derrocar un gobierno semejante y proveer una nueva defensa para su seguridad futura.

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7

El texto de la página de arriba dice (ajustado, tras su traducción, a las reglas gramaticales del idioma español) :

(sigue de la página anterior)

Tal ha sido la paciente tolerancia de las mujeres bajo este sistema de gobierno y tal es, ahora, la necesidad que las obliga a demandar la igualdad de condiciones a la que tienen derecho.

La historia de la humanidad es una historia de repetidas lesiones y usurpaciones por parte del hombre a la mujer, con el objetivo directo de establecer una tiranía absoluta sobre ella. Para demostrar esto, vamos a presentar los hechos a los ingenuos y desconocedores.

El hombre no le ha permitido nunca a la mujer ejercer su derecho inalienable al voto.

Le ha obligado a la mujer obedecer leyes en cuya elaboración no ha tenido ningún tipo de participación.

Le ha quitado a la mujer derechos que han sido otorgados a los hombres más ignorantes y desgraciados, tanto americanos como extranjeros.

Al haberla privado del derecho primordial de todo ciudadano, el sufragio, de esta forma la ha dejado sin representación en las asambleas legislativas, la ha oprimido por todos lados.

Si está casada, la ha convertido ante los ojos de la ley, en civilmente muerta.

Le ha quitado el derecho a la propiedad, incluso del salario que ella misma se gana.

La ha convertido en un ser moralmente irresponsable, ya que puede cometer impunemente todo tipo de delitos con la condición de que no sean perpetrados ante la presencia de su marido. En el acta de matrimonio se le obliga prometer obediencia a su marido, convirtiéndose éste, desde todos los puntos de vista y a todos los efectos, en su amo, dado que la ley le otorga al hombre la potestad de privarla de su libertad y de someterla a castigos.

El hombre ha diseñado las leyes de divorcio, con respecto a cuáles son las causas apropiadas de divorcio; y en caso de separación a quién se le debe designar la custodia de los hijos; sin tener en cuenta en lo absoluto la felicidad de la mujer. La ley, en todos los casos, basada en la falsa suposición de la supremacía del hombre, deja todo el poder en sus manos.

 

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8

El texto de la página de arriba dice (ajustado, tras su traducción, a las reglas gramaticales del idioma español) :

(Sigue de la página anterior)

Tras haberla privado de todo tipo de derechos como mujer casada, en caso de ser soltera y dueña de una propiedad, le ha cobrado impuestos para sostener a un gobierno que la reconoce únicamente cuando su propiedad le puede proporcionar beneficios.

El hombre ha monopolizado casi todos los empleos rentables, y en aquellos que se le permite acceder a la mujer, apenas recibe una escasa remuneración.

El hombre le ha cerrado todos los caminos que conducen a la riqueza y distinción, ya que los considera más honrosos para sí mismo. A la mujer no se la reconoce como maestra de teología, medicina o leyes.

El hombre le ha denegado la oportunidad de obtener una educación completa, cerrándole el acceso a todas las universidades.

El hombre le permite tener solamente una posición subordinada tanto en la Iglesia como en el Estado, afirmando tener una autoridad apostólica que le permite excluirla del sacerdocio y, salvo algunas excepciones, de todo tipo de participación pública en los asuntos de la Iglesia.

El hombre ha creado un falso sentimiento público, al darle al mundo diferentes códigos de moral para hombres y mujeres, según los cuales, los mismos delitos que causan la exclusión de las mujeres de la sociedad, no solamente son tolerados en el hombre sino que se consideran de poca gravedad.

El hombre ha usurpado las prerrogativas del propio Jehová, afirmando que tiene el derecho a asignarle a la mujer una esfera de acción, cuando eso corresponde a la consciencia de la propia mujer y a su Dios.

El hombre se ha empeñado de todas las maneras posibles en destruir la confianza de la mujer en sus propias capacidades, en reducir su autoestima, y en hacerle desear llevar una vida dependiente y miserable.

Ahora, en vista de esta total privación de derechos a la mitad de la población de este país, su degradación social y religiosa; en vista de las injustas leyes mencionadas con anterioridad, y porque las mujeres se sienten agraviadas, oprimidas, así como fraudulentamente privadas de sus derechos más sagrados, insistimos que se les debe otorgar inmediatamente todos los derechos y privilegios que les pertenecen como ciudadanas de los Estados Unidos.

 

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El texto de la página de arriba dice (ajustado, tras su traducción, a las reglas gramaticales del idioma español) :

(Sigue de la página anterior)

Al emprender este gran trabajo que se encuentra ante nosotros, anticipamos que habrán no pocas malinterpretaciones, tergiversaciones y mofas al respecto. Para conseguir nuestro objetivo, debemos utilizar todos los medios a nuestro alcance. Emplearemos representantes, haremos circular panfletos, realizaremos peticiones a las legislaturas de ámbito estatal y nacional, y lucharemos por tener a púlpitos y prensa de nuestro lado. Deseamos que a esta Convención la sigan otras convenciones en cada parte del país.

Confiando firmemente en el triunfo final de la Justicia y la Verdad, hoy agregamos nuestras firmas a esta declaración:

Lucretia Mott,
Harriet Cady Eaton,
Margaret Pryor,
Elizabeth Cady Stanton,
Eunice Newton Foote,
Mary Ann M`Clintock,
Margaret Schooley,
Martha C. Wright,
Jane C. Hunt,
Amy Post,
Catharine F. Stebbins,
Mary Ann Frink,
Lydia Mount,
Delia Mathews,
Catharine C. Paine,
Elizabeth W. M Clintock,
Malvina Seymour,
Phebe Mosher,
Catharine Shaw,
Deborah Scott,
Sarah Hallowell,
Mary M Clintock,
Mary Gilbert,
Sophrone Taylor,
Cynthia Davis,
Hannah Plant,
Lucy Jones,
Sarah Whitney,
Mary H. Hallowell,
Elizabeth Conklin,
Sally Pitcher,
Mary Conklin,
Susan Quinn,
Mary S. Mirror,
Phebe King,
Julia Ann Drake,
Charlotte Woodard,
Martha Underhill,
Dorothy Mathews,
Eunice Barker,
Sarah R. Woods,
Lydia Gild,
Sarah Hoffman,
Elizabeth Leslie,
Martha Ridley,
Rachel D. Bonnel,
Betsey Tewksbury,
Rhoda Palmer,
Margaret Jenkins,
Cynthia Fuller,

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El texto de la página de arriba dice (ajustado, tras su traducción, a las reglas gramaticales del idioma español) :

(Sigue de la página anterior)

Mary Martin,
P.A. Culvert,
Susan R. Doty,
Rebecca Race,
Sarah A. Mosher,
Mary E. Vail,
Lucy Spalding,
Lavinia Latham,
Sarah Smith,
Eliza Martin,
Maria E. Wilbur,
Elizabeth D. Smith,
Caroline Barker,
Ann Porter,
Experience Gibbs,
Antoinette E. Segur,
Hannah J. Latham,
Sarah Sisson.

Los siguientes son los nombres de los caballeros presentes en favor del movimiento:

Richard P. Hunt,
Samuel D. Tillman,
Justin Williams,
Elisha Foote,
Frederich Douglass,
Henry W. Seymour,
Henry Seymour,
David Salding,
William G. Barker,
Elias J. Doty,
John Jones,
William S. Dell,
James Mott,
William Burroughs,
Robert Smallbridge,
Jacob Matthews,
Charles L. Hoskins,
Thomas M Clintock,
Saron Phillips,
Jacob Chamberlain,
Jonathan Metcalf,
Nathan J. Milliken,
S.E. Woodworth,
Edward F. Underhill,
George W. Pryor,
Joel Bunker,
Isaac Van Tassel,
Thomas Dell,
E. W. Capron,
Stephen Shear,
Henry Hatley,
Azaliah Schooley.

El encuentro se pospuso hasta las dos de la tarde.

SESIÓN DE LA TARDE

La reunión se reanudó a la hora convenida. Una vez leídas las minutas, se leyeron las resoluciones del día anterior que fueron abordadas de forma separada. Algunas, por su evidente obviedad, apenas recibieron algunas observaciones; otras, luego de algunas críticas, mucho debate y algunos pequeños cambios, fueron aprobadas por una gran mayoría.

El encuentro finalizó con un contundente discurso de Lucretia Mott.

Comenzó un receso hasta las siete y media de la tarde.

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El texto de la página de arriba dice (ajustado, tras su traducción, a las reglas gramaticales del idioma español) :

(Sigue de la página anterior)

SESIÓN NOCTURNA

La reunión comenzó con la lectura de las minutas. Thomas M´Clintock la presidía. Como nadie se expresó en contra de este movimiento durante la Convención, y a pesar de repetidas invitaciones a hacerlo, no se presentaron objeciones, Elizabeth Cady Stanton ofreció un discurso en defensa de las graves acusaciones presentadas en contra de los muy criticados "señores de la creación".

A continuación, Thomas M´Clintock leyó algunos fragmentos de la obra de Blackstone (el jurista británico del siglo XVIII, William Blackstone) como prueba de la posición de servidumbre que ocupa la mujer ante el hombre. Luego de eso, Lucretia Mott pronunció la siguiente resolución:

Se resolvió que el rápido éxito de nuestra causa depende de nuestros fervorosos e incansables esfuerzos, tanto de hombres y mujeres, por derrocar al monopolio del púlpito y asegurarle a la mujer una participación igualitaria, junto a los hombres, en los diversos gremios, profesiones y actividades comerciales.

La resolución fue aprobada.

Mary Ann M´Clintock Jr dio un corto pero impresionante discurso, llamando a las mujeres a levantarse de su letargo y a ser leales a sí mismas y a su Dios. Cuando concluyó su discurso, Frederick Douglass se puso de pie y a través de una excelente alocución brindó su apoyo a la causa de las mujeres.

El encuentro culminó con uno de los más preciosos y espirituales llamamientos de Lucretia Mott, quien atrajo la atención del público presente durante casi una hora.

Mary Ann M´Clintock, Elisha Foote, Amy Post, Elizabeth W. M´Clintock y Elizabeth Stanton fueron designadas como miembros de un Comité para preparar la publicación de las decisiones tomadas en la Convención.

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